Comunismo, n.º 24, mayo de 1933 (págs. 235-240). PDF del número completo
La situación política y la vida de la Oposición de Izquierda
Moscú. El hecho más importante aquí es la detención de los antiguos oposicionistas de izquierda; esta vez no sólo se trata de militantes de fila, sino de jefes. Conocéis ya, probablemente, las detenciones de I. N. Smirnov, Preobajensky, Utrintzev, Ter-Naganyan, Lifshitz, Gruenstein, Urachkovsky, Perevercev y muchos otros. En Leningrado ha sido detenida Olga Ravich; en Jarkov, Karetny, la mujer del comisario del pueblo de Agricultura de Ucrania—que, según se dice, no tiene ninguna relación con la Oposición. Urachkovsky y Pereverzev han sido detenidos en Extremo Oriente y conducidos a Moscú. En el Departamento del Comercio Exterior se han llevado a cabo numerosas detenciones (entre otras, la de Lifschitz). Todo el mundo habla de un ciento de arrestos de gentes que en uno u otro momento pertenecieron a los cuadros de la Oposición. Los más importantes han sido llevados a cabo en Moscú, Leningrado y Jarkov.
Como sabéis muy bien, la represión en el Partido se ha desencadenado con furia estos últimos meses y no ha cesado un momento de agravarse. Sin embargo, las detenciones de Smirnov, de Preobajensky y de los otros han causado una impresión prodigiosa—no solamente por tratarse de viejos miembros del Partido que gozan de gran prestigio, sino, sobre todo, porque son antiguos oposicionistas que quisieron antes reconciliarse con la burocracia staliniana. La relación política entre estas detenciones y el destierro de Zinoviev y Kamenev es evidente. Muchos viejos revolucionarios, políticos experimentados, realizaron grandes esfuerzos para hallar un lenguaje común con el aparato. La experiencia duró aproximadamente cuatro años, terminando, al fin, con la ruptura. En su tiempo se explicó en todas las células del Partido que «todos los viejos bolcheviques habían roto con la Oposición de Izquierda», y que este hecho, por sí solo, significaba el fin de la Oposición. No hay duda que esta declaración hizo una gran impresión en la masa del Partido. Ahora, la detención de los antiguos oposicionistas de izquierda ha creado una impresión mucho mayor. Pero esta vez la impresión es, exactamente, en sentido contrario. Muchos dicen: «Esto prueba que la Oposición ha demostrado la justeza de sus concepciones, puesto que todos aquellos que habían roto con ella vuelven de nuevo a su seno.» De boca en boca circula ahora la declaración que, al parecer, ha hecho Zinoviev antes de partir para la deportación: «La falta más grave que cometimos fué abandonar la Oposición en 1927.» Se dice que Kamenev ha hecho suya también esta declaración. No tengo ninguna posibilidad de comprobar la autenticidad de esta declaración; pero este rumor, por sí mismo, es muy característico de los círculos a que estaban unidos Zinoviev y Kamenev.
La simpatía por la Oposición de Izquierda se ha desarrollado ampliamente, aun en los medios del aparato, sobre todo entre los viejos miembros del Partido, que conocen y recuerdan el pasado: «La Izquierda tiene un programa, verdaderos hombres y jefes.» Esto se oye con frecuencia, aun allí donde menos se podía esperar. Sin embargo, entre los funcionarios del aparato que han surgido en el último período, existe un miedo enorme a la Oposición de Izquierda: «Si la Oposición de Izquierda llega al Poder, se vengará duramente de aquellos que antes fueron instrumento de la represión staliniana.» No hay necesidad de decir que la dirección alimenta estas ansiedades y temores.
En el curso de los últimos meses se han llevado a cabo detenciones en gran escala en las fábricas. En la factoría Amo, donde se distribuyeron manifiestos oposicionistas, fueron detenidos más de cien obreros. También han sido detenidos gran número en Sharkopodshipnik. Asimismo ha habido detenciones (30 ó 40 obreros) en la factoría Calibre y en la empresa Báltico, en Leningrado. Una circular editada localmente fué distribuída en una fábrica en Jarkov. Hechos análogos se pueden observar en muchos lugares. Yo sólo os relato aquello de que estoy bien enterado.
Ya os informé que, durante los días del aniversario de Octubre, en un taller de fabricación de frenos, fué dibujado un retrato de Stalin de tal suerte que al día siguiente se transformó en retrato de Trotsky. ¡Esto hizo mucho ruido! Hubo muchas detenciones, pero los delincuentes no fueron encontrados. De tiempo en tiempo surgen equívocos del género siguiente: En la fábrica Trabajo Proletario, el 22 de enero, el artículo de fondo del periódico mural, consagrado al aniversario de Lenin, había sido enteramente confeccionado con extractos de los artículos de Trotsky sobre Lenin. ¡Vaya zipizape que se armó! Fueron excluídos del Partido todos los que habían intervenido en la confección del periódico.
Los obreros en las fábricas están inquietos, descontentos, irritados. Las autoridades aprovechan el sistema de pasaportes sobre todo para embarcar y alejar de Moscú a todos los indeseables, aun a los elementos menos sospechosos políticamente. Entre otros, a todos los oposicionistas que capitularon en distintas épocas. La intención está clara. Al llegar la primavera se esperan períodos de perturbación en las fábricas y se procura liquidar preventivamente a todos aquellos que se sospecha dispuestos (por poco que sea) a servir a los jefes en estas agitaciones. Esta medida, como muchas otras, sirve de medio de protección para el aparato en detrimento del Partido, pues es evidente que los oposicionistas, en quienes los obreros tienen confianza, procurarían canalizar el movimiento en la vía soviética.
En las fábricas surgen grupos mezclados de oposicionistas que funcionan por sus propios medios y con sus propias fuerzas. Con las detenciones se descubre literatura trotskista, sobre todo manifiestos hechos en la casa, tesis, extractos, etc. Algunos camaradas han extraído de Mi vida gran cantidad de material de propaganda. Por este motivo han sido detenidos tres oposicionistas. En muchos casos los obreros adoptan, por intuición, los puntos de vista de la Oposición. Los obreros llegan a nuestras consignas por diversos modos. Actualmente las cuestiones que con más intensidad se plantean son las de la supresión del despotismo burocrático y de las condiciones insoportables en las fábricas y en el Partido. Recientemente, el aparato del Partido ha publicado una circular secreta que da instrucciones para redoblar la vigilancia sobre los multicopistas y máquinas de escribir en las oficinas. Evidentemente la Oposición utiliza estas máquinas para publicar sus documentos.
En enero, en una sesión del Partido en Moscú, Kaganovitch dijo: «En la región de Instriusk (cerca de Moscú) todas las células están en manos de los trotskistas, y ¿qué ocurre? El aparato comienza a entrar en discusión con ellos en lugar de tratarlos como se les debe tratar.» El mismo Kaganovitch informa: «En Khichkov una obrera de Leningrado toma la palabra en su célula para decir que ella no creía que Zinoviev fuera contrarrevolucionario. Fué, por tanto, excluída inmediatamente.» Sin cesar se llevan a cabo detenciones entre los obreros, sobre todo entre los Jóvenes Comunistas. La mayor parte de estas detenciones pasan desapercibidas. Las detenciones en masa no llegan a conocimiento de los medios del Partido más que cuando se trata de personalidades más o menos conocidas. He aquí, por ejemplo, un hecho corriente que ha motivado la detención del grupo de Nemchenko, un funcionario sindical: primero se detiene a un grupo de jóvenes comunistas, entre ellos el hijo de Nemchenko. Fueron acusados bajo la inculpación de actos terroristas (!) y se les sometió a un careo muy severo para saber cómo ellos, los jóvenes, habían llegado a tener semejantes ideas. Según se dice, el hijo de Nemchenko ha respondido: «En mi casa siempre se está hablando que el Jefe arruina el país.» De esta manera se detuvo a Nemchenko y sus amigos.
En efecto, es posible que en ciertos medios de la juventud, privada de dirección y de la posibilidad de análisis y de crítica, se hable de actos terroristas. Pero, según todas las probabilidades, en el caso citado se trata de una provocación con la intención de intimidar y someter a los parientes liberales. La lucha contra los elementos que en el aparato se inclinan hacia la Oposición se lleva a cabo no sólo por la detención, sino también por la calumnia. Aquellos que critican son cubiertos de fango. Se les acusa de abuso de confianza, de malversación, de nepotismo, etc., etc. Esto facilita su liquidación. He aquí un método que se aplica ampliamente. En toda clase de conferencias de responsables, particularmente las que se refieren a la colectivización, a las condiciones de vida de los obreros y otras cuestiones apasionantes, el presidente propone que la discusión se lleve a cabo en un espíritu de lealtad, de franqueza, para permitir a los jefes esclarecer todos los lados de la cuestión. Al mismo tiempo, a cada exposición crítica, sobre todo si entraña una reflexión muy seria, se abre una encuesta, se vigila, se descubren con cuidado todas las ligazones, y no es raro que esto termine con la detención de grupos en masa.
Se dice que Smilga fué víctima de su discurso crítico en una conferencia donde se discutían las cuestiones más delicadas de la economía rural. No hay duda que Smilga, en todo estado de causa, no representa ningún grupo oposicionista, ni semioposicionista. Pero, sin embargo, ha pagado su tentativa de exponer su punto de vista sobre la política campesina de Stalin en un círculo muy íntimo de autoridades superiores.
De fuentes bien informadas, he aquí lo que se dice sobre la manera cómo ha sido liquidado el grupo de Eismont, Tolmacher y otros. Para buscar partidarios, Eismont comunicó su punto de vista a uno de sus más íntimos amigos, Nikolsky, al cual habló de la situación en el país y en particular de desembarazarse de Stalin. Este confidente «puso en conocimiento» de las ideas de Eismont a los funcionarios de la Comisión Central de Control. En vista de ello se convocó a Eismont: «¿Cuáles son sus relaciones con Nikolsky?» «Las mejores.» «¿Tiene usted confianza en él?» «Sí.» Sobre estas declaraciones se trajo a Eismont el testimonio de Nikosky y se le acusó inmediatamente... de preparación de actos terroristas. Evidentemente este cargo se apoyaba en las palabras sobre la necesidad de «desembarazarse de Stalin». Eismont no pudo resistir a la presión. Denunció a Tolmacher y dijo que Rikov y Tomsky conocían sus opiniones. Desde luego, es muy posible que Eismont citara simplemente a Tolmacher, Rikov y Tomsky como testimonio para demostrar que cuando él, Eismont, criticaba la política de Stalin estaba muy lejos de todo pensamiento terrorista. Es muy posible que esta referencia a testigos de autoridad haya sido transformada en las condiciones dadas y que se haya dicho que Eismont les había denunciado y que se haya hecho contra Rikov y Tomsky el cargo de que, conociendo las cosas, no hayan informado sobre ellas. Como se sabe, a una acusación semejante se reducen los cargos contra Zinoviev y Kamenev, en relación con Rintin y Sliepkov.
En el caso del grupo Eismont se hablaba con precaución en las cumbres del Partido de que no solamente Rikov y Tomsky, sino que también un miembro del Buró Político estaba en antecedentes de los manejos de los conspiradores: un ataque delicado contra Kalinin. No es un secreto que Kalinin es carne y uña de los derechistas. Es igualmente posible que, de una manera muy prudente, trate de asegurarse «sobre la derecha».
En el Pleno del Comité Central ejecutivo, Norochilov gritó, volviéndose hacia Tomsky: «Arrancad de vuestro espíritu la idea de que sois un líder. Esto se ha acabado ya. Queréis obrar como un jefe, pero no sois más que un miembro ordinario del Partido. Comenzad a trabajar como un comunista de fila en vuestra célula. Trabajad para el periódico mural; suministrad la prueba de que sois digno de confianza.»
Rikov se descargó en el Pleno de la manera siguiente: «¿Cómo podré probar mi devoción al partido trabajando solamente entre los factores? Dadme la ocasión de intervenir entre las masas. Por ejemplo, el presidente del Comité de distrito acaba de rehusarme la autorización de pronunciar un discurso durante un jubileo en el Parque de la Cultura y del Reposo, donde asistían 30.000 personas. El mismo Norochilov respondió a Rikov en el Pleno: «Y no cabe duda que ha tenido razón al rehusaros, sabiendo lo que ibais a decir y la línea política que hubiérais defendido. Aprended a trabajar entre los factores.» Al presente, no hay ni que decirlo, Norochilov no es un miembro de filas del Partido, sino un jefe.
No se debe creer, desde luego, que después de la capitulación completa de los jefes de la derecha se haya cambiado radicalmente de actitud con respecto a ellos. En la asamblea de los militantes del Partido de Moscú, Kaganovitch, informando sobre el Pleno, habló con gran animosidad no sólo de Rikov y Tomsky, sino también de Bujarin. Este último, sin embargo, como es el menos peligroso, ha sido perdonado en cierto modo.
Entre los derechistas hay una gran confusión. Tienen una gran influencia, pero son pobres en organización y en ideas. Carecen de jefes centrales. Sin embargo, las detenciones continúan entre los derechistas. Recientemente ha habido importantes detenciones en el Comisariado de Agricultura. Se ha descubierto aquí una organización de sabotaje que abarca numerosos obreros de mucha responsabilidad. A su cabeza se encontraba, según la acusación, el jefe de este Comisariado, Konor, y sus colegas Kovarsky y Wollf. Están acusados de haber mantenido relaciones con las organizaciones de Petliura, en Ucrania, y de Kuban, y hasta de haber estado siempre en contacto con el centro de Petliura en Polonia. Es muy posible que hubiera enemigos de clase aislados en el aparato del Comisariado; pero el caso en conjunto representa visiblemente una amalgama. Que yo sepa, Konor había nacido en Galitzia; se adhirió a los bolcheviques durante la guerra imperialista, o inmediatamente después; tomó parte en la guerra civil, y creo que hace algunos años simpatizó con la Oposición de Izquierda.
Sobre lo que haya ocurrido después no sé nada. A pesar del carácter violento y detallado de las acusaciones, nadie cree en su validez. Todos están convencidos que el Jefe está preparando un proceso edificante de los presuntos responsables del hundimiento de la industria rural.
La situación en Kazakstan es extremadamente grave. La población se ha hecho nómada. El fiel Galaschchekin, que llevó el Kazakstan al límite extremo del desastre, ha terminado por ser reemplazado. Sin embargo, se ha designado para este puesto al no menos fiel Mirzoyan, antiguo secretario de Bakú. No ha habido más que esta querella de personalidades.
Las dificultades económicas y de toda otra índole hacen brotar diversos movimientos hostiles—entre otros, movimientos nacionalistas, en particular en Crimea, donde fueron detenidos muchos obreros responsables—entre los tártaros.
El almacenaje de granos y los demás trabajos rurales se ejecutan en Ucrania y el Cáucaso del Norte bajo una espantosa presión. Una represión implacable pesa sobre capas cada vez más amplias de campesinos; entre otros, sobre los comunistas locales. La dirección ha tomado sin reserva el camino de la violencia administrativa. Ya no queda en la práctica ni rastro de la idealización del campesino. Al presente la capa superior de los stalinianos considera que no es posible llegar al fin de las dificultades más que por medio de métodos nuevos y extremadamente reforzados de sumisión. Se emprende todo el trabajo en este espíritu, sobre todo después del último Pleno del C. C. E. Se está en camino de movilizar en las ciudades 50.000 obreros responsables para llevar a la aldea directivas decisivas. Serán colocados en las secciones políticas, en las estaciones de máquinas y de tractores, en las Comisiones para la siembra y la recolección, en las Comisiones de la tasa de la producción, etc., etc. La labor esencial será liquidar la molicie de los Comités locales.
En la asamblea limitada y cerrada de los militantes del Partido, en Leningrado, Kirov se expresó así: «Debemos tratar sin piedad no solamente a los miembros del Partido que realizan una actividad contrarrevolucionaria (es decir, la Oposición), sino también a todos aquellos que en las fábricas y el campo no realizan los planes, etc. Se ha enviado ya a Solovsky 400 miembros del Partido por no haber realizado los planes. Todo esto se dice con la intención de intimidar.
El cansancio y el abatimiento dominan en las esferas más elevadas del aparato. Cosa significativa: aun las anécdotas que se contaban se hacen cada día más raras—en parte porque las anécdotas están castigadas (para los miembros del Partido se ha decretado que hay ya demasiadas anécdotas, y que en adelante todo aquel que cuente anécdotas será excluído) y, sobre todo, porque la situación en el Partido y en el país no es la más apropiada a las anécdotas. Los elementos revolucionarios en el Partido se buscan unos a otros. Los lazos se establecen por conjeturas psicológicas: ¿Será un comunista o no? Por comunista se entiende el militante honrado del Partido que no es un vividor, ni un soplón, ni un agente del aparato. En otros términos, la palabra comunista deviene poco a poco en sinónimo de oposicionista (consciente o inconsciente). Para darse a conocer los camaradas emplean los métodos más diversos. He aquí uno: Uno de los interlocutores empieza a hablar de Trotsky, no en tono altanero, oficial, sino de una manera desembarazada, como accidentalmente. Esto sólo es un signo suficiente y permite entablar conversación.
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Quiero escribiros en particular sobre los deportados y la situación penosa en que se encuentran. Penosa es poco decir. Su situación es horrible. Nuestros camaradas han sido literalmente arrojados a merced de los elementos y de la muerte por hambre. No se les da trabajo. Se les priva de sus raciones. Carecen de ropas de abrigo. Toda posibilidad de poner fin a las torturas del hambre y del frío está cerrada para ellos. A este propósito recibí ayer una carta de N.: «Tienen el propósito de hacernos morir de hambre. No por eso capitularemos. Nosotros tenemos razón. Sufriremos el hambre hasta la muerte, pero no capitularemos.
Nosotros hacemos suscripciones, pero ello nos expone a terribles peligros. Ayudar a un oposicionista con un chervonetz significa ser incluído en la lista de los enemigos y correr el riesgo de la deportación. Además, el dinero no sirve de socorro, pues en la deportación no se vende nada por dinero, y otra cosa es imposible enviar. Para lograr algo positivo serían necesarios o bonos del Torgsin o monedas extranjeras.
Haced vosotros todo cuanto podáis en el extranjero. Emprended una campaña en favor de los oposicionistas deportados. Tened en cuenta que se trata de la destrucción física de nuestros camaradas más leales y fervorosos. Muchos de ellos tienen demostrado, en un trabajo de toda su vida, consciente, su devoción absoluta a la revolución, al bolchevismo y al poder soviético.
En este mismo momento nos llega la noticia de la muerte en la deportación de L. S. Losnovsky. ¿Será posible? Esta noticia nos es comunicada por sus parientes, aunque no está absolutamente comprobada. Más de una vez durante estos últimos años nos han llegado informes sombríos sobre la muerte de nuestros camaradas deportados, empezando por Rakovsky. Pero en muchos casos, afortunadamente, no han sido ciertas. Estos mismos rumores expresan, sin embargo, la alarma y la ansiedad que se siente por la suerte de los viejos dirigentes y amigos. Quiero conservar la esperanza de que la noticia de la muerte de León Semenovitch sea falsa también. No me resigno a dar por cierto este rumor.
N. J. Muralov está ahora en Tagaurag, sufriendo lo indecible. Entre los centralistas democráticos, V. M. Smirnov está todavía en Suzdalosk secretamente. Sapranov está en Theodosia. Políticamente no se oye hablar de los centralistas democráticos ni de la Oposición obrera.
T. T.