Comunismo, n.º 6, septiembre de 1945 (págs. 23-28). PDF del número completo
Uno de los rasgos caracteristicos del Partido Socialista Obrero Español lo constituye la existencia en su seno de diversas tendencias antagonicas que, aunque parezca paradojico, son perfectamente compatibles dada la carencia de una solida y bien definida base programàtica. Maestros en la rutina y en la maniobra mas o menos hàbil, los dirigentes reformistas se sienten orgullosos de ello y se vanaglorian de una tal virtud, oponiendola, cual expresion la mas acabada del espiritu democràtico, frente al monolitismo dogmàtico del partido comunista. Como si las faltas ajenas pudieran justificar las propias. Como si la democracia interna, elemental en toda organizacion obrera, fuera un concepto tan elàstico que permite la convivencia de posiciones politicas situadas a ambos lados de la barricada.
Dentro de un partido, como de una organizacion sindical, no solo es permitido sino que ademàs es saludable, el respeto a las diferentes opiniones que puedan surgir. Pero siempre y cuando que, naturalmente, no representen una negacion de los principios ideológicos que el tal partido o la tal organizacion sindical dicen sustentar. Esta norma elemental de organizacion no excluye la obligacion de someterse a los acuerdos de la mayoria si bien permite, dentro del marco interno, la defensa de puntos de vista distintos del compartido incluso por la propia mayoria.
El hecho paradojico, que se da en el P.S.O.E., consiste en que las diferencias politicas han sido expresadas en forma de lucha abierta -y violenta- en el àrea general, es decir: afuera del partido. Lo que implica, lisa y llanamente, que el partido como tal partido no tenia una posicion bien delimitada y, en ocasiones, hasta sin delimitar: No tenia posicion. Por eso cada tendencia optaba por la actitud que le era propia.
Tal ocurrio, por ejemplo, en el año 1934. Mientras los bonzos reformistas eran opuestos e incluso condenaron la gloriosa insurreccion de Octubre, el ala izquierda del P.S.O.E. y una parte considerable de la corriente del centro, es decir la mayor parte de la composicion obrera del partido, se batieron heroicamente por la defensa de los intereses del proletariado. Los Besteiro, Trifon, Saborit, etc. llegaron a editar un semanario -"Democracia"- que aparecia legalmente tolerado por el gobierno "radical-cedista", en el que trataban de apuntarse un triunfo. El fracaso de la insurreccion obrera representaba para ellos la justeza de sus puntos de vista. Nada de violencias estériles. La unica via justa eran los métodos legales, evolutivos, el cretinismo parlamentario en suma. El hecho de que esta politica evolutiva hubiera consagrado su fracaso en Alemania, en 1933, no les sirviò para nada. Hoy vuelven a las andadas; mejor dicho, a pesar de las duras lecciones que la historia de los ultimos doce años ha podido ofrecerles, estos señores nada han aprendido. Siguen el mismo rumbo.
El mismo fenomeno de dos politicas del mismo partido, o, por mejor decir, de la politica de dos tendencias del mismo partido (la politica del partido socialista no sabemos aun por quien estaba representada) se manifestò una vez mas durante la guerra civil. Si bien todos estaban de acuerdo en los primeros meses del movimiento en lo que afecta a la canalizacion por la via legal de los "excesos de las masas", es decir, a la liquidacion de las conquistas revolucionarias mediante la reconstitucion de la decrépita republica burguesa, no lo estaban, sin embargo, en cuanto al ritmo. Caballero no era tan expeditivo como fuera de desear. Sus titubeos con respecto al POUM no se correspondia con las exigencias de la politica staliniana y de los gobiernos democràticos-burgueses. De ahi que este conglomerado hallara unos fàciles aliados en los anti-caballeristas del P.S.O.E. en su lucha contra aquél. El entonces instrumento de Prieto, el siniestro y miserable Negrin se consagrò como eso: como un instrumento. Que mas tarde, en manos del stalinismo, se volviò contra el propio Prieto. En esta ocasion tampoco se supo por quien estuvo representada -al menos formalmente- la politica del partido.
A juzgar por la prensa y las publicaciones socialistas, dentro del bajo nivel teorico que tambien les es caracteristico, la diversidad de tendencias, las posiciones antagonicas en problemas fundamentales perduran aun. Asi vemos como Luis Araquistain en su folleto: "Mis tratos con los comunistas", condena la posicion adoptada por el partido socialista con respecto al problema agrario. Mientras el partido se ha pronunciado por la vuelta a la Constitucion de 1931, aquél se muestra mas radical: "Cuando al dia siguiente de las elecciones de 1936 -dice Araquistain- los campesinos ocuparon algunas tierras de la España latifundista, adelantandose a la ley y escarmentados de la inaccion republicana del primer bienio, no es porque se lo aconsejase nadie, ni necesitaron que nadie les aconsejase: Obraron por su cuenta exclusiva. Làstima -concluye- que en la primavera de 1931 no hubieran hecho lo mismo pues de ese modo hubieran destruido para siempre una de las fuerzas que mas contribuyeron al levantamiento de 1936: el poderio economico de la nobleza territorial y monàrquica.
He aqui un pàrrafo que salvo una ligera modificacion podemos suscribir totalmente. La ligera modificacion es eso de la inaccion republicana que, para ser exacto hay que llamarla inaccion republicano-socialista. Inaccion que se refiere, ciertamente, a la observada en pro de las reivindicaciones de las masas laboriosas que no a la represion contra los propios campesinos cuando ocupaban algunas tierras o trataban de ocuparlas. Castilblanco, Casas Viejas, Villa de don Fadrique, etc. tienen una tal fuerza de evocacion que su solo recuerdo basta para anular las brillantes metamorfosis de los brillantes teoricos.
No nos hacemos la menor ilusion sobre una asimilacion de la experiencia pasada y una rectificacion de errores por parte de los lideres del P.S.O.E. El lastre reformista y su ya tradicional animadversion hacia el bolchevismo les impedirà avanzar un solo paso hacia la via de la revolucion proletaria.
En el mismo folleto se vierten conceptos en los que no sabemos si la brillantez del escritor trata de ocultar su ignorancia o bien si es la ignorancia lo que empaña su brillantez. Al hablarnos de la revolucion permanente, "sueños e ilusiones" cuando no "mesianismo" de Trotsky, don Luis Araquistain nos descubre que es la explosion revolucionaria "de un golpe en todo el mundo". Jamàs Trotsky ha dicho semejante tonteria, aparte de que fué Marx y no él quien primero planteò el problema de la lucha contra el capitalismo dàndole el caracter internacionalista de la revolucion proletaria.
El caracter permanente de la revolucion -en este aspecto del internacionalismo- no es mas ni menos que la resultante de la perspectiva trazada para la lucha del proletariado. Teniendo como objetivo la destruccion del sistema capitalista en su conjunto, para llegar a la sociedad sin clases, ello implica que si en un pais aislado la clase obrera toma el poder no por eso ha cumplido su objetivo. La lucha conjunta con el resto del proletariado internacional no ha sufrido por ello mas modificacion que el cambio operado en la correlacion de fuerzas a causa de las posiciones conquistadas, pero sin que ello implique que la clase obrera del pais en que ha tomado el poder se desentiende de la lucha del proletariado de los otros paises. Exactamente igual que este no se desentiende de la lucha que aquella ha de llevar a cabo contra el conjunto del capitalismo. Con el poder o sin el poder, la clase obrera internacional tiene un objetivo comun al cual ha de subordinar la tàctica que puede resultar de las condiciones particulares de cada pais, pero sin que esto signifique una autonomia nacional -cual ocurre en los partidos socialistas. El internacionalismo no es un producto sentimental y si la necesidad historica de la lucha del proletariado. El partido mundial de la clase obrera, integrado por sus respectivas secciones, no es una amalgama de partidos nacionales, independientes unos de otros cual ocurre en la II Internacional y el ex-Burò de Londres, ni tampoco la suma de partidos nacionales que no tienen mas mision que la de servir de apendice al Comisariado de Asuntos Exteriores de la URSS cual son hoy los partidos comunistas. Subordinar los partidos (secciones) de la Internacional Comunista a la defensa "nacional" de la URSS tal y como la concibe la burocracia staliniana es la coronacion de la teoria del "socialismo en un solo Pais" -punto de partida de la lucha contra el trotskismo llevada a cabo por el stalinismo contra el bolchevismo que no otra cosa es la revolucion permanente.
Lo que el Sr. Araquistain plantea como una cuestion personal entre Stalin y Trotsky, nada tiene que ver con el trotskismo. Aunque sea un titulo muy honroso -el de trotskista- para el autor del follero "Mis tratos con los Comunistas". Pero el ser trotskista no es un titulo que los stalinianos puedan otorgarle. Los titulos que ellos conceden, sean cualesquiera, no tienen valor alguno, como Ud. mismo reconoce a proposito del "Lenin español". Ser trotskista comporta la lucha por un programa y la pertenencia a una organizacion que nada tiene que ver con la Internacional reformista.
Limitarse a elegir entre Stalin y Trotsky, por uno de ellos a causa de sus cualidades personales, es decir despojandolos de la expresion que en el orden politico representan ambas figuras, desligandolas del significado historico que tienen el bolchevismo y la degeneracion staliniana, es reducir la cuestion a un punto de vista tan limitado que ya ni siquiera los teoricos de la burguesia -incluso los mas reaccionarios- se permiten sostener. El proceso de la lucha del proletariado, las posiciones mantenidas por Trotsky contra la burocracia soviética, pueden ser ignorados -lo son- por don Luis Araquistain. Sin embargo, las dos concepciones -trotskista y staliniana- se han enfrentado a través de los acontecimientos de todo el mundo en los ultimos veinte años. Resulta poco airoso para un escritor como don Luis Araquistain ignorar esto. Cualquier obrero español de mediana madurez politica no ignora, sin embargo, que durante la guerra civil española, y aun antes, la lucha contra el trotskismo llevada a cabo por el stalinismo no era ni mas ni menos que la lucha de este contra la revolucion proletaria. Es sobre una otra base ideologica sobre la que ha de pronunciarse un politico, por muy escritor que sea, y no sobre las cualidades literarias de éste o aquel.
Pero en su mismo folleto, el Sr. Araquistain nos descubre su menosprecio por las cuestiones politicas, incluso por las que afectan de modo mas directo a la lucha de la clase obrera en España. Aqui la ignorancia -o la mala fé producto de una cerrazòn mental- le llevan a falsear los hechos, como si esa "habilidad" que tanto utiliza el stalinismo con esa cinica desverguenza que le es habitual, hubiera sido adoptada por el propio don Luis, victima del contagio.
Hablando de la radicalizacion de las masas nos lleva a "las alianzas obreras de 1934", obra, segun él, de los comunistas. He aqui una muestra de la ligereza empleada para abordar un tema de la importancia que para el proletariado español tiene la experiencia de sus propias luchas. No, señor Araquistain, no es asi. La Alianza Obrera no fué obra del partido comunista. La Alianza Obrera que fué primero constituida en Cataluña por el BOC, la Izquierda Comunista, los Sindicatos de Oposicion de la CNT (Treintistas) y los de la Union de Rabassaires (sin derecho a voto esta ultima) hallò un eco inmediato en otras regiones y, desde el punto de vista orgànico, en el Partido Socialista y la UGT. En Asturias formaban parte de ella no solo el BOC y la Izquierda Comunista, fracciones minusculas desde el punto de vista numerico, sino ademàs de la UGT y el P.S. estaba incorporada la Regional de la CNT de Asturias-Leon. Dos o tres meses antes de la insurreccion el P. Comunista editò un folleto en el que soltaba toda su baba contra la "Santa Alianza de la Contrarevolucion y del fascismo", como denominaba a la Alianza Obrera. Fué en Septiembre, en un Pleno del Comité Central ampliado celebrado en Madrid, cuando el stalinismo -bajo la presion de la base y la orden de Moscu- decidiò integrarse a esta organizacion de frente unico aportando, para salvar su decoro de dirigente, vanguardia, etc. la genial idea de bautizar la Alianza Obrera de Alianza Obrera y Campesina.
En realidad, Don Luis Araquistain no puede disimular su odio contra el comunismo. Tomar como pretexto, como "leit-motif" la lucha contra el gangsterismo staliniano para encubrir la lucha contra el comunismo tampoco es nada nuevo. Y en esto, como les ocurre a todos los reaccionarios, sus diatribas contra el stalinismo no resisten el menor analisis critico. Enseguida se pone de manifiesto que de lo que se trata no es de otra cosa que de mantener la tradicional politica de colaboracion de clases. Hoy vemos como se especula con el fracaso de la III Internacional "previsto por don Luis Araquistain en el momento de su constitucion". Lo que no nos dice es si el fracaso estrepitoso de "su" Segunda Internacional le ha pasado inadvertido. Cosa que resulta un tanto dificil de admitir por cuanto la Socialdemocracia alemana, la mas fuerte seccion de la Internacional capitulò sin combate ante el hitlerismo en 1933. Araquistain era entonces embajador de España en Berlin y pudo presenciar el hecho, ante sus propias barbas.
"Mis tratos con los Comunistas", aunque expresa algunos puntos de discrepancia fundamental con los mantenidos por otros miembros del partido socialista e incluso contra lo que parece ser el partido mismo, coincide no obstante en el tono y en el fondo en cuanto de arremeter contra el comunismo se trata.
Hemos sido nosotros, los trotskistas, los mas combatidos y perseguidos por la peste staliniana. Las campañas de difamacion, las miserables calumnias a toda plana que tantas toneladas de papel impreso costaron, los asesinatos en fin cometidos por las bandas de gangsters y de la G.P.U. constituyen un capitulo de la guerra civil española que nadie conoce mejor que nosotros por haber sido contra nosotros dirijido. El fondo de la cuestion, el motivo determinante en el orden politico -que es lo que mas interés puede ofrecer a la clase obrera- es la cuestion sobre la que no cabe evadirse. Si esta misma violencia y campañas de prensa se hubieran dirigido contra la burguesia, nosotros no lo hubieramos criticado sino que lo habriamos apoyado. Lo mas criminal del caso es que fueron dirigidos contra la vanguardia revolucionaria, amparados por una situacion que les era propicia dada las complacencias anteriores de quienes tuvieron la fuerza de haber barrido para siempre el stalinismo si se hubiesen adentrado por la via de la revolucion. Pero ellos, incluso el ala izquierda del P.S.O.E., no se habia trazado como objetivo la lucha por la victoria de la clase obrera. La responsabilidad en la medida en que propiciaron una situacion en la que después fueron victimas, deberia cuando menos incitarles a revisar su politica. La responsabilidad que se deriva de la derrota del proletariado español alcanza a todos dentro de las diferencias de proporcion. Pero ninguna organizacion està exenta de ella. Y el P.S.O.E. mucho menos.
Otro folleto del P.S.O.E. -"Sentido y significacion de España"- sirve para exhibir la condicion exuberante de don Fernando de los Rios. Con una meticulosidad de laboratorio nos descubre el autor las opiniones que diferentes pensadores emitieron sobre España: Filmer, Nietzsche, Bergson, Keyserling, Chesterton, etc. Pero cabia esperar que siquiera para cubrir las apariencias, en este coleccionar de opiniones hubiera figurado "tambien" Marx, cual corresponde a un socialista (?). Hay silencios elocuentes y este es bien elocuente. Tan elocuente como la interpretacion idealista que de la historia nos hace este pseudo-materialista de quien alguien dijo acertadamente que tocaba el violon. No vale la pena de detenerse en refutar las consideraciones psicologicas que para don Fernando de los Rios por lo visto caen del cielo. Ni una sola referencia, ni una sola alusion a las diferentes estructuras porque ha atravesado la economia en España. Ni las causas que han podido determinar su decadencia.
Sin embargo no queremos dejar pasar en silencio (para muestra basta un boton) el nivel cientifico (?) en que desarrolla su tema historico. Copiamos: "España, fundidora de sangre, España en proceso de integracion hasta el siglo XV y en proceso de desintegracion desde fines del siglo XV. España viviendo su drama. España tiene una apetencia, una sed que se inicia en ella desde que nace a la vida y que nunca ha sido satisfecha, porque esa sed que tiene España es sed de lo absoluto. De ahí ese proverbio de Andalucia: "Pa poco pan ninguno" o lo que dicen los catalanes: "Tot o res".
Dejando de lado el chiste fàcil que sugiere esta imagen de matrona histérica vamos a permitirnos decir al Sr. de los Rios que si se empeña en substituir la dialectica materialista por el refranero castellano, puede caer en el ridiculo mas espantoso. Hay refranes para todos los gustos. A eso que Ud. llama absolutismo -y que hoy prodria llamarse emancipacion TOTAL de la clase obrera- se le puede oponer otro refràn tan castellano como el que Ud. esgrime y que viene como anillo al dedo. Es un refràn...reformista, socialdemocrata, con ese contenido de practicismo que se parece mucho al conformismo y a la resignacion cristiana: "Mas vale pàjaro en mano que ciento volando."
Claro es que a pesar de la fuerza demostrativa del refràn, el pàjaro en mano volò tambien. Como volaron los otros pajaros de cuenta, todos ellos espantados por la barbarie de la reaccion española que, en efecto, ha impuesto su sistema totalitario. Aqui el "tot o res" es aplicable.
Lo que ya no es aplicable es la perspectiva politica que el autor del folleto nos señala como panacea salvadora. Moveria a risa si, como puede ocurrir muy bien, no halla el menor eco en las propias filas del P.S.O.E. Con suficiencia impudica don Fernando nos cuenta sus anhelos durante el periodo en que fué ministro de Educacion. Y nos lo cuenta con un deje de nostalgia que induce a creer que son sus anhelos de hoy. "Esta es la España que yo sueño; la España del Siglo XIII".
No hay que dormir, don Fernando. Si se quiere sacar a España del marasmo, de la decadencia, ya endémicas, no es soñando ni mirando hacia atràs, añorando el ayer como puede encontrarse el camino a emprender. Si Ud. padece de torticolis lo mejor que puede hacer es retirarse prudentemente como ya lo hizo durante la guerra civil. Hay que mirar la realidad cara a cara, para vencer los obstàculos y suprimir las causas economicas y politicas que determinan esta misma decadencia.
Naturalmente por esta via no marcharà el señor don Fernando de los Rios. El mismo lo confiesa en la conclusion de su folleto. "Veis como no es absolutamente indispensable -dice- buscar en los rincones de nuestra alma lo mejor que tengamos en nuestro espiritu para que al volver a España no volvamos con iras y con odios sino con un infinito amor."
La ocupacion de las tierras, la supresion del poderio economico de la nobleza territorial y monarquica, que señala Araquistain, y la supresion no menos necesaria de la banca y de la gran burguesia, que decimos nosotros, representa un acto de violencia. Las clases poseedoras no sufriran amorosamente la mas leve merma de su patrimonio. La experiencia de 1936, mas provechosa que la del siglo XIII, lo dice bien a las claras. No le creemos al Sr. de los Rios tan càndido para ignorar esto. Por eso no nos queda otro remedio que interpretar el "amor infinito" que nos recomienda para el retorno, como una invocacion patética a la sumision dulce y resignada. Es decir: la aceptacion del orden establecido -establecido por Franco, aunque relevando a este por otro personaje y la miseria soportada con amor.
La dinàmica del proceso historico resuelve las contradicciones -o las continua- solamente mediante el empleo de la violencia, mas encarnizada aun en los periodos de crisis que es cuando estas contradicciones se agudizan hasta llegar al estallido. El fascismo no es otra cosa, en sus fundamentos, que la necesidad historica de la burguesia para sobrevivirse en una situacion critica en la que dado el grado de su propia descomposicion, se vé amenazada por el proletariado que es la unica clase que puede hallar una solucion a los problemas que agobian a la humanidad.
La crisis actual del sistema capitalista no admite mas soluciones "pacificas". La estabilidad que permitiò tantas ilusiones a los reformistas durante el periodo en que el capitalismo jugò un papel progresivo en la Historia ha caducado ya. La guerra imperialista de 1914-18 y la de 1939-45 constituyen la prueba categorica del caracter de esta crisis del sistema que ya ni los mas obtusos osan clasificar en la categoria de crisis "ciclica". La burguesia no podrà mantener su dominacion mas que empleando la violencia para contener las aspiraciones de la clase obrera, para hacer caer sobre ella todo el peso de la crisis. La burguesia se verà obligada a recurrir de nuevo a los barbaros métodos de represion que para ella constituyen una necesidad historica. Si la clase obrera en España quiere evitar en un plazo mas o menos proximo una nueva edicion del fascismo, habrà de aprovechar las condiciones ventajosas que la caida de Franco le depararà para aprestarse al combate definitivo.
El "Tot o res" que invoca don Fernando resume, por una ironia del Destino, el dilema a que el proletariado habrà de hacer frente. Y para conquistar el todo, lo primero que se impone es mostrar la verdadera faz de estos apostoles del amor infinito que, en su impotencia para la lucha, tratan de hallar una consolacion resignada. En el "nada", en la nada es el rincon a que seran empujados por los acontencimientos del futuro estos trastos inservibles.