Boletín, n.º 2, Barcelona, febrero de 1937 (págs. 8-10). PDF del número completo
Por vez primera en la historia del movimiento obrero, la guerra civil ha estallado, en España, "en medio de la mayor tranquilidad", independientemente de una guerra imperialista; el imperialismo no consiguió esta vez aplazarla apresurando el desencadenamiento de la guerra imperialista. A pesar de todo el peligro de la transformación de la guerra civil en imperialista subsiste y aumenta. Desde luego es posible que la guerra continúe en España sin perder su carácter civil, mientras la guerra imperialista estalla en otros países. En 1924 Trotzky escribía: "No cabe duda que la próxima guerra se combinará con diferentes formas de guerra civil en medida incomparablemente más amplia que hasta el presente." (Problemas de la guerra civil). En la última guerra imperialista ya vimos la guerra de independencia nacional de Serbia contra Austria y la guerra revolucionaria de los bolcheviques contra Alemania desarrollarse paralela a la guerra totalmente reaccionaria de la Entente contra los imperios centrales.
La cuestión de saber si la guerra civil española podrá seguir manteniendo su carácter progresivo, caso de una conflagración imperialista en Europa, tiene que ser planteada en términos completamente generales; muy otra es la de saber si efectivamente lo conservará: la solución del problema depende de quién asuma la dirección de la guerra en España. Si, como en el mes de julio y siguientes, el proletariado vuelve a tener la iniciativa, la cuestión está resuelta; mas para esto es necesaria una nueva insurrección victoriosa del proletariado, que le dé, sinó la totalidad cuando menos la preponderancia en el poder del Estado.
La guerra nacional fué progresiva solamente cuando estuvo ligada a la revolución democrático-burguesa; la burguesía española, desde hace mucho tiempo, es una clase enteramente reaccionaria. Actualmente la burguesía republicana no sólo no dirige la guerra sino que en la práctica sabotea y boicotea cuanto puede la guerra que el proletariado hace al fascismo. Solamente éste y el proletariado revolucionario han impedido al Frente Popular llevar a la práctica sus numerosas tentativas de hacer un armisticio, de cerrar un compromiso traidor. La burguesía española, por su parte, está dispuesta a cualquier concesión a Hitler y Mussolini, pero su eventual capitulación no se determinará en Valencia, donde en general nada se determina, sino en París y Londres. Entregada durante decenios a la dependencia directa del imperialismo franco-inglés, interesado por los recursos económicos de España y sus posiciones estratégicas, que le ha garantizado sus rapiñas coloniales y dado el dinero para montar su industria bélica "neutral", la burguesía española ha encontrado ahora su principal apoyo contra el proletariado revolucionario en la Sociedad de las Naciones.
La próxima guerra imperialista, lejos de disminuir, aumentará la presión del imperialismo internacional sobre la burguesía española. Los más importantes medios de producción y cambio estarán concentrados en manos del Estado; éste a su vez depende de la diplomacia financiera franco-inglesa que quiere impedir al capital italo-alemán controlar los más importantes recursos económicos del país y está dispuesto a interesar materialmente a la burguesía española en una guerra anti-hitleriana concediéndole empréstitos internacionales y territorios ya conquistados por el imperialismo italo-alemán, cuya restitución pacífica es una utopía. La victoria de la contrarrevolución en julio hubiera llevado también a la concentración del capital español, a la instauración de un capitalismo de estado y a una consolidación de las posiciones del capitalismo internacional; toda nueva guerra imperialista conduce a una mayor hegemonía de los grandes estados imperialistas sobre los capitalismos vasallos: la frase de "independencia nacional" tan cara a los stalinianos, es pura charlatanería.
La falta de un movimiento revolucionario en Francia y la victoria amenazante de la contrarrevolución en España, han hecho de nuevo inminente el peligro de guerra imperialista. Esta significaría la liquidación completa del carácter progresivo de la guerra actual, la unificación de los dos campos de la burguesía, —cuyas contradicciones son sólo tácticas respecto a la actitud ante el proletariado— mediante la firma de un armisticio al que seguiría la fusión del ejército, de la policía y del aparato del Estado, que ni aquí ni del otro lado está destruído.
La burguesía republicana fué puesta en movimiento contra el fascismo por la presión del proletariado; un recrudecimiento de la guerra, por las medidas a tomar (organización del ejército, municionamiento, plan de ataque) pondría a éste en contradicción con el gobierno burgués, desencadenando una nueva ofensiva proletaria en el interior en la que las experiencias de siete meses de revolución pesarían, aún en el caso de un reagrupamiento incompleto de los partidos, (reforzamiento del P.O.U.M.). Por esto el imperialismo, cuyas contradicciones no bastan para deshacer su colaboración contra la revolución española, prepara al mismo tiempo la ofensiva militar del fascismo y el estrangulamiento de la revolución, en cuya tarea se encuentra favorecido por la política contrarrevolucionaria de la II y III internacionales y por la actitud vacilante de los anarquistas, y a la que la burguesía española se dedicará con júbilo. El proletariado español no puede resistir mucho tiempo la fuerza unida de la burguesía española y del imperialismo, y menos aún faltándole un partido revolucionario de masas y por ende el poder político; no puede por lo tanto salir victoriosa la revolución española sin la revolución internacional. Este factor, inoperante por ahora, sería indudablemente acelerado caso de una intervención contrarrevolucionaria directa de Francia, Inglaterra, etc. En la próxima fase de la guerra, cuyas eventualidades sería vano querer analizar en detalle, la lucha militar contra el imperialismo y la lucha política contra la reacción interior están absolutamente subordinadas a la acción implacable contra la intoxicación del movimiento obrero y por una política independiente.
Los bolcheviques tenemos por norma decirle al proletariado la verdad en todo momento. Poniéndose al nivel de los tan vituperados "políticos", los líderes actuales de la C.N.T.-F.A.I., en nombre de la cordialidad antifascista olvidan combatir sistemáticamente a los representantes de las dos internacionales contrarrevolucionarias, que por el momento dirigen la política de la España republicana y cuyo objeto, en España como en los demás países, es apoyar a la burguesía en el mantenimiento de una paz contrarrevolucionaria. La Internacional Comunista, especialmente, nacida al calor de la transformación de una guerra imperialista en guerra civil, cifra hoy todos sus esfuerzos en convertir la revolución proletaria en guerra imperialista.
Este y no otro es el significado de la campaña contra la C.N.T. y el P.O.U.M., sin que esto signifique por otra parte que ambos partidos puedan verdaderamente garantizarnos contra la guerra imperialista. La posicion fluctuante de la primera esta explicada por la tradicional incomprension de los anarquistas respecto a la revolucion proletaria, el imperialismo, la guerra imperialista y la guerra civil, cuyo significado de clase no han asimilado. El imperialismo de la Sociedad de las Naciones nutre esperanzas de que el ala derecha de la C.N.T. llegue formar parte de su alianza guerrera; por esto empuja por medio de sus agentes reformistas la fusion sindical de la C.N.T con la U.G.T —completamente dispuesta ya a "combatir por la libertad y la democracia"— que reforzaria considerablemente esta ala derecha. Esta falta tan lamentable para el proletariado, de principios politicos por parte de la C.N.T., ha llevado a esta a envanecerse de haber encontrado, antes que nadie la consigna de "guerra de independencia nacional", a ver el acontecimiento mas importante desde el comienzo de la guerra civil en la visita del almirante ingles, acontecimiento importante si acaso desde el punto de vista reaccionario, y a caer de lleno en un neo-nacionalismo, cuya efectividad subsiste a pesar de todos los mentís.
Pero muy otra es la opinion que nos merece el P.O.U.M., cuyos dirigentes se reclaman de Marx y de Lenin, y que, aceptando en la guerra civil el rol de un ala izquierda del Frente Popular, ha aceptado en silencio la militarizacion, ha cerrado la union sagrada antifascista, ha visto en el mando unico una medida progresiva y no ha protestado una sola vez contra el derrotismo contrarrevolucionario de la Burguesia sin conocer antes la posicion asumida por la C.N.T. Internacionalmente el P.O.U.M. colabora con partidos y fracciones socialpatriotas: a traves de su hombre de confianza en Francia, Marceau Pivert, que los camaradas franceses y españoles no han logrado hacer dimitir de sus cargos administrativos en el gobierno Blum, depende del Frente Popular frances. El peligro de una capitulacion del P.O.U.M. ante la guerra imperialista se presenta ahora al lado del peligro, que no ha disminuido un apice, de capitulacion delante de la burguesia.
Una actitud leninista frente al peligro de guerra supone en primer lugar una linea consecuente de lucha contra la propia burguesia. La direccion del P.O.U.M., que hace un año cerro la alianza contrarevolucionaria del Frente Popular y que colaboró en la Generalidad hasta que se le expulso de ella, no tuvo nunca respecto al Gobierno central ni al Gobierno de Companys una posicion leninista: por lo que a la politica internacional se refiere evidencia su completa incomprension de la situacion real reprochando al Gobierno de Valencia el "continuar teniendo confianza en la Sociedad de Naciones". "El mantenimiento del equilibrio de las potencias en el Mediterraneo occidental", por medio de una guerra imperialista, es una finalidad que el Gobierno central admite abiertamente. (Discurso de Azaña) Es por lo tanto natural que semejante gobierno no solamente tenga confianza en la Sociedad de Naciones sino que se apoye sobre ella, que intente por todos los medios liquidar la guerra civil, cuya transformacion en guerra revolucionaria, perfectamente ineluctable de seguir los acontecimientos el curso revolucionario, supone la rotura violenta del "equilibrio de las potencias en el Mediterraneo occidental" en beneficio de los futuros Estados Unidos Socialistas de Europa. Si el Gobierno prefiere la paz a la guerra, cosa de la que nadie duda, prefiere en toda caso una paz dictada en Londres o Ginebra por una comision de "peritos" imperialistas personificacion de las contradicciones del regimen capitalista y no por los comites de soldados expresion de las masas laboriosas. Una paz de este genero, por otra parte dificilmente realizable, no seria sino el germen de futuras guerras y el ingreso en la comision de control de nuestras costas por parte de la Union Sovietica, lejos de cambiar su caracter contrarevolucionario lo refuerza. La lucha contra la guerra imperialista tiene por lo tanto que ser acompañada de la lucha contra la politica reformista y reaccionaria de la U.R.S.S., que el P.O.U.M. olvida, limitandose a defenderse pasivamente de los ataques cada dia mas violentos de los stalinianos.
En el momento en que una probable declaracion de guerra entre Francia y Alemania, acentuando aun mas la oleada chauvinista que se ha apoderado del movimiento obrero español, amenaze llevar a la derrota completa la revolucion española, sera necesario un verdadero partido bolchevique, dispuesto a afrontar los mayores sacrificios y peligros antes que capitular ante la oleada patriotera: en este instante el P.O.U.M., cuyos partidos aliados, (I.L.P. - S.A.P.), capitulan ya, en tiempo de paz ante la oleada chauvinista, demostrara nuevamente que no es capaz de hacer una politica de vanguardia, sino solo de seguir la corriente. El centrismo de su direccion, consistente precisamente en no conducir a las masas sino en dejarse llevar por ellas imprimira a todo el partido un caracter claramente no-bolchevique. La tarea de los verdaderos revolucionarios en el P.O.U.M., es darse una nueva direccion bolchevique, mientras tengan oportunidad de hacerlo.
PROLES