Boletín de discusión, n.º 25, enero de 1949 (págs. 1-12). PDF del número completo
VIERNES, 2 abril 1948
Gabriel abre el congreso: "Es la asamblea de la Internacional mas representativa jamás convocada; fecha aniversario del Manifiesto Comunista; un minuto de silencio por los muertos de la Cuarta; saludo a Natalia Sedova y a Cannon. El Congreso deberá hacer frente a las tendencias revisionistas".
A propuesta del S.I., un delegado americano, Stein, es elegido presidente.
Munis pide plantear, antes que nada, el carácter de la asamblea. Explica la idea del boycott (preparación insuficiente para un congreso mundial, tanto política como orgánicamente, casi ninguna discusión en la base, de los problemas internacionales, peligro de que la organización mundial sea ahogada por el oportunismo y la mediocridad). La sección española no estaba enteramente de acuerdo con el procedimiento de boycott al principio propuesto y ha pedido a sus delegados acudir a la convocatoria e insistir ante la asamblea para que sesione, no como congreso, sino como conferencia o CEI ampliado. Las otras tendencias de la Internacional que secundaron la idea del boycott se han sumado a este último procedimiento. Gabriel se ha referido a nosotros al hablar de tendencias revisionistas. Acepto la designación, pero no será de nuestro revisionismo de donde salgan actitudes oportunistas. Por el contrario, yo acuso a la actual dirección internacional de haber violado el espíritu revolucionario y la letra misma de nuestro programa; la acuso de oportunismo.
Interrupción del presidente: no hay que hablar de eso sino de nuestra proposición sobre el carácter de la asamblea.
Munis lee un proyecto de resolución pidiendo que la asamblea sesione como Comité Ejecutivo ampliado, teniendo por objetivo la preparación de un amplia discusión política y la convocación de un verdadero Congreso mundial. Añade que se puede contar como seguro el apoyo del Grupo Revolucionario Internacionalista de México, del partido italiano, y de la camarada Natalia Sedova.
Gabriel: Esta conferencia ha sido mejor preparado que ninguna otra (4 millones de francos gastados), mejor que la de 1940, a la que Munis asistió sin protestar; la discusión ha sido lo mas ámplia posible, puesto que está abierta desde 1946 y que desde entonces ha habido cinco Plenos del C.E.I.... Si hemos prohibido la delegación de mandatos es por prurito democrático, pues en la captura de mandatos es siempre la dirección quién lleva la ventaja; además, en este Congreso está representada la mayoría aplastante de la Internacional.
El presidente propone que la proposición hecha por la oposición sea discutida por 4 oradores, dos contra y dos por, con diez minutos de palabra a cada uno. La oposición pide, por el contrario, que se conceda a esta discusión todo el tiempo necesario. Triunfa la proposición del presidente por 16 votos contra 6.
Chaulieu y Schachtman defienden la proposición de la oposición, Germain y da Silva (S.I. e India), la impugnan. Chaulieu hace observar el enorme abismo existente entre las tareas planteadas a nosotros y la raquítica preparación política que ha precedido a la asamblea. Todo lo que Germain dice de esencial es que la oposición protesta porque la Internacional no ha adoptado las posiciones de Munis, y que debemos pasar a la acción, no a la discusión. Da Silva acusa a la oposición de hacer derivar toda su actitud de la admiración de sí misma.
El presidente quiere pasar a la votación, pero como la tendencia oficial pretende que ha habido suficiente discusión para un congreso mundial, la oposición presenta esta Moción previa: "La asamblea pide a cada delegación de sección indicar brevemente si la discusión de los problemas internacionales ha sido suficiente en su sección, para que ella pueda tomar posición, en nombre de la misma, sobre los problemas del congreso". La asamblea se negó a que los delegados hiciesen esta declaración, rechazando la moción previa por 18 votos contra 5 y una abstención.
Un camarada indochino toma la palabra sin que se la dieran, para declarar que en su sección no ha habido discusión.
En vista del voto anterior, la oposición lee una declaración negando a la asamblea autoridad de congreso mundial de la IV Internacional y negándose, desde ese momento, a aceptar la disciplina política internacional.
El Secretariado Internacional propone el orden del dia:
1 - Informe de actividad; 2 - la U.R.S.S.; 3 - política de la Internacional; 4 - discusión de informes y decisiones. Propone también que se nombren comisiones sobre cada uno de los problemas, suspender las sesiones durante ocho o diez dias, y abrir despues brevemente la discusión sobre las resoluciones de las comisiones.
La oposición protesta y pide los debates primero, y la constitución de las comisiones como resultado de los debates. De otra manera lo delegados no pueden votar con conocimiento de causa, sino por quienes les indique el S.I. Argumenta que una comisión se constituye para dar redacción definitiva a un texto sobre el cual se está de acuerdo en líneas generales. Lejos del caso actual.
Haston (Inglaterra) apoya la idea de debates antes de la constitución de las comisiones. El presidente, por el contrario, pide proceder sin discusión al nombramiento de comisiones. La oposición pide que, al menos, la asamblea se pronuncie sobre la necesidad de discusión previa al trabajo de las comisiones.
Votación: En favor de pronunciarse 12\ Por la proposición del presidente.............. 18
Se pasa pues al nombramiento de las siguientes comisiones: 1 - Mandatos y apelaciones; 2 - forma definitiva de la resolución: "La situación política y las tareas de la IV Internacional"; 3 - Forma definitiva de la resolución sobre la cuestión rusa; 4 - Cuestión colonial; 5 - América del Sur; 6 - Alemania; 7 - Estatutos; 8 - Italia; 9 - Finanzas; 10 - Prensa; 11 - Cuestión sindical; 12 - Cuestión española.
La dirección no ha previsto la entrada de la oposición en ninguna de las comisiones. A proposición de Ernesto (España), Munis es designado para la comisión española y para la latino-americana. Acepta porque no existe ningún texto oficial sobre ninguno de esos puntos. Pero la oposición declara que por principio no entrará en ninguna otra comisión, salvo la de mandatos, puesto que, no siendo enmendables los textos del S.I., han de ser rechazados por entero. Sin un amplio debate sobre los principales problemas políticos, ninguna comisión puede tener suficiente autoridad y conocimiento de causa para trabajar. El procedimiento de las comisiones sin debates hace el congreso mucho mas ficticio de lo que previeron los documentos de Munis, Péret y Natalia Sedova. Por añadidura, la dirección impone la exclusión de la oposición de la comisión de mandatos, sometiendo a votación la candidatura de Munis. Hecho sin precedente en las costumbres revolucionarias, pues siempre y en todas partes la oposición entra de derecho y sin votación en la comisión de mandatos.
Incidente Schachtman-Stein. Este último quiere hacer aprobar una proposición que al mismo tiempo condena al WP en el problema de la unidad con el SWP y priva a Schachtman del derecho de voto. Este declara que no se defenderá sobre lo del voto, pero que antes de condenar al WP es preciso que el congreso discuta el problema americano. Para no conceder a Schachtman el derecho de voto, Stein arguye que el WP no acepta la disciplina de la IV Internacional. El argumento no tiene valor, puesto que la sección española y otros grupos que forman oficialmente parte de la IV Int. han rechazado su disciplina. Armstrong (Irlanda), declara que siendo la sección irlandesa contraria a la defensa de Rusia en su totalidad, no podrá someterse a la disciplina defensista de la internacional. Puesto que Schachtman ha sido invitado —añade— debe dársele el derecho de voto.
Es leida una carta de Craipeau (Francia) pidiendo ser oido por el congreso respecto a la crisis y escisión del partido francés. Los votos de la tendencia oficial le envían a la comisión de mandatos y apelaciones, con que el congreso "mejor preparado" rehusa considerar la crísis del mas importante de los partidos de la Internacional.
Uno de los delegados argentinos, Moreno, que como el otro no tiene derecho de voto, por no estar reconocidos sus respectivos grupos, dá diversas veces su voto indicativo a la oposición, pero nunca sobre los problemas esenciales.
En dos escasas horas fueron liquidadas la discusión sobre el carácter de la asamblea (40 minutos) y sobre la forma de trabajo (debates o comisiones). El resto de la tarde se fué en aburridas cuestiones administrativas y nombramiento de la balumba de comisiones. En ausencia de debates que dieran a los delegados idea de las tendencias políticas existentes y los situaran por relación a ellas, no tenía mas que decir sí a las listas de comisiones que precipitamente iba leyendo Gabriel. "Los delegados —había dicho el SI al prohibir la delegación de mandatos— deben venir libres de la obligación de votar en tal o cual sentido, para que puedan orientarse por los debates del congreso". La realidad —prevista desde México por Péret, Munis y la camarada Sedova— es que los los delegados debían venir libres de ser encuadrados, sin ningún género de debates, en comisiones cerradas.
Tras unos diez dias de comisiones, el congreso se reune en su segunda asamblea, solo la tarde, teniendo por orden del dia el informe de actividad, es decir, lo que ha dicho, hecho y pensado la Internacional durante diez años, período por sí sólo mas importante en la historia del proletariado y para el porvenir de la revolución que los cien años anteriores. Veamos lo que fué.
El ponente del S.I., Stein, tiene la palabra durante 35 minutos para hablar de esos diez años de actividad de la IV Internacional, en los cuales se situa la actitud de nuestros principales partidos ante la guerra imperialista y los movimientos nacionales de resistencia, guerrillas comprendidas. Stein hizo el mas asombroso informe de actividad jamás oido en la historia del movimiento obrero. Sencillamente, no dijo ni una sola palabra sobre la actividad de la IV Internacional de 1939 acá, es decir, desde su fundación, y no aludió ni de lejos a la actitud de nuestros principales partidos ante la guerra imperialista y los movimientos nacionales. La palabra misma actividad, no fué pronunciada. Podría creerse que se trata de una calumnia, tan monstruoso es el hecho. Pero la manera de Stein no constituye hoy excepción en nuestras filas. ¿No se ha visto, en la región parisina del partido francés, durante una asamblea (única) para preparar el congreso mundial y discutir sus textos, que el ponente de la tendencia Frank no se refirió a los textos de los que la asamblea debía discutir, ni pronunció tampoco las palabras congreso mundial? Esta manera de tratar un problema es casi regla entre la gente que figura a la cabeza de la IV Internacional. Las secciones deberían exigir la publicación del discurso de Stein, que fué tomado taquigráficamente. Así obtendrían una idea exacta de la seriedad del llamado congreso mundial y de quienes lo prepararon.
Esta segunda sesión debía decidir si toda la Internacional, y en particular el partido americano, contra el cual pesaba una acusación de abandono oportunista del derrotismo revolucionario, habían mantenido una política internacionalista. Debía igualmente aprobar o condenar la actitud de nuestros partidos ante los principales acontecimientos mundiales, desde la revolución española hasta hoy, y juzgar si la Internacional había estado, en general, a la altura de las necesidades revolucionarias mundiales. De lo que esa reunión discutiese y decidiese dependía, en realidad, el valor de esa asamblea llamada congreso, y toda la capacidad política futura de la IV Internacional. No solo era indispensable condenar taxativamente la política americana y otros oportunismos (partido francés) ante los movimientos de resistencia, sino que al examinar los grandes acontecimientos pasados debía hacer la crítica de algunas ideas trotskistas que se habían revelado erróneas a la luz de los acontecimientos, o bién que habían sido superadas por ellos. Sin ninguna relación con todo ésto, el discurso de Stein no permitía siquiera habrir la discusión. Y no obstante, siendo el ponente delegado de Estados Unidos, era de esperarse que no pasase por alto, cuando menos, las graves acusaciones de oportunismo hechas contra su partido. Pero aun suponiendo que el ponente hubiese dicho algo de lo que importaba, los 35 minutos de contra-ponencia que hubiesen correspondido a la oposición no habrían permitido, en ningún caso, tratar el problema con la amplitud requerida por su propia gravedad. En efecto, esa sesión era un resultado deliberadamente perseguido por quienes "durante dos años" prepararon el "congreso mundial": concretamente, el S.W.P. secundado por el P.C.I. francés y el R.C.P. inglés, a los que vino a añadirse a última hora la organización de Ceilán, o mas bien da Silva, su dirigente. S.I. y C.E.I. se habían negado sistemáticamente a poner como primer punto del orden del día del congreso la política de los principales partidos ante la guerra imperialista y los movimientos de resistencia, reclamado precísamente por nosotros. Ni siquiera dieron a la Internacional el material que le permitiera ver cual había sido esa política y juzgarla. Su primordial preocupación, desde el dia de su constitución, fué evitar una amplia discusión de este problema, donde se sabían de antemano derrotados. La obstinación estúpida y contraria al interés del movimiento, de hacer el congreso ilegalmente, no tiene otra explicación que el miedo a una discusión seria y detenida. El discurso de Stein venía a corroborar muy colmadamente esta acusación lanzada por nosotros mas de un año antes: que se pretendía aprobar sin discusión una política enteramente oportunista y semi-chovinista, mas particularmente la del S.W.P.
Para la oposición, la mejor manera de poner en evidencia este escamoteo político y la naturaleza del congreso, era no responder al discurso estratósferico de Stein, cosa qué —repitámoslo— tampoco habría sido posible aun queriéndolo, puesto que solo se disponía de 35 minutos. Así, cuando el ponente hubo agotado su mortecino informe, interrogó el presidente:
"¿Quién pide la palabra?" -- Todo mundo guarda silencio
"¿Quién pide la palabra?" -- Silencio otra vez. El presidente, (da Silva) mira asombrado del lado de la oposición
Así cuatro o cinco veces, visiblemente enfadado de que no se contestase al "informe de actividad". Viendo la asamblea embarazada, Munis exclama:
"Ahora que álguien haga el informe de actividad. El ponente no ha dicho ni media palabra. Defended, al menos, lo que habeis escrito y os contestaremos".
Y el atinadísimo Germain se dejó decir: "Es así como nosotros entendemos defenderlo. No es Munis quién ha de decirnos cómo".
Yo vacilaba entre la tentación de tomar la palabra para hacer rápidamente algunas acusaciones, y la conveniencia política y la utilidad demostrativa del silencio. Nadie protestaba contra el informe de Stein, nadie apoyaba mi demanda. Solo un delegado belga dijo tímidamente: "No se le puede pedir a uno aprobar algo de lo que ni siquiera se le ha hablado". Pero diez minutos despues (fiel imagen del llamado congreso mundial y de lo que fué la tan venteada preparación de dos años) el mismo delegado votaba en favor del informe oficial, aprobando a ciegas todo lo que ignoraba.
El presidente fijó un plazo de 10 minutos para que los delegados pidiesen la palabra, transcurrido el cual pasaría a la votación. En medio de un bochornoso silencio, distraidos los delegados por el humo de los cigarrillos, corrieron los 10 minutos sin que nadie pidiese la palabra. Instantes despues, el inaudito informe era aprobado por 28 votos contra 3 (España, Irlanda y oposición francesa. A España correspondían dos votos, pero el segundo delegado, Ernesto, no estaba presente ese día). El delegado de la tendencia americana Johnson-Forest, que se hace cosquillas izquierdistas, aprobó igualmente el "informe" considerándolo "como símbolo de actividad". A partir de ese momento estaba irrefutablemente demostrada la impreparación del llamado congreso mundial, la enorme maniobra de la dirección para ocultar los oportunismos cometidos y eximirse de la obligación de considerar cuanto de nuevo han aportado los acontecimientos desde la guerra civil española; quedaba demostrado, además, que la dirección necesitaba la presencia de algunos delegados oposicionistas para dar a su asamblea apariencia de discusión y de democracia.
Solo resta añadir que el informe de actividad escrito, mas tarde publicado en el número marzo-mayo 1948 de Quatrieme Internationale, es una tergiversación completa de los hechos, por momentos incluso una falsificación. Tiene la cobardía de criticar a algunos grupos débiles (tendencia Craipeau) mientras aprueba integramente a los fuertes de la Internacional, sobretodo el S.W.P. Demostraré en un trabajo aparte que ese informe no solo aprueba la política de deserción ante los deberes del internacionalismo proletario que fué la del S.W.P., sino que convierte esa política desertora en parte programática de la IV Internacional.
La tercera tarde de sesión está dedicada a la cuestión rusa. El presidium había previsto un informe oficial de una hora, dos contra-informes de 40 minutos cada uno para la tendencia colectivismo burocrático y otro para la de capitalismo de Estado, mas otros 40 minutos a Haston para defender las enmiendas del partido inglés a la tesis oficial, con la que concuerda en el defensismo.
El ponente oficial, Germain, dijo que es necesario ser conservador del marxismo, al que no se le puede quitar nada —ni la teoría de clases del Estado ni ninguna otra concepción— sin negarlo. La revolución destruyó en Rusia la sociedad burguesa y abrió el camino a la sociedad de transición. La propiedad soviética es la expresión jurídica de la victoria de Octubre; ninguna contrarrevolución ha destruido el carácter no burgués de la propiedad. El carácter de esta propiedad es debido a dos guerras civiles: la de 1917, y, (al parecer) otra en 1927-1928. Quienes defienden la teoría del capitalismo de Estado hacen datar la victoria de éste de la desaparición del peligro burgués; para ellos la política de la Oposición en 1928 era falsa: no se habría debido apoyar a Stalin contra el peligro del kulak. Pero el capitalismo de Estado debe ejercerse en favor de una burguesía concreta que no existe en la URSS. En la URSS la propiedad es no-burguesa. La contradicción de la sociedad soviética es la de toda sociedad de transición, es decir, producción socialista, distribución capitalista. No acusamos a la burocracia de haber conservado las formas de distribución capitalistas; solo de haberlas exagerado. Pero la burocracia no ha logrado poner de acuerdo las formas de propiedad con las formas de distribución, es decir, no ha logrado hacer capitalistas las formas de propiedad.
Enseguida define la política rusa en el glacis como inmediatamente capitalista, pero tendiendo a la asimilación estructural con la propiedad rusa. La analogía entre los países del glacis y Rusia es puramente formal; Polonia es un Estado burgués degenerado; la política exterior del Kremlin es una política de capitulación que conduce Rusia a la derrota. Y así por el estilo, el ponente dice una cantidad considerable de monstruosidades y banalidades de pedante. La información oficial debería dar a la Internacional, en prueba de sus capacidades teóricas, el texto íntegro de este discurso, que en realidad no cabría mas que en la boca de un stalinista que aspira a perfeccionar los métodos de su partido, no en la de un trotskista, aun suponiéndole agarrado todavía a la concepción del "Estado obrero degenerado".
A continuación, 40 minutos de contra-informe corresponde a la tendencia que define Rusia como capitalismo de Estado. Pero en realidad se trata de dos tendencias, la americana dicha Johnson-Forest y la española, representada en el congreso por Munis. El acuerdo político entre las dos es imposible, sobreto por haberse situado la primera dentro del oportunismo oficial al votar el informe de actividad. Así pues, a cada delegado correspondieron únicamente 20 minutos del tiempo previsto.
Stone, en nombre de su grupo, hizo principalmente una crítica de Germain, mas bién anodina, eximiendo de sus ataques al partido americano a la dirección mundial. Germain es tratado de oportunista, pero Cannon es un revolucionario para la oradora, así como el S.I. en pleno. Habríase dicho que todo el mal de la IV Internacional reside en Germain, cuando en realidad no es mas que un parlanchín tan ingrávido como impersonal. El mal está en el partido mismo a que Stone pertenece, en el C.E.I. y el S.I., los tres respetados por la oradora.
Munis indica que si la dirección actual de la Internacional continua arrastrando su "defensa incondicional de la URSS" es, sobreto do, por carencia de espíritu revolucionario. El análisis hecho por Trotsky de la Unión Soviética era falso, pero en realidad no era indispensable reconsiderarlo para abandonar la defensa incondicional, cuya incompatibilidad con la revolución mundial saltaba a los ojos, especialmente a partir de 1943-1944. Lo alarmante, lo escandaloso es precísamente que la piel de nuestros dirigentes es insensible e impermeable a todos los acontecimientos y a las monstruosidades stalinistas. "¿De qué teneis necesidad todavía para admitir que en Rusia ha habido transformación de la cantidad en calidad? Necesitais la reaparición de los capitalistas individuales, es decir, un simple cambio cualitativo; estais fuera de la dialéctica". "Trotsky mismo dijo que las formas de propiedad no son frecuentemente más que una ficción jurídica. ¿De qué teneis todavía necesidad para considerar que en Rusia la forma colectiva de propiedad no es mas que una ficción jurídica? No contestareis".
Schachtman, que dispone para él solo de 40 minutos, argumenta en favor de su tesis: el colectivismo burocrático en Rusia, bajo la dirección de una nueva clase, sistema que se extiende, según él, a los países del glacis. Según él, la economía no es capitalista en Rusia, ni tampoco socialista sino de un nuevo tipo no previsto por el marxismo, tipo qué, inexplicablemente, nace reaccionario, decadente y por consecuencia indefendible para el orador.
Finalmente, Haston defiende las enmiendas hechas por su partido a la resolución del S.I. Consideran ellas la asimilación estructural del glacis a la economía rusa como un hecho altamente progresivo, y los países ocupados por Rusia otros tantos Estados obreros degenerados e igualmente defendibles. Es la tesis del S.I. llevada hasta sus últimas consecuencias lógicas.
Tras esas intervenciones, el tiempo disponible hasta terminar la sesión fué dividido por el número de delegados que pidieron la palabra, correspondiendo 10 minutos a cada uno. Pero todos los tiempos de palabra en el congreso han de ser divididos por la mitad, puesto que cada orador debía hacer pausa tras cada frase para permitir la traducción. La oposición no dispuso pues, en ningún momento, de mas de veinte minutos de palabra.
Como era de esperarse, la resolución oficial en favor de la defensa de Rusia fué aprobada con la sola oposición de Chaulieu, Stone, Munis, el delegado iralandes, Armstrong y los dos delegados de Alemania. Hubo algunas abstenciones.
La cuarta tarde debía tratar de rondón las cuestiones, alemana, Italiana y española. No trató mas que de Alemania. La resolución oficial fué devuelta a la comisión para introducir algunas enmiendas y aprobada dias despues. Ese documentos es uno de los mas despreciables de cuantos han salido del llamado congreso mundial. Basta decir por el momento que evita hablar de la defensa de Rusia, cual si sus autores se avergonzaran de sus propias ideas, y que dá a los camaradas alemanes, como consigna inmediata, la asamblea constituyente. Con toda seguridad, los camaradas alemanes harán tanto caso a las directivas de esa resolución como a las del movimiento vegetariano, pero por eso mismo, el tan venteado congreso mundial, lejos de ayudar al proletariado alemán a salir de la postración en que lo han sumido el triunfo del fascismo primero y de los Tres Grandes despues, no ha hecho mas que añadir mayores dificultades al reagrupamiento de la vanguardia revolucionaria.
Sobre Italia, la dirección presentó una resolución pidiendo la desafiliación del P.O.C. Los tiempos de palabra fueron de 10 minutos, ó sea, 5 descontando el tiempo de traducción. Munis, defendiendo al P.O.C., demostró que ninguno de los cargos que el S.I. le hacía podía constituir motivo de desafiliación, y que algunos de ellos eran compartidos por el S.I. y el C.E.I., tales la consideración del stalinismo como un partido de izquierda burguesa, y la definición de la situación actual del capitalismo como estabilidad relativa. "El P.O.C. —añadió Munis— tiene pleno derecho a estar en la IV Internacional, porque mantuvo una actitud internacionalista durante la guerra. En cambio, hay aquí partidos (el S.W.P.) que por su actitud ante la guerra no tienen derecho a encontrarse en una asamblea revolucionaria. Es su expulsión la que debería pedirse". Hablan además, contra la desafiliación del P.O.C. Chaulieu y el delegado de Palestina. Terminado el vertiginoso debate, la IV Internacional se quedó sin sección italiana.
La discusión sobre los estatutos fué mas pobre todavía. Para cada orador 5 minutos, y en verdad que no hubo muchos. El ponente, un hombre del S.W.P. que no ha sido ni será nunca militante, pero que ha gozado de vara alta en los asuntos de la Internacional, hizo un discursillo que tenía tanta relación con los estautos como el de Stein con el informe de actividad. Solo Munis se opuso al conjunto de los estatutos, cuyo texto y espíritu será objeto de crítica especial. Presentó la siguiente resolución que no obtuvo mas que su propio voto:
"El congreso rechaza el proyecto de estautos del S.I.:
1 - Porque no tiene en cuenta las experiencias orgánicas en el movimiento obrero, que aconsejan reconsiderar el centralismo democrático de la Tercera Internacional.
2 - Porque refuerzan el lado centralista y descuidan el lado democrático.
En consecuencia, seguirán rigiendo los estautos del congreso de fundación, mientras un estudio de las relaciones entre los métodos de organización y la contrarrevolución stalinista permita elaborar nuevos estatutos".
-#-#-#-#-#-#-#-#-#-#-#-#-#Finalizando el congreso, ya ausente algunas delegaciones, se discutió la resolución llamada La situación política mundial y las tareas de la IV Internacional, es decir, lo que ha de constituir el nervio político del movimiento trotskista mundial por un tiempo indefinido, hasta el próximo congreso mundial, formalmente fijado para dos años despues, pero que en realidad no llegará a celebrarse nunca si el trotskismo mundial sigue aceptando la dirección y la política actual, que lo castran.
El ponente oficial, Gabriel, dispone de hora y media; las dos tendencias contra-ponentes, Chaulieu y Munis (con la primera hace bloque la delegado de la tendencia Johnson-Forest) disponen de 40 minutos cada una. Gabriel defendió el documento escrito por el S.I. repitiendo sus argumentos y añadiendo nuevas noticias y datos periodísticos a los que sirven de base a la tesis. Para el ponente, que representa la tendencia oportunista y dominante en la Internacional, la contradicción fundamental en el mundo de hoy es la contradición Unión Soviética-Estados Unidos. La URSS es el lado positivo de la contradicción, y por consecuencia los partidos stalinistas, que se encuentran a su lado, son anticapitalistas y "se verán forzados" a apoyarse en la clase obrera y desarrollar la lucha de clases. Nuestra táctica ha de ser: frente único con el stalinismo, gobierno stalino-reformista, nacionalizaciones y control obrero, todo la táctica, en suma, de los bolcheviques frente los mencheviques en 1917. En efecto, en el pensamiento de la actual dirección mundial —lo que basta para condenárla— no hay ningún factor nuevo surgido desde 1917, ninguna necesidad de reconsiderar consignas y tácticas, ninguno de los enormes acontecimientos sobrevenidos que estimule su pensamiento. Inercia intelectual a prueba de hechos, causa del estancamiento orgánico a que la IV Internacional ha sido reducida.
La resolución presentada por Chaulieu y Ria Stone eludía todos los problemas fundamentales y aceptaba el programa de transición sin mas que insistir sobre la necesidad de comprender su verdadero carácter. Pero la realidad es que el programa de transición está basado, de punta a cabo, en idea de Rusia como Estado obrero, aunque degenerado, y del stalinismo como una tendencia reformista mas. Negando la justeza de estas dos ideas se debe necesariamente rechazar el programa de transición.
Munis presenta su discurso como esquema para una resolución política. Dice que la resolución escrita y la defensa verbal del S.I. no logran hacer un análisis del período histórico en que vivimos, y menos de los importantes acontecimientos y cambios de factores que se han producido desde la fundación de la IV Internacional. Esta incapacidad impregna de oportunismo y de miseria política el proyecto escrito y el informe verbal. Todo proyecto político revolucionario debe partir de un análisis del período actual. El período de decadencia del capitalismo comienza con la primera guerra imperialista, en 1914. Planteado desde entonces, el dilema histórico, cada vez mas perentorio, es revolución o barbarie. La II Internacional traicionó al proletariado aceptando el falso dilema de la victoria militar de un grupo de países o la de otro grupo. La revolución rusa restableció el dilema en sus verdaderos términos y abrió una etapa de lucha entre revolución mundial y capitalismo que va, con altibajos, hasta la guerra civil española. Una serie de derrotas, desde Alemania y China hasta España, van mostrando la modificación progresiva del carácter de los partidos comunistas. Es un fenómeno paralelo a los progresos de la contrarrevolución en Rusia. El stalinismo pasa por una etapa centrista y otra pseudo-reformista (frente popular). En España, la presencia de una revolución desbordante le obliga a develar toda su naturaleza contrarrevolucionaria. Bajo el fuego de los acontecimientos se transforma, de tendencia reformista frente popular en tendencia unidad nacional, enteramente reaccionaria. Así pues, toda táctica que lo tenga en cuenta como tendencia obrera reformista es radicalmente falsa y ha de revelarse impotente. En los años siguientes el stalinismo ha acentuado y extendido en escala internacional los rasgos descubiertos en España. No es ya un partido situado entre la revolución proletaria y la contrarrevolución capitalista. Continuar tratándolo como un partido a la Kerensky, cual hacen nuestros dirigentes, es catastrófico. El stalinismo no es mas que un competidor de los viejos partidos reaccionarios de la burguesía, en la lucha por la dirección de la contrarrevolución mundial. También el reformismo ha dejado de desempeñar su viejo papel, aunque todavía esté mas ligado a la democracia burguesa que el stalinismo. Las relaciones de las organizaciones obreras con el Estado, por una parte, con la clase obrera por otra, se han modificado radicalmente. No teniendo en cuenta ese hecho, la dirección actual de la Internacional tartamudea pobres letanías y conduce a la bancarrota. Por el camino que sigue la Internacional se dividirá en una parte stalinizante y otra democratizante. Tras otras consideraciones, Munis termina así su discurso: "Nuestra tendencia no se dejará esterilizar, porque tiene tras de sí la mas recia experiencia revolucionaria; no se dejará destruir porque tiene una confianza completa, simple y firme como un proceso orgánico, en sus propias ideas. No se trata solo de la perspectiva inmediata, sino de toda una concepción mundial, del carácter de la época, de la naturaleza del stalinismo y del cometido del proletariado. Se trata también del derrotismo revolucionario. En la perspectiva mundial, la dirección actual se encuentra de un lado de la barricada, el lado ruso. Camaradas delegados, llevad este mensage a vuestros partidos: es necesario que la Internacional reaccione, es necesario que elimine la política de la dirección actual. De lo contrario, este será el último congreso de la IV Internacional. El momento es decisivo y las tendencias en lucha inconciliables".
La elección de nuevo Comité Ejecutivo fué enteramente protocolaria. No conociendo la verdadera situación política y orgánica de los partidos y grupos, aparte tres o cuatro, nadie estaba en condiciones de aprobar o impugnar candidatos con conocimiento de causa. La única particularidad a notar es que el S.I. se abstuvo de proponer ningún representante español, considerando que la sección española tiene "un pié dentro y otro fuera de la Internacional". El S.I. pidió inútilmente a Munis, como condición para aceptarlo en el C.E.I., que hiciese una declaración de sujeción a la disciplina. La composición y la base política del nuevo C.E.I. es tal, que aun suponiendo que a él fuese un representante de la sección española no podría ser mas que un triste prisionero. Entre los 19 miembros del C.E.I. había solamente un español, un alemán y un peruano no incondicionales, en lo esencial, de la política oficial, pero los miembros alemán y peruano no asistirían nunca o casi nunca a las sesiones del C.E.I. Esta proporción está muy lejos de reflejar la verdadera situación de la Internacional.
Las restantes sesiones del congreso se desenvolvieron de manera abúlica, incluso aburrida. Se trató la cuestión latino-americana (un grupo semiperonista y otro anti-peronista de la Argentina se declaraban igualmente de acuerdo con el S.I. y satisfechos del congreso), sobre la que no se llegó a formular ningún texto. La cuestión americana entre SWP y WP, sobre la cual el congreso satisfizo los deseos del SWP, roció con su aprobación todos los zig-zags absurdos sobre la unidad, arrojó sobre Schachtman el cenizo de pequeño-burgués, y sobre Cannon la investitura de gran proletario. Se habló, en fín, de la situación en el partido francés, que el congreso resolvió, como ya había hecho por su cuenta la inefable dirección de Frank, independientemente de la situación política del país y de las características de la crisis interior, la peor en la historia del trotskismo en Francia, reflejo de la grave crisis ideológica que atraviesa la Internacional.
El congreso terminó como había empezado, ocultándose y ocultándo a toda la base mundial la verdad de la situación, negándose a considerar cara a cara la crisis ideológica, confirmando y aprobando sin conocer, reafirmando ideas o principios cuyo sustento había cambiado radicalmente, aprobando a ojos ciegas los gravísimos oportunismos cometidos. Ese "congreso" será un punto negro en la historia del trotskismo mundial, si es que no provoca su descomposición como corriente revolucionaria. A decir verdad, cada una de las resoluciones aprobadas es un obstáculo a la actividad revolucionaria de la vanguardia.
París, mayo 1948. G. Munis