Alarma, tercera serie, n.º 25, julio de 1988 (pág. 6). PDF del número completo
Desde la aparición de la propiedad privada, desde la explotación de la gran mayoría de la sociedad en beneficio de tan sólo unas minorías, el desarrollo social es fruto de una dinámica muy específica: la lucha de clases.
La dominación social implica violencia Todos los sistemas sociales tanto en su aparición como en su desarrollo y mantenimiento han tenido como pilar de apoyo la violencia.
El sistema capitalista nació como fruto de grandes revoluciones, se consolidó en innumerables guerras y se estableció a nivel mundial gracias a guerras de conquista (el colonialismo). Sus propias contradicciones se han solventado hasta ahora con guerras de ámbito mundial. Masacrada la humanidad el sistema capitalista salió reforzado de entre cenizas ajenas en los años 20 y 40.
Es patente que el sistema social en que vivimos más aún en estos momentos de decadencia en que está inmerso, es un sistema basado en la violencia total.
En el terreno económico existe un auténtico terrorismo y no sólo a nivel local (terrorismo empresarial en los salarios, horarios, exigencias, productividad etc.) sino a nivel mundial. El sistema capitalista es fagocitario; se devora a sí mismo por la más violenta de las competencias. La lucha por los mercados, el hambre de millones de personas, el endeudamiento de países enteros, la reestructuración técnica que provoca paro ysalarios insuficientes etc. etc.
He ahí el panorama "angelical" de la economía capitalista.
Pero no sólo esto. A nivel social el deterioro de la calidad de vida queda reflejado en los más variados aspectos: vivienda, educación, sanidad, relaciones humanas, consumismo, alienación, el paro y la marginación social que implica, las drogas, la inseguridad, la marginación racial y o sexual....etc. etc.
Ideológicamente la educación técnica o universitaria -enfocadas ambas sólo en función del beneficio- y la social (mentalidad consumista, adocenamiento, snobismo...) conducen a una sociedad sometida al terror, al individualismo, a la docilidad y la más absurda de las mansedumbres.
En este aspecto cabe resaltar al influencia negativa de las religiones y actualmente las modernas falacias de sectas, espiritismos, pacifismos o ideologías similares.
Máxima mitificación del sistema es el rocambolesco ideario que ha transformado en "necesarios, útiles e imprescindibles" a los mismos instrumentos de opresión social: ejércitos policías partidos políticos, sindicatos.
La misma división de la humanidad en dos grandes bloques opuestos es un aspecto más de la violencia capitalista. Bloque democrático, capitalismo estatal, dictaduras militares... en definitiva son formas políticas de la defensa del mismo sistema y de la misma y única misión: la explotación.
Si el panorama social del capitalismo es desalentador, más aún lo es el que sea utilizada esta misma podredumbre en contra de la sociedad.
Todos los aspectos negativos son utilizados para reforzar y justificar la actuación de las fuerzas represivas. Es más: vamos camino de una sociedad en que cada individuo será policía y espía del resto de la comunidad. Este será el futuro idílico que el capitalismo prepara para la sociedad.
Cada manifestación de la violencia capitalista justifica más violencia.
La escalada represiva en la vida cotidiana es incuestionable.
[Faltan en el PDF las págs. 7-10 del número; el artículo queda interrumpido aquí.]