Contra la Corriente, n.º 1, febrero de 1943 (págs. 3-4). PDF del número completo
La prensa diaria del país apenas ha informado del asesinato, que en Nueva-York se ha cometido contra el viejo y conocido luchador sindicalista italiano, Carlo Tresca. Entrado ya en años, con una limpia y nutrida actividad al servicio de la clase trabajadora, Tresca vivía en los Estados Unidos desde que el fascismo imperaba en Italia. Su conducta revolucionaria le ha valido en diferentes ocasiones la persecución de la burguesía americana, pero también la simpatía y estima de los trabajadores italianos emigrados y la de los americanos que le han conocido. Era director del periódico "Il Martello" y dirigente e inspirador de varias organizaciones de exiliados. Desde las columnas de "Il Martello", Carlo Tresca mantuvo desde el principio una digna y valiente oposición a los procedimientos calumniosos y terroristas introducidos en el movimiento obrero por el stalinismo. Prestó sinceramente su ayuda a la Comisión Jhon Dewey, que puso en claro las falsificaciones de los procesos de Moscú y su firma y su pluma no se quedaban nunca remisas en la defensa de los calumniados por el stalinismo y perseguidos por la G.P.U.
Tresca fué asesinado en el momento que salía de la redacción de "Il Martello", días después de haber logrado que la sociedad Mazzini aprobase una resolución excluyendo de su seno a los stalinistas.
Los móviles del crimen son a todas luces políticos: las autoridades mismas se han visto obligadas a declararlo tras las primeras pesquisas. Fué planeado y premeditado cuidadosamente. Los asesinos emplearon un automóvil comprado unos días antes, con placas obtenidas a nombre y dirección falsos. Esto revela organización y medios, como los asesinatos efectuados por la G.P.U.
Su atribución a esta última proviene de las organizaciones de italianos y esta sugerida en las últimas declaraciones de los investigadores judiciales.
El Consejo Obrero Italo-americano, representante de mas de 300,000 exilados, ha exigido una investigación profunda añadiendo que no se satisfará con explicaciones superficiales, entendiendo por tales "la atribución del crimen al fascismo", ignorando otras explicaciones (New-York Times- 13 de Enero de 1943).
Poco después, el abogado de Distrito encargado de la investigación, señor Hagan, "declinó discutir el viaje de los detectives a Filadelfia, pero repitió que quería hablar con un hombre llamado Carlos Contreras o Sormenti o Sorreto, sobre el que Tresca había escrito algunos artículos duros" (New-York Times- 16 de Enero de 1943).
Si no es verdad pudo haber sido y lo será sin duda alguna en otros casos futuros. En el caso muy probable de responsabilidad de la G.P.U., no sabemos hasta que punto la alianza Stalin-Roosevelt echará tierra al asunto. En todo caso, la muerte de Carlo Tresca es una tristísima y nueva advertencia para todos los militantes obreros enemigos del terror y la calumnia stalinista.
No hay que decir que nuestra solidaridad y nuestro afecto están con la víctima; nuestro odio con los asesinos. Pero no debemos contentarnos con un sentimiento no efectivo en la lucha contra los asesinos. Debemos preparar y poner en obra una campaña pública contra el sistema del terror y la calumnia en el movimiento obrero. Cada uno de los adversarios revolucionarios del stalinismo es una posible víctima futura. En común tenemos el deber de defendernos y tomar las medidas preventivas necesarias denunciando públicamente al stalinismo como responsable político de las actividades de la G.P.U. Pedimos a las organizaciones obreras españolas antistalinistas que reflexionen sobre esta idea que será preciso activar inmediatamente.