Alarma, n.º 7, Octubre 1960 (págs. 33-35). PDF del número completo
Un gabinete presido por Fanfani, de la jesuítica variedad llamada democracia cristiana, dimitió en Italia. Otro gabinete Fanfani se constituyó y sigue gobernando, despues de varios intentos falli- dos de gabinetes no muy diferentes, y de un súbito choque entre las masas y la policía en Génova. No ha pasado nada, políticamente; se ha ido de un equilibrio mendaz y repugnante al mismo equilibrio mendaz y repugnante. Pero en el interin ha ocurrido algo que significa mucho si sabemos interpretarlo. Significa que la acción revolucionaria del proletariado puede dar cuenta del aparato coertivo del Estado y abrir calle a la revolución socialista.
La multitud que en Génova se puso en movimiento, habia sido invitada por los partidos stalinista y "socialista" a hacer una modosa demostración pacífica contra un congreso neofascista convocado en la misma ciudad. No era, ni mucho menos, la primera vez que los neofascistas se reunian, pero en esa ocasión los dos partidos pseudo-obreros, estando el gobierno en crisis, consideraron conveniente hacer valer su "influencia" en las masas, para que el Vaticano, espíritu santo de la democracia cristiana, y decente antifascista como cualquier Toggliati, no olvidase sus particulares derechos parlamentarios. Los trabajadores de Génova se tomaron en serio el asunto, y recurriendo espontáneamente a los mejores de su seno —la mayoría expulsados por Toggliati y Nenni de sus partidos— entraron en violenta colisión con la policía. Eso bastó para que encontrasen un punto de coincidencia Toggliati, Nenni y los benditos antifascistas del Vaticano. Puede decirse sin exageración, que la demostración de Génova, por haber tomado un caracter revolucionario en la práctica, se revolvió contra Toggliati y Nenni, poniendo al descubierto su calidad de pilares del asqueroso equilibrio capitalista, del cual forman parte todas las demas tendencias oficiales, incluyendo la neofascista. La verdad última es que esta tendencia no tiene porvenir; pertenece al pasado, porque las necesidades capitalista que ella expresaba la expresan hoy, por una parte la democrácia cristiana, y por otra el stalinismo, que en Italia tiene de antemano asegurada la complicidad de todos los Nenni.
El repugnante equilibrio capitalista existente en Italia —como el de todos los países del mundo sin excepción— proviene del equilibrio interimperialista y parabélico de Estados Unidos y Rusia. En ninguna nación será roto en beneficio de los unos o de la otra sino en vísperas de la guerra, cuando se jueguen la dominación absoluta del Globo. Pero esa ruptura interesa a los explotados del mundo tan poco como el repugnante equilibrio actual, por otras palabras la "convivencia pacífica". El equilibrio no puede ser roto de manera diferente sino por la intervención revolucionaria del proletariado, no solamente en la acción, como ha ocurrido en Génova, sino también en la idea, como no ha ocurrido allí. Y si la acción sin la idea ha sido bastante para traer a acomodo el Vaticano y Toggliati, la acción y la idea conjuntamente permitirían al proletariado vencer del mismo golpe al Vaticano y a Toggliati, o sea a la representación nacional de los dos imperialismos. Mientras no ocurra así, todas las acciones, hasta las mejores, se saldarán en beneficio de la reacción mundial, a cualquiera de los dos polos que pertenezca la primacía, y no podrá pasarse sino de Fanfani a Fanfani.
En Italia como en cualquier otra parte, el estancamiento de la situación política es un resultado del encuadramiento de los hombres por los partidos del bloque ruso o por los del bloque americano. Entre los unos o los otros nadie tiene interés en pronunciarse, y menos aun en arriesgarse, trátese de elecciones o de acción extralegal. Solo la lucha al margen de los dos bloques y contra ambos abrirá brecha en la actual situación mundial y permitirá al proletariado plantear su reivindicación de socialismo universal.