Alarma, n.º 16, septiembre 1983 (págs. 1-3). PDF del número completo

El capitalismo, lo hemos dicho muchas veces y lo repetiremos hasta su muerte, es un sistema antihumano que domina la totalidad del globo mediante la explotación de la fuerza de trabajo del individuo-mercancía por encima de "las fronteras nacionales".

Toda elucubración sobre la persistencia de vestigios feudales, esclavistas, tribales etc. en determinados sectores del mundo no sirve más que de justificación y de valorización al orden que se impone de hecho sobre el mundo para que los explotados traguen el credo de las necesarias y largas etapas susceptibles de llevarlos a la emancipación. Así son justificadas las luchas denominadas de liberación nacional y sus matanzas cuando las potencias dominantes y los dos imperialismos a que están sometidas y que se reparten el mundo, Rusia- EEUU, sacan tajada de esas matanzas cuando no las dirijen directamente. Toda la vida social está hoy en día sometida al capital y supeditada a él. Es pues la alternativa comunista la única que se puede dar ya a la sociedad de clase para abolirla una vez para todas sin posibilidad alguna de vuelta atrás. Sea dicho de paso, dejamos el terreno de la especulación a los dialécticos -para combatirlos mejor - de pacotilla que deberían esperar si se sigue su propio planteamiento que la más primitiva de las tribus primitivas de Amazonia haya pasado por todas las etapas "científicamente reconocidas como necesarias" para poder hablar por fin de la posibilidad inmediata de la sociedad sin clases.

El comunismo no es sólo una posibilidad inmediata sino que es una necesidad urgente partiendo del aniquilamiento de todas las estructuras en las cuales se basa el mundo alienado.

"Evidentemente, la hora actual ya no es sazón para desarrollar el capitalismo en parte alguna, sino para abatirlo en todas. La arborescencia mundial del aparato imperialista moderno fuerza por sí sola el proletariado a acometer su acción en escala planetaria y de igual manera en los países atrasados o coloniales que en las metrópolis, en el terreno de la revolución social y no en el de la nación capitalista..."

(Pro-Segundo Manifiesto. FOR)

Otro aspecto no menos importante del "planteamiento por etapas" es cotidianamente inculcado a millones de proletarios que viven en países dueños de la economía mundial y que no deben pasar ( no es cierto estimados revolucionarios en sotana apóstoles del materialismo vulgar) por el largo camino de los cruzados.

Este otro aspecto del refrán reaccionario es el muro de cemento armado construido para separar lo más netamente posible lucha inmediata y lucha histórica, lucha económica y lucha política, etc... Tal organismo conviene para esto, y tal otro para aquello. Lo que se trata es de hacernos olvidar el "aquello", la sociedad sin clases, dando prioridad a un "esto", lucha inmediata vaciada de su contenido clasista, es decir ligada al devenir histórico revolucionario. Esta situación donde domina la separación en detrimento del todo, la división en detrimento de la unidad es obra histórica de la reacción y de la contrarrevolución, obra esencial de las organizaciones que todo y reivindicándose de la clase obrera y de su emancipación son en realidad necesarias hoy al mantenimiento del capitalismo y por ende de nuestra explotación.

El sindicalismo es un ejemplo patente para comprobar lo dicho ya que sea fuerte y reconocido legalmente o que sea perseguido por regímenes cuyas aspiraciones son más que anacrónicas, regímenes, es importante señalarlo, impuestos, mantenidos o defendidos por los todopoderosos "países avanzados".

En ambos casos, el sindicalismo sintetiza la sumisión servil al capital, imponiéndose con la complicidad de los que pretenden combatirlo como solo representante del mundo trabajador en la lucha que éste no tiene más remedio que empeñar. Es esta lucha cotidiana reivindicativa la que está canalizada y aniquilada. Marx decía que lo más importante en las luchas reivindicativas del proletariado no era tanto imponer y lograr reivindicaciones como la unión creciente del proletariado en su lucha. Precisemos que era en la época en que el proletariado empezaba a manifestarse como clase independiente y que por consecuencia el peso enorme de la contrarrevolución rusa no aplastaba todavía el movimiento obrero. Desde entonces, desgraciadamente, a causa del reino de la separación y a través de esta separación entretenida sobre todo por la rocalla sindical, la lucha reivindicativa se ha transformado en NO-LUCHA en la mayoría de los casos, pone trabas a la unión creciente de los trabajadores, impide la materialización de esta unión, cuando la materialización de dicha unión siempre ha sido y no puede ser otra cosa que la unión de clase frente a todas las separaciones impuestas por el mundo mercantil o, para ser más precisos, por el capitalismo hoy en día.

Esto no implica ni mucho menos que se tenga que esperar boquiabierta la llegada del gran día emancipador satisfaciéndose divulgando su propaganda pontifical sin mezclarse en lo que debe ser emanción espontánea de la vox populis ella misma en su lucha. A nosotros nos importa el contenido de la lucha, no basta con que se generalice. Hacen falta militantes obreros conscientes para combatir el sindicalismo y contribuir a la radicalización de la lucha cotidiana.

Tan estúpido es descuidar la lucha cotidiana por que no corresponde pura y simplemente todavía con la negación inmediata del trabajo alienado, del trabajo asalariado.

Es tan evidente abolirlo en una fábrica en huelga !.

Con esta santísima pureza los eruditos en materia de radicalismo verbal se enredan en los meandros tortuosos del pensamiento metafísico que ellos mismos deben haber inventado. Predicando la desalienación creen en la santa revelación celeste de la salvación universal. AMEN!.

La lucha cotidiana sigue siendo la escuela de guerra del comunismo. La tarea de los revolucionarios consiste en combatir todo lo que le pone trabas, todo lo que la parceliza, la pasa por el molinillo y la reduce a puré, incluso si son ideas y prácticas del movimiento comunista pasado. El atavismo y el dogmatismo son barreras que el proletariado echará por tierra constituyéndose en clase revolucionaria. Echémoslas por tierra y hagámoslo ya, ahora mismo.

Las ideas de la reacción, de la clase dominante son todavía fuerza material; las de los revolucionarios son casi reducidas a la nada, sin concretización práctica y por eso relegadas a un hipotético museo de la utopía. Demostremos precisamente en la lucha que ellas son también fuerza material, más fuertes incluso por que pertenecen a la única clase histórica capaz de aniquilar definitivamente la sociedad dividida en clases y las ideas que le son ligadas.

Para este cometido no existen 800.000 soluciones.

  • Demostremos que no somos esclavos especialistas de la negociación y respetuosos del orden establecido.
  • Demostremos que no tenemos nada que ver con reivindicaciones decididas entre patrón estado y sindicatos.
  • Demostremos en la lucha que son las bases mismas de nuestra explotación lo que queremos hacer saltar y que es sobre esta base que somos una fuerza internacionalmente revolucionaria.

Con estas perspectivas perderemos batallas pero no la guerra revolucionaria. Los jalones de derrota son promesa de victoria.

Seremos cada vez más conscientes de nuestra fuerza y de la necesidad vital de la solidaridad de clase. La unión creciente en la lucha será entonces efectiva y nuestros explotadores después de cada interrupción o derrota momentánea, temblarán de miedo en espera de un nuevo ataque más duro y amplio por nuestra parte.

Como los mineros asturianos en 1934 que contestaban que sus armas estaban enterradas para la próxima vez, hagámosles comprender que si reivindicamos es con la perspectiva de no tener que hacerlo nunca más, por que preparados a través de la lucha los habremos aniquilado para siempre.

Es en la lucha fuera y contra los sindicatos que lo demostraremos.

E.