Alarme, n.º 30, octubre-noviembre-diciembre de 1985 (pág. 11). PDF del número completo · Texto original en francés

El señor Juquin1 declara hoy que el «PC»F recibía y recibe sus órdenes de Moscú. En particular, cita el caso de Afganistán. Cuando las tropas rusas invadieron este país, en lo que conviene llamar una guerra de rapiña y de conquista de tipo colonial, G. Marchais y el buró político del «PC» se precipitaron a Moscú para preguntar a Súslov qué había que decir sobre el asunto. Marchais, como buen alumno, hizo desde Moscú una declaración pública de apoyo a la invasión.

Nadie duda de que el señor Juquin dice la verdad. Era entonces el delfín designado del Partido y estaba en primera fila. Demasiado impaciente, fue eliminado por la Troika Marchais-Plissonnier-Viannet. Hoy su despecho no le deja más recurso que decir una verdad, única manera de arañar la fortaleza de la mentira concentrada, la concentración de la mentira fortificada, el Partido al que pertenece desde hace tanto tiempo.

Desde luego, creemos al señor Juquin, puesto que dice lo que ya sabíamos. Si se deja hablar al señor Juquin, aparte de las consideraciones politiqueras, es porque es deshonesto. El Hombre Honrado, hoy, el que dice una o varias verdades esenciales, merece nuestra consideración.

Y decididamente el señor Juquin es incorregible. Revela con gran estrépito una verdad bien banal para ocultar la verdad fundamental: el «PC»F no es comunista; Rusia y sus prolongaciones representan la fuerza contrarrevolucionaria, antiobrera, más considerable que haya existido nunca en la historia contra el comunismo. El señor Juquin no sólo calla esto, sino que da a entender lo que ya dice el señor Fiszbin2, a saber, que Rusia es un socialismo de Estado que conduce al capitalismo de Estado. Esta falsificación del socialismo, doble, puesto que Rusia es capitalista y nunca ha sido socialista, y el socialismo destruye el Estado, tiene un objetivo: mostrar que toda revolución es inútil y conduce a la barbarie.

El señor Juquin se ha hecho acreedor a la gratitud del Capital y en particular del Capitalismo de Estado, del que es un auténtico producto.

¡Que el señor Juquin no espere hoy nuestra consideración por sus «revelaciones», como tampoco deberá esperar mañana la indulgencia del Proletariado en armas!

  1. Pierre Juquin, miembro del buró político del PCF, apartado de él en 1985 por sus críticas a la dirección de Georges Marchais. ↩

  2. Henri Fiszbin, antiguo dirigente de la federación de París del PCF, que rompió con la dirección a comienzos de los años ochenta. ↩