Contra la Corriente, n.º 6, agosto de 1943 (pág. 4). PDF del número completo

No disponemos de tiempo ni espacio para comentar debidamente en éste número la formación en Moscú del Comité "Alemania Libre", y otros hechos recientes paralelos, cual los roces cada vez mas ostensibles entre el Gobierno de Stalin y el imperialismo anglo-americano, la destitución de Litvinof, etc. En espera de dedicarles un próximo artículo, diremos unas palabras sucintas sobre "Alemania Libre".

Su programa no puede ser mas conservador. Nada de socialismo, de revolución, de lucha de clases. El proyecto prevé una Alemania "democrática". No se trata siquiera, como en la guerra civil española, de "democracia de nuevo tipo", sino de democracia a secas. Lo de "nuevo tipo", era un señuelo para atrapar a las masas sugiriéndoles la creencia de que ellas tendrían un lugar, si no preferente, mas favorecido que en las democracias conocidas hasta entonces. Ahora, el Gobierno stalinista no se permite siquiera esa veleidad demagógica. En el fondo es secundario, porque democracia, con cualuier coletilla adjetival que adopte, significa sociedad burguesa, dictadura de los explotadores. A menos que se le dé una base material expropiando a la burguesía y tomando el poder político los trabajadores. Pero eso es la revolución socialista -, único camino por donde las masas alemanas y europeas alcanzarán un grado superior de democracia. El programa de "Alemania Libre", por el contrario, no sólo evita hablar de la revolución, sino que especifica concretamente el respeto a la propiedad privada. Es todo lo que contiene de realmente concreto. Aunque Stalin y su prensa aparenten dirigirse a las masas, el programa se dirige a la burguesía alemana.

La composición del Comité denuncia igualmente sus intenciones antisocialistas. Entran en él junkers y militarotes del clásico tipo prusiano. El primer vicepresidente de "Alemania Libre" es un comandante llamado Karl Hetz, el segundo es un teniente, el Príncipe Heinrich von Einsiedel. Se trata, nada menos, de un bisnieto de Bismark. A Stalin le encanta la alta nobleza... democrática. Con esto basta para comprender que la burocracia rusa se dirige a las clases dominantes de Alemania, pidéndoles una revolución de palacio. Los revolucionarios, deben actuar teniendo por seguro que la camarilla del Kremlin no se ocupará de las masas explotadas y oprimidas sino para impedirles hacer la revolución. Por desgracia para Stalin y para el Príncipe von Einsiedel, en Europa empieza a soplar una brisa revolucionaria que inevitablemente se convertirá en huracán. Todo lo reaccionario caerá, aunque oculte las cadenas tras el apellido "libre" o "comunista".