Alarma, nueva serie, n.º 1, septiembre de 1962 (págs. 10-11). PDF del número completo
Siguiendo la "nueva" política del novísimo ministerio, la prensa española ha dado algunos informes, por primera vez, sobre los "conflictos sociales" del mes de agosto; huelgas no hay. La acogida reservada por los trabajadores a esa clase de información nos la revela inesperadamente el órgano falangista de Gijón, La Nueva España, del día 25 de agosto:
"Siempre que la actualidad nos trae algún acontecimiento y el periódico toma ante él una posición, al punto comienza el bombardeo de una serie de cartas anónimas en las que se echa el cuarto a espadas tras de ponernos, ya se sabe, como no digan dueñas".
El periódico hace excepción por una vez, pretende, y contesta: "La primer medida a tomar es la de restablecer la disciplina en la mina, sea como sea y cueste lo que sea". Policía, represión; mas represión, mas policía —secreto único esos grandes hombres de Estado que nos gobiernan. Esa respuesta podían habérsela ahorrado los señoritos falangistas, pues los trabajadores la experimentan de continuo en sus costillas. Bueno es, sinembargo, que los propios periodistas mercenarios del régimen confiesen la brutalidad de éste, siquiera veladamente, y mejor aun que se vean obligados a decirnos el desprecio de que son objeto. Si el resultado de los anónimos no fuese mas que ese, bastaría para justificarlos. Pero hay otro tácito, quizás mejor: los escribientes de "La Nueva España" se sienten, evidentemente, culpables de falsificación de noticias y de degradación personal. Excelente.