Alarme, n.º 2, octubre-noviembre-diciembre de 1978 (pág. 8). PDF del número completo · Texto original en francés
Hace poco sopló sobre Roma, plataforma giratoria del tráfico internacional de opio, un ligero viento de pánico. El patrón, el «don», ha muerto.1 Los jefes de la Mafia internacional llamada «de los cuervos»2 celebraron entonces una asamblea general, bajo la mirada celosa de los antiguos centros del tráfico (Jerusalén, Constantinopla) y bajo la mirada desengañada de los centros recientes y competidores (Moscú, Pekín). Se habían desplazado numerosos depositarios, subcontratistas y mayoristas; se señaló en particular la fidelidad de los sudamericanos. La reunión internacional, pues, se celebró en secreto, según las más puras tradiciones de la Mafia. El ritual mágico volvió a fascinar a los drogadictos del mundo entero, que esperaban con impaciencia la mercancía. El color del humo que se elevaba sobre la casa cerrada donde se celebraba la reunión revelaba si se había hecho o no la elección.3 Fuera estaba la simpática multitud de drogadictos, venidos en unión fraterna y opiácea, sin distinción de clases, a rendir homenaje al servidor de María Juana, con la esperanza de que les arrojara algunas migajas del cuerpo de su Dios, signo benévolo del reparto del poder en estos tiempos de democracia. Cuando se anunció que se había hecho la elección, fue el frenesí en la multitud, nerviosa a causa del famoso «mono». Sobre todo en el momento en que apareció el «boss», mostrando a sus inferiores y a todos los drogadictos del mundo un estilo nuevo que se acerca algo al del actual presidente de Estados Unidos. También la Mafia se pone al día. Si conserva todavía todos los rasgos mágicos que la hacen temible para los iluminados y que recuerdan una época no muy lejana en que la Mafia aterrorizaba al mundo para poder asegurar su red de distribución de droga, no tiene más remedio que adaptarse a la época contemporánea y a las necesidades de la competencia.
Pablo VI murió el 6 de agosto de 1978; el cónclave eligió el 26 de agosto a Juan Pablo I. ↩
«Corbeaux» («cuervos») es en francés un apodo despectivo de los curas, por la sotana negra. ↩
«Maison close» («casa cerrada») designa en francés el burdel; el juego de palabras alude al cónclave, cuyo nombre viene de «cum clave», «bajo llave». La fumata blanca anuncia la elección del papa. ↩