Alarme, n.º 39, enero-febrero-marzo de 1988 (págs. 12-13). PDF del número completo · Texto original en francés

El cuadro de la derecha se refiere a la Francia de los años treinta, uno de los países menos afectados, y más tardíamente, por la crisis económica que hacía estragos internacionalmente. El «índice» de los apartados A, B, C y D indica una relación, y la base 100 corresponde al nivel de antes de la Primera Guerra Mundial. Es particularmente visible entre el «máximo 1929-30» y «julio de 1932»: la producción, los salarios, los precios, el tráfico ferroviario, las importaciones y exportaciones de mercancías y la renta nacional caen, mientras el paro aumenta en proporciones fenomenales. Caso más revelador: en Estados Unidos, en 1932, la producción se había reducido a la mitad (¡en un 70 % la de bienes de equipo!). Siempre a título indicativo, en 1931 el número de parados aumentaba en Alemania en 100.000 por mes (cifra que es necesario comparar con la debilidad relativa del paro antes del crac de 1929). En todos los países las quiebras se acumulaban por centenares cada mes. La producción bajaba y las existencias aumentaban, relación que traducía la falta de venta de las mercancías, de las que los capitalistas intentaban deshacerse las más de las veces con pérdida, es decir, a un precio de venta inferior a los costes de producción. Un tal René Duchemin, regente del Banco de Francia y presidente de la CGPF, antepasada del CNPF,1 declaraba entonces: «Las capacidades de fabricación solo disminuyen en proporciones insuficientes...». No se trataba de arrinconar un utillaje anticuado ni de sustituir ciertas actividades por otras más rentables, y menos aún de introducir nuevas tecnologías en el aparato productivo; la producción misma parecía ser un obstáculo para la recuperación de los negocios. El mundo vivía la «destrucción de capital» característica de una crisis llamada erróneamente «de sobreproducción».

Máx. 1929-30Jul. 1932Dic. 1933Ago. 1934Dic. 1934Ene. 1935
A. Producción industrial:
Producción (índice general)144921069793—
Industrias mecánicas1629310510096—
Producción siderúrgica13372798180—
Producción hullera130104118102112—
Industrias textiles9758755559—
Industrias de la construcción (*)14393868174—
Automóvil (*)720412443468416—
B. Precios, salarios:
Precios al por mayor653404389363344347
Precios al por menor (34 artículos)646547520487466460
Coste de la vida611526506483468463
Salarios (índice general)725677673668——
C. Comercio exterior:
Export. de productos manufacturados (vol.) (*)17794949898—
Import. de materias necesarias (vol.) (*)134100122106100—
D. Índices económicos importantes:
Vagones cargados (ferrocarril) (*)139108105969896
Impuesto sobre el volumen de negocios (*)14210611010396—
Reservas de oro (Banco de Francia)52,682,477,180,982,282
E. Mercado de trabajo:
Parados subsidiados (miles)0,4265313325419479
Parados subsid. (media móvil de 12 meses)—195276306342354
Parados equivalentes al paro parcial43608334459448466
Duración del trabajo (a)—42,745,143,943,943,6
F. Gastos estatales, renta nacional (cifras anuales, miles de millones de francos):
Renta nacional245206190165—150

Extraído de P. Naville, «L'entre-deux-guerres», E.D.I.

La caída de los valores en la bolsa en octubre del 87 se ha comparado, desde luego, con el crac de 1929. Sin embargo, desde el principio o casi, los especialistas en la materia preveían a lo sumo una recesión económica. Desde entonces, esas previsiones pesimistas pero no catastróficas han sido revisadas, y el FMI (Fondo Monetario Internacional) prevé para los siete grandes países industrializados tasas de crecimiento en alza del orden del +2,6 % en el 88 y del +2,9 % en el 89. Esas previsiones el FMI no se las saca de la manga: se basan, entre otras cosas, en los índices de producción registrados últimamente. Por ejemplo, entre febrero del 87 y febrero del 88 la producción industrial progresó un 12,5 % en Japón, del que un 2,3 %, casi 1/5, corresponde solo al mes de febrero del 88. Ahora mismo, Estados Unidos empieza a relanzar la producción de uranio, lo que en el futuro debería afectar a 20.000 obreros (plantilla actual: 2.000). ¿Lo haría en plena crisis económica?... Habría muchas otras cosas que poner de relieve, demasiadas incluso, porque esa no es nuestra vocación. En cambio, lo que salta a la vista no son quiebras por centenares y centenares, sino las OPA (ofertas públicas de adquisición) gracias a las cuales se recomponen o nacen imperios industriales, a golpe de miles de millones, concentrando en sus manos enormes capitales y ramas de actividad excesivamente dispares. Es oportuna una cita de K. Marx:

«En cuanto a la caída del capital meramente ficticio —títulos del Estado, acciones, etc.—, en la medida en que no lleva a la bancarrota del Estado y de la sociedad por acciones, en la medida en que no traba en general la reproducción por quebrantar el crédito de los capitalistas industriales que poseen tales títulos, es mera transferencia de la riqueza de unas manos a otras y obrará en conjunto favorablemente sobre la reproducción, por cuanto los advenedizos en cuyas manos caen baratas esas acciones o títulos son por lo común más emprendedores que los antiguos poseedores».2

La Pléiade, tomo 2, págs. 463-464

Se ha hablado mucho de crisis económica desde hace más de quince años, y en todo caso sin razón si se aludía a una crisis llamada «de sobreproducción». Ciertamente, el paro es masivo y el consumo no guarda relación con la potencia de los instrumentos de producción, transformados cada vez más en instrumentos de destrucción al servicio de los ejércitos y de los Estados. Otras tantas consecuencias de un sistema social históricamente superado y, por tanto, decadente. Hace más de medio siglo que solo debería tratarse de abatirlo, sin necesidad de esperar una crisis económica catastrófica... para la clase obrera.


  1. La Confédération générale de la production française (CGPF), organización patronal de entreguerras, precursora del Conseil national du patronat français (CNPF), la patronal francesa. ↩

  2. Teorías sobre la plusvalía, cap. XVII («La teoría de la acumulación de Ricardo»), MEW, t. 26.2, págs. 496-497; traducimos del original alemán. Alarme cita la edición francesa de la Pléiade (Marx, Œuvres. Économie, t. II), que hace del quebranto del crédito una condición más («ni quebranta el crédito…»), cuando en Marx es la vía por la que se traba la reproducción. ↩