Contra la Corriente, n.º 17, julio de 1944 (págs. 12-14). PDF del número completo
En el último instante llegan, prodedentes de Alemania, noticias sobre el atentado contra Hitler, que no podemos dejar pasar sin un breve comentario.
Centenares de veces hemos repetido en Contra la Corriente que las sufrientes masas europeas buscarían una salida revolucionaria contra la guerra y el capitalismo, y que las masas alemanas no serían una excepción del fenómeno general, sino uno de sus mas importantes propulsores. Basándonos en nuestras ideas, esperábamos desde hace meses acontecimientos confirmatorios. Hoy, nadie que tenga una interpretación materialista, revolucionaria, de los fenómenos sociales, podrá negar que las masas alemanas se encuentran al mismo o mayor nivel revolucionario que las de otros países.
El atentado contra Hitler, que desde el punto de vista formal no es mas que una conjura palaciega hurdida por junkers y generales reaccionarios, como expresión social es un síntoma de la descomposición general de la burguesía y el hitlerismo germanos. El príncipe Yussupoff mató a Rasputín creyendo que su muerte salvaría a la monarquía y calmaría la ira de las masas. Cuando en Alemania, después del endiosamiento de Hitler, precisamente por obra de junkers, generales y gran burguesía, elementos pertenecientes a las tres categorías sociales conspiran contra él e intentan matarle, no puede caber la menor duda que sienten abrirse la tierra bajos sus pies y procuran salvarse asesinando a su propios dios. Cuando las masas amenazan gravemente a las clases reaccionarias, éstas no tienen nunca otro recurso que arrojar la responsabilidad sobre los hombres encumbrados por ellas mismas y cambiar la escenografía dejando el fondo social.
Desgraciadamente, esta maniobra les resulta bién demasiadas veces. Solo en Rusia, les ha fallado hasta ahora. Esperemos que la nueva ola revolucionaria europea, aleccionada por las experiencias del pasado, no se deje desviar de sus objetivos de clase. A este respecto, cabe indicar que, si interesadas están las clases reaccionarias alemanas en salvarse sacrificando a Hitler, no menos interesados están Washington, Londres y Moscú en frenar a las masas revolucionarias alemanas. Para conseguirlo deberán apoyar los intentos de los Badoglios alemanes, inducirles a sacrificar la persona de Hitler, y apoyarles inmediatamente contra las masas. Es muy probable que generales, junkers y gran burguesía, estén desde hace tiempo en contacto, sea con Moscú y su Asociación de Generales Alemanes, sea con Washington-Londres, o con ambos a la vez. Pocos días antes del atentado, en la cámara de los comunes británica, Eden anunciaba (¿a quién?) que los aliados tenían listas las condiciones de paz para Alemania. Al mismo tiempo, Churchill, considerando posible la revolución proletaria en Alemania, prometía tratarla de la misma manera que a la revolución rusa durante sus años heróicos... Por otra parte, existe en Moscú la reaccionaria Alemania Libre con su aditamento de Asociación de Generales Alemanes. El plan de los reaccionarios alemanes pudo estar en combinación tanto con el Oriente como con el Occidente. Es algo que tiene una importancia muy secundaria. Lo importante para el mundo y para el proletariado en particular, es que el armatoste estatal de la contrarrevolución alemana se desmorona. Dejemos a los tontos y a los alucinados por la propaganda burguesa, creer que las masas oprimidas no tienen nada que ver en todo esto. El análisis revolucionario debe ver en ello una acción destinada precisamente, a cortar la progresión de la revolución en Alemania. Varios meses antes de la caída de Mussolini, Badoglio pedía públicamente la supresión del Duce, como única manera de evitar la revolución socialista. El mismo esquema guía a las clases superiores alemanas. Pero para tener una idea cabal de la importancia del descontento y la oposición al fascismo y la guerra de las masas alemanas, debe tenerse presente la profundidad y la bestialidad del totalitarismo nazi. En un sistema así, las contradicciones sociales, ahogadas por el terror, no pueden manifestarse públicamente sino al llegar a un grado de agudeza explosiva. Hasta ahí ha alcanzado ya la situación interna en Alemania. Significa que el valladar hitlerista está a punto de caer y que un nuevo intento revolucionario socialista ha comenzado en Alemania.
En estas mismas páginas ha sido dicho varias veces: la burguesía yanki-británica favoreció a Hitler para evitar la revolución proletaria alemana y europea; por miedo a la misma, el stalinismo dejó triunfar a Hitler; como consecuencia de su derrota, la burguesía alemana, a su vez, se pondrá en manos de los aliados clamando por la evitación de la revolución social. En ese momento estamos ya.
El intento de derrocar a Hitler parece haber sido frustrado, pero lo será solo momentáneamente. Cuando caiga, y no tardará mucho, la revolución irá mucho mas allá de lo que hubiese podido alcanzar ahora. Precisamente por esa razón, Washington, Londres y Moscú, horrorizados de lo que pueda seguir, deben estar elaborando planes para yugular el movimiento revolucionario alemán.
Al encuentro de las tres capitales reaccionarias, la clase obrera mundial, principalmente la europea, debe correr en socorro de la revolución alemana. Su éxito es importantísimo para los restantes países del mundo. Tanto empeño como la burguesía mundial pone en evitarla, debe poner el proletariado mundial en llevarla a término. Mas aún; la actitud que ante ella se tome, es la medida mas precisa del pro-imperialismo o del oportunismo de cada organización en particular. ¡Abajo Hitler y la burguesía alemana!, pero también, ¡abajo la intervención anglo-yanky-rusa contra la revolución alemana! ¡Unidad del proletariado europeo contra el fascismo y la burguesía, por los Estados Unidos Socialistas de Europa!, pero también, ¡unidad del proletariado europeo al encuentro de la contrarrevolución yanky-británico-rusa!. A la clase obrera británica y estadounidense corresponde una importancia particular en la lucha contra su propia burguesía, extranguladora de futuras revoluciones. Toda otra actitud es contrarrevolucionaria y pro-imperialista.