Boletín, n.º 1, Barcelona, enero de 1937 (págs. 16-17). PDF del número completo

Entre la gran riqueza de experiencias de nuestra revolución, la más original e importante se realiza con la participación en la política de los elementos tradicional e ideológicamente apolíticos.

El paso de una a otra posición no es producto de evolución ideológica alguna en la C.N.T. Hoy mismo, con varios ministros en el gobierno central y en el de Cataluña, la C.N.T. continúa afirmando su credo apolítico y su fe en esa nebulosa organización sindical de la sociedad ácrata. La F.A.I., quintaesencia del anarquismo, no colabora ministerialmente, pero su posición respecto al poder no es irreductible. Al contrario, frecuentemente ha protestado de su eliminación de aquél.

¿Qué objetivos persigue la C.N.T. con la colaboración? Antes de participar en el gobierno central, un pleno de regionales sometió a las demás organizaciones obreras y republicanas un programa de medidas sociales que debiera haber sido puesto en práctica por una junta nacional de defensa en la que participara la C. N.T. En lo fundamental, aquel programa comprendía las medidas esenciales de la revolución social. Sin rechazarlo ni negar colaboración ministerial a la C.N.T., los stalinianos y socialistas demoraron la solución con toda clase de pretextos capciosos sobre el resultado que para la marcha de las operaciones militares, tendría una reforma ministerial. El programa de gobierno propuesto por el pleno de regionales, fué olvidándose a medida que la tramitación pública del asunto fué sustituida por conversaciones privadas, hasta desaparecer por completo cuando la C.N.T. debuta en el gobierno. Era en los días amargos en que los fascistas llegaban a las puertas de Madrid. El gabinete se reorganizó, dando cabida a los representantes de la C.N.T., sin que nadie recordase el resultado que pudiera tener para la marcha de las operaciones, a pesar de que la situación era incomparablemente más grave.

Los trabajadores de la C.N.T. y la F.A.I. debieran reflexionar sobre este episodio. Mientras la C.N.T. condicionaba su colaboración, a un programa de medidas revolucionarias, "la gravedad de la situación militar" —a 50 kilómetros de Madrid el ejército fascista— impidió su acceso al poder; cuando, por una febrilidad gubernamental indisculpable, elimina toda reivindicación social, los representantes de la C.N.T. son rápidamente acogidos en el gobierno central, precisamente tres días antes de su fuga hacia Valencia.

Los marxistas somos partidarios de la política. No podemos condenar el acercamiento a ésta de la C.N.T. Vemos en él, por el contrario, una promesa que facilitará el triunfo de la revolución social. Pero nuestros principios y la experiencia del proletariado mundial, nos demuestran que sólo una intransigente política de clase puede salvar los temibles obstáculos que se alzan ante el proletariado. La colaboración con la pequeña burguesía o con aquellos elementos que representando a sectores obreros no son otra cosa que tentáculos, orgánica e ideológicamente, de la burguesía, es funesta para el proletariado y la revolución social. La pequeña burguesía no colabora nunca con el proletariado sin someterle antes a su dirección ideológica. El Frente Popular realizó esta sujeción. La participación ministerial de la C.N.T. la amplía hasta los obreros anarquistas. La cuestión no cambia porque en momentos de máxima gravedad social, los encargados de poner en práctica las ideas de la pequeña burguesía y defender sus intereses sean los representantes de las viejas organizaciones obreras. Desde 1914 se ha demostrado hasta la saciedad el papel de salvadores del capitalismo y traidores a la revolución social, desempeñado por los elementos de la II Internacional. La III, absorbida totalmente por la nueva burocracia soviética, recorre aún más decidida y rápidamente que aquélla el camino de la traición. La degeneración de estas dos internacionales no es consecuencia de las cualidades corruptoras de la política en abstracto, sino de la política de colaboración de clases. La mecánica social del capitalismo está dispuesta de manera que las capas privilegiadas de la clase obrera, detentadoras de la dirección de las II y III Internacionales, sirvan para aplastar la revolución cuando la política de los partidos de clase de la burguesía es impotente para lograrlo.

El señuelo de la unidad ha sido siempre el vehículo de la traición, de la misma manera que ahora la "unidad de los antifascistas" está sirviendo para impedir al proletariado instaurar su poder de clase.

Los stalinianos y socialistas, que están comprometidos con la burguesía mundial para traicionar a las masas, tienen el máximo interés en que la C. N.T. no rompa la unidad antifascista. Ello podría lanzarla a la revolución social. Por eso al mismo tiempo que denigran a los comités y motejan de incontrolados a los revolucionarios, lanzan plañideros llamamientos a la unidad y a la concordia; es decir, a la unidad y la concordia en la indecente labor de salvar a la burguesía.

Los camaradas de la C.N.T., la F.A.I. y las Juventudes Libertarias, comprenden lo que se está preparando. Continuamente tratan de salvar su responsabilidad con acusaciones a los políticos y declaraciones de revolucionarismo integral.... que podrían ser útiles si su colaboración ministerial no refrendara los atracos diarios a la revolución. Ultimamente la C.N.T. ha llevado su capitulación ante el reformismo, hasta desautorizar públicamente, desde la primera plana de "Solidaridad Obrera", a las Juventudes Libertarias, lo bastante sinceras para llamar traidor a Comorera.

Concretamente, ¿qué ha hecho la C.N.T. desde el gobierno? Tras renunciar al programa elaborado por el pleno, sancionó la militarización, la disolución del Comité Central de las Milicias, la supresión de la vigilancia por los trabajadores armados, la creación del ejército regular, y recientemente la disolución de las milicias de retaguardia. Al mismo tiempo se ha visto comprometida en la política de la Sociedad de las Naciones, que impide la solidaridad internacional del proletariado; complicada en la expulsión del P.O.U.M. de la Generalidad, que tenía un carácter reaccionario, y empieza a sentirse influida por el patriotismo con que las esferas oficiales pretenden ahogar el carácter revolucionario, antipatriótico, de nuestra guerra civil. Por este camino nos vamos a encontrar con una acracia llena de campos de concentración.

La experiencia de la colaboración anarquista, ratifica de la manera más brillante el concepto marxista del estado y su papel en la revolución social. Sin dejar de agrupar a las masas más revolucionarias y combativas de España, que dirigidas por un partido verdaderamente marxista habrían desencadenado ya la revolución social sobre Europa, la C.N.T. ha servido, sin embargo, de punto de apoyo a la obra contrarrevolucionaria de socialistas y stalinianos.

Enfrentada con los grandes problemas de la guerra civil, ignorando el valor del estado y con un gobierno de Frente Popular en el poder, los líderes anarquistas se desorientaron, creyeron que el gobierno haría la revolución, sintiéronse desairados en su aislamiento apolítico y solicitaron a toda prisa y a cualquier precio un puesto en la dirección del país. Si se hubieran planteado el problema del poder desde el punto de vista revolucionario, lo habrían supeditado a la realización de un programa completo de expropiación de la burguesía, los banqueros y los terratenientes; a la renovación total del aparato burocrático y a la creación de los organismos básicos del poder político proletario. Pero pese a sus magníficas intenciones, los apolíticos han caído siempre en la política oportunista. Como ignoran lo que es un poder revolucionario, ignoran también lo que es un poder pseudorevolucionario. Son incapaces de organizar aquél, pero éste los atrae fácilmente con cualquier añagaza de unidad y sacrificio, aunque se trate del sacrificio de la revolución a la unidad de los antifascistas.

De cualquier manera, esperamos que los trabajadores cenetistas no harán en balde esta experiencia política; en que las aventuras del apoliticismo y las soluciones reaccionarias que la política reformista y pequeñoburguesa está dando a los problemas de la guerra civil y la revolución, servirá para dar libre curso a una política bolchevique entre los trabajadores de la C.N.T. En este sentido trabajaremos infatigablemente hasta lograr que el espíritu revolucionario de los trabajadores influidos por el anarquismo encuadre en la política de clase que alcance el poder político del estado proletario.

A. IZQUIERDO.


ES PROBABLE QUE LA PROXIMA GUERRA, EN UNA MEDIDA INFINITAMENTE MAYOR QUE HASTA AQUI, SE COMBINE CON DIVERSAS FORMAS DE LA GUERRA CIVIL.

(TROTZKY, 1924).