Contra la Corriente, n.º 2-3, marzo-abril de 1943 (págs. 4-5). PDF del número completo

El partido stalinista español se ha permitido hacer un acto en "defensa" de los refugiados en Africa, mejor dicho, de los condenados a trabajos forzados. "España Popular" daba la noticia en tono de respetuosa súplica a sus señores aliados los multimillonarios de Wall Street y la City. No les envidiemos la compañía.

¿Se trataba realmente de hacer algo en favor de los refugiados? Solamente quienes conserven ilusiones respecto al stalinismo pueden creerlo. Fué un acto puramente demostrativo, para salvar las apariencias, pero sin ninguna intención seria. Los actos de quienes traicionan el principio máximo de la lucha de clases, por bullangueros que parezcan son mas útiles a los enemigos del proletariado que a este mismo. El organizado por el stalinismo español no será útil a los refugiados, pero si a sus carceleros y persecutores.

Lo primero que tendrían que explicarnos nuestros stalinistas, es porque la llamada lucha por la libertad empieza pactando con los filofascistas franceses y dejando pudrirse a los mas auténticos luchadores por la libertad. Si Estados Unidos é Inglaterra persiguen a los refugiados españoles y a los refugiados en general (en Inglaterra numerosos revolucionarios franceses y españoles se encuentran en campos de concentración), ahora, cuando estos actos redundan en pérdida de moral, lo que equivale a disminución de su energía militar, ¿qué harán cuando, vencedores, no sientan sobre sí esa preocupación? Churchill dijo en su informe a los Comunes que en Africa lo único que les interesaba era el mantenimiento del orden. Dicho en otras palabras, los refugiados españoles son considerados y tratados como enemigos del mismo y como amigos sus guardianes los filo-fascistas franceses. Esto, cuando menos, expresa claramente cual es el concepto del orden que tiene Churchill, perfectamente de acuerdo, por otra parte, con el concepto y los intereses de la clase a quien representa.

Si nuestros stalinistas lo tuvieran en cuenta, tratarían de movilizar a la clase obrera del continente y de Inglaterra, para obtener por el peso de los explotados lo que se hace por los intereses de los explotadores. Y aun podemos indicarles otro camino mas fácil: pedir al "padre de los pueblos" que su paternidad se sirva dejar libre el camino a los refugiados, a través del Caucaso. Así se quitaría de encima Washington y Londres un problema desagradable, al mismo tiempo que podrían probarnos hasta donde llega el amor de Stalin a la "humanidad progresiva y avanzada".

Mientras no obren así, los stalinistas demostrarán que sus mitines en pro de los refugiados tienen por objeto no liberarlos, sino borrar la impresión de repugnancia producida por la conducta del imperialismo yanky-inglés. Esta, disipando ilusiones, esclarece la verdad en la mente del proletariado mundial y le acerca a la posición del internacionalismo revolucionario. El acto de los stalinistas, tiene por objeto arrojarle arena a los ojos haciéndole creer que una parte al menos de los imperialistas, está por la libertad de los refugiados. En fin de cuentas se trata de un acto de hipocresía pública destinado a conciliar voluntades en favor del concepto del orden caro a la burguesía anglo-americana. La calidad del mismo la define el periodista Ernie Pyle en el periódico "New

York World-Telegram": "Hemos dejado en sus puestos a la mayoría de los pequeños funcionarios designados por los alemanes antes que nosotros vinieramos. Permitimos continuar su existencia a las sociedades fascistas. ...Nuestra política es aun apaciguamiento".