Contra la Corriente, n.º 11, enero de 1944 (págs. 15-17). PDF del número completo
El fenómeno de la ocupación y la opresión de las nacionalidades europeas por el imperialismo germano es uno de los fenómenos mas característicos de nuestra época. En grados, con métodos y objetivos diferentes, ha despertado en todo el viejo continente una avalancha cada vez mas crecida de resistencia. Principalmente armada con el lema de independencia nacional y lucha contra la opresión germana, disfruta de las simpatias y la colaboración de la mayoría de la población: proletariado, campesinos, pequeña-burguesia e incluso burguesía. Pero los métodos de lucha no son siempre los mas efectivos, ni los objetivos conducentes a la solución del problema europeo. Mientras en Yugoslavia y los balcanes, numerosos grupos guerrilleros de importancia diversa luchan a la vez contra los alemanes y entre sí mismos, en los países occidentales, Francia, Bélgica, Holanda, Noruega, el sabotaje y el atentado terrorista cunden como principal instrumento de lucha. Ultimamente, se ha hablado de guerrillas francesas en la parte alpina del pais. Pero nada autoriza a creer que hayan adquirido las proporciones que en los balcanes. La resistencia parece allí confinada --salvando la actuación de los grupos minoritarios revolucionarios-- al cáuce nacionalista y terrorista bordeado, a la derecha, por la burguesía gaullista y darlanista, a la izquierda, por el stalinismo y la social-democracia.
De las formas adoptadas por los diversos movimientos de resistencia nacional, y de sus objetivos, se desprenden numerosas y no fácilmente soslayables dificultades para adoptar una política revolucionaria de resistencia capaz de llevar la lucha por la liberación nacional a una solución verdadera. Dadas las condiciones de Europa, la peor de todas las cuales no es precisamente la ocupación y el terror nazis, sino la traición reiterada de las dos mas grandes organizaciones obreras a los intereses de la revolución socialista, es comprensible que, al encarar el problema de la liberación nacional, determinados revolucionarios de cuya lealtad no se puede dudar, hayan incurrido en errores tácticos que ofrecen base para mas graves errores políticos.
Por mi parte, creo que la adopción de una linea revolucionaria justa está subordinada a dos premisas respectivamente relacionadas entre sí: 1) Una justa estimación del fenómeno de la ocupación por el imperialismo germano, 2) El trazado estratégico de toda la lucha, o solución revolucionaria al maremagnum europeo.
Sería una mentecatez propia de la añagaza propagandística anglosajona pretender que la opresión desencadenada sobre Europa es un producto particular del imperialismo germano, o bien de la camarilla nazi. Estos representan, a lo sumo, el brazo ejecutivo de una tendencia inherente al imperialismo, mundialmente considerado. La época de las nacionalidades independientes, tal como fueron creadas por el transito del feudalismo al capitalismo, ha pasado, en general, a la historia. Los países coloniales rezagados en etapas inferiores de desarrollo, no podrán vivir como nacionalidades independientes sino breves períodos, solo momentos de transición. Deberán fundirse sin solución de continuidad en la federación mundial de repúblicas socialistas, o volver al yugo de cualquier colonizador o "protector" extranjero. En cuanto a las viejas nacionalidades europeas, su desaparición era, desde hace decenios, una necesidad histórica imperiosamente determinada por el desarrollo de las fuerzas productivas y de las necesidades humanas en relación con ellas. La capacidad de las fuerzas de producción sobrepasaban el marco nacional hasta el grado máximo posible dentro del sistema dado de la propiedad privada; el grado de conciencia política de las masas, con toda su vaguedad, las situaba por encima del estado nacional y de la propiedad privada. Las masas estaban --y siguen estando-- por la abolición de la propiedad privada y por la abolición de la nacionalidad burguesa mediante la federación de pueblos socialistas de Europa. Tratábase de superar el sistema de producción y consumo característico de la burguesía, y de abrir paso al sistema de producción y consumo socialistas, así como en el terreno de las fronteras, tratábase de superar la nacionalidad burguesa, substituyéndole la federación libre de pueblos, carentes ya de motivos de división. Pero la Segunda internacional, la organización obrera existente al hacer su aparición esta necesidad de superación histórica, desertó al nacionalismo burgués. La Tercera Internacional, constituida para llenar el lugar desierto de la Segunda, tras algunos años de fidelidad revolucionaria, fué llevada por la camarilla de Stalin a la misma traición social-patriota. Obstaculizadas en su desenvolvimiento natural hacia el socialismo, las masas revolucionarias no pudieron dar a la situación europea su desenlace revolucionario. Cuando este falta, viene inevitablemente un desenlace reaccionario.
El fracaso de la revolución en Europa, principalmente de su último intento, la revolución española, dejó libre campo al desenvolvimiento de la guerra imperialista. La guerra imperialista puede producir, a su vez, la revolución social; en el peor de los casos, producirá, con entera certidumbre, una ocasión de revolución. Pero al fallar la solución revolucionaria al conflicto europeo, el capitalismo tenía forzosamente que encontrar una solución reaccionaria. Para el capitalismo, no existe situación absolutamente sin salida --decía Lenin. Porque la historia no es un autómata que deba alcanzar inevitablemente la revolución proletaria y el socialismo. Sobre las condiciones objetivas favorables acumuladas por la evolución anterior, el impulso decisivo corresponde a la clase que por su posición en la red de la producción capitalista está capacitada para destruirla superándola. Cuando las organizaciones de esta clase fallan y se pasan al campo del enemigo, cual ha ocurrido con las internacionales Segunda y Tercera, la derrota del factor revolucionario permite al viejo sistema continuar su existencia con las modificaciones que la situación le exija.
Estas modificaciones han de ser siempre una imagen invertida de las que demandan el bienestar humano y el progreso histórico. Europa con mayor premura, y el mundo en general, necesitan expropiar al capitalismo, borrar las fronteras mediante la planificación de todo el sistema económico y producir para las necesidades del consumo mundial. Son las tareas de la revolución proletaria que deben ser iniciadas por la destrucción del Estado burgués y la toma del poder político por el proletariado. La necesidad y la posibilidad de esta revolución están dadas por el desarrollo gigantesco de las fuerzas de producción capitalistas. Traicionado sucesivamente por sus dos grandes organizaciones internacionales, el proletariado ha sido incapaz de dar al capitalismo el último empujón y precipitarlo en las sombras del pasado. La capacidad expansiva de las fuerzas de producción tiene que encontrar entonces sus propias válvula de escape: las soluciones revolucionarias necesarias y útiles a toda la humanidad, son substituidas por soluciones convenientes únicamente a la clase propietaria y dentro de ésta a la del país o los países mas poderosos. La solución revolucionaria expropiaría a la gran burguesía, y poniendo la administración en manos del proletariado, otorgaría un alza considerable del nivel de vida medio a todas las capas pobres de la población. La solución reaccionaria concentra la propiedad aun mas en manos de la gran burguesía, expropia legalmente o por la ruina a un número cada vez mas considerable de pequeño-burgueses, empeora las condiciones de vida de la gran masa trabajadora y completa su conversión en aditamento de la máquina. La solución revolucionaria, llevando el proletariado al poder, establecería inmediatamente un amplísimo sistema de democracia para los pobres, desconocido hasta ahora en la historia; la solución reaccionaria concentra todo el poder en manos de las oligarquías financieras y de sus camarillas políticas, gobierna por el terror y arrebata a las masas pobres hasta las libertades mas insignificantes y formales. La solución revolucionaria planificaría la economía con el intento de asegurar un desarrollo industrial armónico y adecuado a las necesidades del consumo humano; la solución reaccionaria dirige la economía con el intento de asegurar los beneficios a la oligarquía capitalista. La solución revolucionaria inauguraría un gigantesco progreso industrial, rompiendo el cerco de las fronteras y la sisa de la plusvalía capitalista; la solución reaccionaria limita el desarrollo industrial muy por debajo de las posibilidades, lo mantiene estático e incluso le obliga retroceder. Finalmente, sin hablar de la cultura, que sólo puede progresar ya mediante la revolución, la solución revolucionaria habría dado a todos los pueblos de Europa un interés económico común, llevando a los países mas adelantados a participar en el desarrollo técnico y cultural de los mas atrasados, lo que les conduciría espontáneamente a la supresión del problema de las nacionalidades, mediante la federación; la solución reaccionaria es la esclavitud y la explotación de los países mas atrasados o débiles por la burguesía de los mas poderosos e industrializados. A la federación socialista de pueblos se substituye la esclavitud de los mismos.
He ahí lo que ha hecho Alemania, mejor dicho, la burguesía alemana, en Europa. Ayudada por la idea de vengar el latrocinio perpetrado en Versalles, logró, no sin ayuda de reformistas y stalinistas, esclavizar al proletariado de su país. Conseguida la unidad nacional en su mas perfecta expresión, y puesto en movimiento hacia la guerra su formidable aparato productor, aplastó a toda la burguesía europea, obligándola a rendirle tributo espontaneamente o por la fuerza. Su invasión de Europa, la explotación económica y de mano de obra practicada, así como la esclavización y el terror que mantiene sobre todo el continente, no han sido producidas por necesidades estrictas de guerra. La guerra es el choque que ha hecho emerger las necesidades del gran capital financiero e industrial. La burguesía vá a ella para conseguir por las armas el sistema de organización mundial que mas le conviene en tiempos de paz. Así como las revoluciones precipitan la evolución de la humanidad, las guerras imperialistas precipitan la evolución de la burguesía en particular. La esclavización de Europa, producto inmediato de las necesidades de guerra de la burguesía germana, es la forma guerrera de sus necesidades permanentes de expansión comercial y control económico. En caso de victoria, cambiaría según los países la modalidad de dominación germana; pero subsistiría la esclavización nacional y el vasallaje económico de toda la burguesía continental. La necesidad estratégica militar sirve de puente a la estrategia imperialista general.
(continuará)