Alarma, n.º 16, enero 1971 (págs. 18). PDF del número completo

El gobierno del "libertador" Castro se define a sí mismo, cada día más descaradamente, como policíaco. Según nueva ley por él dictada, cualquier hombre entre los 17 y los 60 años carente de empleo conocido será condenado a trabajos forzados y así "reeducado". El tiempo puede ir de seis meses a dos años. También los obreros que abandonen el trabajo sin justificación durante 15 días correrán la misma suerte. Y de paso, el gobierno invita al público y a las organizaciones "obreras" a delatar a los desocupados.

Informes repetidos y muy oficiales de la Habana han asegurado que falta mano de obra. Si el paro forzso no existe, ¿de donde salen esos desocupados? Si existe, eso es servirse de los obreros parados como mano de obra casi gratuita, legalmente esclava. Y si habiendo trabajo para todos hay muchos obreros que se niegan a aceptarlo, ¿cómo explicarlo sino porque las condiciones de trabajo son inaguantables y la paga exigua? Es con toda certidumbre lo que ocurre. Antes que matarse a trabajar para malcomer y en un ambiente plagado de delatores, muchos obreros prefieren ganarse la vida trampeando de cualquier manera que sea. De todas formas, es evidente sin más argumento que una ley semejante sólo puede servir a la barbarie de la explotación. Mas de una vez puso en juego procedimientos semejantes el capitalismo occidetnal y hoy mismo imperan con mayor o menor disimulo en el capitalismo oriental, en los países falsamente llamados socialistas. Castro marca el paso de sus congéneres.