Alarma, n.º 21, finales de 1985 (págs. 6-8). PDF del número completo

Austeridad, tecnología, competititividad, palabrejas mil veces redichas por los actores y figurantes del capitalismo en cualquier parte. Rusia y China no constituyen excepción a fuer de ser el mismo sistema estatizado. El flamante dictador stalinista Gorbachof asi como Deng Xiaoping y sus criaturas estalinistas mostrencos, entonan sin cesar el mismo estribillo que cualesquier Felipe González, Mitterrand, Tatcher o ... Pinochet entronizados de por esos mundos. Apenas ayer, el necrofago Franco, ¡él también!, echaba mano a la misma copla. No hay en ello plagio, sino efecto generalizado dela misma causa. Sistema obliga. Para salir se de ese carril es necesario enfrentarse sin mitigaciones al sistema actual, en cada pais mundialmente.

Unos y otros presentan la austeridad como si todo el mundo la padeciese y la proyectada competitividad como si fuese a derramar efectos benéficos sobre todos también. Falso lo uno y no menos falso lo otro. La austeridad, el sistema la descarga por entero sobre sus propios explotados. Ellos y nada más que ellos son los únicos sacrificados: despidos por decenas de millones, reducción de salarios, alza de precios gravamenes fiscales para los no despedidos, más las indecibles miserias y malesconsecuentes. Por el contrario, los privilegiados de cualquier magnitud se encuentran siempre a buen recaudo de todo eso. Dada la acumulación de bienes y de riqueza dineraria por ellos detentada, ni siquiera se ven en la necesidad de moderar su tren de vida suntuoso. Y son los mismos que se embolsarán la futura plusvalía de la readaptación tecnológica. Así pués, cuantos hablan de austeridad, o sea de sacrificio son de hecho y en todas las acepciones del término, sacrificadores ellos mismos. Además, practican el sacrificio de multitudes en su provecho personal, circunscrito en el provecho del sistema y de él inseparable.

Señuelo burdo es también presentar la austeridad, paro obrero comprendido como trance provisional indispensable para y hasta alcanzar la tan pregonada competitividad. Nótese en primer lugar que el capitalismo, éso diciendo, confiesa su incapacidad para renovar su técnica sin hacérsela pagar, por adelantado, a quienes son y serán sus explotados. En segundo lugar, cae de su peso que, alcanzando el desideratum competitivo—si se alcanzase— los efectos benéficos, o sea la totalidad de la ganancia nueva la disfrutaria el capital en calidad de sistema, más sus admistradores y jerarcas políticos o del genero que sea, sindicales incluídos. La clase obrera, no sólo quedaría excluida de beneficio alguno, sino que los salarios de sus diversas categorías menguaran relativamente al monto de la riqueza producida, mientras el número de obreros sin trabajo aumentará referido al del período de mayor crecimiento industrial anterior. Es absolutamente innegable que, dentro del sistema existente, perfeccionamientos técnicos y número de trabajadores paraigual o mayor producción que durante el estadio economico anterior, estaran siempre en relación inversa. Mucho más esta vez mediante la electrónica, la robótica, etc. Por lo tanto, el propio cebo de la futura "creación de empleos" se descara como mera estafa publicitaria anestesiante, y en fin de cuentas una vulgar trampa en que el proletariado de cada pais internacionalmente quedará apresado, cerviz uncida, a menos de tirar abajo la realización del proyecto entero.

La tal "creación" se revela, en su aspecto inmediato, una condición y el resultado de la prosperidad del capital Crear empleos no ha sido ni será jamás preocupación ni motivación de inversionistas, sean privados, colectivos o estatales. No puede tratarse sino de puestos de trabajo explotado y degradado en proporción a los avances instrumentales La calificación profesional, el saber hacer de un ofocio y su valia estarán mas ausentes que hoy, y cada persona más alienada. Mientras mas se perfecciona la máquina, mas se abaja y rebaja al hombre. Es jugarreta inseparable de la competitividad y de las exigencias generales del capitalismo.

Hurgando más afondo en aquello del "crear empleos", la visión de todos los representantes del capital, sin ex cluir a los mentidos portavoces obreros politicos y sindicales, está tan pervertida por sus funciones, que en su mente el destino natural y perenne de la gran masa trabajadora en fábricas, oficinas, campos, minas, etc., consiste en recibirde ellos ocupació y salario. Ahora bien, el gran problemahistórico de la clase, ahora problema inmediato, consiste precisamente en romper esa dependencia esclavuna y embrutecedora y en disponer de todo ella, y no ellos, los de la austeridad y la "creación de empleos los de mano en caja mas disciplia y consenso al canto. Aun suponiendo lo inverosímil, que realizado el proyecto capitalistano quedase un sólo parado y que la remumeración fuese alta, no sería — esa una solución para el proletariado, ni aun siquiera una mejoría. Al revés, acarrearía una peoria considerable, pues su dependencia respecto de los señores que acaparan instrumentos técnicos, capital, todo, resultaría mucho mas coercitiva Colmo, la tan ventada renovación tecnologica no representará una solución tampoco para el sistema capitalista; apenasun alivio pasajero. Se comprende sin dificultad que las nuevas aplicaciones instrumentales se equilibrarán, antes de mucho, entre los paises mas industrializados, de manera que, produzca ensanche del mercado, los resultados cuantitativos y cualitativos en cualquier ramal de la producción no tardarían en anularse entre sí. Se anularían tambien por consecuencia, las respectivas capacidadesconcurrencionales. Y acabóse la competitividad. Ningun país o grupo de países conseguiría destacarse en ese dominio, excepto en dos casos: posesión privilegiada de frutos de la tierra o de productos del subsuelo, y, segundo subyugación de la clase trabajadora en su totalidad en grado mayor que en Japón, el competidor delantero desde hace un decenio largo. La tecnología — allí puesta en función no es el factor único, ni aún el principal éxito concurrencial japonés. El principalfactor de producción es y será siempre, el hombre En Japón, la humillación del hombre a los pies del capital es degradante en grado inimaginable. En fábricas, oficinas etc. los trabajadores, militarmente disciplinados, se prestan a cantar himnos a la productividad y a asesorar a los capitalistas sobre la manera más eficaz de sacarles plusvalía, o sea de explotarlos. La empresa y los sindicatos determinan y guían todos los actos de sus obreros y empleados en la vida privada misma: casamiento, vacaciones, lugar de residencia, asistencia médica, social, diversiones, etc. Intervienen en la muerte y sepelio de cada uno de sus hombres, no digamos de la asignación de puestos y lugar de trabajo, inclusive lejos de la morada de mujer e hijos.

Aun así, bien mirado y fuere lo que fuere, el margen de desahogo del capitalismo, sin distinción de Bloques ni de países atrasados, no será muy amplio en los próximos años. Las fuentes naturales de cualquier producto no aparecen como propiedad individual, de grandes monopolios o de Estados, sino por arrastre atávico ancestral y rémora inseparable de sistemas de dominación de unos hombres por otros. Mas son, en verdad, recursos y reservas materiales pertenecientesa la humanidad, ni mas ni menos que la atmósfera y el sol. Y precisamente por exigencias del desarrollo humano en la presente etapa, tienden cada vez más irresistiblemente a revertirle a ella, arrebatándoselos a sus actuales mangoneadores. El sistema capitalista ya no esta en condiciones de utilizaslos sino como instrumentos de latrocinio y de extrangulamiento político

Por lo que respecta a la sumisión de la clase trabajadora, indispensable para que dirigentes y dirigistas de todos los paises colmen sus anhelos tecnologicos y competitivos, le bastará un estremecimiento de reveldía, en uno o varíos países, incluso en el Japón, para dar al traste con dichos anhelos. Bien orientado, daría fácilmente cuenta de la relación capital-salariato que la exquilma y aherroja, y, claro está también de dirigentes y dirigistas. Total, el margen de que disponen los diversos países industrializados, amén de los otros, está lejos de tener la amplitud por ellos deseada y su cumplimiento depende de la pasividad y sumisión de la inmensa masa de trabajadores en miles de actividades, mucho mas que de las aplicaciones tecnológicas.

Al cabo de su desarrollo y crecimiento, el capitalismo y la tecnología se encuentran en irresoluble, absoluta contradicción. Los mismos intereses sórdidos que le llevaron a impulsarla, le imponen hoy una aplicación de la misma a contrasentido del desarrollo social en genral, del de la clase trabajadora muy en particular. Mentira pues que las aplicaciones tecnológicas vayan a tener toda la perfección que permite —y que reclama— siquiera lo ya adquirido menos aún el rebase consentido por los conocimientos científicos. En efecto los jerarcas del sistema, presas de sus avideces conpetitivas calculan y limitan respecto de este la implantación del nuevo utillaje

Por esa razón, entre otras cosas, la relación hombre economía no podrá manifestarse en toda su explendida veraci dad, mientras en lugar del primer término, el hombre, aparezca el capital. Así también la relación hombre-tecnologia. El capital, no sólo se interpone y usurpa el puesto del hombre, sino que falsea y pervierte cualquier relación veraz, incluso la menos transcendente y encubriéndola con sus trazos la revuelve contra el hombre, vale decir, contra la sociedad sin cancelas fronterizas. En manos del capital, automatismos y robotizaciones no sirven, como debieran, para reducir proporcionalmente el tiempo de trabajo necesario, y abrir de par en par las puertas a la cultura; sirven y servirán, cada vez peor, a todo lo contrario. Se sigue que la producción encadenada a la competitividad jamás podra alcanzar los niveles perfectamente alcanzables que requiere la completa satisfacción de quienquiera a comenzar por los que siempre han sido postergados en ese y otros dominios. Pero sí aumentará en grado superlativo el despotismo dinerario y político del capital. Los dos efectos van apareados indefectiblemente.

Existe, no obstante, un dominio en que tecnología y ciencia están siendo aplicadas sin restricciones. Cualquier lector lo sabe de antemano: La guerra, la producción de muerte que suministra armas rudimentarias y también muy enpecializadas, a quince o vente guerras en tres continentes, y que en reserva tiene con qué desintegrar dos o tres mil millones de habitantes con la totalidad de ellos. He ahi el apoteosis — tecnológico del sistema capitalista, el único que era susceptible de alcanzar dada su relación basica esencial, la explotación, cuyo funcionamiento acarrea la guerra. Todo está rigurosamente entrelazado.

Mas también por ese lado, el sistema capitalista mundial se encuentra metido en un callejón sin salida. Dentro de él, cada bloque está preparado para una guerra de exterminio total del enemigo. Las guerras locales que siguen desenvolviéndose desde 1945, son operaciones tácticas de que cada Bloque espera sacar ventaja estrátegica y comercial con vistas al futuro enfrentamiento mayor. Ahora bien, si éste tuvieselugar, el vencedor si lo hibiere y aunque las armas atómicas no fuese disparadas, reinaría sobre un desierto terrestre pestilencial, cubierto de miles de milllones de cadáveres. Pero, inclusive suponiendo que por algún acontecimiento imprevisible la guerra fuese muy corta y sus destrucciones limitadas, se agravarían todos aquellos factores negativos y lacras decadentes bien insinuadas en el sistema desde la última guerra mundial acá. Y en tal caso, dominando la totalidad del mercado las potencias vencedoras, la tecnología tendría que ser refrenada, adaptándola a la solvencia o capacidad de pago de la clientela mundial. Porque no es cliente quien quiere, sino quién puede.

Hace un par de siglos, cuando fueron introducidas en la industria las primeras máquinas las movidas a vapor, miles y miles de trabajadores, tal vez millones fueron arrojados sin duelo al hambre, ellos y sus familias. Del fondo del proletariado surgió entonces un vigoroso movimiento de lucha conocido por el nombre que sus hechos le valieron: los Destructores de máquinas. Fué un neto sobresalto del éspiritu revolucionario. Reivindicaba al hombre como actor y odjeto de la producción. Cierto, destruir implementos técnicos era un proceder ingenuo nada adecuado para causar elefecto buscado, e insostenible en el tiempo. Pero es de por sí evidente que en lugar de destruirlas los obreros habría reclamado más y mejores máquinas si las maquinas hubiesen servido para aliviar su esfuerzo físico y su tiempo de faena, mejorando de rondón su situación material. Es que el capitalismo se sirve de la técnica para acrecer la explotación y su imperio político. Por el contrario, el proletariado en cuanto clase no tiene siquiera la mas pequeña posibilidad de hacer lo mismo. O bien la utiliza para colmar sus aspiraciones de consumo, cultura, libertad, etc., o bien continuará haciendo de víctima sacrificatoria indefinidamente.

Ahora bién, en estas postrimerias de siglo la tecnología y la competitividad matarán cada vez más al hombre fisicamente y sicologicamente, en guerras y en el trabajo explotado, a menos de arrebatarsela al capitalismo y a su competitividad a fin de que el hombre sea, al fin, actor y odjeto de la producción en su totalidad. Era esa la idea fundamental de los Destructores de máquinas. La tecnología aparece asi en con tan flagrante como absoluta con el sistema capitalista; por el contrario, se muestra a todas luces consubstancial al proletariado, a los explotados sin distinción en cuanto representación y vanguardia de la futura humanidad comunista. Ningún revolucionario, ningun obrero debe tener empacho en gritar:

¡¡ ABAJO LA COMPETITIVIDAD !!

Suprimamos, expropiándolo, el capital y pongamos la tecnología en maxime aplicación al servicio del consumo humano, sin negocio alguno, sin parados. Asi desapareceran también, con las clases ricas y pobres, la división en países adelantados y atrasados.

G. Munis.