Alarme, n.º 5, julio-agosto-septiembre de 1979 (págs. 15-16). PDF del número completo · Texto original en francés

El drama de los refugiados indochinos, que dura ya varios años, se ha agravado recientemente. Las autoridades de los países que «acogen» a los refugiados ya procuraban por todos los medios limitar las llegadas devolviéndolos. Pero a mediados de junio, Malasia, Tailandia e Indonesia decidieron de común acuerdo tomar medidas enérgicas para librarse de la «basura» que vierte Vietnam (metáfora empleada por el ministro del Interior malasio): cierre total a la inmigración vietnamita y camboyana, devolución por Tailandia de los refugiados camboyanos al país jemer, e incluso un proyecto de Indonesia y Malasia de reembarcar a los refugiados y remolcarlos fuera de las aguas territoriales. Ya han empezado a aplicarse esas medidas, que condenan de inmediato a una muerte segura a decenas de miles de mujeres, hombres y niños. En cuanto a Hong Kong, distinguida posesión británica, ha cerrado su frontera a los eventuales inmigrantes indochinos: desde febrero, a 2.600 refugiados que van a bordo del Skyluck se les prohíbe desembarcar.

Podría invocarse la imposibilidad de que Vietnam, igual que Tailandia, Malasia e Indonesia, alimenten a esos miles de seres humanos. Sin embargo, tal argumento se apoyaría en bases falsas, pues a esos países no les faltan medios para alimentar a los refugiados, como tampoco les faltan a países más industrializados y más ricos como Francia, Estados Unidos o Inglaterra, que, sin embargo, los aceptan con cuentagotas. No son los límites naturales los que estorban, por ejemplo, la producción desenfrenada de armamento, o la construcción, que empezará próximamente, de un enorme complejo hidroeléctrico en Vietnam. ¿Por qué iban entonces a impedir que se alimente a esos miles de desheredados?

El periódico Le Monde recordaba en sus columnas la historia, ocurrida en 1939, de un barco cargado de refugiados judíos que huían de la Alemania nazi y que anduvo errante por todo el Atlántico Norte durante meses sin encontrar un solo país que aceptase el desembarco de aquellos refugiados.1 Estados Unidos, Inglaterra, todos los habían rechazado. Y pueden darse otros ejemplos semejantes en el caso del drama judío. No interesaba a los capitalismos inglés y americano hacerse cargo de los judíos fugitivos o amenazados de muerte, del mismo modo que al capitalismo alemán le interesaba librarse de ellos. Y, en realidad, la solución de las cámaras de gas convino tanto a unos como a otros. En el caso de los refugiados indochinos, lo que ocurre es comparable, salvo que en un caso la solución fueron las cámaras de gas y los hornos crematorios, mientras que en el otro son el fusilamiento y el ahogamiento. Igual que en el caso de los judíos, en que los Aliados no fueron menos culpables de la matanza que los nazis, ahora, en el caso de los refugiados indochinos, Tailandia, Indonesia, Malasia y el resto del mundo no son menos culpables de este drama que Vietnam o Camboya.

Señalemos, por otra parte, la elección que ha hecho el Estado capitalista vietnamita para la emigración: los exiliados son en gran parte de origen chino, que pueden así servir de chivos expiatorios, como lo fueron a su vez los judíos en la Alemania nazi; y como la población de origen chino compone además una parte nada desdeñable de la pequeña burguesía, su exilio representa beneficios a la vista para el régimen vietnamita.

Si se quiere, honradamente, intentar resolver este drama, es vano buscar otro verdadero culpable que el capitalismo, y otras soluciones que su destrucción. Las medias tintas solo resuelven los problemas a medias y preparan el terreno a otros todavía mayores. No puede tratarse de reclamar que se tomen medidas que no tocan la raíz del mal, sino que, al contrario, la enmascaran. No debemos tranquilizar nuestra conciencia con alguna mísera contribución financiera al salvamento de un número ínfimo de amenazados. Al contrario, es preciso que sigamos lúcidos sobre la causa de este drama, como de tantos otros, y que nos volvamos resueltamente hacia la revolución socialista, único medio de acabar con toda esta miseria, con esta podredumbre en que estamos sumergidos. El drama de los refugiados indochinos es nuestro propio drama: también nosotros seremos, en un momento u otro de nuestra vida, «basura» para el sistema, parados o jubilados.

  1. Probablemente el transatlántico alemán Saint Louis, que en mayo y junio de 1939 llevó a más de novecientos refugiados judíos de Hamburgo a La Habana; rechazados por Cuba, Estados Unidos y Canadá, tuvieron que volver a Europa. ↩