Contra la Corriente, n.º 6, agosto de 1943 (pág. 51). PDF del número completo

En los círculos liberales y obreros de Estados Unidos, el alcalde Frank Hague, de Jersey, llegó a ser durante la pasada década un simbólico tipo fascista de opresión. Desde su cargo de alcalde, dijo una vez: "Yo soy la ley". Donde él mandaba, los líderes obreros, socialistas, liberales, eran impotentes para hacer respetar el derecho a la libertad de palabra; cuando pretendian hablar, los hacía apalear, los encarcelaba o los expulsaba del Estado.

El 6 de julio pasado, el Partido comunista americano anunció que apoyaría a Frank Hague en las próximas elecciones. La cosa pareció risible porque Hague propuso en cierta ocasión que todos los comunistas fuesen enviados a Alaska. Pero Hague apoya a Roosevelt y quiere ganar la guerra, esa es la razón del apoyo. Naturalmente, es verdad. Hague es uno de los líderes del Partido Democrático. Y a la inversa, también es verdad que Roosevelt apoya a Hague. El Partido Democrático es apoyado por los aparatos políticos corrompidos del norte y por los reaccionarios anti-negros del sur. Apoyando a Roosevelt, los stalinistas pretenden cerrar el paso a la formación de un partido obrero. Regocijandose de la actitud stalinista, el "N.Y.Times" decía que la tendencia al nuevo partido obrero "está nutriéndose de las fuerzas de León Trotsky y J.L. Lewis y nada se puede ganar con ello". No nos asombre. "España Popular", pedía hace poco el entendimiento con los Giraud españoles.