Alarma, n.º 9, marzo 1962 (págs. 18-19). PDF del número completo

Después de la huelga de diciembre en Beasaín, provincia de Guipuzcoa, durante la cual hubo choques entre los huelguistas y la policía, con el consiguiente cierre de fábricas, ruptura de contratos, detenciones y sevicias policíacas, nuevos paros han ocurrido en Beasaín mismo, en Irún y otros sitios. En Beasaín, 3.000 obreros y técnicos de la empresa de material ferroviario. "En la tarde del miércoles, las fuerzas de policía expulsaron a los obreros de los talleres, donde hacían la huelga de brazos caídos. Poco después tuvo lugar una manifestación en la que participaban las mujeres de los trabajadores. Al dispersarla, la policía hirió a varias personas, matando a una de ellas, según noticias no confirmadas". (France-Soir, 2-12-61)

En Irún, miles de obreros ocuparon las empresas en que trabajaban. "Han sido desalojados por la guardia civil". La huelga se extiende a Eibar. Otra vez en Beasaín, "los 3.000 obreros que desencadenaron el movimiento de huelga de diciembre recorren las calles todas las tardes a la salida del trabajo, gritando: mínimo de cien pesetas diarias" (Le Monde, 17-2-62).

Esa reivindicación es bien modesta, pues una familia de cuatro personas viviría estrechamente con mil pesetas más por mes, o sea 133 diarias. Si los huelguistas no obtienen inmediatamente satisfacción se debe a las necesidades dicta- toriales del régimen, que considera imperativo doblegar al proletariado impidiéndole conseguir nada por la huelga. Por el contrario, para el proletariado la huelga, generalizada a una región, a las principales ciudades del país, elevada a movimiento político frente al régimen, es el único medio de obtener mejoras serias, un poco de libertad, y la esperanza de reanudar la revolución.