Contra la Corriente, n.º 15-16, mayo-junio de 1944 (págs. 19-27). PDF del número completo

Churchill, representante y celoso defensor de los intereses imperialistas británicos, ha hablado. Su discurso, por la claridad real y cínica con que ha exopuesto la política exterior que desarrolla y desarrollará el Gobierno de S. M. británica, ha sorprendido a tirios y troyanos, a los círculos reaccionarios aliados y a los que sin pertenecer a ellos, especulaban con la traición de los intereses de su clase.

Los primeros, se han maravillado por la prontitud con que el premier británico ha roto las percalinas "ideológicas" con que se cubrían los verdaderos fines de rapiña, hegemonía y conquista de la guerra, lo que prueba, la gran seguridad con que para lograrlos cuenta el Estado Mayor del imperialismo británico. Los segundos, se han sorprendido por lo mismo, indignandose, por la situación que les depara, a ellos, que justificaron su traición a los intereses de clase y su sometimiento incondicional a uno de los bandos imperialistas en virtud de los objetivos "democráticos" de guerra de los aliados, el que el viejo reaccionario Churchill, en su discurso, haya liquidado de manera que no admite dudas, todo mal entendido.

Por otro lado, la intervención de Churchill en la Cámara de los Comunes, ha tenido, para quienes mantenemos una posición revolucionaria, intransigente en lo que respecta al internacionalismo y a la lucha de clases, un preciado valor.

Con sus revelaciones Churchill, ha rendido un gran servicio a los intereses de la revolución europea en general y de la revolución española en particular. Sus palabras, invalidan toda la demagogia de la propaganda aliada en su interes de presentar la actual matanza como una lucha por la democracia, la libertad y la autodeterminación de los pueblos. La guerra, por decisión del premier británico, ha dejado de poder ser presentada como falsamente ideológica, para mostrar su única faz: la de una sangrienta carnicería provocada por las rivalidades imperialistas, en beneficio de un nuevo reparto del mundo. El reformismo socialista, el stalinismo, el centrismo y parte del anarquismo español, han perdido con ello la posibilidad de seguir engañando a sectores atrasados o poco conscientes de la clase trabajadora. De hoy en adelante, su traición, por obra de Churchill, dejará de ser velada, para aparecer como total, rotunda y manifiesta. Por esto, y al igual que Lenin en 1920 con respecto a Lloyd George -otro premier inglés-, agradecemos su discurso al viejo reaccionario Churchill.

"La actual guerra imperialista y los epígonos de la traición."

Entre las dos guerras imperialistas del siglo pueden establecerse algunas diferencias en orden a su densidad y espacio, pero no en cuanto al origen de sus causas y al de su finalidad o tendencia. En este último aspecto, el verdaderamente interesante -el único para discernir un juicio-, la identidad es absoluta. En los fenomenos sociales, como en los físico-químicos, los datos cuantitativos no alteran el resultado sino a condición, de transformarse por la alteración máxima de su magnitud en nuevos datos cualitativos. En el hecho social de la actual guerra, los datos cuantitativos no fuerzan el límite de variación, y por su parte los cualitativos, siguen siendo invariables con respecto a los que generaran la anterior.

Rivalidades de competencia, lucha por nuevos mercados y fuentes de materias primas. Esfuerzo por un nuevo reparto del mundo, comprendiendo territorios coloniales, semi-coloniales y paises de segundo y tercer orden donde establecer esferas de influencia. Superproducción, motivada por el desarrollo de la tecnica y el ilimitado deseo de beneficios de los capitalistas. Crisis de consumo como consecuencia del paro y miseria, que obligan a descender hasta lo infrahumano el poder adquisitivo de las grandes masas. Lucha violenta de los trabajadores por el derecho a su existencia material. En fin, incapacidad del sistema capitalista para salvar sus propias contradicciones y mantener un ritmo progresivo en el desarrollo histórico de la humanidad. Tales han sido los elementos generatrices fundamentales de la guerra imperialista de 1914-1918 y tales son los de la actual. Ambas se han desatado, para conquistar nuevas colonias, nuevos mercados, nuevas fuentes de materias primas y esferas de influencia. El origen y la finalidad de las dos guerras mundiales de nuestra época, no es otro.

Identicas las causas y los procesos generadores, identicos los métodos e identicos los fines. Identidad genérica, y dentro de ella, comprendida, la particular identidad de conducta entre el reformismo de antes y el de ahora, con la sola modalidad de encontrarse integrado en el reformismo de hoy el stalinismo.

Ayer los traidores a los intereses del proletariado se esforzaron en salvar a la guerra de su calificativo de imperialista, no regateando equilibrios de caracter mas o menos teórico. Hoy todas las teorías sobre el imperialismo, que los oportunistas y socialpatriotas pusieron en circulación durante la guerra mundial número uno, han servido de argumento, si cabe, enriquecidas por las desverguenzas reaccionarias stalinistas, que completan el monstruoso sistema de engaño.

Durante la primera guerra imperialista, Kautsky -al que Lenin calificó de renegado-, se escedió por demostrar que el imperialismo no era una etapa obligada del capitalismo, la etapa de su degeneración, sino simplemente la política elegida por el capital financiero con acusada tendencia anexionista, sin que esta tendencia excluyera la posibilidad de un desenvolvimiento del mismo sin necesidad de recurrir a los procedimientos imperialistas. Hilferding, al principio de la guerra actual, ha resucitado la teoría de Kautsky. En el "Neun Vorwaerts", afirmó que la política de Inglaterra y Francia no era imperialista, dado que su confirmación sólida como potencias, las alejaba de toda política agresiva. ¿No habían hecho cada vez mas concesiones, sacrificando posiciones de importancia? ¿Por que no deducir de esto su completa renuncia al imperialismo?

Stalin y sus domesticados "teóricos", una vez que viró su política como consecuencia de la entrada en guerra de la U.R.S.S. y de los pactos con E.E. U.U. e Inglaterra, han ido mas lejos -¡como no!- que Kautsky, Hilferding, Stampfer, Geyer y compañía. El stalinismo presenta hoy al capitalismo yankee, inglés, francés, italiano, en fin, a todo el capitalismo aliado, en una fase nueva superior, mas allá de la lucha de clases, sin contradicciones de ningun género entre explotados y explotadores, pletórico de designios pacifistas y progresivos.

El centrismo incómodo a su vez con la apreciación revolucionaria de esta guerra, no ha dejado un momento tambien de especular sobre el caracter "particular" de la misma, estableciendo diferencias, que ellos consideran fundamentales, entre ella y la de 1914-1918, que hacen de la actual matanza, una lucha "progresiva", por la libertad, la democracia, la autodeterminación de los pueblos, etc. Sus teorías sobre la "nueva clase", "el capitalismo de estado" y "el tercer frente", son la mejor expresión de sus esfuerzos para contribuir a la mixtificación y el engaño.

Nuestros anarquistas, salvo excepciones, sin pretensiones teóricas para justificar una posición anti-clasista frente a la guerra, han adoptado una actitud que varía entre el electicismo, negativo a los intereses revolucionarios, y el apoyo al grupo imperialista aliado. Estos últimos, en la practica de tal política, se han solido valer de sus relaciones de índole nacional, como lo prueba el S. García Oliver y los suyos, al mantenerse proximos al stalinismo español, en las cuestiones de unidad nacional y demas aspectos de la política en el exilio.

La conclusión general a que han llegado todos estos señores, es la de que esta guerra no proviene de las contradicciones capitalistas, sino de la imposibilidad de coexistencia de dos concepciones humanas dispares, en las que participan todas las clases. Aproximadamente un conflicto entre el bien y el mal.

Capitalistas, stalinistas, socialdemócratas, centristas y ciertos anarquistas negaron o pretendieron ignorar, que las contradicciones del sistema capitalista y lo inevitable de su política imperialista, se manifestó en los años anteriores a la guerra, por la demanda de Alemania e Italia de fuentes de materias primas y terrirorios coloniales. Por el triunfo de los movimientos nazi-fascistas que abogaban por una política de anexiones y conquistas, que cambiasen el reparto del mundo tal como lo establecieron los paises capitalistas victoriosos en la guerra 1914-1918. Por una diplomacia obscura, que fomentaba revueltas y cambios de gobiernos, que hicieran depender a los paises de orden secundario de sus esferas de influencia. Por una política exterior de las grandes potencias -principalmente de Inglaterra y E.E.U.U.-, de apoyo a los regímenes ultra-reaccionarios, en beneficio de la lucha contra todo movimiento revolucionario, que creando un clima moral de rebeldía, pusiera en peligro el sistema en sus respectivos territorios nacionales y coloniales.

Hoy, toda esta actitud no es susceptible de ser mantenida con la impunidad de antes. El velo ha sido desgarrado de manera oficial por uno de los representantes del grupo imperialista mas caracteristico por su tradición. La Carta del Atlantico, cebo a la ingenuidad, con la que realizaron sus mas deshonestos juegos de manos, los llamados demócratas, "socialistas" y stalinistas de los paises europeos, ha quedado reducido a cenizas, pese haber sido un papel mojado, por obra y gracia del juego verbal que ha puesto el señor Churchill al presentar los hechos e intenciones de los imperialistas británicos. Sólo se mantiene en pié, la única concepción objetiva que valora el conflicto en relación con sus intereses de clase, la que le presenta como un medio de salvar, ase- gurar y prolongar, el dominio del imperialismo británico junto con el norteamericano, sin estimar para nada la democracia, la libertad y el derecho de autodeterminación de los pueblos.

Aliados, enemigos y neutrales.

No hay guerra posible sin enemigo, lo que no indica que el único enemigo o el peor sea tan sólo el que se combate por las armas en batallas formales y con la intervención de los ejércitos. En los conflictos entre bandos capitalistas, pese la terminología en uso en tiempos de guerra de, aliados, neutrales y enemigos, las etiquetas de estos calificativos se distribuyen, con premeditada consciencia de manera equívoca.

En la guerra como en la paz, la sociedad burguesa mantiene su funcionamiento, basa su existencia, en el sistema económico de la propiedad privada de los medios de producción y cambio. Los antagonismos sociales, la división en clases y la lucha que entre ellas genera tal sistema económico, no solamente no desaparecen y persisten en tiempos de guerra, sino que como lo podemos observar facilmente, se desarrollan más y adquieren su máxima tensión, en virtud de la crítica situación en que se colocan los intereses respectivos de explotados y explotadores. En el frente interno de toda nación en guerra, una ruptura de equilibrio en favor de la burguesía, reduce al proletariado a las peores condiciones de explotación, entregandole inerme a la ambición ilimitada de los magnatos armamentistas y demás tiburones capitalistas, que en nombre de la excepcionalidad de la situación, no toleran en él la revindicación de los mas mínimos derechos, y sí, le imponen el peso en pleno de todo el esfuerzo bélico. Si la ruptura del equilibrio se produce en favor del proletariado, la guerra alcanza la peor de las variantes para la burguesía, pues ello entraña, o la derrota en el frente interior en el caso en que el proletariado pueda y sepa defender también sus conquistas frente a la burguesía de los otros paises, o si el proletariado no es capaz de ello, la derrota en manos de la burguesía o burguesías rivales.

Pese la conceptuación de enemigo que con gran énfasis adjudica la burguesía nacional a los capitalistas del bando antagónico, los verdaderos enemigos permanecen siendolo los explotados y explotadores de un mismo pais en primer término, y en segundo los explotados y explotadores entre sí mundialmente. Que esto es verdad, lo prueban las batallas que la lucha de clases riñe en tiempos de guerra, la violencia con que el estado capitalista trata a sus propios pueblos durante el conflicto y la refinada explotación, rigor brutal y represión que emplea para con los trabajadores de los paises vencidos, en contraste con la ayuda y protección que brinda a las clases capitalistas de esos mismos paises. Al final de toda guerra entre naciones capitalistas, vemos como las verdaderas victimas son las masas pobres. En ello no hay mas diferencia entre paises victoriosos y vencidos, que la que en los primeros se suele bastar la propia burguesía nacional y su aparato represivo para victimar a su proletariado, mientras que en los segundos, suelen ayudar a la burguesía nacional en la tarea las fuerzas represivas de los estados capitalistas vencedores. Deduciendo de lo anterior, podemos afirmar: que lo mismo en guerra que en paz, pese las rivalidades temporales y por encima de ellas, los aliados son los capitalistas entre sí, y sus enemigos, las clases explotadas, aún cuando gran parte no tenga consciencia de ello.

En una guerra intercontinental como la presente ninguna burguesía deja de participar en ella. La neutralidad es una ficción mas para mixtificar la realidad. El complejo mundo de relaciones intercapitalistas, no permite que cuando las grandes potencias que son a su vez los grandes vendedores y compradores del mercado mundial, se combaten, poniendo a contribución de la guerra los gigantescos esfuerzos de su máquina de producción, las otras naciones, que en paz intervienen como mecanismos de los mercados de estos grandes paises, eludan su cooperación. Y si su intervención no es de tipo militar, lo es de tipo industrial. Si no combaten con sus ejercitos, combaten con su producción, beneficiando a una de las partes que intervienen en la lucha armada. Parte que bien puede ser de la que se era antes dependiente, si geograficamente no supone esto un suicidio o la que es capaz de coaccionar por su fuerza presente haciendo sentir la amenaza de que en una "paz" dirigida por ellos, los intereses de los paises que no formaron dentro del círculo de su zona de influencia, no seran reconocidos o seran tratados como enemigos.

Nuestra guerra civil y su guerra imperialista.

La segunda guerra imperialista sorprendió a España en los principios de su régimen fascista-militar-clerical. La dictadura de Franco apenas acababa de asegurarse el total dominio de España, como colofón de tres años de sangrienta guerra civil. Dominio que alcanzó, separando la proporción que corresponde a las traiciones y errores de índole interno, gracias al apoyo material de Italia y Alemania y a la política diplomática de Inglaterra E.E.U.U. y Francia.

La guerra civil española fué de un gran significado como advertencia. El capitalismo mundial valoró su gran peligro y ya directa o indirectamente y empleando cómplices en los dos bandos, laboró desde un principio por las fuerzas regresivas. Del primer día al último, Londres, Wasington y Paris, al igual que Berlin y Roma, aunque con diferentes métodos, determinaron sus aliados y enemigos en el campo de combate ibérico. Logicamente, el capitalismo internacional, no podía traicionarse a si mismo. Franco y los suyos, tenían para ellos el doble significado de representantes de los intereses tradicionales de la propiedad privada y demas medios de la explotación capitalista, y de garantía de férrea defensa de los mismos frente a los atentados revolucionarios de las masas populares. Mientras que del otro lado, las acciones y tendencias de estas masas populares, no dejaban entrever otro resultado de su triunfo, que un aniquilamiento de todos esos intereses tradicionales.

Si durante la guerra civil las potencias de antifaz pseudodemocratico, Inglaterra E.E.U.U. y Francia, realizaron el doble juego del Comité de No Intervención y el mantenimiento de relaciones diplomáticas y reducida venta de armamento al Gobierno republicano, se deben buscar las causas de ello a las complicaciones, que por un lado se daban en la arena internacional, que les obligaba aunque sólo a título de amenaza de cara a la inevitable conflagración, a especular frente a Italia y Alemania con una España aliada, posibilidad que de momento no les brindaba Franco por su venta previa y sin consulta a los paises del Eje. Por el otro, esta política de doblez aparente -aparente porque en realidad su objetivo era ayudar a la victoria de Franco-, se debía al interes que el capitalismo tenía en reforzar los sectores conservadores y reaccionarios prevalentes en la zona llamada roja para que por su esfuerzo reconstituyeran al malparado estado burgués creando las condiciones para dar en el interior la batalla a las fuerzas revolucionarias y sus conquistas. El resultado de esta inteligente división de trabajo que adoptaron las principales potencias capitalistas, junto con la labor que desarrollaron los enemigos internos del proletariado, fué la derrota de la revolución española, hecho que satisfizo por igual a las burguesías totalitarias y pseudodemocraticas.

La mecánica de este proceso de comportamiento de las potencias capitalistas pseudodemocraticas, ha sido conscientemente falseada por todos los que encontrandose geograficamente frente a Franco, no tuvieron otra preocupación a través de la guerra que un desenlace en blanco o, como mal menor, el triunfo del caudillo. Todos los que temían por el triunfo de la revolución proletaria, aquellos que en el transcurso de la lucha presentaron esta como una guerra de liberación nacional, quienes limitaron primero y yugularon despues los métodos revolucionarios que emplearon las masas en un principio, pretextando que tales luchas desagradaban a Francia, Inglaterra y E.E.U.U. y nos enagenaban su "ayuda"; los que no dudaron un momento en reprimir de la manera mas sangrienta a las fracciones revolucionarias del movimiento obrero que luchaban por la consolidación de las conquistas populares y la conducción de la guerra por métodos revolucionarios, han dado solución de continuidad a esta política en el exilio.

Republicanos, social-democratas y stalinistas, han basado toda su política de emigración en la aceptación de un equívoco, beneficioso a sus intereses contrarrevolucionarios.

A nadie de no poseer una inefable invecilidad, y quien mas lejos de esto que los Prietos, Mijes, Pasionarias, etc., cuya caracteristica preponderante es la de una inefable sutilidad para la traicion, se le ocurre pensar que en nuestra guerra y menos despues de ella, estuviesen los intereses de Inglaterra y E.E.U.U. de parte de los que combatieron a Franco. Pero la actitud contrarrevolucionaria, el miedo a un posible triunfo del proletariado y la servidumbre a que obliga tener como dueño y señor a un grupo imperialista del que se espera recibir en representación el poder, forzó, aún a riesgo de pasar por imbeciles, a que stalinistas y reformistas españoles, gritaran a los cuatro vientos "el interes de las potencias aliadas de acabar con todos los regímenes totalitarios" y por ende, su enemiga al régimen de Franco.

¿Que se perseguía por tales métodos? Primero, crear en las masas españolas populares la ilusión de que serían los ejercitos aliados, quienes deshaciendo el entuerto franquista, implantarian la democracia y la libertad en España. Segundo, sumar al pueblo español, no sólo de una manera objetiva sino tambien subjetiva, a la causa bélica del imperialismo aliado. Y como consecuencia de esto, la taumaturgia de la traición socialdemocrata-stalinista, esperaba apartar a las masas proletarias españolas de sus verdaderas acciones de lucha, imbuirlas un sentimiento negativo sobre la eficacia de sus propias acciones, desacreditar ante ellos la lucha de clases, para de esta manera facilitar su uncimiento a una política de concordia, paz y unión nacional que alejase el peli- gro de una revolucion proletaria haciendoles a ellos mas fácil el ejercicio del poder, si es que algún señor "aliado" se lo entregaba.

Pero he aquí, que Churchill ha hablado revelando, con mas claridad que la necesaria, las intenciones del juego. La solución del problema que se dirime por las armas, no contiene la intención de cambiar las direcciones nacionales capitalistas de tipo totalitario por regímenes democráticos o liberales, menos aún el permitir dar paso a situaciones sociales contrarias al sistema político-económico capitalista. "La guerra ha dejado de ser ideológica". La guerra es de tipo imperialista y sus resultados, si tan sólo sufren la influencia de los hechos militares, entrañaran solamente un nuevo repartó del mundo. En interés de esta solución Churchill, como qualquier representante de no importa que clan imperialista, tiene que realizar una política que salvaguarde la rapiña conseguida por la violencia, y sus propios paises de los peligros revolucionarios. Peligros que si con anterioridad a la guerra y durante esta eran latentes para varias naciones, seran al tocar término esta, potentemente reales para todo el mundo. Para poner a salvo de este peligro al sistema capitalista no caben veleidades, Hitler ha enseñado el camino y la burguesía anglo-sajona en general no tienen otra salida que aprenderselo de memoria. Hay que contar con los elementos mas firmes y menos escrupulosos del campo reaccionario. Esto ha sido comprendido y queda significado por el entendimiento de los "representantes de las tres libertades" con Darlan, Badoglio y ahora Franco.

El aliado Franco.

Franco contó desde un principio con la simpatía y el apoyo de la burguesía británica y de la burguesía mundial. Su juego era y sigue siendo el de ellas. Si al principio de la segunda guerra imperialista no pudo haber un entendimiento esplicito, la culpa no fué de la burguesía aliada. Su situación entonces de inferioridad con respecto al Eje, no aconsejaba de ninguna manera a Franco el entregarse a los plutócratas de Londres y Washington ni como aliado ni como "neutral benevolente". De haber hecho tal, sus dias hubiesen sido contados, pues el ejercito alemán que llegó victorioso hasta la frontera de España, habría impuesto en Madrid un cambio de caudillo.

Despues de las derrotas alemanas en el frente oriental, y a medida que el potencial bélico de los aliados ha ido desarrollandose, hasta el punto de quedar la guerra limitada para Alemania a un gigantesco combate defensivo, Franco, por las mismas razones que le obligaban a mantenerse dentro de la esfera de influencia de Berlin, empezó a prestar oidos a las sirenas imperialistas de Londres y Washington. Y aquí, las condiciones específicas militares, han tenido la virtud de dar realidad al deseo de la burguesía anglo-norteamericana de revalorizar a Franco como el representante del sistema capitalista en España. Frente a un representante monárquico o republicano, tiene de cara a estos señores, la ventaja de haberse superado en el empleo de los únicos métodos con que hoy día cuenta la burguesía para prolongar su dominio, y la de no propiciar con el cambio, que una ilusoria interpretación del hecho por las masas populares reafirmase en estas el impulso a plantear el logro de las libertades fundamentales, demogogicamente prometidas por monárquicos y republicanos en su disputa del poder al caudillo. Franco por su parte y con él las [ilegible], sin lugar a dudas, el desenlace que tendrá la guerra, saben que su salvación estriba en un acuerdo con los aliados. En cualquier situación de la lucha, pese especulaciones sentimentales y diferencias de forma, los gobiernos capitalistas de las naciones de segundo orden, hayan intervenido en ellas como enemigos o "neutrales", no tienen otra salida que la de sumarse a los vencedores con cierta anticipación. En ello estriban dos garantías, en sí excesivamente relativas, pero las únicas que a los representantes capitalistas nacionales les cabrá contar en el caos de la post-guerra. La primera de estas garantías les hace suponer, que en la estructuración del nuevo "orden" mundial, su oportuna sumisión a los vencedores les permitirá participar en el reparto o al menos no sufrir materialmente sus consecuencias, y la segunda, menos relativa que la primera, les asegura un apoyo de los "grandes" frente a cambios o disturbios en el interior de su frontera.

Franco, en el intercambio de amistad con los aliados, cuando ya el peligro de una intervención del ejercito alemán en España está casi descontada, gana -a cambio de alterar la dirección de su comercio exterior, lo que en el peor de los casos supuestos le puede ser indiferente, y de comprometerse a garantizar el orden y la defensa de los intereses de la burguesía en España, por otra parte el leitmotiv de su política sin necesidad de consejos ni compromisos-, en el orden exterior: consideraciones que le permitirán hacer oir su voz cuando se "cambalachee" la paz, y en el interior: aparte de ganar de nuevo la estima de los elementos conservadores que últimamente empezaban a perder la confianza en él ante el temor que su insistencia en la política de cooperación con Alemania propiciara una intervención en su contra de los aliados, la seguridad de que su régimen tendrá que enfrentarse tan sólo con el enemigo interior, fundamentalmente la clase trabajadora española.

Por una parte y por la otra, tanto por los aliados como por Franco, el entendimiento era natural. La lógica que preside el desarrollo de los hechos, aunque la tal lógica se presente a veces como ilógica, en virtud de los esfuerzos que realizan, quienes pretenden engañar para facilitar la obra de su traición, o quienes para los que el proceso histórico es un arcano indescifrable, obliga a los representantes de una misma clase de intereses, aunar sus esfuerzos en la defensa de los mismos. Si aparentemente no rige esta lógica para Hitler y sus rivales imperialistas, esperemos el desenlace de la guerra, y veremos, como si el proletariado de Europa no impulsa su lucha hasta la toma del poder y barre al capitalismo, el entendimiento entre el sistema que representa Hitler y el que representan Churchill y Roosevelt, permite aún sin Hitler la continuidad de los métodos de explotación, sin distinción de matices, de manera identica, lo mismo en Alemania, España Italia etc., que en Inglaterra y Estados Unidos.

Ya saben pues los partidarios de la política de "unión nacional" y del intervencionismo en la guerra: Franco es el hombre de Churchill y de la burguesía mundial, aún de la que viste de "democracia". Su gobierno y su "unión nacional", satisfacen plenamente al imperialismo británico. Los sustitutos que ofrecen Prieto y los stalinistas, o inclusive los monárquicos, no son tomados en consideración por el viejo reaccionario Churchill. Les queda tan sólo, a los dos primeros, insistir en su traición para allanar aún mas el camino que se han trazado los pro- pósitos imperialistas, y sabiendo persistir, como ellos saben, es posible, que cuando el proletariado español junto con el de Europa se lancen a la lucha por la verdadera democracia, el Sr. Churchill o su sustituto, deleguen en ellos su confianza para encomendarles la misión de cerrar el paso a la revolución.