Alarma, nueva serie, n.º 3, mayo de 1963 (págs. 3-4). PDF del número completo
La plena asimilación del régimen español por el sistema de alianzas militares y económicas del Occidente encuentra dificultades contínuas. La cesión a Estados Unidos de bases aereas y navales, por la cual Franco creyó solventar dificultades financieras y borrar estigmas, no ha satisfecho sus esperanzas. Al cabo de 10 años anunció su intención de sacar mayor partido de sus servicios parabólicos reclamando una revisión del tratado de 1953, pero ante la manifiesta desgana del contratante mayor ha tenido que desistir. Kennedy anunciaba recientemente a la prensa una disminución de la ayuda financiera a España, y en la conferencia de San José de Costa Rica lanzaba una puya al dictador Franco en presencia de otros dictadores íntimos aliados del "mundo libre". No es la primera vez que hace gala de ese sentido inverecundo, casi stalinista, de la propaganda.
Hoy como ayer, la actitud del imperialismo americano la dictan sobretodo consideraciones de Estado Mayor militar, no ideas políticas o morales. La suerte de los trabajadores españoles le tiene al fresco. Y si ahora, por razones de competencia publicitaria Kennedy ha creído oportuno dirigir palabras desdeñosas al franquismo, débese a la entrada en servicio de la flota de submarinos a propulsión atómica provistos de cargas nucleares (Polaris) de dos a cuatro mil kilómetros de alcance. No sólo pierden importancia las bases militares cedidas por Franco, sino que su supresión, como las de otros países, o su conversión en simples bases de avituallamiento parece estar decidida. No obstante, Madrid, en buén traficante de la muerte, contaba aun vender a alto precio el puerto de Rota, cuyos emplazamiento y fondo marino se adecuan a una flota de sumergibles nucleares mejor que otros en el Mediterráneo. El viaje de Steavenson a España, en abril, fué todavía para estudiar el pro y el contra de Rota como base de polaris, no obstante haber desistido de ella varias semanas antes. Lo probable es que Franco se quede con la mano abierta. Washington teme la inestabilidad política de que sabe irremediablemente aquejada la dictadura. La actividad de los trabajadores en los últimos 20 meses son la principal causa del aflojamiento de la alianza Madrid-Washington.
En tales condiciones, la diplomacia franquista busca nuevos protectores y prestamistas, aventurándose al doble juego hoy corriente en la mayoría de los gobernantes nacionalistas de los países atrasados. Si Franco no está en condiciones de contraponer Moscú a Washington, cual tantos de aquellos, puede, en cambio, acogerse a de Gaulle contra Kennedy, apoyar la concepción europea y estratégica de éste, cuya "force de frappe" requiere otras bases de ensayo que las del Sahara argelino. Si los americanos no quieren Rota, los franceses sí podrían querer el Sahara mal llamado español, o cuando menos, la amenaza de dar facilidades a las combinaciones de París forzará tal vez aquellos a soltar más millones de dollares. En diez años, Franco ha recibido 1.500 millones de dollares, pago a su servilismo occidental. Tito "el neutral", ha cobrado bastante más. De ahí las últimas maniobras de la diplomacia caudillil contra Estados Unidos. Pese a las denegaciones de Madrid y de París, no cabe duda que el territorio del Sahara dominado por Franco ha sido puesto en venta como base de experiencias nucleares. Y aunque en París tilden de injustificadas o excesivas las declaraciones de los portavoces franquistas sobre la constitución de un eje Madrid-París-Bonn, de Gaulle incluye evidentemente a Franco entre los segundones del subgrupo occidental que él aspira a dominar. Hace tiempo que el territorio peninsular lo cuadriculan militarmente París y Bonn. De todas maneras, el tramposeo diplomático de Franco no irá muy lejos, pues nadie puede tener ya confianza en la continuidad de su régimen. Aún tratando con él, las principales potencias no pierden de mira la necesidad de bienquistarse un futuro gobierno, cualquiera que fuere. Les importa, sobretodo, que un régimen sin Franco acepte las obligaciones contraídas por éste y contraiga otras más firmes. Pero entonces precisamente, los amigos del bloque oriental, que no carecen de simpatías entre los franquistas en desbandada, entrarán en la competencia por la asimilación militar y económica de España.
Por su parte, el proletariado debe combatir desde ahora a los partidarios de ambos bloques militares y disponerse a organizar en torno a su acción por la revolución social, la lucha de los trabajadores del mundo, en oriente igual que occidente, por la destrucción de todos los instrumentos bélicos, la disolución de los ejércitos, el fín de la explotación.