Alarme, n.º 8, abril-mayo-junio de 1980 (págs. 15-16). PDF del número completo · Texto original en francés
Las elecciones organizadas por los Estados Unidos y Gran Bretaña se han celebrado1; resultado: una vez más, los proletarios de Rodesia se han dejado engañar; en lugar de boicotear esas elecciones organizadas por el capital internacional y de luchar por la revolución social, participaron en ellas en su gran mayoría y eligieron al señor Mugabe y a su movimiento de liberación nacional. El capital internacional se dio cuenta de que en Rodesia el poder «fuerte» era en definitiva bastante débil, pues los capitalistas blancos que lo detentaban casi por completo estaban extremadamente aislados en esa unidad de explotación que es Rodesia.
El gobierno del señor Smith, combatido por el capitalismo ruso, que financia la mayoría de los movimientos de liberación nacional, estaba sostenido hasta estos últimos tiempos por el imperialismo norteamericano; cuando la situación se volvió frágil, este último optó por un gobierno capaz de mantener el orden social y la alienación capitalista haciéndose pasar por progresista, y de gozar así de un prestigio y de una confianza indudables entre el proletariado. La mejor solución para el capital internacional era, pues, un gobierno de unión nacional.
La operación ha funcionado bien hasta ahora para el campo del capital. Ahí está, pues, en el poder el movimiento de liberación nacional del señor Mugabe, que antes de las elecciones era presentado como revolucionario por el antiguo gobierno, como un enemigo incondicional del gobierno Smith; y ahí está ese mismo movimiento de liberación nacional (la ZANU) trabajando hoy con miembros del antiguo gobierno. Estos le transmitirán así los expedientes y permitirán, gracias a su práctica del Estado capitalista rodesiano, una puesta en marcha más rápida y un «mejor» funcionamiento del nuevo poder y, por último, permitirán que algunos capitalistas (blancos) tengan confianza en el nuevo gobierno.
Cuando la ZANU tenga bien en la mano la situación, podrá permitirse apartar a las últimas personalidades del antiguo gobierno que todavía siguen en él.
Queda por saber ahora si Rodesia va a seguir bajo el imperialismo norteamericano o va a pasar bajo el imperialismo ruso, si la plusvalía producida por el trabajo de los proletarios rodesianos seguirá yéndose en gran parte a Washington o irá a Moscú. Disputarse la plusvalía es problema de los capitalistas. Nosotros denunciamos los movimientos de liberación nacional (cf. Alarme, números anteriores) como reaccionarios y, por tanto, como contrarrevolucionarios.
En Zimbabue-Rodesia, los disturbios sociales que el antiguo régimen combatía por la fuerza serán combatidos en adelante con medios más sutiles, el más fuerte de los cuales será probablemente el intento de poner en pie poderosos sindicatos, abiertos a los trabajadores negros, a los que se dirá: «Hoy es para vosotros una gran victoria: seguís siendo explotados, pero por gente que tiene el mismo color de piel que vosotros».
Hoy la independencia nacional no existe; como hemos dicho antes, Rodesia, como los demás países del mundo, estará bajo la férula del imperialismo, sea norteamericano, sea ruso. Las luchas de liberación nacional, bajo el capitalismo decadente, han perdido el sentido que podían tener en el siglo XIX. Ya no son más que luchas entre los dos imperialismos para acaparar una gran parte de la plusvalía producida en tal o cual parte del mundo.
Cuando el proletariado se deja enrolar por esos movimientos, está en un callejón sin salida. Las fuerzas capitalistas quieren hacernos creer que cambiando de dirigentes cambiarán nuestras condiciones de vida; es falso. Sean cuales sean los dirigentes, en el sistema capitalista estamos condenados a «vivir» como esclavos asalariados, a producir riquezas que no son para nosotros, a consumir lo suficiente para reproducir nuestra fuerza de trabajo y, por último, a que nos tiren a la basura cuando hemos dejado de ser productivos.
Hoy, y esto desde comienzos de siglo, el capitalismo ha creado las condiciones objetivas de su destrucción revolucionaria (unificación capitalista del mundo, proletariado mundial y potencialmente muy poderoso) y de la rápida marcha hacia el comunismo integral (dado el nivel alcanzado por el desarrollo de las fuerzas productivas). El capitalismo ya no tiene «razón de ser».
Debemos, pues, denunciar la falsa alternativa que se ofrece al proletariado, mal dirigente o buen dirigente, y mostrar la verdadera alternativa: revolución social o barbarie.
Las elecciones de febrero de 1980, previstas por los acuerdos de Lancaster House (diciembre de 1979), dieron la mayoría absoluta a la ZANU de Robert Mugabe; Zimbabue proclamó su independencia el 18 de abril de 1980. ↩