Boletín, n.º 1, Barcelona, enero de 1937 (págs. 9-12). PDF del número completo
(Damos a continuacion el articulo de nuestro camarada Trotski, "Primeras Lecciones de la Revolucion Española". Escrito en los ultimos dias de Julio, y a una gran distancia de nuestro pais, vuelve a tener actualidad por lo que respecta, sobre todo, al problema del ejercito, no solamente respetado en lo que los fascistas quisieron dejar de el, sino reorganizado ahora con el espiritu y sistema de un ejercito capitalista.
A falta del original, nos vemos obligados a publicar la traduccion dada por "La Batalla". Hacemos constar que en esta traduccion ha sido sustraido un parrafo en que Trotski ataca a Marceau Pivert, jefe de la Izquierda Socialista francesa. Entonces Pivert cultivaba una estrecha amistad con el POUM; pero unas cuantas semanas mas de guerra civil y alguna llamada al orden de su colega Blum, lo convirtieron sin dificultades a la neutralidad.)
Europa ha resultado una formidable y dura escuela para el proletariado. En pais tras pais se desencadenan movimientos que exigen sacrificios de sangre a los obreros, pero que hasta ahora han terminado, siempre, con la victoria de los enemigos del proletariado (Italia, Alemania, Austria). Se comprueba como, con la politica de los viejos partidos obreros es imposible orientar al proletariado y preparar su victoria. Al escribir estas lineas la guerra civil de España no ha terminado aun. Los obreros del mundo entero esperan con ansiedad la nueva de la victoria del proletariado español. Si, como deseamos vivamente, esta victoria llega, sera preciso afirmar: esta vez los obreros han vencido, a pesar de que su direccion ha hecho todo lo que ha podido para llevarlos a la derrota. De ello se deriva mayor gloria aún para los obreros españoles.
Socialistas y comunistas, en España, forman parte del Frente Popular, que ya una vez hizo traición a los obreros, pero que, gracias a estos obreros y a los campesinos, una vez más obtuvo la victoria para crear en febrero un gobierno "republicano". Seis meses después el ejército "republicano" se lanza en armas contra el pueblo. El mismo gobierno de Frente Popular, con el dinero del pueblo, ha mantenido a la casta de los oficiales, les ha dado autoridad, poder, armas, les ha dado el mando de jóvenes obreros y campesinos, y todo ello ha servido para facilitar la preparación del intento de aplastamiento de los obreros y de los campesinos. Más aún: aun durante la lucha, el gobierno de Frente Popular hace lo que puede para hacer más difícil la victoria. Una guerra civil, como todo el mundo sabe, no se hace sólo con medios militares, sino también con armas políticas. Desde el punto de vista de preparación militar, la revolución española es más débil que la del enemigo. Su gran fuerza está en poder sostenerse sobre la fuerza de las grandes masas. Aun ahora podría quitar de las manos de los oficiales su ejército. Para ello, sólo debería emprender, con entusiasmo y seriedad, el llevar adelante el programa de la revolución socialista.
Sería preciso decir bien claramente que, de ahora en adelante, las fábricas, los talleres y la tierra pasan de manos de los capitalistas a las del pueblo. Sería precisc realizar este programa en todos los lugares que se hallen en manos de los obreros. El ejército fascista no podría resistir la influencia de un programa parecido, ni 24 horas: los soldados atarían de pies y manos a sus jefes y los entregarían a los más próximos estados mayores de las milicias obreras. Pero los ministros burgueses no pueden aceptar semejante programa. Ahora bien; al frenar la revolución social obligan a derramar diez veces más de la sangre necesaria, para terminar la guerra civil. Y, para coronamiento de todo, estos señores esperan poder desarmar a los obreros después de la victoria y exigir de ellos el respeto a las leyes sagradas de la propiedad privada. Tal es la verdadera esencia de la política del Frente Popular. Todo lo demás no son más que frases y mentiras.
En estos momentos, muchos partidarios del Frente Popular se dirigen, en tono de reproche, al gobierno de Madrid: Cómo ha ocurrido esto? Por qué motivos no se realizó a tiempo la depuración del ejército? Cómo no se tomaron las medidas necesarias? Sobre todo, se levantan muchas críticas en Francia, en donde por cierto, en nada se distingue la política de los jefes del Frente Popular de lade sus colegas españoles. A pesar de la terrible lección de España, puede asegurarse que el gobierno Blum no llevará a cabo ninguna depuración del ejército. Por qué razón? Pues porque las organizaciones obreras se hallan ligadas a los radicales, y por consiguiente, son prisioneras de la burguesía.
Es una candidez lamentarse de que los republicanos españoles o los socialistas, o bien los comunistas, nada hayan previsto, que hayan dejado llegar los hechos sin procurar evitarlos. No se trata en este caso de más o menos perspicacia de tal o cual ministro o jefe, sino de la dirección general de la política. El partido obrero que hace una alianza política con la burguesía radical, por este solo hecho renuncia a la lucha contra el militarismo capitalista. El predominio burgués, o sea, la conservación de la propiedad privada de los medios de producción es inconcebible sin que la fuerza armada sostenga a los explotadores. La casta de los oficiales es la salvaguarda del capital. Sin esta fuerza que la mentenga, la burguesía no se sostendría ni tan sólo un día. La selección de las personas, su formación, su educación, hace de los oficiales en su conjunto un enemigo irreductible del socialismo. Las excepciones aisladas no modifican esto en nada. Este hecho es lo mismo en todos los países burgueses. El peligro no está en los demagogos militares, que se muestran abiertamente partidarios del fascismo. El peligro está en que la casta de oficiales del ejército en su conjunto, juega siempre el papel de verdugo del proletariado.
Eliminar 100 ó 500 agitadores reaccionarios del ejército, en el fondo es dejarlo todo igual que antes. El cuerpo de oficiales, en el cual han echado raíces tradiciones seculares del vasallaje del pueblo, debe ser disuelto, destruído por completo. Precisa reemplazar el ejército de cuartel, en manos de los oficiales, por las milicias populares; o sea por la organización democrática de los obreros y los campesinos armados. No queda otro camino. Pero semejante ejército es incompatible con el dominio de los explotadores, grandes o pequeños. ¿Pueden los republicanos mostrarse de acuerdo con semejante medida? No, por cierto. Por consiguiente, el gobierno de Frente Popular, el gobierno de coalición de los obreros con la burguesía, significa un gobierno de capitulación ante la burocracia y los oficiales. Tal es la gran lección de los acontecimientos de España, pagada hasta ahora con millares de vidas humanas.
La alianza política de los jefes obreros con la burguesía, se disfraza con la necesidad de defensa de la República. La experiencia de España nos demuestra lo que significa esta defensa. La palabra "republicano" lo mismo que la palabra "demócrata", es de un charlatanismo consciente que sirve para cubrir las contradicciones de clase. La burguesía es republicana en tanto que la República proteja la propiedad privada. Y los obreros utilizan la República para destruir esta propiedad privada. En otros términos: la República pierde todo su valor para la burguesía en cuanto ella empieza a tomarlo para los obreros. Los radicales no pueden entrar a formar parte de un bloque con los partidos obreros, sin asegurarse antes el apoyo a los oficiales. No en vano a la cabeza del ministerio de la guerra, de Francia, se halla Daladier. La burguesía le ha confiado ya otras veces este puesto, y jamás le ha hecho traición. Creer que Daladier es capaz de depurar el ejército de fascistas y de reaccionarios, o en otros términos, dispersar el cuerpo de oficiales, es propio de gente inocente. Pero ante estos razonamientos se nos interrumpe, diciéndonos: "¿Cómo vamos a disolver nuestro cuerpo de oficiales? Esto sería tanto como destruir el ejército y dejar el país desarmado ante el fascismo. Hitler y Mussolini no desean más que esto". Todos estos argumentos nos son bien conocidos, desde hace tiempo. Del mismo modo razonaban los cadetes, los socialistas revolucionarios y los mencheviques de la Rusia de 1917. Del mismo modo razonan los jefes del Frente Popular español. Los obreros españoles han creído sólo a medias, estos razonamientos. Unicamente en la proporción que no se hayan convencido por la experiencia de que el peligro fascista más próximo se halla en el mismo ejército español. No en vano nuestro viejo amigo Carlos Liebknecht, decía: "Nuestro principal enemigo se halla en nuestro propio país".1
"Pero nosotros no debemos quedar sin ejército —repiten los jefes socialistas y comunistas—, pues debemos defender nuestra democracia y con ella la Unión Soviética contra Hitler." Después de la lección de España, no es difícil prever las consecuencias de esta política, tanto para la democracia como para la Unión Soviética. Cuando crea el momento favorable, la casta de oficiales, de acuerdo con las ligas fascistas disueltas pasará a la ofensiva contra las masas trabajadoras, y si consigue la victoria sobre ellas, aplastará los pobres restos de la democracia burguesa y tenderá después la mano a Hitler, para luchar juntos contra la U.R.S.S.
Es imposible leer sin indignación, los artículos de "Le Populaire" y de "L'Humanité", sobre los acontecimientos de España. Esta gente no aprende nada. No quiere aprender nada. Cierran inconscientemente los ojos ante los hechos. Para ellos, la principal lección que se debe sacar, es el mantenimiento, a todo precio, de la "unidad" del Frente Popular, o sea, la unidad con la burguesía, la amistad con Daladier.
Seguramente que Daladier es un gran "demócrata", pero es lo más seguro que, al lado del trabajo oficial en el ministerio Blum, lleve a cabo otro gran trabajo no oficial con el Estado Mayor, con los oficiales. Entre ellos hay gente muy seria que saben mirar, cara a cara, los hechos, y no se dejan llevar por la retórica al estilo Blum. Saben prepararse para todas las sorpresas. Es seguro que Daladier se pone de acuerdo con los jefes militares sobre las medidas necesarias a tomar para el caso de que los obreros manifestaran alguna actividad revolucionaria. No es seguro que los generales marchen muy a gusto con Daladier. Entre ellos deben decirse: "Soportemos a Daladier hasta que hallamos dominado a los obreros. Después, ya nos haremos con un jefe de más categoría". Mientras, los jefes socialistas y comunistas repiten, todos los días: "Nuestro amigo Daladier". Los obreros deben responderles: "Dime quién es tu amigo, y te diré quién eres". Quienes confían el ejército a manos del viejo agente del capital, Daladier, son indignos de la confianza de los obreros.
Es natural que el proletariado de España, lo mismo que el de Francia, no quiera quedar desarmado ante Mussolini o Hitler. Pero para bien defenderse de ellos, debe antes aplastar al enemigo en su propio país. Imposible destruir la burguesía sin antes destruir la casta de oficiales. Imposible destruir la casta de oficiales, sin destruir la burguesía. En toda contrarrevolución victoriosa, han jugado un papel decisivo los oficiales. Toda revolución victoriosa ha tenido un profundo carácter social, ha destruido el cuerpo de oficiales. De este modo obró la gran Revolución Francesa de fines del siglo XVIII. Del mismo modo obró la Revolución de Octubre de 1917. Para poder llevar a cabo una tal medida, es preciso dejar de postrarse de rodillas ante la burguesía radical. Es preciso crear la verdadera alianza de los obreros y de los campesinos contra la burguesía, incluso la burguesía radical. Es preciso tener confianza en la fuerza, en la iniciativa y en el valor del proletariado. El sabrá atraerse a los soldados. Esta será la verdadera alianza, no falseada, de los obreros, los campesinos y los soldados. Semejante alianza se está creando y forjando en el fuego de la guerra civil de España. La victoria del pueblo significará el fin del Frente Popular y el comienzo de la España Soviética. La revolución social victoriosa en España se extenderá, inevitablemente, al resto de Europa. Para los verdugos fascistas de Italia y de Alemania, será incomparablemente más terrible que los pactos diplomáticos y todas las alianzas militares.
30 de julio de 1936.
L. TROTZKY
"L'Humanité", en tonos lacrimosos, reclama que se limpie el ejército de fascistas. ¿Y qué precio tienen estas súplicas? Votar los créditos para el sostenimiento de los oficiales, pactar una alianza con Daladier y con el capital financiero, confiar este ejército a Daladier. Hacer esto y, al propio tiempo, reclamar que este ejército, completamente capitalista, sirva al "pueblo" y no al Capital, significa, o bien haber caído en la completa idiotez, o bien engañar conscientemente a las masas trabajadoras. ↩