Alarma, n.º 19, Octubre 1971 (pág. 5). PDF del número completo
El último de los "perdones" concedidos por el omnipotente pigmeo de El Pardo, es a la vez el más mezquino de todos y el más importante... para los bajos fondos del régimen, situados en la cúspide de su escalafón.
La perversidad franquista todo el mundo la admite, pero es frecuentemente ignorada en sus detalles. Una de sus manifestaciones es el sistema judicial y carcelario. Al fallar sus siempre durísimas condenas, los tribunales militares y de excepción calculan que el reo va a "disfrutar" de uno o varios indultos, de la llamada redención por el trabajo a partir de la fecha de su condena, y de la libertad condicional al extinguir los dos tercios de la misma. Las sentencias son alargadas intencionalmente, en proporción a tales "beneficios". Pero luego, los condenados, sobretodo los políticos, tardan meses, a menudo años en empezar a "redimir", los indultos no llegan y la libertad condicional es concedida, desde hace años, casi exclusivamente a los presos de derecho común. A todo ello hay que añadir que la dirección de una cárcel puede retirar a cualquiera los "beneficios" ya adquiridos y exceptuarlo de indulto si lo hay. Puede bastar para ello la más leve falta disciplinaria. Un simple "me cago en Dios" prolonga a veces durante años la permanencia en la cárcel de un hombre. Es decir, que si un tribunal sentencia 10 años a fin de que el sentenciado permanezca en la cárcel por lo menos 5, éste cumplirá siempre más de 5 años, a menudo 7 u 8 y algunas veces los 10. Y si durante ese tiempo intenta fugarse sin lograrlo, le caen automáticamente encima, por "quebrantamiento de condena", 3 o 4 años suplementarios, ya sin ningún "beneficio". Tal es la generosidad de alma del cristianísimo régimen.
El indulto de ahora es el más mezquino porque exceptúa, además de los indultados de pena de muerte, como todos ellos, a los condenados en Burgos y a cuantos hayan disfrutado del indulto anterior, en 1965, forzosamente condenados a penas largas, entre 15 y 30 años. El número de liberados inmediatamente se limitará, entre los políticos, a quienes estaban ya a punto de salir. Otra excepción muy característica del régimen es la de cuantos hayan elevado protestas, hecho huelgas de hambre o incurrido en otras faltas.
En cambio, todo el mundo se da cuenta, el indulto es muy generoso para los grandes ladrones del asunto Matesa y de otros asuntos menos sonados o por completo silenciados. No sólo libera de cualquier pena a los numerosos encartados visibles y ocultos, hace también imposible la prosecución de las investigaciones, y, en suma, entierra definitivamente el asunto. Ahora bien, entre los otros asuntos también enterrados, había uno, probablemente destapado por los culpables del otro, o sea por el Opus Dei, en que se hallaban encartados familiares de Franco y uno de sus abogados. En resumen, un asunto Franco ha servido de chantaje para enterrar el asunto Matesa. Era fácil de prever. No cabe pues duda de que este indulto es importante como ninguno para las altas esferas. Franco indulta al régimen y se indulta a sí mismo.