Alarma, tercera serie, n.º 5, verano de 1978 (pág. 5). PDF del número completo
Medítense algunas palabras, pocas pero enjundiosas, de Francois Perroux, gran señor del pensamiento económico francés e internacional, comentando (Le Monde, 25-4-78) un libro sobre la industrialización capitalista, de Pierre Pascalou:
“¿Entonces, el socialismo?. Si hacer caso de elocuencias electorales y de programas poco comunes, yendo derecho a las intenciones y a las doctrinas, es necesario reconocer de una vez por todas que la aspiración socialista -o ‘social avanzada’- no sólo es legítima, sino económicamente incontestable y que el tiempo siempre cargado de novedades trabaja en su pro”.
Le Monde, con más de medio millón de ejemplares diarios, es uno de los “mass media” mundiales de mejor reputación. No hay gobierno ni institución capitalista que no tome en serio sus palabras, máxime viniendo de la boca de señor tan eminente y laudreado como Peroux.
Los cabos a atar, helos aquí: en la filigrana de cada ejemplar de Le Monde está dibujada la banca protestante; la concentración de todos los monopolios industriales, financieros, comerciales, etc., en un sólo monopolio gubernamental, en cuyo cumplimiento trabajan los años, si, puesto que la lleva por ley el sistema, es también lo que llaman socialismo desde Moscú, París y Madrid, hasta Washington, Tokio y Pekín; económicamente incontestable significa y no puede significar otra cosa que más rentable, mejor por todos conceptos para la marcha del sistema que su actual parcelización en monopolios, productora de desequilibrios, puntos flacos y enredos; lo social avanzado o “socialista”, en fin, indica un método de sujeción de la clase obrera más recio y, así lo esperan, más resistente que el actual.
En el actual, los sindicatos y los partidos autodenominados “obreros” actuan en calidad de comisionistas en la venta de la fuerza de trabajo al capital; en lo social “avanzado” o “socialista”, los mismos partidos y sindicatos pasan a ser copropietarios de los instrumentos de trabajo nacionalizados, y como tales cocompradores de la fuerza de trabajo y copartícipes de los beneficios de la explotación, no ya en cuanto comisionistas, sino en cuanto copropietarios del capital indiviso en el Estado.
Ahora, preguntemos a nuestra vez: ¿Entonces el socialismo?. Respuesta: No puede empezar sino en la expropiación, por la clase trabajadora, de monopolios, Estado o lo que sea, y en la absorción individual y colectiva, por la misma clase, de cuanto hoy representa directa o indirectamente beneficios y gastos supérfluos o criminales. Pero eso no se conseguirá jamás sin destrozar previa o simultáneamente a los partidos y sindicatos que son desde hace decenios los primeros culpables de la perduración del capitalismo... y de la falsificación de lo que es un sistema económico socialista.
Los gastos más criminales
Cuatrocientos mil millones de dólares por año ($ 400.000.000.000) nada más que en gastos armamentales, durante este año macabro de 1978. La cifra continuará aumentando mes tras mes, además de que no comprende los gastos adyacentes a la producción y comercio de armas, otros disimulados bajo rúbricas científicas, ni los gastos de policía y ejército en todos los países. En total, habría que doblarla probablemente. Por consecuencia, las estimaciones que siguen se quedan por debajo o muy por debajo de la realidad.
Poniendo el dólar a 80,27 ptas., obtenemos treinta y dos billones ciento ocho mil millones de pesetas anuales (32.108.000.000.000). Ahora, estimando más bien por lo alto el cobro anual de un obrero en 360.000 ptas., resulta que trabajan continuamente para la producción de instrumentos asesinos ochentainueve millones ciento noventa mil obreros (89.190.000), tantos como la población total de España y de Francia. Nada más que suprimiendo esa clase de producción y aplicándola al trabajo útil, de consumo, noventa millones de trabajadores (en cifras redondas) podrían ver aumentar sus ingresos anuales de 356.755 pesetas. Casi el doble del actual nivel español. Y se puede deducir sin dificultad, el poco número de años que sería necesario para que los 3.000 millones y pico de habitantes de nuestro planeta tuviesen un nivel de vida óptimo, en lugar de morir de hambre y de enfermedades las tres cuartas partes, y decenas de miles asesinados por los regímenes políticos existentes, gracias a la lucha inter-Bloques.
Conclusión incontrovertible: En todos los países sin excepción vivimos en el más asesino de los sistemas que haya parido la historia. Gobiernos y “oposiciones de pega” por igual, meren ser derribados y deberán serlo para que la humanidad viva. La razón moral inmediata y el imperativo histórico mediato pertenecen por entero a los revolucionarios que decimos a la clase trabajadora y a cada obrero: ¡organicémonos para desarmar este sistema y suprimirlo!
M.