Alarma, nueva serie, n.º 1, septiembre de 1962 (págs. 11-12). PDF del número completo

La inundación ha causado cerca de un millar de muertos, según cifras oficiales, y la miseria inmediata para infinidad de familias. No es la primera vez que precipitaciones lluviosas excepcionales, debidas a coincidencias meteorológicas bién conocidas, causan riadas devastadoras en la misma zona de los cursos del Besós, el Llobregat y sus afluentes. Algunos trabajos de ingeniería que hubiesen costado menos que el sueldo de la policía y los curas durante un año, habrían bastado no sólo para canalizar inofensivamente toda el agua caída, sino para represarla y utilizarla en regadíos fértiles. El régimen franquista, que se dice de derecho divino, tiene que echar la culpa de la catástrofe a su dios, necesariamente cruel, como sus sacerdotes. Dios es invisible e impalpable, claro está, pero en cambio todo el mundo ve la cifra del presupuesto y sabe quienes lo palpan. Dios, sí, cobrador y culpable en la persona de sus representantes.