Alarma, n.º 10, julio 1967 (págs. 16). PDF del número completo
Como es sabido, católicos y stalinistas cogidos del brazo recomendaron votar en las elecciones sindicales y presentaron sus propios candidatos, dentro de las reglas establecidas por el franquismo. "No votar significa hacer el juego del patronato y de los profesionales del sindicalismo vertical" —dijeron en octavillas e hicieron correr de viva voz. En realidad, los profesionales en cuestión, Solís en cabeza, se frotaban las manos viendo que el régimen tendría una ocasión de mostrar al extrangro cómo se liberaliza y admite la oposición. Así lo dijo, en efecto, la prensa capitalista de Europa y Estados Unidos, que siempre airea cuanto favorece un post-franquismo no revolucionario. Por su parte, el stalinismo fué más lejos y presentó como "un gran triunfo de la clase obrera" el hecho de que Franco le permitiese tener algunos delegados previamente bendecidos por el clero.
Consiguió así dar a esas elecciones algo más de participación obrera, pues los engañados sobre su naturaleza siguen siendo bastantes, pero el efecto producido en sí, sobre todo en los obreros más conscientes, fué muy negativo. He aquí lo que nos dice un grupo de trabajadores de Madrid:
"La recomendación de votar ha sido una vergüenza. Además de desorientar, porque con unos diciendo no y otros sí nadie se entera de nada, lo que podía haber sido una manifestación de disconformidad obrera fué una victoria para los sindicatos oficiales. Una vez más hemos tenido que contener nuestra rabia".
Díganse los trabajadores y digan en su torno que quienes así actúan lo hacen muy premeditadamente. Se comportan, desde ahora, como administradores del futuro capitalismo post-franquista. Es urgente organizarse al margen de ellos y contra ellos, según recomienda nuestro Llamamiento y exhorto a la nueva generación.