Alarma, tercera serie, n.º 6, otoño-invierno de 1978 (págs. 6-7). PDF del número completo
La “democratización” forzada del régimen franquista a través de una monarquía preparada como solución y salida al grave problema social latente (problema social creado por las condiciones político-económicas de un sistema de gobierno obscurantista y retrógrado que preludia el peligro del resurgimiento de un movimiento global del proletariado encaminado a aplicar sus propios métodos de lucha, no por un cambio político sino por un cambio radical del sistema) ha hecho que reaccionarios de toda calaña y contrarrevolucionarios experimentados hiciesen frente común, en nombre de la democracia, para encuadrar, controlar y dirigir toda acción y actividad del pueblo trabajador. Frente común que tácitamente ha existido siempre entre los unos y otros -gobierno y oposición- y que ha tomado carácter de acuerdo formal en el presente.
El gobierno Arias-Fraga y la imprescindible oposición iniciaron para llevar a término el montaje de la mascarada democrática los acuerdos necesarios para su realización. Suárez concretiza lo acordado y los continuadores de Franco con Felipe, Carrillo, Camacho y demás “machos” de su ralea hicieron mancomunados la reconciliación nacional. Los primeros pusieron al servicio del nuevo orden todo lo que disponían: economía, ejército, clero, guardia civil y aún más guardia civil. Los segundos añadieron, para fortalecer la tarea de todos esos amigos y hermanos del pueblo, sus partidos “obreros”, sindicatos -no verticales sino horizontales- y una experimentada selección de economistas y líderes políticos avezados en la ciencia de cronometrar una huelga y bien saber terminarlas para poder remontar la economía nacional... La monarquía constitucional ya es una realidad. Lo iniciado por el verdugo Franco y prolongado por los nuevos “demócratas” se ha cumplido muy a pesar de la magnífica combatividad de que ha dado pruebas el pueblo en general y el proletariado en particular. Este inicia sus luchas ya en pleno régimen franquista con un carácter marcadamente clasista. Las huelgas, protestas y manifestaciones se sucedieron una tras otra. 40 años de despótica y sangrienta dictadura no lograron resquebrajar en nada su rebeldía y su espíritu de lucha. En su haber cuenta con movimientos ejemplares. Asturianos y Vascos inauguran un ciclo de huelgas importantes. Es en Asturias que se crean y fecundan en casi todo el territorio las conocidas comisiones obreras. Comisiones que surgen espontáneamente y por propia iniciativa de los obreros mismos. Posteriormente es el método de lucha denominado asambleario el que se impuso: Cataluña, León, Burgos, Palma, Valladolid, Euskadi, Galicia, etc. Toda protesta o manifestación de descontento anterior a la establecida democracia tuvo un carácter netamente clasista. Vitoria reclamó “todo el poder a las asambleas”, Roca precisó “la emancipación de los obreros es obra de ellos mismos”, “los sindicatos están en defensa del sistema”. Lo importante de las huelgas asamblearias es que éstas ofrecían todas las características para crear las bases de un movimiento general y bien coordinado que desbaratase los proyectos del poder (hoy ya imperante) y orientase sus luchas abiertamente hacia la toma del poder.
Pudo muy bien ser así pero no lo fue, y hoy el combate es a la defensiva porque a pesar de la acción radical y masiva de los señalados movimientos éstos se asfixiaron ante la falta de organización u organizaciones revolucionarias capaces de fomentar en la clase la comprensión teórica de su propia práctica. Siempre hay que tener presente que la clase como tal está forzada a enfrentarse más o menos radicalmente con sus explotadores. Actuando prácticamente sin tener plena consciencia del carácter y significado de su acción salvo, claro está minorías de entre ellos. Y es gracias a ellas no hay duda, que las huelgas asambleístas tomaron envergadura y carácter revolucionario pero sin poder generalizarse ni consolidarse para que la acción pudiera ser decisiva no solo en lo nacional sino incluso rebasando las fronteras.
Una batalla más, perdida. En la etapa actual la panorámica de lucha del punto de vista revolucionario será más difícil y dura, pues hay que tener presente que los proletarios carentes de formación intelectual y conocimientos políticos teóricos incluso elementales dificilmente podrán sustraerse y liberar fácilmente de la coacción e influencia de los sindicatos y demás organizaciones políticas denominadas “obreras”. Estas no solo cuentan con el beneplácito del poder sino con medios exorbitantes de propaganda, y con el concurso de una prensa diaria fortalecida por la radio y televisión. De momento ya es una amarga realidad constatar que las CC.OO. por un lado y asambleas libres con delegados revocables en todo momento por el otro se han transformado en organismos manejados por el P“C”, P“S” y católicos. UGT, CC.OO., ya son sindicatos oficializados y las asambleas de taller, fábricas, minas, etc. ya son sindicales con delegados también sindicales con cargos más o menos vitalicios... Los revolucionarios serán tratados -para eso el partido de Carrillo es técnico especialista- de irresponsables, provocadores, aventureros y todo lo que les venga sin que falten procesos montados y otros métodos expeditivos.
No son los obreros ni el pueblo trabajador en su conjunto que dejará de plantear sus formas fuera del terreno de clase sino que sus actos serán falseados, deformados y orientados en nombre de mejoras económicas, necesidad de equilibrar la economía nacional, preparar el “camino-caminito” del socialismo, todo no se alcanza de golpe, etc. etc. Lenguaje estudiadamente demagógico no les faltara para canalizar toda acción para desviarla de la trayectoria que pueda conducirlo a una efectiva y real emancipación. Para falangistas, monarquicos, republicanos, “comunistas” carrilleros, P.S., sindicatos y demás organizaciones subalternas se trata de tener un proletariado sumiso, dócil y confiado y de mantenerlo en la mas completa ignorancia de lo que significa revolución y socialismo. Democracia burguesa? Inutil y esteril esfuerzo porque inutil y grotesco es el querer consolidar y restablecer esta democracia en España. Copia de la europeisima y falsa democracia. Mentirosa y falsa porque ni siquiera existe hoy en el mundo una autentica democracia burguesa No hay lugar ya para el sistema capitalista conservar su forma de dominio —explotación del hombre por el hombre— sin valerse de métodos y medidas cada vez mas coercitivos y represivos asimilables a la práctica fascista o staliniana en la medida que el Estado se va apoderando de todo. Asi es y no otra la realidad del presente. La crisis de descomposición social que atraviesa el capitalismo mundial no podrá solucionarse pretendiendo consolidar la sociedad a traves de meros y simples cambios de gobierno. Con Franco o sin el, con fascismo o democracia las medidas en contra del proletariado y de los revolucionarios en particular iran en aumento. Ni el sesamo abrete ni la solución reside, como falsamente se le quiere hacer creer a los productores, en un simple cambio de equipo en los gobernantes por muchas constituciones que se fabriquen sino en un cambio radical de la sociedad pues el sistema capitalista, sistema basado sobre la ley del valor, ha desarrollado un método de producción y de distribución en completa desarmonia con las posibilidades del presente y en contradicción manifiesta no solo con los trabajadores sino con la mayoria de las capas sociales. Es decir con todo cristo, excepción hecha de los magnates, grupo directorio dominante comprendido por los bonzos sindicales, jerarcas militares, clero, etc., y dirigentes políticos de todos los colores.
La única salida y solución al problema social y porvenir no solo del pueblo español sino de la humanidad es orientar la lucha de clase, la lucha de los explotados no por reivindicaciones o mejoras materiales exclusivamente ni tendentes a “mejorar” la vida dentro de la órbita de la sociedad actual. Lo primero si se logra será por tiempo limitado y vueltas a las andadas. Lo segundo es una grosera y risoria ilusión manejada por los enemigos de clase. Todo movimiento de clase, el mas minimo, debe ser tendente a debilitar el poder establecido para preparar las condiciones de su completa destrucción. Es necesario, imprescindible que el proletariado asimile que la única alternativa que les queda para dejar de ser vulgar mercancia y hacer valer su condición de hombre es la de tener como perspectiva y norte la transformación social rompiendo enérgicamente con el método de producción-distribución capitalista, sea este de propiedad privada, de monopolio o de Estado, éste último forma de dominio de los paises titulados socialistas: China, Rusia, Cuba y demás paises del este. Es interés de los explotados comprender que la organización de producción distribución debe estar a su cargo y no en poder de Estado alguno. La garantía de la auténtica revolución social reside en la destrucción del estado capitalista, de su economía y sobre sus escombros construir la nueva sociedad mediante el poder obrero.
La experiencia de las luchas obreras españolas demuestran que éstos, falta de organización u organizaciones revolucionarias, muy a pesar de sus iniciativas no han logrado poder impedir que estas fuesen recuperadas y deformadas por los mas interesados en mantener el sistema. Se impone y urge al proletariado y demás capas explotadas de esa arma, pues una organización revolucionaria tal como nosotros la interpretamos (lease Alarma nº 24 Clase revolucionaria, organización política, dictadura del proletariado) no puede dejar de ser parte integrante de la clase misma. Es tan solo la reagrupación de los elementos mas decididos y aptos a orientar la lucha hacia el triunfo definitivo.
V. Costa.