Alarma, n.º 6, Mayo 1960 (págs. 16-17). PDF del número completo
La educación del niño real, Juán Carlos, hijo de Juán, nieto de Alfonso, todos Borbones, cuesta a Franco, plebeyo Bahamonde, mas trabajo que hacer la felicidad de los españoles. Van no sabemos cuantas entrevistas entre "el rey", como dicen lagrimeando los monárquicos, y "el caudillo", como dicen guiñando el ojo los franquistas —todos monárquicos por mas señas— entrevistas oficialmente dedicadas a tratar de la educación del precioso producto espermatozoidal de la casa de Borbón. Habría que escuchar esos estiras y aflojas pedagógicos entre Juanete "el rey exilado", y Paco, el usurpador plebeyo. Los comunicados oficiales nos dejan con la saliva en la boca.
Extraoficialmente, en cambio, se ha sabido, un poco mas allá de los Pirineos, que la última entrevista celebrada en Extremadura ha aproximado los puntos de vista de los dos contertulios, no ya sobre lo que conviene hacer con el niño, sino sobre lo que quieren hacer con los españoles el papá y el dictador respectivamente. "Parece que por primera vez el jefe del Estado español reconoce implícitamente los derechos dinásticos de la rama alfonsina...", mientras que el pretendiente "parece suscribir, verdad que indirectamente, a los leyes fundamentales que el movimiento nacional querría imponer al sucesor posible del régimen franquista". (Le Monde 1-4-1960).
Como es sabido, las llamadas leyes fundamentales del movimiento están destinadas a perpetuar, con el sucesor de Franco, el régimen dictatorial y toda su estructura actual. Juanete, que ya tiene tras de él toda una corte de nobles ávidos de oropeles y de la succión hoy reservada a los del equipo franquista, no puede suscribir a ese compromiso sino por lo que concierne a la dictadura. Las estructuras las constituyen los hombres que instalados en los puestos gubernamentales se hacen multimillonarios, y esos necesita instalarlos suyos el aspirante a monarca, que de paso querría presentarse —¡también él!— como reconciliador de los españoles.
Por su parte, Franco tampoco está dispuesto a dejar en vida el puestecillo a otro. Y así, las cosas irán tirando hasta que Franco haga la gracia de morirse, o bién hasta que la situación reviente por sublevación del proletariado, único medio de abordar de veras la solución de los problemas. Mas que vergonzoso sería que despues de Franco nos cayesen encima los Borbones otra vez.