Alarma, n.º 21, 2.º trimestre 1972 (págs. 9-10). PDF del número completo

La menos fofa de las tendencias dichas trotzkistas es incontestablemente la de "Lutte Ouvrière" y también la más seria desde el punto de vista orgánico. No obsta para que adolezca de esterilidad teórica, y por tanto práctica, debido a lo mismo que la Ligue Communiste, la Alliance de la Jeunesse pour le Socialisme y los "izquierdistas" en general, díganse marxistas o anarquistas. Así, la seriedad de Lutte Ouvrière le sirve sobretodo para reventar de trabajo a sus militantes y simpatizantes, a quienes induce a desplazar la Tierra sin darles palanca.

Lo que Lutte Ouvrière ofrece como palanca, su táctica o política cotidiana, lleva 40 años de retraso, a veces más, como si el proletariado se encontrase en estado cataléptico desde 1917, en medio de un capitalismo que no ofreciese mayores perspectivas inmediatas de revolución que el de los dos primeros decenios del siglo. Por el contrario, las enseñanzas acumuladas desde entonces son muy ricas, si bien ignoradas, no sólo por Lutte Ouvrière. Después de la revolución ha habido la contrarrevolución rusa, cuyas consecuencias negativas siguen haciéndose sentir fuertemente y en todas partes, hasta en vuestras concepciones. La derrota, entre 1917 y 1937, de una oleada revolucionaria internacional sin precedente, la segunda matanza imperialista, el restablecimiento y el crecimiento consecutivo del capitalismo occidental, la desorientación de las masas, no han tenido lugar sino gracias a la contrarrevolución stalinista. "Sí —responde Lutte Ouvrière— eso ha sido consecuencia del oportunismo de la burocracia stalinista". No —afirmamos nosotros— no hay tal oportunismo; esa sucesión de acontecimientos, tan catastróficos que el proletariado no ha conocido jamás semejante período de servidumbre, cuadra perfectamente con los más profundos intereses del sistema económico que constituye la base de la contrarrevolución stalinista, han sido su apoteosis. La unidad es completa entre esa economía y su poder.

He ahí una evidencia absolutamente innegable, que marca como falsa la política de Lutte Ouvrière, por completo basada en la idea de un stalinismo reformista que oscila entre el proletariado y la burguesía. El stalinismo no se opone a la burguesía y los trusts sino en la medida en que él mismo representa un capitalismo todavía más homogéneo, aparte las rivalidades entre imperialismos. Lutte Ouvrière se da el postín del bolchevismo frente a los socialistas-revolucionarios y a los mencheviques representados por el PC-CGT y por potenciales Kerensky surgidos de su dirección, pero el día que aparezca semejante Kerensky, vosotros tendréis la cuerda al cogote, o por lo menos un calabozo para reflexionar sobre la relación entre economía y política.

Sin estar bien percatado de la naturaleza social del sistema ruso, chino, etc., y por ende del stalinismo en cuanto partido de oposición donde sea, resulta imposible comprender el capitalismo contemporáneo, sus luchas de rapiña por intermedio de naciones débiles, su crisis de decadencia, muy distinta de una crisis cíclica; se hace sobretodo imposible combatirlo como es menester y abatirlo, aunque no sea esa condición suficiente. La concentración del capital y el dirigismo en Occidente han sido traídos por la rotación característica del sistema, varias veces centenaria, mientras que en Rusia, lejos de ser efecto de la revolución de Octubre, cual vosotros afirmáis, fué resultado de su fracaso. La no transformación de esa revolución permanente en revolución socialista engendró una contrarrevolución que, para concordar bien con la tendencia inmanente del gran capital tenía necesariamente que ser no burguesa, pues los burgueses en cuanto propietarios individuales se encontraban ya más que sobrepasados por el volumen del capital internacional.

Ese sobrepase es la fuente de la corrupción decadente del sistema, cualquiera sea aquí o acullá su régimen o su nivel industrial, mientras que su incomprensión deja muy atrás de las exigencias del combate proletario toda política a la Lutte Ouvrière. No conduce a la revolución comunista ni siquiera en caso de éxito.

Igual que en Rusia, en Occidente tampoco puede el proletariado erguirse contra el sistema en alianza con el stalinismo y los sindicatos. Tanto valdría querer combatir, aquí en España, el capitalismo dominado por el Opus Dei con ayuda de Falange y de sus organismos "obreros". Mas vosotros buscáis esa alianza, la practicáis de hecho. Confundís la oposición entre dos tendencias del sistema capitalista con la oposición entre capital y salariato, las organizaciones destinadas a regimentar y vender la fuerza de trabajo (en espera de comprarla), con organizaciones de los trabajadores mismos. Y así vuestros llamamientos al stalinismo sirven para velar a los obreros su naturaleza reaccionaria, y vuestros esfuerzos para crear grupos en los sindicatos os prohiben la transformación de los obreros rebeldes en revolucionarios, al mismo tiempo que anuláis las posibilidades de vuestros propios militantes.

Ninguno de los textos "sagrados" que os tranquilizan puede probar que el stalinismo sea reformista, tampoco negar que los sindicatos han revelado ser piezas del sistema capitalista, el andamiaje de la legislación dicha social, constituyendo juntos el estatuto de la esclavitud salarial. No existen textos sagrados para un revolucionario.

La revolución proletaria lleva gran retraso, sabido es, mas no por ello vuelven atrás las reivindicaciones obreras. Deben sacarse éstas de las posibilidades de la técnica y de las exigencias de la revolución en conjunto. Ahora bien, las de Lutte Ouvrière son en realidad sacadas, izquierdizándolas, de las reivindicaciones del stalinismo y los sindicatos, que a su vez son retales de la programación capitalista, casi siempre tácitamente acordadas antes de simulacros de huelgas. Ninguna tiende a sublevar la clase obrera contra el sistema. ¿Y de qué otra cosa puede tratarse en la actualidad? ¿Puede uno considerar buenos revolucionarios a quienes no se esfuerzan en hacer girar cualquier motivo de agitación proletaria en torno a la consigna: ¡ABOLICIÓN DEL TRABAJO ASALARIADO!?

Ha transcurrido un siglo desde que Marx y Engels propusieran substituir esa reivindicación a las reclamaciones rutinarias de un "salario justo". No sospechaban que izquierdistas se revelarían incapaces de enarbolarla haciendo de ella el eje de su actividad, precisamente cuando la técnica consiente una rápida desaparición de las clases económicas, dintel del comunismo.

Tan sólo lo que se desprende de esa exigencia permitirá hacer la unidad revolucionaria del proletariado en cada país, diametralmente opuesta a la unidad con el stalinismo y los sindicatos, y provocará, en un plano superior, la sublevación internacionalista del proletariado ruso, americano y chino frente a sus respectivos gobernantes, acto decisivo de la revolución mundial.

Desde España, Abril 1972

Núcleo Sur de FOMENTO OBRERO REVOLUCIONARIO