Contra la Corriente, n.º 10, diciembre de 1943 (págs. 10-14). PDF del número completo

Stalin, Churchil y Roosevelt, los tres grandes hombres "inventados" por esta época de decadencia y opresión burguesa, se juntaron al fin en Teherán, capital del antiguo imperio persa, hoy convertido en colonia del dollar.

El acontecimiento tiene una gran importancia. La reunión de Stalin, metido en su nuevo atuendo de mariscal, con Churchill y Roosevelt, representa a la perfección los elementos que impulsan la contrarrevolución burguesa, sin excluir la propiamente fascista : por un lado capital financiero e industrial (Roosevelt-Churchill); por otro burocracia obrera traidora a los intereses revolucionarios (Stalin). La conjunción de esos dos factores dió el triunfo a Mussolini, a Hitler, a Franco, etc. Próximo ya el fin de la segunda guerra imperialista, la reunión de los dos representantes mas caracterizados del capital financiero e industrial con el mas poderoso y típico jefe de la burocracia traidora a la revolución social, es como un anuncio macabro del régimen que tratarán de imponer al cesar las hostilidades.

Los clichés fotográficos y la formalidad de una brumosa declaración ya redactada en la conferencia de Moscú, forraje informativo para los corresponsales de prensa, desvanecían tácitamente las últimas posibilidades de que Stalin se entendiera separadamente con Hitler o con cualquier otro Gobierno alemán. La burocracia stalinista queda definitivamente adosada a la burguesía anglosajona para el trato que se haya de dar a la Alemania vencida. Ese es el primer resultado importante de las conferencias de Moscú y Teherán.

El movimiento "Alemania Libre", la "Asociación de Generales Alemanes", la propaganda bismarkiana y demás cháchara puesta en circulación por Moscú meses antes, han sido dadas al cuerno por la simple reproducción de las fotografías del mariscal entre el hombre de la City y el hombre de Wall Street. Durante la guerra de Finlandia, en un momento de angustia, la burocracia stalinista constituyó el Gobierno Kuusinen. Oponían al Gobierno burgués de Mannerheim un programa de reformas sociales timidísimo y pequeño-burgués en sí. Pero, siendo patrocinado por el Gobierno de la Unión Soviética, pudo haber sido interpretado por los obreros y campesinos finlandeses como un programa de revolución social, disfrazado a causa de la presión imperialista mundial. La gran mayoría de las masas explotadas, inexpertas en política por su propia condición, tienden fácilmente a creer en la buena fé de cualquier usurpador ornado con un título de "comunista" o "socialista". Sus palabras y proyectos, destinados a engañar a las masas pobres, son frecuentemente interpretados por estas como destinados a engañar al enemigo de clase. De ahí que el Gobierno de Kuusinen, con su programa intrascendente, estuviera a punto de desencadenar en Finlandia un movimiento revolucionario. Para evitarlo, Stalin, asustado, se apresuró a pactar con Mannerheim.

El programa que había sido dado a "Alemania Libre", era mucho mas descaradamente burgués que el del Gobierno Kuusinen. Apenas hablaba formalmente de libertades democráticas. Lo único claro en él era la promesa de ayudar a los poseyentes alemanes a eludir la destrucción económica que les deparan la burguesía rival anglo-yanki. La burocracia stalinista se ofrecía como cómplice y aliado de la burguesía alemana, a condición de que esta cesara la guerra contra la U.R.S.S. y se desembarazase de Hitler. Pero incluso este programa mas reaccionario que el de la misma burguesía en la epoca anterior a Hitler, podía ser interpretado por los proletarios como un llamamiento disfrazado a la acción socialista, y dar origen a un movimiento revolucionario. Temerosa de semejante eventualidad, y, por otra parte, necesitada para sostenerse ella misma en la postguerra del apoyo de la gran burguesía angloamericana, la burocracia stalinista abandona la burguesía alemana al castigo de sus rivales. Pese a la guerra germano-soviética, la burocracia stalinista no había renunciado hasta ahora a entenderse con Berlín. Por su presencia en Teherán, Stalin finca sus reales entre los opresores yanki-británicos. Los valores politicos de los esclavistas alemanes, están de baja. ¡ Honor a los esclavistas de habla inglesa !

La gran prensa burguesa de Inglaterra y Estados Unidos, conectada con los centros oficiales, sabe a que atenerse respecto a los resultados de Teherán, y colma de loas al gran mariscal bien amado. No en vano Roosevelt, el representante de la burguesía mas poderosa del mundo, se apresuró a cantar victoria respecto a los resultados de la conferencia de Moscú. La de Teherán no fué mas que una confirmación propagandística, con las primeras bailarinas. En cambio, alguna prensa pequeño-burguesa y la reformista del movimiento obrero han interpretado el esperpento de Teherán cual si se tratara de un importante triunfo para Stalin y su jauría de burócratas bonapartistas. Nosotros estamos seguros, por el contrario, de que en Moscú y Teherán la burocracia stalinista ha triunfado de la misma manera que triunfa el sirviente cumpliendo la voluntad del señor. ¡ Indudablemente, eso no deja de ser un triunfo ni de merecer cierta recompensa !

Todo induce a creer, pese a la ausencia de declaración explícita, que Roosevelt y Churchill han accedido a conceder a Stalin todo o casi todo lo que este haya pedido respecto a los países bálticos, Polonia, y Rumania. Así descubren la mendacidad de la protección imperialista a la independencia y la integridad de los pequeños países. La guerra fué iniciada, al parecer, para proteger a la débil Polonia contra la agresión de la fortísima Alemania. En el momento en que la burocracia stalinista declaraba la guerra a Finlandia e invadía a Polonia, Francia e Inglaterra se disponían a enviar tropas contra la Unión Soviética y estuvieron a punto de declararle la guerra, mientras los Estados Unidos extendían a Finlandia la ley de prestamos y arrendamientos. ¡ Cuanta indignación vertieron a través de su prensa mercenaria, de sus estaciones de radio y de sus estudios fílmicos, ese tríptico que asegura la dictadura de los millonarios sin perder la apelación democrática ! Pero los tiempos cambian y los cercenamientos que tanta noble indignación despertaron en Estados Unidos e Inglaterra, los otorgan ahora de buen grado. La opinión de los pueblos es despreciada y pisoteada. Se dispone de sus destinos desde el recinto de una cancillería, se les convierte en cosas, en factores de cambalache entre "los grandes". Nada tiene de extraña esta conducta en los Estados Unidos o Inglaterra, países capitalistas opresores. Pero la Unión Soviética, en tiempos de Lenin y Trotsky, fué el campeón del derecho de los pueblos a disponer de sí y por sí mismos. Si ahora reniega de ese principio, y tercia con los chalanes imperialistas, acusemos de ello a la contrarrevolución stalinista, no al pueblo soviético, que la sufre y ha sido privada por ella de su libertad.

La tesis revolucionaria sostiene que la independencia de los pequeños países interesa a los grandes imperialismos solo en cuanto favorece su dominio económico. Roosevelt y Churchill han ido a Teherán a confirmar la tesis revolucionaria, lo que no les impedirá perseguir en sus respectivos países a los revolucionarios que luchan contra la guerra imperialista. Defensa de la integridad territorial de Polonia, Finlandia, etc., mientras se hallaba amenazada por el imperialismo rival germano o por la Unión Soviética durante el pacto Hitler-Stalin; sacrificio voluntario de esa misma integridad territorial cuando este sirve para asegurar al imperialismo "protector" la poderosa alianza de Stalin. Al comenzar la guerra, Inglaterra, Francia, y Estados Unidos en plano de reserva, pretendían luchar, no por sus intereses imperialistas, sino por los derechos de "la indefensa Polonia" y otras Caperucitas por el estilo. ¿ Donde queda hoy toda esa falacia liberadora ? Las decisiones de Moscú y Teherán, y otras que vendrán con o sin Moscú, parecen especialmente ideadas para poner al desnudo el brutal carácter imperialista de la guerra. Roosevelt y Churchill por una parte, y Stalin como auxiliar, están haciendo mas que toda la propaganda revolucionaria para revelar al mundo la verdad de sus propósitos, por mas censura de prensa que impongan y brumosidades de que rodeen sus acuerdos. Para completar el cuadro reaccionario de las actuales clases dirigentes, aun se verá a la burguesía de los pequeños países sacrificados por decisión de los grandes, aceptar sus decisiones sonriente y agradecida. Solo el proletariado puede defender las respectivas independencias nacionales; únicamente la revolución proletaria otorgará a las pueblos el derecho de libre determinación, de incorporación o separación con y de quien quieran.

A cambio de las concesiones referidas, la burguesía anglosajona se asegura el concurso de Stalin, en primer lugar para aniquilar a la burguesía alemana como rival imperialista, en segundo lugar para vencer al movimiento proletario europeo, que ya inicia una gigantesca ofensiva. Por eso afirmamos que el triunfo del stalinismo en Moscú y Teherán es el triunfo de quien ha sabido colmar los deseos de su amo. En la etapa actual de la guerra, la derrota de la burguesía alemana no admite la menor duda. Se trata únicamente, para sus rivales angloparlantes, de asegurar su destrucción como elemento comercial concurrente en el mundo. El compromiso sellado en Teherán, de no hacer nada en Alemania sin previo acuerdo entre "los tres grandes", asegura a Estado Unidos e Inglaterra la colaboración stalinista en el logro de sus planes. Se dirá con razón que los compromisos diplomáticos son sistemáticamente violados; pero esta vez Stalin está fuertemente cogido. Se dará el caso paradójico de que habiéndo sido el Ejército Rojo quien ha derrotado a Alemania, la burguesía yanki-británica seguirá imperando en Europa, salvo si el proletariado hace saltar a burocracia y burguesía. Incapacitado Stalin, por los fundamentos contrarrevolucionarios de su poder, para oponer al imperialismo una política socialista, que inevitablemente le vencería, sólo le está permitido maniobrar con los grupos burgueses rivales. Pero en este terreno Londres y Washington son firmas mucho mas solventes y acreditadas que el Kremlin, que no existe sino como traidor a la revolución obrera. No está excluido que grupos burgueses secundarios busquen el apoyo de la burocracia stalinista; pero sea directamente o pasando por Moscú --siempre a reserva de la revolución proletaria--, todo volverá a la órbita Washington-Londres. Aquí parecen haberlo comprendido así. El reconocimiento de Tito como Gobierno y aliado principal, significa necesariamente que Stalin ha dado garantías irrecusables de la superioridad de su hombre sobre Mikhailovich y la monarquía como fundamento del orden burgués en Yugoslavia. Los guerrilleros revolucionarios que siguen a Tito, serán diezmados por la G.P.U. Se beneficiarán, en última instancia, los reaccionarios de Yugoslavia mas la burguesía anglosajona. No hay que esperar que, compitiendo con esta sobre el terreno de la propiedad privada, Moscú la supere en fuerza de atracción. La Unión Soviética puede tener una política independiente únicamente sobre la base de la revolución internacional. Renegándola, la burocracia stalinista traiciona al proletariado mundial, debilita a la U.R.S.S. frente a sus enemigos imperialistas y se convierte ella misma en vil instrumento de éstos. Su gestión contribuirá a afianzar el dominio yanki-británico en Europa y a dejar la Unión Soviética a merced del mismo. La heróica victoria militar del pueblo soviético, se desvanecerá en las manos sangrientas de la burocracia. Para disfrutar sus beneficios el proletariado soviético necesita derrocar a la burocracia, restablecer el poder democrático de los soviets y aliarse al proletariado mundial.

Entre la burocrácia bonapartista staliniana y la burguesía anglosajona, el único motivo realmente importante de litigio reside en el comportamiento político de aquella en el mundo de la póstguerra. El proletariado y demás capas pobres de la población, van a hacer un esfuerzo mucho mas general y violento que despues de la otra guerra, para liberarse de la esclavitud capitalista mediante la revolución social. El apoyo de la U.R.S.S. sería decisivo; la victoria estaría de antemano asegurada a las masas europeas. En las pláticas de Moscú selladas en Teherán, la lucha en contra de la revolución obrera ha dado la base para todos los acuerdos posteriores. Previo compromiso de la burocracia stalinista de secundar el esfuerzo de la burguesía anglosajona contra el proletariado europeo, los representantes angloamericanos no podían tener mas inconveniente en hacer a Stalin concesiones territoriales. Tanto mas cuanto que, cual ya ha sido dicho en nuestro número anterior, éstas son cesarias a la burocracia bonapartista para mantener el frente burocrático interior contra el proletariado soviético. Con el mismo objeto, la burocracia debe, además, asegurarse el apoyo financiero de la burguesía anglosajona. En Moscú y Teherán, los términos basicos del acuerdo pueden representarse por el siguiente dialogo :

La burguesía anglosajona : Señor Stalin, usted y sus hombres han salido de una revolución socialista. Aunque en los últimos años parecen haber vuelto ustedes a la razón conservadora, matando a buen número de bolcheviques y cortando el paso a la revolución española, ¿ que garantías podemos tener de que, al estallar insurrecciones obreras en Europa, ustedes no decidan volver nuevamente a la idea trotskista de la revolución mundial, y apoyarlas ?

El bonapartismo stalinista : Si tuviéramos esa intención, señores imperialistas, lo habriamos hecho ya en Alemania, en España, en Francia. Vuestra timidez burguesa os hizo desconfiar del Frente popular. En lo que era un ofrecimiento de colaboración, entrevísteis un ardid para desencadenar por otro camino la revolución socialista. Sabed que ésta nos perjudicaría; mas aun, que tenemos necesidad de vuestra ayuda contra el proletariado de nuestro propio país. Si nos concedeis ciertas ventajas que satisfagan a los estratos conservadores de nuestra población, pondremos a vuestro servicio nuestra capacidad para engañar a las masas. Si no accedeis, puesto que no podemos dirigirnos a las masas por temor de la revolución proletaria, nos dirigiremos a la burguesía alemana y trataremos de salvarla como elemento comercial concurrente contra vosotros en la postguerra. Concedednos algunas ventajas territoriales, prometednos vuestro apoyo financiero en la postguerra, de manera que nosotros podamos evitar la división en las filas burocráticas, lo que concedería una gran ventaja al proletariado soviético, y nos comprometemos a emplear todo el prestigio de la U.R.S.S. y el poder orgánico de nuestros sirvientes en satisfacer vuestros intereses contra la próxima ola revolucionaria.

La burguesía anglosajona : Excelente; designad vosotros mismos vuestras fronteras y probad, puesto que ya es necesario, que sabeis sabotear debidamente la revolución europea. Y para prevenir vuestras veleidades de entendimiento con nuestros rivales germanos, sabed que dispondremos al terminar la guerra de un ejército fantástico y además, que podremos provocar disensiones entre vuestras diversas camarillas burocráticas.

En efecto, la segunda guerra imperialista consuma la alianza del imperialismo triunfante con la contrarrevolución burocrática stalinista. Todos contra la revolución proletaria, el enemigo común ; he ahí el lema de las conferencias de Moscú y Teherán. La declaración sobre la colaboración en la postguerra para el mantenimiento del orden mundial, es la verdadera base del entendimiento. Imperialismo del capital financiero yanki-británico, mas burocracia traidora al proletariado, esos son los elementos de la contrarrevolución burguesa que se proyecta como salida a esta mentirosa guerra por la democracia y la libertad.

Pero esos no son mas que los proyectos de los opresores burgueses y de los fariseos burocráticos del mundo, sus auxiliares indispensables. A los dos elementos de la contrarrevolución, debemos oponer los dos elementos de la revolución : convulsiones sociales de las masas, forzadas por la opresión burguesa y las necesidades de liberación, mas conciencia del significado histórico de las mismas. En otras palabras, masas revolucionarias mas IV Internacional. Nadie mas que ella está hoy totalmente fundida con los intereses históricos de los explotados, vale decir de la humanidad.

Felicitémonos de la conferencia de Teherán. Aclara el panorama mundial. El orden que preparan la burguesía yanki-británica y la contrarrevolución stalinista, se traducirá inevitablemente en totalitarismo, trabajo forzado, represión, fusilamientos. Frente a ellos, estan las masas explotadas mas la IV Internacional. Dicho en palabras diferentes, las dos primeras constituyen el orden de la barbárie y la opresión capitalista; las dos segundas, el orden de la libertad, el progreso y la civilización socialistas. Teherán será histórico por eso. Desde ahora, los campos quedan perfectamente deslindados. Contrarrevolución burguesa mas burocracia obrera, --stalinista o reformista--, de una parte ; de la otra, revolución socialista y IV Internacional. Al margen de esos factores, todos los demás están destinados a caer en la órbita de las dos primeras o de las dos segundas.

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"El bonapartismo soviético se debe, en última instancia al retraso de la revolución mundial. La misma causa ha engendrado el fascismo en los países capitalistas.... La asfixia de la democracia soviética por la burocracia todopoderosa, y las derrotas infligidas a la democracia en otros países, son debidos a la lentitud que muestra el proletariado mundial en el cumplimiento de la tarea que le asigna la historia.... Un movimiento revolucionario en Europa quebrantaría inmediatamente el fascismo y también el bonapartismo soviético". L. Trotsky.