19 de Julio, n.º 1, diciembre de 1941 (págs. 7-10). PDF del número completo, primera parte · segunda parte
(Manifiesto de la Cuarta Internacional).
¡La U.R.S.S. está en guerra! ¡La U.R.S.S. está en peligro mortal! En su lucha desesperada por abrir el mundo al militarismo alemán, Hitler se ha vuelto hacia el Este, esperando reforzarse económica y militarmente por una victoria rápida. En la hora del supremo peligro, la Cuarta Internacional proclama lo [ilegible]tantemente ha dicho a los trabajadores: ¡Por [la U.R.]S.S.! Defender a la Unión Soviética es un deber elemental de todos los obreros fieles a su clase. Mejor que nadie, sabemos que el actual gobierno de la U.R.S.S. es muy diferente del poder soviético de los primeros años de la revolución, pero tenemos algo que defender y lo defenderemos contra el enemigo de clase, independientemente de todas las maldades de los dirigentes actuales. Los trabajadores soviéticos han hecho una revolución gran[ilegible] das sus esperanzas y han tenido que aguantar sobre sus espaldas a innobles usurpadores. Pero ahora viene Hitler a anaquilar todo. Ni los pueblos de la U.R.S.S., ni la clase obrera mundial pueden permitir eso.
¿Cómo defender a la U.R.S.S.? Para responder a esta pregunta, ante todo hay que saber por qué el primer estado obrero, la primera experiencia de poder proletario, se halla al borde del abismo. Si semejante catástrofe ha sido posible, después de casi un cuarto de siglo de existencia, la culpa recae, ante todo, sobre la degeneración interna del estado obrero, dominado actualmente por una burocracia parasitaria. Hace poco más de veinte años que la U.R.S.S. salió de la guerra civil, después de haber rechazado victoriosamente los asaltos de los bandidos imperialistas del mundo entero. Si la U.R.S.S. ha sido precipitada ahora en la más terrible de las guerras, si su existencia misma está amenazada, la responsabilidad recae, sobre todo, en Stalin. La segunda guerra imperialista y el ataque contra la U.R.S.S. sólo fueron posibles después de la desorganización de las fuerzas revolucionarias del proletáriado mundial, sobre todo del europeo, por la Comintern stalinizada. La U.R.S.S., sufrió una derrota cuando la revolución china de 1927 fué estrangulada por Chang-kai-chek, protegido de Stalin; cuando la burocracia soviética aplastó a la Oposición de Izquierda, deportando y exterminando a la flor del Partido bolchevique; cuando Hitler llegó al poder en Alemania, gracias a la funesta política del Partido Comunista alemán, directamente inspirada por Stalin. La U.R.S.S., sufrió una derrota cuando Stalin vendió el proletariado francés a la burguesía, como precio de un pacto militar; cuando la heróica revolución española fué conducida a la pérdida por los agentes de Stalin, en nombre de la conservación de la propiedad privada de la tierra y de las fábricas; cuando los innobles pocesos de Moscú, montados por Stalin, enajenaron a la U.R.S.S. las simpatías de los trabajadores. El ataque actual de Hitler a la Unión Soviética, es el último eslabón de una larga hilera de derrotas de las fuerzas obreras en el mundo entero, y el gran responsable de las mismas es la Comintern, bajo las órdenes de la burocracia soviética. El mismo Hitler es un producto del declinamiento de la revolución proletaria provocado por el gran saboteador que lleva por nombre Stalin. Frecuentemente lo hemos repetido: ¡Sin Stalin nada de Hitler! ¡Sobre la actual decadencia de Europa, con sus innumerables miserias para las masas trabajadoras y la pérdida de las esperanzas, revolotea la sombra negra de Stalin, el gran organizador de derrotas proletarias!
La U.R.S.S. quedó aislada como consecuencia de la traición de la Comintern a los intereses revolucionarios del proletariado. Los burócratas dirigentes intentaron apartar las consecuencias de sus crímenes para con los obreros, mediante el artificio de combinaciones diplomáticas con los imperialismos. Sobre la base del aplastamiento de las fuerzas revolucionarias, sólo podían ir de fracaso en fracaso. La confusión del Kremlin frente a los resultados de su propia política [ilegible], cuando Hitler abrió la campaña contra la U.R.S.S. La política exterior de Stalin en los últimos años, en nada fué superior a la de Chamberlain. Por idéntica razón, ambas fueron políticas de debilidad. Después del acuerdo de Munich, Chamberlain prometió al mundo "una nueva era de paz". La "era" duró menos de un año. Después del aplastamiento militar de Francia, y con la intrusión alemana en los Balcanes, Stalin vióse obligado a hacer a Hitler una serie de "advertencias" que no traspasaron el límite de pequeñas maniobras diplomáticas. Ahora bien, una advertencia no acompañada de fuerza real, se troca en su contrario, es decir, que en lugar de retener al enemigo, le incita a ir más allá. Mediante todos sus actos, la diplomácia soviética sólo ha demostrado una cosa: que el Kremlin tenía un miedo mortal de la guerra. Ello podía únicamente incitar a Hitler a emprender la acción decisiva. Hasta qué punto los dirigentes soviéticos han sido víctimas de su propia política, lo mostraron los discursos de Molotov y Stalin. Cuanto la "dirección genial" supo expresar ante el ataque hitlerista, fueron lastimosas jeremiadas sobre la sinvergonzonería del agresor.
La guerra no ha hecho más que empujar al extremo la política profundamente conservadora de la burocracia. Interiormente, Stalin ha reforzado ya el mecanismo de la dictadura policíaca, despreciando los intereses militares. Así hace comprender la burocracia, que si está dispuesta a defender a la Unión Soviética, ante todo quiere defender su posición privilegiada en el país. Exteriormente, el principal cuidado de la burocracia es confundirse con el campo de los imperialismos inglés y americano. En nombre de ese programa, el Kremlin hace el más completo silencio en torno a cuanto pudiera recordar la revolución proletaria. El país donde "el socialismo ha vencido definitivamente", está en guerra, pero la palabra misma de socialismo ha desaparecido del vocabulario de los voceros de la burocracia. Con sus escritores mercenarios, el Kremlin revive todos los recuerdos patrióticos de la Rusia de los zares. Ni siquiera osa recordar a las masas soviéticas la experiencia grandiosa de la guerra civil, debido a las siguientes dos razones: para no inquietar a Churchill con recuerdos hirvientes y nuevas aprehensiones, y también porque el mismo Stalin tiene el mayor miedo de las tradiciones revolucionarias de las masas. La Internacional Comunista hace el muerto. En los países del campo "democrático", los partidos stalinistas han dado instantáneamente una vuelta completa. Su práctica, ya larga, de éste género de ejercicios, les ha permitido efectuarla sin el menor incidente. El principal aliado de la U.R.S.S. es el proletarado alemán, que tiene frente a él directamente al mismo enemigo: el imperialismo alemán. Pero [ilegible] la burocracia no se atreve a hacerle un ll[ilegible]to. Han dirigido al pueblo alemán, los "na[ilegible]cialistas honrados" comprendidos, un manif[ilegible] no contiene la menor nota proletaria, aunq[ilegible] de lamentaciones lastimosas y ridículas. Pa[ilegible]nar con el imperialismo alemán, el internac[ilegible] proletario constituye una fuerza de potencia muy diferente que la ayuda que Moscú pueda recibir de Londres o Wáshington. Lenin dijo a menudo que fué precisamente esta fuerza la que impidió a los imperialismos estrangular a la revolución rusa durante sus años heroico. Pero en esa época, los dirigentes soviéticos sabían hablar a los obreros un lenguaje revolucionario. El Kremlin no sabe dirigir ahora a los soldados alemanes más que quejas en nombre del nacionalismo ruso; es incapaz de abrirles una perspectiva revolucionaria. Identifica sus fines de guerra con los de Churchill-Roosevelt, con lo que sólo puede reforzar el nacionalismo alemán y servir así a Hitler, en fin de cuentas. Llama a los obreros ingleses y americanos a apoyar a sus imperialismos, con lo que tampoco puede dejar de ligar los obreros alemanes a sus dirigentes. El estrangulamiento de la lucha revolucionaria en un campo la hace más difícil en el otro. La burocracia dirige la guerra con métodos que le son propios: son los métodos de una casta profundamente conservadora de advenedizos, que ha crecido y se ha alimentado del declinamiento de la revolución. Los dirigentes del Kremlin han tratado repetidas veces de justificar la larga serie de sus traiciones a las luchas proletarias, por los intereses de la defensa de la U.R.S.S. En realidad, el proletariado fué batido y la Unión Soviética se encontró más aislada que nunca, gracias a la Comintern stalinizada. Ahí están hoy los resultados. Ayer aún, el Kremlin agasajaba a la Alemania de Hitler, como hoy se agarra a los faldones de Churchill y Roosevelt. ¿De qué ha servido todo eso? ¿A dónde ha conducido?
El balance de la política stalinista salda un pasivo enorme. La catástrofe actual no es más que la bancarrota de toda su política. Pero, si a la hora decisiva, los dirigentes del Kremlin no han podido más que revelar su confusión, las masas soviéticas supieron mostrar su valor e intrepidez. Lo que han revelado las primeras semanas de guerra es la devoción y el espíritu de sacrificio de las tropas soviéticas. Es el hecho fundamental de la campaña, hasta ahora. Los soldados rojos han sabido oponer la audacia y la iniciativa a los métodos terríficos del militarismo alemán. No se baten "por Stalin", por los burócratas odiados que les oprimen, sino que saben apreciar la diferencia entre Stalin y Hitler. Saben bien que si Hitler ha emprendido esta formidable campaña, no es para liberar al país de la burocracia parasitaria, sino para terminar el trabajo de la misma, para liquidar definitivamente una revolución profundamente herida ya. Mediante su encarnizada lucha, el pueblo soviético ha mostrado al mundo que aun le queda algo que defender y que se propone defenderlo hasta el fin. A despecho de todos los crímenes de la burocracia, la Revolución de Octubre, que despertó a todos los pueblos de Rusia a una vida nueva, no está muerta aún. El obrero y el kolkhoznik saben perfectamente lo que significa la victoria de Hitler: sería el apoderamiento de la economía por los trusts y cárteles alemanes, la transformación del país en una colonia, el fin de la primera experiencia de economía planificada fuera del sistema de provecho capitalista, la ruina de todas las esperanzas. Eso no quieren permitirlo.
Lo que el trabajador soviético discierne con su instinto de clase, no ha cesado de proclamarlo la Cuarta Internacional: ¡POR LA DEFENSA INCONDICIONAL DE LA UNION SOVIETICA! Nosotros defenderemos a la U.R.S.S. independientemente de las traiciones de la burocracia, y a pesar de ella. No ponemos como condición de nuestro apoyo tal o cual concesión de parte de la burocracia stalinista. Pero defendemos a la U.R.S.S. con nuestros métodos. Representamos los intereses proletarios y nuestra arma es la lúcha revolucionaria de clase. Los aliados imperialistas del Kremlin, no son nuestros aliados. CONTINUAMOS EL COMBATE REVOLUCIONARIO INCLUSO EN EL CAMPO "DEMOCRATICO". Apoyar a los amos imperialistas de Inglaterra o los Estados Unidos, significaría ayudar a Hitler a mantener su dominio sobre los obreros alemanes. Nuestro envite es por la revolución, y el mejor medio de servir a los obreros alemanes es continuar y ampliar las luchas revoluconarias en el campo opuesto. En Alemania y los países ocupados por las tropas alemanas, la defensa de la Unión Soviética significa directamente el SABOTAJE DE LA MAQUINA DE GUERRA ALEMANA. ¡Obreros y campesinos alemanes en uniforme de soldado, la Cuarta Internacional os llama a pasar con armas y bagajes a las filas del Ejército Rojo! ¡Obreros y campesinos alemanes, de las fábricas, de los ferrocarriles, de las granjas, pueblo esclavizado de Europa, paralizad por todos los medios posibles la máquina del militarismo alemán! Defenderéis así no sólo a la Unión Soviética, sino que preparareis también vuestra liberación; no la que os reservan Churchill y Roosevelt, sino la vuestra, en la que podréis edificar como hombres libres un mundo nuevo. En la U.R.S.S., la Cuarta Internacional llama a los obreros soviéticos a ser LOS MEJORES SOLDADOS en el puesto de combate. Nuestra organización vive de las enseñanzas del que fué guía del Ejército Rojo durante las luchas difíciles de los primeros años de la revolución, de León Trotsky, cobardemente abatido por el verdugo del Kremlin, pero cuyo recuerdo está más que nunca presente en la memoria de los antiguos combatientes de la guerra civil, ahora, en el momento del peligro supremo. Es su ejemplo y las tradiciones de esa gran época lo que debe inspirar a los soldados, los marinos y los aviadores de hoy. Pero los milagros de heroismo de aquel tiempo no fueron posible sino porque los obreros y campesinos sabían claramente lo que defendían. Para repetir esos milagros de intrepidez —y son necesarios para terminar con Hitler— la mejor arma es el restablecimiento de la democracia soviética. La guerra no dá fin a nuestra lucha contra la burocracia, sino que la hace aun más imperativa. ¡Por la defensa de la U.R.S.S., formación de soviets de obreros y campesinos! Tal es nuestra contraseña. Pero nuestra lucha contra la burocracia permanece subordinada a la guerra contra el imperialismo. Así es en el plano político, donde consideramos nuestra crítica de la oligarquía parasitaria como el mejor medio para armar al país contra el imperialismo, y así es también en el plano militar, donde las acciones prácticas contra la burocracia están subordinadas a las necesidades de la defensa del país. Bajo las condiciones de la guerra, todos los problemas del régimen se plantean más vivamente que nunca a la conciencia de los trabajadores soviéticos. La primera tarea de la hora presente es la formación de los cuadros y la ORGANIZACION DE LA SECCION SOVIETICA DE LA CUARTA INTERNACIONAL.
A plazo más o menos breve, el régimen burocrático, que vive de un compromiso entre el proletariado y el imperialismo, no sobrevivirá a la guerra. Incluso en caso de victoria, incluso en forma de larga resistencia, despertaría todas las esperanzas de las masas soviéticas, sacudiría la apatía acumulada por años de derrotas. Los obreros y los kolkhoznik tolerarían cada vez menos lo arbitrario de la burocracia. Además, el fracaso de las armas alemanas produciría inevitablemente lo que más teme Stalin: insurrecciones proletarias a través de toda Europa. Perdiendo pie sobre el suelo ardiente de la revolución, Stalin seguiría a Hitler de cerca en el abismo.
El estruendo de la guerra resuena ya sobre toda la tierra. Todos los imperialismos trabajan febrilmente al aniquilamiento de la humanidad. Una ola formidable de reacción barre todas las libertades y todas las conquistas de ayer. Hitler, Churchill y Roosevelt, rivalizan en ese juego terrible. Stalin busca sólo adaptarse a los bandidos del imperialismo "democrático" y su mayor temor es pronunciar una palabra revolucionaria. En cuanto a nosotros, podemos permanecer optimistas. En las profundidades de las masas madura una revuelta que nada podrá detener. La guerra imperialista de 1914-18 aparece ahora como un simple ensayo de la actual, y la tormenta revolucionaria que saldrá de esta guerra, hará olvidar las crisis revolucionarias de 1918-20. La resistencia de las masas soviéticas al avance alemán sólo puede precipitar la explosión. Por eso todos los pueblos de la tierra deben apoyarla, cada uno con los diversos medios que hemos indicado. ¡Defended a la U.R.S.S. y os defenderéis vosotros mismos; apresuraréis la hora de vuestra liberación!
¡Por la defensa de la Unión Soviética!
¡Viva la revolución socialista mundial!
Comité Ejecutivo de la C. I.