Contra la Corriente, n.º 9, noviembre de 1943 (págs. 24-27). PDF del número completo
Nunca las conferencias diplomáticas del género de la celebrada en Moscú por los ministros de Estado de Inglaterra, Estados Unidos y la U.R.R.S., ponen sus verdaderas resoluciones y acuerdos al alcance del público. La diplomacia burguesa necesita ser secreta por su propia naturaleza, nada inmaculada. Solo un gobierno revolucionario como el dirigido por Lenin y Trotsky podía hacer públicos sus tratados y negarse terminantemente a todo aquelarre diplomático. Bajo Stalin las actividades diplomáticas del gobierno ruso no se diferencian esencialmente de las de cualquier gobierno burgués. La circunstancia de que los tres conversadores de Moscú tengan que ocultar al mundo sus propósitos últimos, impide conocer sus verdaderos acuerdos y proyectos concretos. Y no nos referimos a los militares, donde el secreto es obligado, sino a los politico-internacionales, donde el secreto perjudicaría a una verdadera guerra contra el fascismo, porqué da a entender, con plena razón, que se trata de substituir la tiranía nazi por otra tiranía económico-política.
Los documentos hechos públicos no son mas que un girón informativo arrojado al mundo. Lo mas importante de lo tratado, acordado, proyectado o no acordado por disparidad de criterio, queda entre los tratantes. Apenas algunas conjeturas inciertas son deducibles del vaporoso lenguaje de los comunicados oficiales. Intentémoslas, sin embargo.
Aparte las formulas sobre la colaboración mutua y el compromiso de proseguir la guerra hasta la "rendición incondicional", sin paz por separado, repetición de lo que ya había sido dicho en el tratado anglo-sovietico en las pláticas de Molotof en Washington, la declaración mancomunada contiene siete puntos numerados. Una parte de ellos, los numeros 1, 3, 4, y 7, se refieren a la paz y a la seguridad mundial de la post-guerra. Seguridad mutua, agrupación internacional (nueva Sociedad de Naciones) "fundada en el principio de igualdad de soberanía para todos los Estados amantes de la paz", regulación del armamento, etc. En suma, la misma verborrea pacifista de 1918 cuyos resultados han sido la espantosa matanza actual. La diferencia está en que un estado no capitalista, la Unión Sovietica, pero dirigido por una oligarquía burocrática que terminará devolviéndole al capitalismo si el proletariado no lo impide, contribuye a mezclar el narcótico pseudo-pacifista servido por la burguesía.
La actitud de los revolucionarios frente a esta siembra de falsas ilusiones, debe ser una repetición, mas acentuada por ser mas grave la situación, de la actitud de Lenin y los bolcheviques frente a la garrulería pacifista y justiciera wilsoniana, despues de la otra guerra. Lenin expresó con la maxima concreción la actitud revolucionaria en el documento conocido por "las 21 condiciones de Lenin", que fué aprobado por el II Congreso de la Internacional Comunista: "... se trata de demostrar sistematicamente a los trabajadores que, sin el derrocamiento revolucionario del capitalismo, ningún tribunal de arbitraje internacional, ningún debate sobre la reducción de armamentos, ninguna reorganización "democrática" de la Liga de las Naciones pueden preservar a la humanidad de las guerras imperialistas". Capitalismo y guerra imperialista son asociados intimos; la existencia del primero determina la reaparición periódica de la segunda. A falta de la revolución proletaria, si derrotada la burguesía alemana se encontrara incapaz de resurgir económica y militarmente-- y los tres de Moscu estan haciedo todo lo posible para facilitarle un futuro resurgimiento chovinista aleman-- vendría, tardara mas, tardara menos, una nueva guerra imperialista entre Estados Unidos e Inglaterra. Si, finalmente, una sóla potencia capitalista se adueñase incontestablemente del mundo, representaría el fascismo terráqueo, la brutal opresión, el régimen policiaco y el trabajo forzado permanentes; la pérdida de la civilización. El mundo se encuentra ante la alternativa de socializar la riqueza y planificar la producción (revolución proletaria) o desangrarse en armamentos fabulosos y explotar pulverizado en continuas gurras imperialistas. Expropiar alos expropiadores; he ahí el secreto de la paz y el verdadero orden mundial. Las sociedades de naciones, las conferencias de desarme, cuanto puedan poner en practica los Estados capitalistas, sirven unicamente para disimular la aproximación a una nueva matanza de millones de hombres. La burocracia sovietica, que al igual de la burocracia II Internacional, rubrica los monstruosos engaños del capital financiero mundial, debe ser puesta en la picota por los revolucionarios. El lacayo es tan perverso como el amo y mas odioso.
El punto numero dos es un tanto sintomatico: los paises en guerra contra un enemigo común, "obraran al unisóno en todos los asuntos que se relacionen con la rendición y el desarme de aquel enemigo". Prevee que los señores de Alemania Libre tendran que buscarse los garbanzos de otra forma, todo lo "libre" que quieran, menos con Alemania. Concuerda el punto con la revelación hacha recientemente en "Excelsior" Petinax. Segun el , el gobierno de Stalin, tranquilizó a la burguesía anglo-americana explicando la constitución del "Comité Alemania Libre" "como una simple maniobra tactica". Stalin parece avenirse a dar a Alemania el trato que sus rivales imperialistas quieran. El punto dos insinúa la renuncia a toda veleidad de ejercer una politica independiente en la Alemania venciada. Pero tranquilicemos a los traficantes que viven mintiendo sobre la libertad de Alemania. Con absoluta certidumbre, el proletariado aleman derrotará al fascismo, quizas mas pronto de lo que se espera. Entonces, tanto Stalin como los imperialistas anglo-americanos, necesitarán sus servicios para aplastar la revolución alemana. Lo probable es que puedan seguir medrando bajo el rotulo de la libertad. Pero los revolucionarios, junto con el proletariado aleman, se reservan el derecho de aniquilar a amos y sirvientes.
Pasemos de largo el punto numero 5. Prevé futuras conferncias entre los tres, para "establecer la justicia y el orden". Bajo un sistema capitalista, estas dos palabras significan exactamente lo contrario: injusticia y desorden, opresión y explotación. El mariscal representante de la contra revolución sovietica contribuirá a extender estos dones por el mundo. Solo un cretino stalinista puede extrañarse. El punto añade lo que todo el mundo sabe: cuando les parzca a los tres de Moscú, consultarán a las demás Naciones Unidas, que por esa clausula quedan convertidas en Naciones arrastradas.
El punto numero 6 reza: "Que despues de la terminación de las hostilidades no emplearan (los tres) sus fuerzas militares dentro de los territorios de los demás estados, excepto en los casos previstos en esta declaración y despues de consultas colectivas". Todo depende de lo que se entienda por "los demás estados", lo que ninguna de las declaraciones define. Si por ello se entiende la división geográfica establecida antes de septiembre de 1939, quiere decir que Stalin renuncia a conservar los territorios que se anexó con ayuda de Hitler, objeto fundamental que pareció determinar la constitución de " Alemania Libre". Si por "los demás estados" se entiende la división geográfica establedida al atacar Hitler la Unión Sovietica, entonces es que Inglaterra y Estados Unidos han cedido a las peticiones territoriales del mariscal bien amado. La imprecisión de la fórmula parece indicar que aún se regatea. Sin embargo, nos inclinamos a creer que, a cambio del apoyo inmenso que contra la revolución puede prestar Stalin, el imperialismo yanki-ingles consentirá en partes o la totalidad de las anexiones reclamadas por Stalin. La politica internacional de este, desde, que, con los Frentes Populares, se le hizo consciente y necesaria la traición a la revolución mundial, es, pura y simplemente, una prolongación de la politica exterior de los Romanof. Las anexiones territoriales se le hacen necesarias a Stalin como medio de conservar y fortalecer el frente burocrático interior contra el proletariado. El prestigio y la seguridad de la dictadura burocrática, exigen el restablecimiento de las fronteras rusas del tiempo de los Zares, exactamente como en el interior se ha restablecido el culto a los heroes de la burguesía, sin hablar de culto propiamente dicho u opio del del pueblo. El proletariado sovietico no necesita para nada la extensión de las fronteras rusas; lo que necesita, y urgentemente, es la extensión de la revolución bolchevique de 1917. La burocrácia no puede llevarla a los territorios que se anexione, porqué el papel que ella misma se ha asgnado en la historia es el de enterradora de la revolución. Ni siquiera puede asegurarse que, logradas las anexiones con el beneplacito de los magnates financieros anglo-yankis, se extiende a ellas la nacionalización de la industria, las finanzas, su planificación y la expropiación de los grandes terratenientes. Estas medidas podrian ser llevadas a la practica burocráticamente, aplastando al mismo tiempo a los elementos revolucionarios. Mas que a la población explotada de los nuevos territorios, la medida serviría de protección al Estado sovietico. Ahora bién, el Estado sovietico mismo, lleva, con la culminación de la guerra, a la encrucijada decisiva. Despotismo burocrático y economía planificada, que hasta ahora han podido marchar apareados, aúnque a costa de la efectividad de la economía planificada, se han separado ya lo bastante para que el rompimiento tenga que producirse en fecha proxima. Y rompimientos sociales de esta naturaleza solo pueden producirse aniquilando uno de los factores contradictorios, al otro. La victoria militar del Ejercito Rojo ha permitido que la colisión definitiva arroje en favor del proletariado, interiormente, la conservación de la economía planificada, exteriormente el huracán revolucionario proximo a desatarse en Europa. Para pervivir, la burocrácia tiene que romper la planificación económica, dejándola dividirse en una serie de clanes o truts que significarían el primer paso hacía el reconocimiento jurídico de la propiedad capitalista. Por su parte la economia planificada, para continuarse, tiene que aplastar a la burocracia y dejar paso libre a la avalancha revolucionaria, empantanada por la burocracia desde que el stalinismo adquirió su dominio totalitario. En estas circunstancias, cuando interiormente se plantea a la burocracia la necesidad de romper la planificación, ¿ será capaz de llevarla a los territorios capitalistas que pueda anexionarse ? Parece muy dudoso. En todo caso, puede tenerse por seguro que la burocracia se entendera con los ricos, sea sobre la base del sistema existente de la propiedad, sea por una combinacion híbrida que produzca una fachada de planificación y deje control y beneficios a los capitalistas. Sin aducir aquí, por no ser del caso, los impedimentos políticos de la burocracia, creo que ya no puede hablarse, como en el pasado, de su papel revolucionario, siquiera sea restringido, por mucha relatividad que se le atribuya. En el momento actual, la defensa de la economia planificada -- la defensa de la U.R.S.S., no de la burocracia--únicamente puede considerarse dependiente de dos factores: el uno interno, el triunfo del proletariado sovietico sobre la burocracia; el otro externo, la revolución socialista en el occidente europeo. Sin estas dos condiciones, las consideraciones de fronteras carecen de valor para la conservación de la revolución de 1917.
Para la burocrácia no es ciertamente lo mismo. Las anexiones, coincidiendo con el fracaso de la revolución Occidental, unirían en torno a los altos jerarcas burocráticos toda o casi toda la población sovietica elevada por encima del nivel medio del proletariado. Reforzaría, repitámoslo, el frente burocrático contra las masas. De ahí el paralelismo entre la política exterior de Stalin y la de los Romanoff! Planteada así a la conferencia moscovita, como necesidad contrarrevolucionaria interna, la burguesía anglo-americana sacrificará de buen grado a sus caros pequeños aliados, sin pedir otra cosa que salvar las apariencias. Todo antes que la vuelta a la dictadura del proletariado en la U.R.S.S. Y si Palmerston y Bismark, durante el siglo XIX, fueron los principales aliados del despotismo de los Romanoff, Churchill y Roosevelt no estan peor dotados que aquellos para convertirse en los principales aliados del despotismo stalinista, y viceversa.
En suma, la conferencia de Moscú no deja entrever sinó un arreglo entre opresores contra oprimidos. Si de algo sirve al proletariado mundial, es para ponerle alerta contra unos y otros y decidirle a seguir su propio camino de clase por la derrota del capitalismo y la instauración de los Estados Unidos Socialistas de Europa.
Noviembre 1943.