Alarma, tercera serie, n.º 8, primer trimestre de 1980 (págs. 10-11). PDF del número completo
Está de moda, con el aquel de la democracia, el hacer el canelo. El que no se deja tomar el pelo, en este pais, es porque esta ya calvo; si no..
Efectivamente, la democracia inorgánica de los sucesores de Paco I nos ha traído aires de circo y hoy en día en esta nueva Corte de los Milagros todos los que a medrar empiezan se dan aires de prestidigitadores consumados. Decíamos ayer (R y R. V ) que aquí en esta sociedad ya no se aclara nadie. (...) ¿Un ejemplo a esta afirmación?
Los eslogans seudopolíticos. Dejando a un lado algunas frases ingeniosas de los anarquistas de la rama del pasotismo (la fracción más amplia del espectro político español en estos tiempos) el resto de grafiti es de un tono moderado tirando a repelente y asqueroso. Lo máximo a que se llega es, en algunos casos, a aplicar un simple “tanto por ciento de más” sea en cantidad, sea en supuesta calidad.
¿Que el patrón ofrece un diez por ciento?... CC.OO. piden un veinte; si se ofrecen 48 horas a la semana, se piden 40 y basta; ¿un estatuto criminal para los trabajadores? Facil: se dice (versión UGT) que no es tan malo, que menos da una piedra, o se lanza a los obreros a protestar en manifestaciones absurdas pero conscientes y pacíficas contra un estatuto que “se podría haber mejorado haciendo caso al PCE” (versión CC.OO.).
Nadie se plantea el que no se trata de un quince o un veinte de aumento, sino que hay que destruir el salario como forma de explotación; no está el problema en unas horas de más o de menos (aunque hay que reconocer que cuantas menos mejor, disintiendo de aquel “dentro de un orden, y sin llegar a la depauperación total de los capitalistas” —versión made in Don Santiago, vizconde de Mayo del 37--); no hay que discutir letra a letra, línea a línea las leyes antilaborales del capital, sino quitarle el poder de dictar leyes...
Parecería que verdades tan claras escapan a las más preclaras mentes de la izquierda oficial si no fuese por que lo que precisamente demuestra su actuación es que las tienen muy presentes en cualquier momento. Precisamente porque saben que lo esencial es el salario, el trabajo o las leyes, no atacan ni atacarán nunca estos pilares del capital; discuten sus aspectos (10 por ciento, 48 horas, leyes más o menos represivas), pero nunca su esencia. Y no lo hacen porque son conscientes de que viven en posición privilegiada respecto a la clase obrera gracias a que forman parte del sistema represivo del capital y que si éste desapareciera, desaparecerían también ellos, en cuanto que su papel de “izquierda, oposición o sindicato” sólo tiene sentido dentro del marco capitalista y que su supervivencia está ligada a la supervivencia del capital, su bienestar corresponde necesariamente a un bienestar del capital y su tranquilidad también...
Nadie más conscientes que estos líderes “obreros” de que forman parte del sistema capitalista y de que le son necesarios en estos momentos para embaucar al proletariado. De ahí sus quejumbrosas declaraciones, tan comedidas y realistas; de ahí sus posiciones de medias tintas; de ahí sus reivindicaciones parciales y mixtificadoras.
No pueden hablar de acabar el trabajo asalariado o de imponer la dictadura del proletariado; su idioma es diferente: socialismo “autogestionario” o “eurocomunismo” son las soluciones que ofrecen respectivamente a la sociedad los dos partidos “de izquierdas” más potentes: PSOE y PCE. Ninguna de ellas ataca el capital; el PSOE farda de ser la alternativa de poder capitalista y el PCE intenta por todos los medios a su alcance llegar a formar parte de alguna coalición con tal de adquirir un protagonismo político que ahora no tiene.
Todo, claro está, dentro del marco del capital, destacándose del actual partido en el poder a base de insistir en reivindicaciones parciales y de “tanto por ciento”. Reivindicaciones cuyo carácter mixtificador hemos denunciado antes: no atacan lo esencial, sino aspectos superficiales que sirvan para mantener la imagen ante la clase y contentar al auténtico patrón: el capital. Este puede llegar a discutir un poco de salario en más o en menos, pero nunca discutirá la esencia del trabajo asalariado. Normal; normal también el que sindicatos y partidos de la oposición se nieguen a hacerlo: les va en ello su papel de intermediarios, de freno, de parte importante en el sistema capitalista de explotación de la clase obrera, la misma que ellos, cínicamente, afirman representar.
Lo que ya no es normal es que la clase obrera lea los eslogans reivindicativos de esa gentuza y no vomite. Porque es para vomitar el leer, por ejemplo, “LA MILI A CATALUNYA”. Se ha mixtificado todo: el sentido real del Ejército como arma represora y se ha sublimado el sentido de la patria capitalista (todas las patrias lo son). Ni más ni menos. Llevando al absurdo este eslogan podríamos decir: “Proletarios catalanes e inmigrados (así el toque nacionalista no falta) no os preocupéis; conseguido el objetivo de que los soldados del Ejército español (algunos llegan a llamarlo tropas de ocupación) sean catalanes, todo está solucionado. Cuando en una huelga o en un movimiento popular de revuelta os desmadréis de las sanas directrices de partidos y sindicatos, los soldados que os atacarán serán de vuestra misma nación y así las balas que os disparen llevarán grabadas en su lomo, como los peces del Mediterráneo en tiempos gloriosos, las cuatro barras; no las esquivéis: son balas catalanas disparadas por soldados catalanes. ¡Visca Catalunya!”.
Y tan tranquilos; lo que se trata no es de discutir qué es, qué representa y qué papel juega el ejército, sino de aceptar el hecho de que exista con tal de que los soldados sean de la región o nación en la que este ejército cumpla su papel.
¿Y esto es revolución? ¿Son esto posturas de oposición? ¿Se camina asi hacia el socialismo? No. Rotundamente no.
Así se sigue el juego al sistema y sus defensores, y en esto sí que los eslogans tienen mucho que ver: su mixtificación ideológica llevan al proletariado a la rutina de lo establecido. Faltan, decididamente, eslogans revolucionarios, es decir, falta una auténtica lucha: práctica, teórica y, por favor, liberada para siempre de la rutina, llena de imaginación.