Alarma, n.º 6, Mayo 1960 (págs. 14-15). PDF del número completo
Un obrero fué condenado a muerte por un tribunal militar de Madrid y rápidamente ejecutado a causa del asunto de las bombas. De sobra sabemos la siniestra farsa que es un consejo de guerra en la España de hoy: al frente un gran Jesucristo en taparrabos, a cuya espalda un grupo de militares embrutecidos por el oficio dormitan mientras condenan a muerte o a largos años de cárcel. Ni defensa ni esclarecimiento de hechos es posible. El propio defensor es un aliado del fiscal, y la mayoría de las veces ni siquiera es leida por completo la acusación. Al acusado no se le permite hablar. El juez instructor (en este caso probablemente Eymar) ha decidido el caso de antemano. Se trata de una justicia administrativa, método calcado por Franco de la contrarrevolución stalinista rusa, para no verse obligado a decir decisión policíaca. En tales condiciones es imposible saber la verdad, y cuanto al respecto diga la prensa franquista es intencionalmente falso o por lo menos tergiversado. La manera en que las bombas fueron descubiertas o estallaron hizo sospechar a la propia prensa conservadora extranjera que se trataba de una provocación policíaca. No dudamos un sólo instante que Franco sea capaz de matar a un hombre sin tener la menor culpa de lo que se le acusa. Los términos del comunicado que anunciaba el consejo de guerra, la condena a muerte y el fusilamiento no consiente saber nada de lo verdaderamente ocurrido. La probabilidad de una provocación policíaca debe ser retenida, al menos parcialmente. Hitler desde su llegada al poder, Stalin desde que tomó rumbo contrarrevolucionario, supieron combinar la provocación policíaca con algún hecho real, para justificar el desencadenamiento de la represión e infundir terror. Combinación de hecho real y provocación policíaca fueron el incendio del Reischtag, a partir del cual fueron organizados los campos nazis de concentración y exterminio, y también el asesinato de Kirof, que inició, con los grandes procesos de Moscú, el exterminio de los revolucionarios en Rusia. Por su parte, la policía franquista se ha servido mas de una véz de la provocación para agravar la represión contra sus adversarios. A un hecho real generalmente de poca monta, los especialistas de la dirección general de seguridad añaden lo que necesitan para asestar un buén golpe. De cualquier manera que sea, un hombre ha resultado en este caso asesinado.
Expresemos nuestro odio irremitente a la dictadura, pero también nuestra severa crítica a quienes, carentes de ideas, empujan los hombres a actos que facilitan la represión sin aventajar en nada a la lucha contra el régimen. Es preciso organizar la acción de las masas contra éste; en ese intento, todos los riesgos, la muerte misma, valen la pena.