Alarma, n.º 6, Mayo 1960 (págs. 17-18). PDF del número completo
Desde hace nueve o diez meses que el gobierno inauguró su plan de austeridad y saneamiento como precio de su ingreso a los organismos económicos europeos, la situación de la clase obrera ha empeorado considerablemente, debido por una parte a la disminución de las horas de trabajo y por otra al aumento de precios e impuestos. Mientrastanto, las clases privilegiadas continuan nadando en la abundancia. No ha habido austeridad (léase privación y hambre) mas que para los trabajadores. Contra esa disminución del salario obrero nosotros recomendamos luchar no pidiendo primas, seguro al paro o mayores horas de trabajo, sino la división de las horas de trabajo entre el número de obreros existente, sin ninguna mengua del jornal medio anterior a la disminución o desaparición de las horas extraordinarias. Eso no impide la lucha permanente contra las horas extraordinarias, el destajo, por el aumento del jornal y la disminución de la jornada diaria, etc., tal como lo expone el llamamiento de Fomento Obrero Revolucionario publicado en el número dos de Alarma.
Nuestro capitalismo clerigo-militar espera reanudar en el inmediato futuro lo que él llama la expansión; pretende estar ya en el período de transición hacia ella. Comoquiera que sea, si el período de "austeridad" o depresión se traduce en la práctica por una disminución del salario obrero —o sea del consumo— disminución impuesta por diversos conductos con el objeto de mejorar los negocios capitalistas y la posición política internacional del gobierno, la expansión signifi- ca negocios muchísimo mayores para esos patriotas que gobiernan y explotan, mientras que para la clase obrera sólo hay aumento del consumo a costa de una prolongación de la jornada de trabajo y de una productividad mayor por hora. Por cada peseta que el trabajador añada a su jornal da a ganar cincuenta o cien al capitalismo. De manera que la "expansión", aun permitiendo a los trabajadores mayor consumo global con mayor trabajo, puede representar (ese es el caso siempre), una importante disminución relativa del consumo, es decir, de la capacidad de compra de lo ganado por hora. Peor, el mecanismo de la producción y la distribución capitalista es de tal índole que del aumento de la productividad de su fuerza de trabajo el obrero saca una parte cada vez menor relativamente a lo producido, acreciendo por el contrario en proporciones gigantéscas los beneficios del capital, burgués o estatal. Eso sólo, representa una disminución relativa del consumo muy importante, contra la cual la clase obrera debe alzarse vigorosamente si quiere dar cima a su cometido.
Lo primero es negarse a los horas extraordinarias, el destajo, las primas, y a todo aumento de la productividad que no redunde, íntegro y directamente, en beneficio del consumo de la clase loborante. Hay que negarse a consumir cinco mas, si esa es condición —cepo— para dar al capitalismo beneficios diez, cincuenta, cien veces superiores. Son todos los beneficios los que deben ir a los productores.
Si la clase obrera organiza de veras la defensa de su nivel de vida, de su derecho a la cultura, el ocio y el libre desarrollo personal se verá directamente abocada a dar cuenta del sistema capitalista entero. A la obra.