Alarma, n.º 4, primavera 1978 (pág. 11). PDF del número completo
“A un trabajador le han impuesto 60 días de suspensión de empleo y sueldo por hacer notar a la empresa la falta de papel en los retretes”. (Del “Cataluña-Expréss).
“La mierda es revolucionaria”. (Del “Papus”).
A José Segura Laso, trabajador de la empresa Bultaco, la dirección de la misma le impuso una sanción de 60 días de suspensión de empleo y sueldo por reclamar papel higiénico para los lavabos. La empresa alegaba nada más y nada menos que abandono del puesto de trabajo y falta grave de indisciplina por exigir que en los 11 retretes de la empresa se colocase papel higiénico. Resulta cómico que la empresa afirme en la nota de sanción que el reclamar papel higiénico supera las atribuciones de un simple administrativo... y es un atentado a las normas que garantizan el orden y el principio de autoridad empresarial intrínseco a él.
Un simple hecho fisiológico adquiría así, ante los ojos de la dirección de Bultaco, carácter anti-institucional. Los sagrados principios de la autoridad paternal, el orden, la jerarquización de funciones, quedaban trastocados por tan fútil pretexto como es el de mierda más o mierda menos... Y la autoridad social, laboral y de división de trabajo (la Ordenanza Laboral no señala entre las funciones específicas del Administrativo la de reclamar papel higiénico) reaccionó virulentamente contra el ataque de que había sido objeto: ¡Sanción grave!.
Este hecho que podía haber quedado en los archivos de la represión patronal como muestra de la esquizofrenia de todo un tipo de directivos, ha adquirido relieve a nivel nacional gracias a la intervención cachondísima del Magistrado de Trabajo Eugenio López de Sa quien, en juicio celebrado en la magistratura nº 2 de Barcelona, ha corroborado la sanción de la empresa al trabajador y lo ha hecho de forma que éste no pueda recurrir contra la sentencia a ningún otro tribunal laboral.
El asunto se ha desorbitado: la mierda, como ha señalado la revista El Papus, es ya revolucionaria.
Hasta aquí todo tiene un tono de cachondeo insuperable; todo es extraño (menos el que un trabajador necesite de cuando en cuando papel higiénico) y tiene un aire de bodevil que tira de espaldas. Lo que no es tan cómico es que en nombre de las leyes laborales vigentes un magistrado respalde descaradamente la autoridad patronal y sancione de forma absurda un hecho que pertenece no ya al mundo del trabajo, sino pura y simplemente al aspecto más natural de la fisiología animal. Las leyes fisiológicas se han vuelto, por obra y gracia de una dirección cretina y un magistrado neurótico, contra las leyes laborales.
La única explicación para la sentencia del magistrado sería el intentar calibrar si José Segura Laso ha superado o no el 22% de aumento de gasto de papel higiénico programado en el Pacto de la Moncloa.
En el mundo rutinario del trabajo (levantarse a las seis; el autobús; llegar al trabajo; el carajillo matinal; el fichar antes de la hora; el cambio de ropa; los mismos gestos, las mismas preocupaciones, los mismos estúpidos en cargos de mando, las mismas piezas, las mismas operaciones, el automatismo del robot inconsciente, etc. etc.) en ese mundo inerte y sin vida el cagar se sale de las normas: ya no es rutina; es revolución.
Y la revolución no es entendida ni siquiera por el resto de trabajadores, inmersos en el mundo amorfo de la rutina laboral. Cagar y reclamar papel higiénico son dos acciones que José Segura ha realizado saliéndose de lo normal, en un mundo extraño en que hasta el satisfacer estas simples necesidades naturales puede llegar a ser maravilloso y provocador.
Su acción se ha salido de lo normal, ha escapado de la rutina de mierda cotidiana sin ningún valor y por eso no ha sido comprendido por sus propios compañeros de trabajo que no han reaccionado contra la sanción de la empresa. Y no lo han hecho por tres razones fundamentales:
José Segura vive en un mundo donde la rutina no tiene cabida; vive en un mundo extra-laboral diferente del de ellos.
Hasta el simple hecho de ir al retrete tiene unas normas establecidas; si José Segura se ha salido de ellas, pero para él. Cagar sí, pero dentro de un orden. ¡Faltaría más!.
La sanción y la confirmación de magistratura se han producido en un momento en que los trabajadores de Bultaco estaban en pleno periodo electoral.
Las elecciones sindicales que forman parte del mundo rutinario de los trabajadores se han impuesto. No era conveniente olvidarse de la rutina sindical, electoralista y democrática para caer en el mundo caótico y aventurero a que José Segura quería llevar a sus compañeros. Primero y ante todo el voto. De la sanción nada se ha dicho. Poco importa las consecuencias de la acción del compañero. En aquellos momentos lo que marcaba la normativa del mundo del trabajo era conseguir votos enfrentarse entre sí para dilucidar si CC.OO. era más potente que CNT o demostrar que UGT es el sindicato reaccionario y amarillo que quiere la patronal. La rutina no hablaba de sanciones por reclamar papel higiénico. La aventura, la revolución no caben en el estrecho marco de la mentalidad de los obreros de Bultaco. Por eso no reaccionaron contra la sanción que la empresa impuso a su compañero; las leyes habían confirmado la gravedad de la acción y para eso están las leyes... y no se hable más del asunto: ¡A votar! ¡A sindicarse! ¡A cagar dentro de un orden!.
La imaginativa, polémica y revolucionaria cagada de José Segura Laso ha cubierno de... gloria a las elecciones sindicales en Bultaco.
Una vez más se ha demostrado que la rutina es contrarrevolucionaria y la imaginación peligrosa; una vez más los hechos nos reafirman en nuestras posturas:
Contra la rutina, creatividad. Contra el orden, la revolución.