Alarma, n.º 5, marzo 1960 (número especial) (págs. 1-3). PDF del número completo

¿Qué ocurre en Madrid? ¿Quienes son los colocadores de bombas? Evidente, las notas explicativas oficiales del gobierno no merecen ningún crédito, y son formalmente contradictorias entre sí. Cuando un gobierno se ha impuesto a la población por el terror y se mantiene con la policía, el monopolio de la información y la supresión de toda libertad, se tiende instintivamente a creer lo contrario de lo que dice. Teniendo el país aherrojado a tal punto que su palabra es la única permitida, sirviéndose sistemáticamente de la mentira, no puede en ningún caso aspirar a ser creido, aun si por acaso dijese la verdad. Tan desprestigiado está el gobierno español en este aspecto, que en el exterior sus propios congéneres capitalistas desconfian de todas sus palabras. Así la prensa mundial no sabe a qué atenerse sobre las bombas estalladas o descubiertas providencialmente sin estallar en Madrid, e incluso admite, como hipótesis, que sean obra de la propia policiá.

El primer parte oficial de Franco atribuía las bombas a los secuaces de Moscú. La estrechez mental del fulano, su inveterada felonía, le llevan a amonedar en Washington cada acto de hostilidad a su dictadura, cual si fuese siempre obra de Moscú y directamente peligroso para el protector yankee. Franco hace así al mal llamado partido comunista una propaganda infinitamente mas eficaz que cuanto él mismo, partidario de la reconciliación con la hueste franquista, está en condiciones de obtener. Por su parte, el partido moscovita español niega desde la zona geográfica de sus amos, donde viven los jefes en opíparo recaudo, responsabilidad alguna en las explosiones. Mas para sus palabras cabe decir igual que para las de Franco: ¿es verdad, es mentira? Imposible saberlo, puesto que ellos mismos están en condiciones de dar a la policiá franquista lecciones de falsificación de hechos e ideas. Nosotros podemos asegurar, basándonos en las ideas revolucionarias y en la experiencia, que el partido en cuestión no para mientes en mentira grande o chica. Su política de reconciliación con la gente franquista encuentra una dificultad: esa gente no sabe todavía que en achaques de táctica y estrategia anti-revolucionaria los filiales de Moscú saben mas que nadie. El stalinismo cuenta con que el miedo a la revolución llevará los viejos reaccionarios a cobijarse en su seno, dándole a él la oportunidad de aparecer como cabeza y beneficiario principal de la reaccionaria reconciliación. Y para conseguir ese fin, que constituye hoy su única razón de existencia, no parará en barras. Tiene interés en asustar a la reacción española, sin llegar en ningún caso a la acción revolucionaria de las clases explotadas.

Ha habido, por el contrario, quién se atribuya voluntariamente la responsabilidad de las explosiones. Se trata de un pretenso Directorio revolucionario ibérico de liberación. Sin que nadie le llamase a cuento ni conociese siquiera su nombre, ese pseudo-organismo o pseudo-directorio dirigió a la prensa extranjera diversas notas reivindicando como suyas las bombas de Madrid. Al mismo tiempo, niega la paternidad de la bomba descubierta en el Prado, lo que obligaría a pensar que la policía ha actuado al mismo tiempo que el "directorio", si no fuese mas lógico atribuir todas las bombas, las estalladas y las descubiertas a tiempo, a los solícitos auspicios de la Dirección general de seguridad. Porque una cosa es evidente: a nadie mas que a los servicios psicológicos de Franco mismo se le podía ocurrir colocar un explosivo en un museo de pintura, justo para que el mílite analfabeto del Pardo pueda hablar de la barbarie y la incultura de sus enemigos.

Pero volvamos al pseudo-directorio. Los revolucionarios y los trabajadores españoles necesitan saber de qué se trata. Un tal capitán Bayo, que en Cuba ha estado al servicio de Fidel Castro, lanzó al triunfar éste una proclama anunciando que él se proponía repetir en España lo de Cuba. Se trataría pues de iniciar la lucha de guerrillas, hasta la entrada triunfal del señor Bayo en Madrid. Según él (o sea el "directorio") las bombas de Madrid son sólo una advertencia. No escuchada, se verán sus obras. Por grotesco que parezca, eso es lo que dice el señor Bayo. Y dejemos para otra ocasión, si se hace necesario, juzgar la nulidad revolucionaria del guerrilleo estilo Castro. Bayo puede ser un republicano; un revolucionario no.

Las bombas coinciden con una de las mas vastas operaciones policíacas desencadenadas por Franco desde hace quince años. Su estallido ha ocasionado la detención de medio millar de personas. Es decir, ha dado un motivo de represión plausible tanto para el exterior como para el interior de España. Sabido es que cuando Franco pierde pié entre sus mas próximos secuaces del ejército y el clero y éstos amenazan retirarle su apoyo en beneficio de la monarquía, una junta militar o lo que sea, les pasa por los ojos, para traerlos nuevamente a composición, el fantasma de un resurgir revolucionario. Por otra parte, muchos intelectuales y personas acomodaticias en general verían francamente con malos ojos una represión tan vasta si no la considerasen excusable gracias al estallido de las bombas. En consecuencia, lo mas probable es que haya sido la propia policía quién las colocase, en cu- yo caso nunca se obtendrán precisiones sobre el hombre que según los partes oficiales murió estallándole una bomba en la mano. Mas si por acaso se tratase realmente de enemigos del régimen, nosotros desearíamos que fuesen espontáneos y jóvenes, y les desaconsejaríamos reincidir, dedicándose en cambio a la organización y preparación política de núcleos revolucionarios que pongan en movimiento a los explotados contra Franco y el capitalismo.

Lo único cierto es que a estas horas centenares de hombres gimen en comisarías, cuartelillos de la guardia civil y direcciones de seguridad, atropellados en sus mas elementales derechos y apaleados sin que [ilegible] ningún gobierno, ningún partido español emigrado haga nada serio en su defensa. Todo lo mas, algunos aprovechan la represión de Franco para llevar agua al molino de la guerra fria. Un comité internacional de defensa de las víctimas de la represión franquista sería en estos momentos de constitución obligatoria. Pero en él no pueden tener cabida quienes en otros países, o en la zona roja española durante la guerra civil, se han hecho reos de represión anti-revolucionaria. Por desgracia, los antiguos partidos de izquierda europeos, como los propios españoles, carecen de todo vigor combativo, y se limitarán a algunas jeremiadas.

Demos por nuestra parte la mas calurosa solidaridad a los hombres perseguidos, y gritemos y escribamos por todas partes: ¡Abajo la represión! ¡Abajo Franco!!


"La clase poseyente y la clase proletaria representan la misma alienación del hombre. Pero la primera se siente agradablemente confirmada en su estado de auto-alienación, halla en él su propio poderío y él le da la apariencia de una existencia humana; la segunda, por el contrario, se siente aniquilada en su alienación, viendo en ella la impotencia y la realidad de una existencia humana. Empleando una expresión de Hegel, es ella, en la abyección, la sublevación contra la misma abyección. Es empujada necesariamente a esa sublevación por la contradicción entre su naturaleza humana y sus condiciones de vida, que son la negación patente, total y absoluta de esa naturaleza".

Marx