La Voz Leninista, n.º 1, 5 de abril de 1937 (pág. 2). PDF del número completo
Leemos en el editorial de «La Vanguardia» (órgano contrarrevolucionario) del 9-3-37: «La Voz del Presidente
El presidente de Cataluña, Luis Companys, habló el domingo en el acto de solidaridad con el pueblo de Madrid que tuvo por marco la Plaza Monumental.... Luis Companys es, sin duda, el político español que desde el 19 de Julio acá —no hay necesidad de ir más lejos— ha estado en contacto más directo y constante con el pueblo... Se tienen o no se tienen ese trémolo, ese toque, ese chizpazo indicadores de que entre el alma del pueblo y la del caudillo existe la corriente de afinidad por la que el pueblo se convierte en el resonador gigantesco de las palabras del caudillo, y la voz del caudillo se modula en la garganta múltiple de la muchedumbre... Por eso pudo encontrar el domingo esa frase magnífica —«a callar todo el mundo, a seguir las consignas del gobierno» — que puso en vilo a las cincuenta mil personas que la oyeron directamente y sacudió como un escalofrío a los cientos de miles que la escuchaban a través de la Radio..., silencio, trabajo, unión, disciplina; voz del pueblo la suya, que iba al pueblo y el pueblo recogía y ampliaba, de tal modo que un segundo después no se sabía si era el Presidente quien había dictado la consigna o era el pueblo quien se la dictaba al Presidente...»
Son estas frases algo cómicas pero sin embargo son graves. Los viejos políticos han sobrevivido, con toda su secuela de burócratas y polizontes. Preparan la restauración del antiguo orden. No son fascistas —pero piensan en una posible reconciliación con los fascistas— ¿Qué objeto tendría sino el silencio y la unidad sin adjetivos? ¿Unión de quién contra quién? Es necesario proclamarlo: de este modo es obligado suponer que un hombre de pasado contrarrevolucionario piense en la unión contra los revolucionarios.
Companys se ha rehecho. Ha vuelto a cobrar ánimos. Ya no se defiende: ataca. Ya no se conforma con que se obedezca al Gobierno; quiere una obediencia completa, previa. Y encuentra un público que le aplaude. ¿Quién tiene la culpa?
Recordemos que Companys, en dos ocasiones, a ofrecido su dimisión a la C. N. T. al comienzo de la actual revolución, y que en dos ocasiones, la C. N. T. —la misma que no quiso que Trotski viniera a España— le ha ratificado sus poderes. Durante tres cuartos de siglo ha predicado el anarquismo la supresión del Estado. Condiciones históricas tan favorables nunca se han dado hasta ahora ni se volveran a dar; pero han sido utilizadas para no destruir al Estado. El anarquismo se ha traicionado a sí mismo consolidando a los políticos en sus cargos.
¿Y el P. O. U. M.? Puede discutirse si el P. O. U. M. —en el supuesto de haber tenido una dirección revolucionaria— hubiera podido tomar el poder, solo, en el mes de Julio. Verdad es que propuso a la C. N. T. tomarlo conjuntamente. Por el hecho de haberse negado, la C. N. T se ha convertido en el responsable principal de la derrota. ¿Pero los jefes del P. O. U. M. no vivieron acaso la ilusión de que el poder del estado burgués disminuía, se disolvía? Bien es verdad que a comienzos de Agosto, Nin fué en Cataluña un hombre más poderoso que Companys, pero si Nin no hubiese olvidado por completo todo el marxismo-leninismo, se habría comportado hacia este último de manera muy diferente. Pues hubiera previsto entonces que con la política colaboracionista reforzaba el poder de la Generalidad, gobierno de tipo burgués que no puede ser conquistado por medio de la penetración diplomática, pero que es necesario derribar. Y si hoy no es posible hacerlo, cuando menos no hay que reconocerle, combatirle antes por todos los medios, quitarle el último prestigio que hábilmente ha podido conservar, escondiéndose tras la revolución proletaria.
Es verdad, también, que los b. l. dijeron todo esto a los jefes del P. O. U. M., a comienzos de Agosto: no decimos estas verdades después de los acontecimientos; (es verdad que un buen número de Poumistas no reconocen estos hechos ni aun después de ocurridos..). Una prueba entre muchas: en una primera relación del delegado de la IV, aparecida en la «Lutte Ouvriere» de París en Agosto, puede leerse: «Les partis ouvriers s'arrêtent devant le pouvoir officiel comme une poule devant un couteau». (los partidos obreros se han detenido ante el poder oficial como un carnero ante el cuchillo). Se hace notar que el capital bancario se esconde tras los hombros de los liberales que dirigen la Generalidad. En este momento, los obreros no quisieron creer que el cuchillo liberal permanece siempre al lado del hacha fascista.
Les faltó una dirección revolucionaria, capaz de mostrárselo. Los bolcheviques-leninistas trabajan por un nuevo 19 de Julio. Pero también trabajan con el fin de que la Historia no se repita.