Contra la Corriente, n.º 18, agosto de 1944 (págs. 2-3). PDF del número completo
Aun no ha cesado la guerra imperialista, las víctimas caerán todavía por centenares de miles, cuando ya se anuncian las espantosas consecuencias de aquella. Tras de haber ensangrentado al mundo sacrificando en su holocausto millones de hombres, mujeres y niños, el capitalismo se prepara a hacerle pagar con hambre las consecuencias de su guerra. En el sistema actual no hay lugar para una distribución equitativa de las cargas, como tampoco lo hay para una distribución equitativa de los beneficios, de la riqueza y el bienestar social. Después de haber hecho recaer sobre las masas pobres durante la guerra el principal tributo de sangre y la totalidad del tributo de miseria, la burguesía mundial empieza ya a tomar medidas para hacerles cargar también con el fardo fabuloso de paro obrero y hambre que producirá la crisis económica de la post-guerra.
Apenas se entrevé el triunfo de las armas anglo-yanquis cuando ya los capitalistas de ambos países empiezan a disminuir la producción y a despedir trabajadores. Con poca intensidad aun, el movimiento de despido se ha iniciado ya en todas las ciudades industriales de los Estados-Unidos. La amenaza para la clase trabajadora es tan grande, que la propia Federación Americana del Trabajo, central sindical totalmente infeudada al capitalismo, se ha visto obligada a registrar la alarma general. Según sus cálculos, antes de que termine el año, sin necesidad de que termine la guerra, existirán en los Estados-Unidos cuatro millones de obreros sin trabajo. ¡Calcúlese las cifras a que llegará el paro cuando la desmovilisación vierta al mercado del trabajo ocho o diez millones de hombres! Sólo los Estados-Unidos contarán 25 o 30 millones de parados o más. Por añadidura, siendo la mano de obra, para el capitalismo, una mercancía más sujeta a las fluctuaciones de la oferta y la demanda, el paro obrero servirá a los capitalistas para disminuir el jornal de los obreros que trabajan. ¡Habrá tantos hombres dispuestos a trabajar por lo indispensable para no morirse de hambre! Y así será en todo el mundo, países vencidos y países vencedores.
Radioscopia repugnante de las entrañas de la sociedad capitalista. Morid por la patria, por "la libertad" o por el "espacio vital" —grita en todos los tonos la burguesía—; y millones de hombres, medio engañados por la propagando, forzados siempre por la coacción social del capitalismo y su estado, mueren en los campos de batalla y en las retaguardias bombardeadas, mientras los capitalistas amontonan millones sobre millones, bajo los mismos lemas. Cesa la guerra, y entonces, los mismos intereses capitalistas que la produjeron lanzan a la miseria y a la degeneración física mediante el paro, a los mismos hombres a quienes pidieron e impusieron sacrificios y muerte.
¿Cuál es la razón para que millones de hombres sean lanzados al hambre? No existe más que esta: los intereses de los capitalistas. El mundo está muy lejos de tener un excedente de mercancías con su capacidad productiva actual. ¡Lejos de ello! El amasijo fantástico de riquezas destruido por la guerra, suponiendo que se hubiese aplicado a la producción para el consumo, distaría aún bastante de satisfacer las necesidades de todos los habitantes del planeta. La inmensa mayoría de ellos han vivido y viven en la más espantosa y embrutecedora miseria. Las invenciones y adelantos de la técnica moderna no son disfrutados más que por una insignificante minoría de hombres. Así como la industria ha trabajado a toda marcha para satisfacer las necesidades de la matanza imperialista, debe continuar trabajando para satisfacer las necesidades de consumo de la humanidad. No sobraría entonces ni un solo hombre; al contrario, tendría que activarse el empleo de nuevos métodos técnicos que aumentasen la capacidad productiva del hombre. Se opone a ello el sistema de propiedad actual, que produce únicamente en cuanto la venta produce riquezas a los capitalistas. Mas como la capacidad de compra de la inmensa masa explotada es mantenida constantemente a raya, en el mínimo, por la propia ley del beneficio capitalista, la humanidad vive un régimen de constante miseria agravada periódicamente por las crisis económicas del capitalismo. Ni de la miseria ni de las crisis puede librarse la humanidad sin deshacerse previamente del sistema capitalista de propiedad. Y habiendo alcanzado éste su máximo desarrollo posible, el problema adquiere caracteres de vida o muerte para la humanidad y para la civilisación.
¿Cómo luchar contra estas terribles amenazas? ¿Mediante sociedades de socorros mutuos? ¿Mediante un subsidio del estado burgués a los obreros parados? No, todo esto, sin dejar de reivindicarlo el proletariado, serían alivios momentáneos que no darían solución al problema. Las masas deben buscar una solución radical y no conformarse con limosnas del estado capitalista. El proletariado de todos los países debe exigir una ESCALA MOVIL DE HORAS DE TRABAJO, con un jornal mínimo que le asegure una subsistencia digna. "A menos de entregarse él mismo a la degeneración —dice el programa de la IV Internacional—, el proletariado no puede tolerar la transformación de una parte creciente de obreros en parados crónicos, en miserables que viven de las migajas de una sociedad en descomposición. El derecho al trabajo es el único derecho serio que tiene el obrero en una sociedad basada sobre la explotación". La clase trabajadora se defenderá así homogeneamente y no permitirá, como en el pasado, que la reacción capitalista saque provecho de los antagonismos creados por ella entre obreros con trabajo y obreros parados. Cierto, los capitalistas y sus gobiernos arguirán que la escasez de ventas no les permite dividir el número de horas de trabajo existentes por el número de obreros y emplearlos a todos. Ello sólo demuestra que el capitalismo es un estorbo para el bienestar y el progreso de la humanidad. Y estos deben estar por encima de los intereses miserables de los capitalistas.
La clase trabajadora, en cambio, sí puede emplear a todos los hombres existentes y asegurarles no sólo un mínimo de subsistencia, sino un crecimiento continuo de su nivel de vida, distribuyendo por el número de hombres existentes la cantidad de horas de trabajo necesarias para asegurar el consumo del mundo, y el progreso de la técnica y de la civilisación. El estorbo capitalista debe ser destruido. ¡Escala móvil de horas de trabajo! ¡Producción para el consumo!! ¡Expropiación de los capitalistas! ¡Administración económica y poder político proletarios! Sin ellos la humanidad será lanzada hacia atrás por los intereses capitalistas.