Comunismo, n.º 24, mayo de 1933 (págs. 207-211). PDF del número completo

«No faltarán hipócritas que dirán: La Oposición critica al Partido caído en manos del verdugo. Los canallas agregarán: La Oposición ayuda al verdugo. Combinando un falso sentimentalismo con la mentira envenenada, los stalinianos tratarán de ocultar el C. C. detrás del aparato, el aparato detrás del Partido, eliminar la cuestión de las responsabilidades de la catástrofe, de la estrategia mentirosa, del régimen desastroso, de la dirección criminal: esto sí que significa ayudar al verdugo de ayer y de hoy.» (Trotsky: «La tragedia del proletariado alemán». COMUNISMO del pasado mes.)

En La Correspondencia Internacional, edición española del 28 de abril, se inserta el informe de Heckert sobre la situación alemana. De él son estos párrafos: «Pero el partido socialista alemán ha encontrado un aliado: Trotsky. Trotsky, sin ningún valor político en el movimiento obrero, no tiene nada que perder. Trotsky va husmeando la bota fascista, esperando de este modo que se hable de él, y salir, cueste lo que cueste, aunque no sea más que por un momento, del olvido político. Merodeador, va correteando por todas partes donde la sangre obrera ha corrido, en busca de alguna cosa política que disfrazar. La clase obrera alemana ha sufrido sangrientos sacrificios: centenares de comunistas han sido asesinados en Alemania; millares de comunistas y los mejores jefes de la clase obrera alemana, entre otros el camarada Thaelmann, están en prisión; pero el aliado de los Wels y de los Leipart, Trotsky, se entrega con ahinco a quitar a los socialdemócratas y echar sobre los comunistas alemanes la responsabilidad de la toma del Poder sobre los fascistas... He aquí de qué manera cruel los hechos han puesto al desnudo el sentido contrarrevolucionario de la plataforma del socialhitleriano Trotsky, que se ha esforzado por demostrar que la socialdemocracia y el fascismo no son hermanos gemelos, sino antagónicos... Bajo la apariencia de un frente único, Trotsky, el auxiliar de Hitler, se esfuerza por imponer a la clase obrera alemana la táctica socialfascista del «mal menor», ese frente único reaccionario que ha conducido a Hitler al Poder.»

Ante el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, Fritz Heckert, miembro del Comité Central del Partido Comunista alemán, ha hecho su informe sobre la situación en Alemania. Su informe se ha publicado entero en La Correspondencia Internacional y en Mundo Obrero, y a él corresponden los párrafos que anteriormente hemos reproducido. El informe ha sido aprobado unánimemente por el C. E. de la I. C.

Esto caracteriza la democracia interior del régimen staliniano; esto demuestra a qué grado de inconsciencia han llegado los enterradores stalinianos de la revolución mundial. Nosotros tenemos que discutir con el stalinismo, y no con Heckert.

Heckert plantea la cuestión: ¿Por qué el fascismo ha logrado en Alemania tomar el Poder? Después de haber comprobado un desplazamiento fundamental de las fuerzas de clase por el fascismo, constata con una escolástica fatigosa la traición permanente de la socialdemocracia. Evidentemente, la política de la socialdemocracia conduce al proletariado a la ruina. La vanguardia del proletariado mundial ha visto esto el 4 de agosto de 1914. Hoy no se trata de saber si la socialdemocracia ha traicionado o no, sino cómo la socialdemocracia ha logrado durante veinte años llevar a cabo una política semejante y tener incluso detrás de sus banderas a las masas obreras. Heckert renuncia a contestar a estas preguntas.

El partido fascista no es más antiguo que el Partido Comunista y no ha tenido más tiempo para agrupar a las masas. Evidentemente, el fascismo dispone del apoyo material del capital, pero sus cuadros están compuestos de detritus humanos y no es capaz de dar una solución a las cuestiones sociales. El comunismo, por el contrario, se apoya sobre la fuerza del primer Estado obrero de la tierra; es él quien agrupa a la flor de la nación, la vanguardia del proletariado. Sus ideas son las más progresivas del siglo XX. El solo es capaz de resolver todas las cuestiones de la vida social. ¿Cómo, pues, ha podido vencer el fascismo en la lucha contra la democracia podrida; cómo ha podido ser derrotado el comunismo?

Heckert observa que el fascismo ha vencido, pero que la política del P. C. A. ha sido completamente justa. La política del Partido Comunista que ha conducido al fascismo a la toma del Poder era, según este burócrata, justa. El P. C. A. ha previsto que este desarrollo fascista era inevitable. Heckert dice textualmente: «¿Han previsto el Partido Comunista alemán y la I. C. la ineluctabilidad de esta evolución fascista de la socialdemocracia? ¿Han advertido de ello a los obreres? Sí; lo han previsto y lo han advertido. Ya en 1924 el camarada Stalin dió una definición de la evolución de la socialdemocracia hacia el fascismo; una definición que no ha sido superada en su precisión y que ha servido de base al programa de la I. C. y a la política del Partido Comunista alemán. «El fascismo—dice el camarada Stalin—es una organización de combate de la burguesía, una organización que se apoya sobre la ayuda activa de la socialdemocracia. La socialdemocracia es, objetivamente, el ala moderada del fascismo. No hay ninguna razón para admitir que en las luchas o en la dirección del país la organización de combate de la burguesía pueda obtener éxitos decisivos sin la ayuda activa de la socialdemocracia. No hay tampoco razones para admitir que en las luchas o en la dirección del país la socialdemocracia pueda obtener éxitos decisivos sin la ayuda activa de la organización de combate de la burguesía. Estas organizaciones no son antagónicas, sino que se completan unas a las otras. No son antípodas, sino gemelas...» (Las organizaciones de combate de la burguesía ayudan hoy a la socialdemocracia activamente, matando a los socialdemócratas, destruyendo las casas de los sindicatos, suprimiendo toda la Prensa socialista. He aquí cómo se completan las cosas.)

¿Este desarrollo era, pues, inevitable? ¿Entonces el Partido Comunista ha mentido cuando anunciaba que la revolución proletaria estaba a las puertas? ¿Por qué ha existido el P. C. A. de 1924 a 1933, si este desarrollo era inevitable? Se hubiera debido disolver el Partido en 1924 si se hubiera querido, de un modo consecuente, construir su política sobre esta inevitabilidad.

Había un solo camino que no consideraba como inevitable este desarrollo: era la voz de Trotsky y de la Oposición de Izquierda. Heckert conoce esta voz; sabe que su autoridad y su renombre en Alemania ganan terreno cada día. Y por esto descarga su mala conciencia con estallidos de rabia verdaderamente inauditos.

Heckert comienza este capítulo de su discurso falsificando de un modo canallesco la cita. El marxismo revolucionario se basa sobre la verdad y el stalinismo sobre la mentira. Como los stalinianos no pueden combatir el verdadero «trotskismo», entonces falsifican las ideas de los leninistas y luchan contra sus propias falsificaciones.

Heckert miente. Según él, Trotsky, en su artículo del Manchester Guardian, del 23 de marzo, ha exigido como base para un frente único con los socialdemócratas, la «defensa del gobierno parlamentario y la defensa de los sindicatos de masas». ¿Qué ha dicho realmente Trotsky en dicho artículo? La socialdemocracia no es imaginable sin gobierno parlamentario ni organizaciones de masas de los obreros en los sindicatos. Además, la misión del fascismo es destruir a los dos. Una ligazón ofensiva entre los comunistas y los socialdemócratas hubiera podido fundarse sobre este antagonismo. ¿Qué consecuencias ha sacado la Oposición de Izquierda de este antagonismo?

«Es necesario obligar a la socialdemocracia a un bloque contra los fascistas. Nada de plataforma común con la socialdemocracia o con los jefes sindicales; nada de bandera, de publicación o de hojas en común. Marchar separadamente, golpear juntos. Ponerse de acuerdo sólo sobre esto: ¿cómo es necesario combatir, cuándo y a quién? Sobre esto se puede llegar a un acuerdo con el diablo y con su abuela, e incluso con Noske y Grezinski. Con una sola condición: no atarse las manos.» (Trotsky: «Cómo es necesario derrotar al nacionalsocialismo»; diciembre de 1931.)

Pero Heckert lucha contra la plataforma inventada por él y atribuída a Trotsky, cuando dice que incluso ni un Wels ha ofrecido una plataforma de engaño semejante al P. C. A. El mismo C. E. de la I. C., que ha aprobado por unanimidad el informe de Heckert, consideraba en su respuesta del 5 de marzo, posible «recomendar a los P. C. que se abstengan durante el período de la lucha en común contra el capital y el fascismo de los ataques contra la socialdemocracia». La I. C. está, por lo tanto, dispuesta a una crítica de la política de la socialdemocracia, que, según ella misma, ha conducido hacia el fascismo. Esta inconsecuencia sobrepasa aún la plataforma atribuída por el burócrata Heckert a Trotsky, y combatida por Heckert como hitlerotrotskista.

El fascismo ha vencido; la política del P. C. A. era justa. Trotsky ha criticado esta política justa (que ha conducido a la victoria del fascismo); él ha demostrado cómo se podía llegar, a través del P. C. A., a impedir la victoria del fascismo, a mantener las organizaciones obreras y a marchar a la dictadura del proletariado. Es lo que ha hecho el socialhitleriano Trotsky ejecutando la tarea social trazada por Hitler a su auxiliar. El marxista revolucionario Heckert afirma, por el contrario, que la defensa de los sindicatos de masas sobre la base del frente único con la socialdemocracia sería un abandono de Marx y de Lenin, y el paso a Hindenburg. Marx y Lenin enseñan, según Heckert, cómo se entregan los sindicatos al fascismo. Hindenburg, por el contrario, exigía el frente único de los comunistas y de los socialdemócratas para su defensa. Los stalinianos tienen miedo a ser inspirados por Marx y Lenin.

Para demostrar que la política del P. C. A. era justa, que desde 1923 no ha privado al proletariado alemán de toda capacidad de acción, Heckert está obligado a recurrir a todo un arsenal de mentiras escandalosas, a engañarse a sí mismo. El sistema político de los stalinianos, basado sobre la mentira, se ha derrumbado en Alemania, y ellos deducen la conclusión de que es necesario mentir todavía más vergonzosamente y más descaradamente para ocultar la bancarrota. Hoy la situación en Alemania es tal que los obreros no osan hablar en alta voz en la calle, que no se atreven a reunirse más de tres o cuatro en una habitación. Heckert, al mismo tiempo, engaña a la clase obrera internacional, diciendo que los obreros de la fábrica A. E. G. han echado a los nazis de la fábrica, y que lo mismo ocurre en otras ciudades. Heckert miente al decir que el P. C. A. ha denunciado el próximo peligro fascista. Según Heckert, el P. C. A. no ha sido sorprendido por la toma del Poder por Hitler. Si no se ha apercibido que esto era verdad, su crimen sería todavía mayor. El Partido, cuyos funcionarios fueron detenidos en poco tiempo, cuyo aparato legal e ilegal fué destruído en algunos días, no ha sido sorprendido. No; según Heckert, el Partido ha organizado con sus propias fuerzas trescientas huelgas. Afortunadamente, Heckert trata de concretar y podemos examinar estas trescientas huelgas, de las cuales, por lo menos doscientas noventa y siete, pertenecen al país de los sueños. Heckert habla de las huelgas de Strassfurt, Harburg, Lubeck. ¿Qué ha ocurrido en Strassfurt? Una huelga de protesta de una hora contra el asesinato del alcalde socialdemócrata Kasten. Los obreros estaban indignados y se han decidido a la resistencia, pero los reformistas han logrado matar el espíritu de lucha contra una huelga demostrativa. Según Heckert, es el propio Partido con sus fuerzas el que ha organizado esta huelga. En realidad ha sido la impotencia del P. C. lo que ha impedido el desarrollo de esta huelga en una demostración poderosa. En Lubeck ha sido detenido el diputado socialdemócrata del Reichstag, doctor Leber; ha estallado una huelga general de muchas horas, sin ninguna influencia por parte de los comunistas gracias a su política burocrática, inconsciente de diez años. ¿Cómo ha ocurrido la matanza de Eisleben? Aquí es donde las fuerzas de los stalinianos se han demostrado en todo su vigor. No se vió la menor traza de una resistencia organizada. Lo mismo que sucedió cuando el desfile provocador de los nazis ante la casa Karl Liebknecht. Como después de la batalla de la calle de Altona. ¿Dónde ha logrado el Partido organizar una huelga un poco amplia con un carácter político? Mentira y nada más que mentira.

Según Heckert, el Partido no se ha limitado a organizar «por abajo» el frente único. Podemos limitarnos a citar de nuevo la Prensa staliniana: «Lo que es evidente es que con estos hombres (los socialfascistas) no puede haber unidad. Es evidente que nuestras discusiones con el socialfascismo no pueden acabar en un tapete verde cualquiera, sino sobre los campos de batalla de las luchas decisivas y ante los tribunales revolucionarios de la República alemana soviética. Y esto es tan verdad para un consejerillo de fábrica socialfascista... como para sus hermanos mayores Severing, Zorgiebel, etc.» (De la Prensa de provincias del Partido, citado por H. Remmelé, Marcar el paso, La Internacional Comunista, del 1 y 15 de marzo de 1930.) «El señor Trotsky y los consejeros similares del proletariado quieren proponer a la clase obrera una política semejante, que divide y opone la lucha del Partido revolucionario contra el fascismo y contra el socialfascismo. El P. C. A. deberá, según esta previsión, renunciar a la lucha contra la socialdemocracia, formar un bloque con el partido del socialismo hinderburguiano, con Noske y Grezinski, y luchando de este modo contra Hitler.» (Thaelmann, junio de 1932, en La Internacional Comunista.) «Quien exija hoy un bloque del P. C. con el P. S. ayuda a los jefes socialdemócratas en la preparación y ejecución de su traición. Su papel es el mismo que el de los jefes socialfascistas, un papel inmediatamente fascista.» (Villy Munzenberg: Rote Aufbau, 15 de febrero de 1932.)

Heckert no conoce su propia literatura; él sabe sólo que el Partido ha tenido muchas veces miedo y que entonces ha hecho velozmente, con esta «base teórica», una proposición de frente único. Así sucedió el 20 de julio de 1932. Cuando a continuación el Partido ha tocado a todos sus miembros y ha comprobado que estaban todavía casi enteros, ha recaído en su apatía. Ha continuado ese juego nefasto hasta que le han roto los huesos. Si el Partido hubiera demostrado claramente el peligro del fascismo, si hubiera llevado a cabo una política consecuente de frente único de arriba abajo, entonces Heckert hubiera debido declarar cómo la socialdemocracia ha podido retener a las masas obreras de las fábricas decisivas y substraerlas a la influencia comunista. En realidad, en el fondo, la política del frente único se presentaba así: ¡Eh!, socialdemócratas, venid con nosotros; si no, iremos con los fascistas. He aquí cómo fué puesto en escena el plebiscito rojo.

Esta táctica de frente único de los stalinianos, estos zigzags continuos, han dado sus resultados. El fascismo impera, pisoteando sangrientamente al proletariado. La táctica justa de los stalinianos se ha demostrado como un auxiliar directo de Hitler.

La perspectiva entrevista por Heckert y el C. E. de la I. C. es de color de rosa. Como después de la derrota de 1923, como en China en 1927, como en Bulgaria, como en todos los países donde los stalinianos niegan la derrota. Después de la toma del Poder por Hitler, los obreros vienen solos de la socialdemocracia al comunismo; la organización del P. C. A. está intacta; estamos ante luchas revolucionarias inmediatas. Según el informe de Heckert, todo staliniano debe llegar a esta conclusión: la situación es tan bella, las perspectivas tan atrayentes para el proletariado que verdaderamente, si no hubiera habido fascismo, hubiera sido cosa de inventarlo. He aquí las conclusiones a que debe llegar todo staliniano después del informe de Heckert.

Desgraciadamente dicho informe no es más que embuste, hipocresía, cobardía y engaño. Un eslabón más de la podredumbre de la burocracia staliniana. Si la clase obrera quiere una organización capaz de organizar y de conducir sus luchas, entonces debe substraerse a la influencia nefasta de esta política infame. Debe reconstruir sus cuadros, deducir las enseñanzas, sobre el plano nacional e internacional, de diez años de stalinismo. La hora actual lo exige.

COMUNISMO