Contra la Corriente, n.º 7, septiembre de 1943 (págs. 1-3). PDF del número completo
Los acontecimientos de Italia están dando al mundo proletario una suprema lección, a los revolucionarios del mundo una advertencia dolorosa por la cual deberán normar su conducta, so pena de sufrir en el período inmediato una espantosa derrota que postraría al mundo en la mas abyecta servidumbre para largo tiempo. Con gritos desgarradores y muerte generalizada, la población pobre italiana está demostrando que el camino de la libertad y de la salvación no pasa por Londres, Washington ni Moscú, sino por la toma del poder político por el proletariado. La descomposición social, la decadencia cultural y el pauperismo continuamente acentuado, aguardan a Europa en la época próxima, si el proletariado no toma por asalto el timón del poder. Los partidos obreros que se oponen a esta solución, cualesquiera sean sus pretextos, deben ser combatidos como enemigos por los revolucionarios.
Lentamente recuperadas de su derrota, las masas obreras y campesinas han hecho una resistencia obstinada a la guerra de la burguesía italiana, y el fascismo, su representante político durante mas de veinte años. Con la derrota militar a la vista y la amenaza interior de una gran explosión revolucionaria, la burguesía, la casa real y los militares, se veían forzados a maniobrar para disminuir las consecuencias de la derrota y ahogar en germen la revolución. Siempre que a la burguesía le fracasa una empresa, procura salvar su sistema personificando las responsabilidades en unos cuantos hombres. No conoce otro medio de defensa. A lo largo de la historia lo ha puesto en practica millares de veces. Intentándolo una mas, la clase poseyente, por conducto de la monarquía y de militares de la categoría de Badoglio, tomó la resolución de despedir a Mussolini y algunos de sus colaboradores próximos. El mismo Gran Consejo Fascista, suprema instancia del partido, suplicó al rey nombrara substituto al "cavallieri Mussolini". Desde hacia años, el Gran Consejo fascista era el único organismo autorizado por la ley para ejercer esa prerrogativa. Su devolución voluntaria al rey, muestra hasta que punto se hacía universalmente imperiosa a la burguesía la necesidad de amortiguar la oposición de las masas personificando las responsabilidades en Mussolini y algunos mas. Pero el pueblo italiano no se ha dejado engañar; ha dado muestras de comprender la maniobra y lo probará aun contundentemente, estamos seguros. En las responsabilidades por la espantosa miseria en que fué sumido, por la opresión y la barbarie fascista, están igualmente incursos la monarquía, la oficialidad del ejército y el sistema capitalista de sociedad. Mussolini fué su representante reconocido y adorado. Con el fascismo deben ser destruidos la monarquía, el ejército y la sociedad capitalista de arriba abajo. A lograrlo en el próximo período, tenderán las masas con energía creciente.
Los motines callejeros, las manifestaciones contra la guerra y el fascismo, los encuentros con la policía, empezaron en Italia, mejor dicho, se recrudecieron, semanas antes de que el "cavallieri" Mussolini fuese depuesto por sus adoradores de la víspera. Al conocerse la constitución de gobierno Badoglio, las masas se lanzaron a poner por obra lo que aquel quería impedir: liberación de los presos políticos, libertad de reunión, manifestación, prensa, la supresión de los órganos fascistas. Grandes ofensivas proletarias se produjeron en todas las ciudades importantes, con particular violencia en las del norte, abundantemente pobladas de obreros. Las cárceles fueron asaltadas, buscados y ajusticiados algunos encanallecidos fundionarios fascistas, y a pesar de la prohibición de Badoglio, la prensa obrera y liberal reapareció y se distribuyó sin recato. Los partidos, igualmente prohibidos por Badoglio, actuaron a la luz del dia. Italia entraba de lleno en el período revolucionario e incluso insurreccional. Los soldados desobedecían las órdenes de disparar sobre la multitud, síntoma el mas inequívoco de la descomposición de todo el sistema capitalista italiano.
Así estaban las cosas cuendo se produjo la capitulación incondicional ante el Cuartel General de Eisenhower y Alexander. La burguesía italiana dió este paso con el doble propósito de obtener ciertas gracias del vencedor y destruir el movimiento revolucionario. Badoglio y el rey, con el asentimiento de Londres, Washington y Moscú, dejaron a Hitler el cuidado de aplastar a los obreros, dueños de la situación en el norte, mientras se aprestaban suficientes fuerzas anglo-americanas para continuar con éxito la obra de las tropas hitleristas. Dejemos a los señores centristas y neo-reformistas de "Mundo" hablar, remedando a los social-imperialistas de toda laya, del "papel progresivo y revolucionario" de Washington Londres. Lo cierto es que las tropas alemanas han tenido que vencer en todas las ciudades una obstinada resistencia de las masas y que Badoglio, el rey y Washington-Londres, han preferido permitir a Hitler degollarlas antes que favorecer su resistencia armándolas. Destruir el poder de Hitler y la burguesía alemana, sí; pero correr el riesgo de que el poder político caiga en manos de las masas pobres, de ninguna manera. Es preferible que Hitler gane terreno, que la guerra se prolongue, que caigan aun millones de víctimas. Hitler, al fin y al cabo, es la propiedad privada, el orden capitalista. De él se hereda una estructura social sin alteraciones. Pero los obreros, los obreros son la barbarie socialista. Que Hitler meta en cintura a los obreros; nosotros heredaremos a Hitler; este razonamiento guía la conducta "democrática" en Italia.
El paso del Gobierno italiano del círculo de influencia de la burguesía alemana al de la burguesía anglo-yanki, es de la misma naturaleza que la capitulación ante Hitler de Petain, Laval, Darlan, etc., al principio de la guerra. En uno y otro caso se trata de cortar el paso a la revolución recurriendo a un poder fuerte. En tratándose de incrementar sus beneficios, la burguesía exige a los obreros morir por ellos envolviéndoselos en la palabra "patria", pero no vacila en llamar a cualquier burguesía extranjera a invadir esa misma patria, cuando ella se considera impotente para detener la revolución. Lo único que ha variado en el transcurso de la guerra es el asiento geográfico de la burguesía mas fuerte. Todos los propietarios del mundo lo han visto ya. La gigantesca fuerza conservadora se ha trasladado de Berlin a Washington-Londres. Para nosotros no constituye una sorpresa lo de Italia. Ya lo anunciabamos en el número 5 de "Contra la Corriente": "Toda guerra imperialista lleva consigo, junto a los disputa por el dominio económico mundial, otra disputa por la jefatura de la contrarrevolución". Lo uno se deduce de lo otros. Es evidente que el mayor propietario del mundo es el mas reaccionario y el mas interesado en preservar el sistema corriendo en auxilio de los prietarios menores cuando estan en peligro. Alemania no tienen ya ninguna probabilidad de convertirse en el amo capitalista del mundo, cual parecía seguro hace dos años. Seguirán siéndolo Inglaterra y Estados Unidos, mucho mas total y despóticamente que en el pasado. La burguesía de todo el mundo se colocará bajo su protección. Despues de Darlan, Giraud y compañía, la burguesía italiana da el segundo ejemplo del cambio de centro de gravedad de la reacción burguesa. Hitler ya no es la mejor garantía contra la revolución; al contrario, tanto el territorio alemán como el sometido a su influencia, es un barril de dinamita próximo a estallar. Toda la reacción europea seguirá el camino de la burguesía italiana. Y llegará el momento en que los propios industriales y banqueros alemanes, acudan a sus rivales extracontinentales en busca de tropas y sostén político para someter a las masas de su país. El "espacio vital", el mas vital de la burguesía alemana, su explotación de las masas, será aun defendido por la burguesía yanki-inglesa. Con las posibilidades de control económico, se desplaza el centro mundial de la contrarrevolución. Washington y Londres procurarán por todos los medios continuar la obra de Hitler. Quienes les apoyan, sea como stalinianos y socialistas, reptando ente ellos, sea como los neo-reformistas de "Mundo", que solo ven posibilidades revolucionarias a través de las dos capitales citadas, o traicionan descaradamente al proletariado, o le ponen dificultades y gravámenes que benefician a la futura contrarrevolución yanki-inglesa.
Mientras Roosevelt anuncia que la guerra en italia es una cruzada para liberar al Papa, éste pida auxilio a las tropas alemanas para proteger las iglesias, atacadas por las masas, que ven justamente en ellas, como en España, reductos de la reacción. Mientras los ejércitos de Hitler, desde Milán a Nápoles, sosteniendo a los funcionarios fascistas disparaban sus armas contra el proletariado, los ejércitos anglo-americanos reprimían a los campesinos de Sicilia y Calabria, con y en apoyo de los mismos funcionarios fascistas... ya arrepentidos, no hay que decirlo. En una palabra, el pueblo italiano, el pueblo que ha sufrido las espantosas consecuencias económicas y represivas de la dictadura fascista, es tratado como enemigo tanto por Hitler como por Roosevelt-Churchill. Stalin menea la cabeza aprobatoriamente y firma el armisticio cuyas cláusulas mas importantes están dirigidas contra el proletariado y los campesinos. Cogidos entre dos fuegos, han tenido que hacer un alto en la lucha. Pero será provisional, fugaz incluso, puede estarse seguro de ello. Mas de veinte años de ira acumulada, no se gastan en unos cuantos dias, por muchos y poderosos enemigos que les ataquen. Italia ha entrado en período revolucionario. Las masas debetan luchar desde ahora por sus intereses, contra todos los enemigos. Contra Hitler y Mussolini; contra Badoglio, Victor Manuel y sus nuevos patronos. Por las libertades democráticas, por el reparto de la tierra a los campesinos, por la destitución de todos los funcionarios fascistas, arrepentidos o no, por el control obrero de la producción, etc. Las masas italianas deben orientarse a la toma del poder político lo mas pronto posible. El proletariado de Europa está ya maduro para correr en su auxilio. La contrarrevolución fascista sería destruída en su seno por los únicos que pueden verdaderamente destruirla, los explotados. Y la contrarrevolución angloamericana, encontraría en Europa una barrera inexpugnable. En todas partes del mundo, los revolucionarios deben enarbolar estos gritos: ¡Abajo las armas ante la revolución italiana y europea! ¡Abajo Hitler! ¡Vivan los Estados Unidos Socialistas de Europa!