Alarma, n.º 1, tercera serie, abril 1977 (pág. 6). PDF del número completo
Una parte creciente de intelectuales se insurge contra los regímenes establecidos. Por sí sólo, el hecho es de gran valor moral, e incluso físico, porque los intelectuales son allí una categoría de privilegiados, pero tan sujetos al yugo del partido-Estado como cualquier pobre obrero. A la menor protesta, se quedan en la miseria, se exponen al campo de trabajo, a la prisión, psiquiátrica o no, al pistoletazo en la nuca, y siempre a la calumnia propagada en todas las lenguas del mundo. Denuncian la represión, mejor dicho, la parte de la represión de que ellos mismos están enterados, denuncian el totalitarismo y la falsía de los gobernantes, que ni siquiere respetan sus propias leyes. Piden democracia y aplicación de los Derechos del hombre.
lo que nos dicen es sin duda nuevo para muchos y servirá de revulsivo. Pero a los revolucionarios nada nos enseñan, ni son capaces de entusiasmarnos, aunque si los defenderemos frente a sus verdugos. Nunca hemos ignorado la bestialidad totalitaria del Kremlin y sus sucursales y nuestra enemiga va mucho más allá que la de todos opositores conocidos hasta la fecha. Ninguno de ellos, está visto, pone en acusación el sistema social allí impuesto; tan solo el régimen político. Se proponen por lo tanto reformar éste conservando aquel. Desde el mas reaccionario vieja escuela de todos Soljenitzin, hasta Pliutch el más izquierdista, pasando por los que desde el interior hablan (Sakhrov, Medvedef, etc;) ninguno ve que la clase de totalitarismo imperante en sus países es consecuencia lógica de la contrarrevolución capitalista de Estado, que eso precisamente es el stalinismo, reniéguese de Stalin o no y que el remedio no puede ser otro que acabar con el sistema. Reformando tan sólo el régimen quedaría intacto su capitalismo. Y aun suponiendo lo absurdo, que se llegase al respeto escrupuloso de los llamados Derechos del hombre, ¿qué son éstos, sino las cadenas legales en una sociedad de explotación, y de opresión?
Los intelectuales protestarios, están lejos de darse cuenta de que su propia y limitada rebeldía es un efecto reflejo de la crisis de la contrarrevolución rusa, tan largo tiempo ocultada, y a su vez, esta se inscribe en la crisis decadente del sistema mundial. Y allá se van miserablemente a pedir auxilio al sector Occidental frente a los exesos del Oriental, y a los mismos partidos de factura rusa, todos ellos corresponsables del asesinato de millones de hombres en Rusia y de millares de revolucionarios en otros paises.
Estamos pues cargados de razón para decirles: "mientras no llameis a la alianza del proletariado occidental con el de Rusia y satélites, mientras no proclameis que sólo en la revolución comunista puede hallarse solución económica, desarme militar completo y libertad no mendaz, tendreis traza de liberales burgueses trasnochados." Se les ve cuanto trasponen las fronteras del mundo stalinista por muy valientes que se mostraran frente a los esbirros de la policia (KGB e hijuelas). Nuestro saludo por ésto no les exime de nuestra intransigente oposición por aquello.