Congreso celebrado en París, en la sala Wagram, del 23 al 27 de septiembre de 1900. Traducido del Cinquième Congrès socialiste international tenu à Paris du 23 au 27 septembre 1900. Compte rendu analytique officiel (París, Société nouvelle de librairie et d'édition, 1901, pp. 5-100 y 119-120), según el ejemplar digitalizado de Internet Archive; el texto francés se ha establecido sobre un nuevo OCR del escaneo, cotejado con las imágenes. Se traducen la reseña preliminar (congresos anteriores y bases del congreso), la crónica de las nueve sesiones y de las dos reuniones de la sección francesa, y el cuadro de las delegaciones. Las resoluciones aprobadas no se repiten: una línea en cursiva remite a la página del congreso. El acta es un resumen analítico: las intervenciones se dan unas veces en estilo directo y otras resumidas. Los nombres propios se dan como los escribe el acta. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras, salvo las marcadas «(Nota del acta.)». Texto original en francés.
Congresos internacionales celebrados antes del congreso de 1900
- Congreso de la Asociación Internacional de los Trabajadores de Ginebra, 1866.
- Congreso de la Asociación Internacional de los Trabajadores de Lausana, 1867.
- Congreso de la Asociación Internacional de los Trabajadores de Bruselas, 1868.
- Congreso de la Asociación Internacional de los Trabajadores de Basilea, 1869.
- Congreso de la Asociación Internacional de los Trabajadores de La Haya, 1872.
- Congreso internacional de Gante, septiembre de 1877.1
- Congreso internacional de Coira, 1881.
- Conferencia internacional obrera de París, octubre de 1883.
- Conferencia internacional obrera de París, 23-29 de agosto de 1886.
- Congreso corporativo internacional de Londres, 1888.
- Congreso internacional obrero socialista de París, organizado por la Federación de los Trabajadores Socialistas de Francia, julio de 1889.2
- Congreso internacional de París, 14-21 de julio de 1889.
- Congreso internacional obrero socialista de Bruselas, agosto de 1891.
- Congreso internacional obrero de Zúrich, agosto de 1893.
- Congreso internacional socialista obrero de Londres, julio de 1896.
Bases del Congreso de París
El congreso de Londres (1896) aprobó la siguiente propuesta, presentada por Liebknecht:3
«Se encarga a la mesa del congreso que redacte la invitación al próximo congreso, dirigiéndose exclusivamente:
»1.º A los representantes de las agrupaciones que persiguen la sustitución de la propiedad y la producción capitalistas por la propiedad y la producción socialistas, y que consideran la acción legislativa y parlamentaria como uno de los medios necesarios para llegar a ese fin;
»2.º A las asociaciones puramente cooperativas que, aunque no hagan política militante, declaren reconocer la necesidad de la acción legislativa y parlamentaria. En consecuencia, quedan excluidos los anarquistas.
»La verificación del mandato de los delegados la hará su nacionalidad respectiva, salvo recurso ante una comisión especial, elegida por todas las nacionalidades representadas en el congreso.
»Los mandatos de las nacionalidades representadas por menos de 5 delegados se someterán al comité de verificación de los mandatos, así como los mandatos dudosos.
»El congreso decide que el próximo congreso tenga lugar en Alemania en el curso del año 1899. En caso de que haya impedimento para celebrar el congreso en Alemania, se resuelve que el congreso se reúna en París en 1900.»
El congreso de Londres creó un comité internacional permanente con un secretario responsable, y fijó su sede en Londres, pero olvidó votar los fondos necesarios para su funcionamiento.
La transmisión de los poderes del congreso de Londres al congreso de París se llevó a cabo como lo refiere la siguiente circular, dirigida en mayo de 1900 por el Comité de Entente de las organizaciones socialistas francesas4 a las organizaciones obreras y socialistas de los dos mundos:
«Ciudadanos y camaradas:
»El Comité de Entente Socialista, que durante el año 1899 ha enlazado las cinco organizaciones nacionales que constituyen el conjunto del Partido Socialista francés, os ha dirigido ya una circular en la que explicaba las razones por las que tomaba la iniciativa de convocar una conferencia preparatoria del congreso socialista internacional de 1900.
»Esa conferencia, celebrada en Bruselas el 27 y el 28 de mayo de 1899, tomó las decisiones que publicamos a continuación. Esas decisiones fueron aceptadas por las cinco organizaciones entonces adheridas al Comité de Entente. Desde entonces, el Comité de Entente ha entregado sus poderes al Comité General salido del congreso de las organizaciones socialistas de diciembre de 1899.5 Corresponde, pues, al Comité General el deber de haceros saber que el próximo congreso socialista internacional tendrá lugar del 23 al 28 de septiembre, ambos inclusive.
»Este congreso, el quinto desde que el proletariado de los dos mundos decidió volver a celebrar sus grandes asambleas periódicas, sucederá a los grandes congresos de París (1889), de Bruselas (1891), de Zúrich (1893) y de Londres (1896), en los que cada vez se ha afirmado más unido, más coherente y más temible el poder de los trabajadores organizados en el terreno de la lucha de clases.
»Antes de separarse, el congreso de Londres había entregado sus poderes a una mesa permanente encargada de convocar el próximo congreso en determinadas condiciones netamente fijadas. Ese congreso debía celebrarse en Alemania en 1899 o en Francia en 1900, si obstáculos mayores —como, por lo demás, ha ocurrido— impedían a nuestros camaradas alemanes cumplir su mandato.
»Hacia finales del año 1898, nuestros amigos de Alemania nos avisaron de que debíamos sustituirlos para proceder a la organización del congreso. El Comité de Entente Socialista acababa entonces de constituirse. Se hizo cargo de esa obra, y enseguida se preocupó de evitar al futuro congreso las dificultades que se habían manifestado en el seno de las asambleas internacionales precedentes. Inspirándose, pues, ante todo en la situación especial de la organización socialista y obrera en Francia, el Comité de Entente, aun permaneciendo fiel al sentido íntimo de las resoluciones del congreso de Londres, se sumó con completa unanimidad a la idea de un congreso político socialista, es decir, de una asamblea en la que la adhesión de las agrupaciones corporativas llevara consigo el reconocimiento, por parte de estas, de la necesidad de una acción política socialista.
»Con ese espíritu se redactó la primera circular que dirigimos a nuestros camaradas de los dos mundos. Con ese espíritu también se presentaron en la conferencia de Bruselas, que habíamos convocado, los delegados de las cinco organizaciones adheridas al Comité de Entente Socialista francés.
»Pero aquí surgió una dificultad. La mesa permanente de Londres, convocada también a Bruselas, no quería desprenderse de sus poderes en manos del Comité de Entente Socialista más que si este aceptaba al pie de la letra las condiciones de invitación formuladas por el congreso anterior. La conferencia de Bruselas tuvo que juzgar ese litigio y finalmente lo zanjó en un sentido que permite a las organizaciones francesas preparar, de la manera más conforme a los intereses del proletariado, las grandes asambleas obreras y socialistas de 1900.
»He aquí en qué términos la mesa permanente transmitió sus poderes al Comité de Entente, recordando en primer lugar las decisiones del congreso de Londres y llegando después a las resoluciones resultantes de la transacción alcanzada en la conferencia de Bruselas entre las organizaciones socialistas francesas y las organizaciones socialistas de los demás países:
El congreso de Londres encargó a su mesa que convocara el próximo congreso en París en 1900, dirigiéndose exclusivamente:
Resoluciones de Londres
1.º A los representantes de las organizaciones que se proponen como fin sustituir la propiedad y la producción capitalistas por la propiedad y la producción socialistas, y que consideran la acción legislativa y parlamentaria como uno de los medios necesarios para alcanzar ese fin;
2.º A las asociaciones puramente sindicales (trade-unions) que, sin tomar parte en la acción política militante, declaren reconocer la necesidad de la acción legislativa y parlamentaria; por consiguiente, quedan excluidos los anarquistas.
En ejecución de ese mandato, nosotros, los abajo firmantes, miembros de la mesa de Londres, hemos transmitido nuestros poderes a los miembros del Comité de Entente Socialista francés, con la misión de invitar al congreso:
Resoluciones de Bruselas
1.º A todas las asociaciones que se adhieren a los principios esenciales del socialismo: socialización de los medios de producción y de cambio; unión y acción internacionales de los trabajadores; conquista socialista de los poderes públicos por el proletariado organizado en partido de clase;
2.º A todas las organizaciones corporativas que, situándose en el terreno de la lucha de clases y declarando reconocer la necesidad de la acción política, y por tanto legislativa y parlamentaria, no participen, sin embargo, de manera directa en el movimiento político.
»Esta solución de transacción fue adoptada por unanimidad por las once naciones representadas en Bruselas, con excepción de Francia, que reservó su respuesta hasta consultar a las cinco organizaciones adheridas al Comité de Entente.
»Con la misma unanimidad, la conferencia preparatoria decidió que, tras haber oído la declaración de la mesa de Londres y tomado conocimiento de la circular del Comité de Entente Socialista francés, daba poder a este último, a reserva de que aceptara la solución de transacción alcanzada, para convocar en los términos reproducidos más arriba el próximo congreso internacional en París en 1900.
»Como las cinco organizaciones adheridas al Comité de Entente han suscrito por unanimidad las resoluciones de la conferencia de Bruselas y aceptado el mandato de convocar el congreso de 1900 en las condiciones propuestas, el Comité General, heredero de los derechos y obligaciones del Comité de Entente, se ha convertido en comité de organización del congreso internacional, y pone en vuestro conocimiento la serie de cuestiones que constituyen el orden del día provisional del congreso, que son estas:
1.º Ejecución de las decisiones del congreso. Búsqueda y aplicación de los medios prácticos para el entendimiento, la organización y la acción internacionales de los trabajadores y de los socialistas;
2.º Legislación internacional del trabajo mediante la limitación de la jornada de trabajo. Discusión sobre la posibilidad de un salario mínimo en los distintos países;
3.º De las condiciones necesarias de la emancipación del trabajo: a) Constitución y acción del proletariado organizado en partido de clase; b) Expropiación política y económica de la burguesía; c) Socialización de los medios de producción;
4.º Paz internacional, militarismo, supresión de los ejércitos permanentes;
5.º La política colonial;
6.º Organización de los trabajadores marítimos;
7.º La lucha por el sufragio universal y la legislación directa por el pueblo;
8.º Socialismo municipal;
9.º La conquista de los poderes públicos y las alianzas con los partidos burgueses;
10.º El Primero de Mayo;
11.º Los trusts.
»Posteriormente, el Partido Obrero Socialista Revolucionario6 ha propuesto a las distintas naciones la siguiente enmienda, cuya inscripción en el orden del día han aceptado ya seis naciones de once:
¿El movimiento creciente de concentración de los capitales, el desorden económico resultante de su competencia, irreductible por medios políticos, y, en consecuencia, el agravamiento incesante de la situación de los trabajadores no hacen inevitable un conflicto directo entre el trabajo y el capital, que adoptará la forma de una huelga general?
»Ciudadanos y camaradas:
»Os invitamos, pues, a acudir al congreso socialista internacional de París.
»Una circular posterior os hará saber las disposiciones que ha tomado el socialismo francés, unido por entero en un mismo pensamiento de entendimiento y de acción común, para reservar a los delegados de todos los países la más fraternal hospitalidad y para asegurar a la faz del mundo el brillo y la grandeza de la quinta manifestación internacional de la clase obrera y del Partido Socialista.»
El congreso fue convocado mediante la siguiente circular:
«El congreso se abrirá el domingo 23 de septiembre de 1900, en la sala Wagram, avenida de Wagram, a las diez en punto de la mañana.
La primera sesión se dedicará a la verificación de los mandatos de las nacionalidades extranjeras, y la sesión de la tarde, a partir de las dos en punto, a la verificación de los mandatos de la nacionalidad francesa.
Queda bien entendido que la validación de los mandatos en el congreso internacional no prejuzga la que se haga para el segundo congreso general de las organizaciones socialistas, ya que las condiciones de admisión no son las mismas para uno y otro congreso.7
El secretario, Louis Dubreuilh.»8
La delegación francesa debía estar compuesta, en teoría, por el conjunto de los delegados al próximo congreso nacional.
Cada delegado podía ser portador de un número ilimitado de mandatos, pero en las cuestiones de principio la votación debía hacerse por nacionalidades.
Naciones representadas en el congreso: Alemania, Inglaterra, Austria, Bélgica, Bohemia, Bulgaria, Dinamarca, España, Estados Unidos de América, Francia, Holanda, Hungría, Irlanda, Italia, Noruega, Polonia, Portugal, República Argentina, Rusia, Suecia, Suiza.
Reunión de la sección francesa, domingo 23 de septiembre por la mañana
En el momento en que los delegados franceses se disponen a elegir su mesa, se suscita un incidente.9 Dubreuilh, secretario del Comité General, sube a la tribuna y declara que la sección francesa no está convocada hasta la tarde, a las dos. Allemane10 responde que una decisión unánime del Comité General convocó a los delegados para las diez de la mañana y pide a los ciudadanos que designen a los miembros de la mesa. La mayoría elige presidente a Jaurès;11 una parte de los delegados aplaude; el Partido Obrero Francés y el Partido Socialista Revolucionario12 protestan. Vaillant13 y Allemane son nombrados asesores. Vaillant se niega. «El nombramiento de la mesa —dice— no debía hacerse hasta después de la verificación de los mandatos.» Ante su negativa, Heppenheimer es nombrado segundo asesor, y Briand,14 secretario.
Fribourg pide que la mesa nombrada abra el congreso internacional y se mantenga durante toda la duración del congreso; en todo caso, para la primera jornada. Journoud pide que la mesa que haya presidido una sesión no pueda presidir una segunda.
Tanger impugna la validez de la elección mientras no se haya hecho la verificación de los poderes. Briand responde que, conforme a una decisión del Comité General, que no ha tenido tiempo de verificar los mandatos franceses, a cada organización se le ha encargado la verificación de sus propios mandatos, bajo su responsabilidad moral. Concluye que la sección francesa debe declararse constituida.
Allemane recuerda que los delegados extranjeros esperan a los delegados franceses, y propone que la sección francesa se declare constituida y que su mesa abra el congreso internacional. Aprobado.
La sección francesa se dirige a la gran sala del congreso.
Primera sesión, domingo 23 de septiembre
A las once y media, Jaurès invita a cada nacionalidad a sumar su mesa a la mesa de la sección francesa. La mesa del congreso internacional queda constituida así para la primera sesión:
- Sección alemana. — Paul Singer, presidente; David, secretario.
- Sección inglesa. — Pete Curran, presidente; Quelch, secretario.
- Sección austriaca. — Adler, presidente; Skaret, secretario.
- Sección belga. — Émile Vandervelde, presidente; Léon Furnemont, secretario.
- Sección de Bohemia. — Nemeç.
- Sección búlgara. — Ledenski y Mario Guesde.
- Sección danesa. — Knudsen, presidente; Borgbjerg, secretario.
- Sección española. — Pablo Iglesias.
- Sección americana. — Lucien Sanial, presidente; Krellow, secretario.
- Sección francesa. — Jean Jaurès, presidente; Jean Allemane y Édouard Vaillant, asesores —aunque este último, ausente—; Aristide Briand, secretario.
- Sección holandesa. — Van Kol, presidente; Troelstra, secretario.
- Sección húngara. — Tessart.
- Sección italiana. — Andrea Costa, presidente; Enrico Ferri, secretario.
- Sección polaca. — Lunanowski, presidente; Daszynski, secretario.
- Sección argentina. — Achille Cambier.
- Sección rusa. — Kritchewski, presidente; Plekhanoff, secretario.
- Sección sueca. — Menander y Andersson.
- Sección suiza. — Fürholz, presidente; Rapin, secretario.
Clara Zetkin15 hace de traductora para el alemán, y Smith, de traductor para el inglés.
Jaurès pronuncia la siguiente alocución:
«Ciudadanos y camaradas de todos los países:
»Con una alegría y una emoción profundas, en nombre de todo el Partido Socialista —los trabajadores organizados de Francia—, doy la bienvenida a los socialistas organizados, a los proletarios de todos los países.
»Ciertamente, nunca esta reunión de los representantes socialistas y proletarios de todos los países, de todos los continentes, de todas las razas, fue más necesaria y más decisiva que en esta hora en que por todas partes, en todos los pueblos, el capitalismo intenta amotinar la bestialidad chovinista y el delirio nacionalista; que en este momento en que por todas partes, para servir a los intereses del capitalismo invasor, la burguesía intenta reavivar los antagonismos de raza y lanzar a los pueblos unos contra otros.
»Es una manifestación grande y necesaria que el proletariado afirme hoy su voluntad de mantener la paz universal.
»Ciudadanas y ciudadanos, nuestro orden del día, el orden del día del congreso socialista internacional, comprende, al mismo tiempo que esta gran cuestión de la paz, todas las demás cuestiones sobre las que en esta hora se alzan controversias en los partidos socialistas de todos los países. Discutiremos aquí, pero sabremos encontrar fácilmente las fórmulas de acuerdo; somos el Partido Socialista, es decir, el partido que, sin desdeñar la mejora inmediata y constante para los que trabajan, no olvida el fin último: la abolición completa del capitalismo y el establecimiento de la propiedad colectiva.
»Y precisamente porque todos tenemos ese mismo espíritu daremos al mundo el ejemplo de la paz socialista.
»¡Ah, ciudadanos!, dejadme, en nombre de nuestros camaradas de Francia, que todavía no han realizado entre ellos la unidad completa, la unidad orgánica de la que todos los demás países nos han dado ejemplo, dejadme expresar el deseo de que el ejemplo de la fuerza que la unidad orgánica da a los partidos socialistas de los demás países sepa, mediante una amistosa propaganda, aconsejarnos la unidad completa, la unidad entre socialistas, para preparar la unidad entre los hombres mediante la Revolución social.» (Vivos aplausos y aclamaciones unánimes.)
Singer16 (Alemania) le sucede en la tribuna:
«El congreso nacional de la socialdemocracia alemana, que acaba de celebrarse en Maguncia,17 me ha encargado venir aquí a daros la bienvenida y a traeros el saludo cordial de vuestros hermanos militantes de todas las razas, de todas las naciones.
»La democracia alemana está unánimemente convencida de la necesidad de marchar de la mano con los socialistas proletarios de todos los países para romper el yugo del capitalismo y llegar a la expropiación económica de la burguesía.
»Precisamente el congreso de Maguncia ha recordado que hace veinticinco años había en el seno de la socialdemocracia alemana las mismas disensiones, las mismas diferencias de opinión que hoy en el Partido Socialista francés.18 La socialdemocracia alemana triunfó sobre esas disensiones inspirándose en la idea de que, a pesar de las diferencias aparentes, todos estamos de acuerdo en cuanto al fin último.
»Eso es lo que trajo la unidad socialista alemana y lo que ha hecho que la democracia alemana haya podido alcanzar una fuerza y una vitalidad como ningún partido socialista de Europa puede mostrar.
»Toda la historia de la socialdemocracia alemana prueba que cuanto más unidos están los socialistas de todos los matices, más se impone la voluntad del proletariado.
»En el congreso de Maguncia nos ocupamos también de una cuestión que nuestro congreso internacional tendrá que tratar: la política colonial, organizada en todas partes con tanto encarnizamiento por el militarismo y el capitalismo para aumentar todavía más la explotación del proletariado. Pues bien, el congreso de Maguncia declaró que el proletariado opondría a la política de guerra del militarismo y del capitalismo la política de la paz universal y de la solidaridad internacional.
»Termino expresando la seguridad de que las mismas convicciones fraternales que trajeron la unidad entre los socialistas alemanes traerán la unidad entre los socialistas franceses, y por eso os invito a gritar más fuerte y más alto que nunca frente al mundo capitalista: ¡Viva la Internacional socialista!» (Vivos aplausos.)
Pete Curran19 (Inglaterra) trae la protesta de los tradeunionistas y de los socialistas ingleses contra la política imperialista del gobierno inglés.20
Hyndman21 (Inglaterra) pronuncia, en francés, en alemán y en inglés, el elogio de Liebknecht, muerto el 10 de agosto de 1900.22 «Permitidme, antes de escuchar el saludo fraternal de nuestros camaradas del extranjero, dirigir a los delegados alemanes unas palabras de simpatía y de condolencia por la pérdida que han sufrido, y que ha sufrido el proletariado socialista internacionalista, en la persona de nuestro llorado Liebknecht; (Todos los congresistas se ponen en pie; aplausos unánimes.) ... Liebknecht vive en este momento en esta asamblea. (Aplausos.) Socialistas franceses, ingleses, belgas, italianos, etc., enviemos todos nuestro saludo a la viuda de Liebknecht y a los camaradas alemanes.» (Aplausos unánimes.)
La asamblea entera se pone en pie, y Jaurès, en nombre del congreso internacional, rinde homenaje a la memoria de Liebknecht.
Andrea Costa23 (Italia), Adler24 (Austria) y Vandervelde25 (Bélgica) traen el saludo de sus secciones y desean, en términos ardientes, que los socialistas franceses realicen pronto la unidad deseada. «Camaradas —dice Vandervelde—, nosotros estamos unidos, y esa unión es nuestra fuerza. Permitidme esperar que la unidad del Partido Socialista francés se realice próximamente. (Aplausos repetidos.)
»¡Socialistas franceses, uníos! (Aplausos.) A pesar de las apariencias, la unión socialista está en marcha entre vosotros. Los militantes oscuros, que no se mezclan en las polémicas entre las escuelas, la quieren. (Aplausos.) Los que en 1793 llevaron la bandera de la Revolución también estaban profundamente divididos, pero cuando tronó el cañón hicieron bloque contra el enemigo. Socialistas de 1900, ¿haréis menos que los burgueses de 1793?» (Aplausos entusiastas.)
Jaurès da lectura a una carta del ciudadano Katayoma (Japón),26 uno de los primeros apóstoles del socialismo en el Extremo Oriente.
Troelstra27 (Holanda) anima a los franceses a formar la unidad de su partido.
Plekhanoff28 y Kritschewski29 condenan el despotismo ruso en nombre del proletariado ruso y polaco; leen los dos órdenes del día siguientes:
«Los revolucionarios polacos, judíos y rusos deportados como militantes socialistas por el gobierno del zar ruso a uno de los lugares más apartados de Siberia, así como algunos habitantes de esta localidad que simpatizan con ellos, reunidos el 1.º de mayo de 1900 en reunión amistosa, en el día del Primero de Mayo, fiesta de la solidaridad internacional del proletariado, han decidido por unanimidad y con entusiasmo enviar su saludo cordial al Congreso Internacional Obrero Socialista de París y desearle de todo corazón el mayor éxito en sus trabajos. ¡Viva el socialismo democrático! ¡Viva el Congreso Internacional Obrero Socialista!»
«La organización obrera que agrupa a obreros de todas las profesiones, en todos los barrios de San Petersburgo, saluda al Congreso Internacional Socialista.»
Knudsen30 (Dinamarca), Daszynski31 (Polonia), Nemeç32 (Bohemia), Fürholz (Suiza), Andersson (Suecia), Pablo Iglesias33 (España), Achille Cambier (República Argentina) y Lucien Sanial34 (Estados Unidos) trazan, en breves palabras, el cuadro de los progresos del socialismo en el mundo.
La sesión va a terminar cuando Lafargue35 (Francia) se lanza a la tribuna, que rodean enseguida los miembros del Partido Obrero Francés. Estos increpan violentamente a Jaurès. Se levanta la sesión a las 3 al canto de La Internacional, después de que Lafargue haya dado lectura a esta protesta:
«Considerando que la verificación de los poderes de la sección francesa había sido fijada, por decisión del Comité General y por medio de la prensa, a las dos de la tarde; considerando que, sin esperar a la hora fijada, desde esta mañana y sin verificación alguna de los poderes, aprovechando la ausencia de un gran número de delegados, se ha procedido a constituir una mesa que no tiene ninguna calidad para hablar en nombre de la delegación francesa;
El Partido Obrero Francés, el Partido Socialista Revolucionario, la Alianza Comunista,36 la Federación de los Sindicatos Obreros de Saona y Loira, la Federación Autónoma de Saona y Loira y las Federaciones Autónomas del Alto Saona, del Doubs y del Alto Rin protestan ante todos los partidos socialistas representados en el congreso internacional.
Por el P.S.R.: el secretario, Landrin.
Por el P.O.F.: el secretario, Guesde.37
Por la Alianza Comunista: el secretario, Marchand.
Por la Federación de los Sindicatos Obreros de Saona y Loira: el secretario general, Chalot.
Por la Federación Autónoma de Saona y Loira: el secretario general, Journoud.
Por las Federaciones del Doubs, Alto Saona y Alto Rin: el secretario general, Perrin.»
Esta protesta se había votado en una reunión celebrada en el momento de la apertura de la primera sesión del congreso internacional.
Segunda sesión, lunes 24 de septiembre por la mañana
Las tribunas están abarrotadas. La mesa constituida la víspera aparece en el estrado a las diez y media. Jaurès cede la presidencia a Singer.
Singer invita a las secciones a nombrar su mesa definitiva, pues la mesa de la víspera no tenía más que un carácter provisional. Todas las nacionalidades deben concurrir a la composición de la mesa permanente del congreso, a razón de dos delegados cada una; esta mesa designará cada día un nuevo presidente. Invita además a las secciones a nombrar sus delegados en las comisiones, o sea, dos delegados por comisión y por nacionalidad. Todos los miembros del congreso podrán asistir, con voz consultiva, a las sesiones de las comisiones.
Vandervelde explica que las deliberaciones de las comisiones deben preceder a las asambleas plenarias: «Solo cuando se haya elaborado al menos uno de los informes de las comisiones podrá reunirse una asamblea plenaria para discutirlo y votar». Propone que las comisiones se reúnan de diez a doce y de dos a seis; esta propuesta, apoyada por Furnemont38 (Bélgica) y combatida por los delegados ingleses, que piden que el trabajo termine a las cinco, se somete a votación y se aprueba por mayoría: para esta cuestión se había decidido el voto por cabeza.
Singer da lectura a dos telegramas de felicitación dirigidos al congreso, enviados uno por la Casa del Pueblo de Nimes y el otro por los militantes socialistas de Carmaux39 (Aplausos). «Propongo —añade— que el congreso apruebe en bloque el orden del día elaborado por la comisión permanente de Bruselas; a medida que cada una de las doce comisiones termine sus trabajos, su informe se discutirá en asamblea plenaria.»
Fribourg dice que así se tendrá la opinión de las comisiones, no la del congreso; pide que el trabajo de las comisiones siga al del congreso, en lugar de precederlo, y que se limite a fijar el texto de las resoluciones.
Singer. —«Pido al congreso que rechace la propuesta Fribourg. Sin duda es excelente en principio, pero tiene el inconveniente práctico de que obligaría a prolongar nuestros trabajos unos tres meses» (Aplausos y risas.)
Se rechaza la moción Fribourg.
Singer. —«Ahora podemos retirarnos a nuestros locales respectivos para proceder a la elección de los miembros de las comisiones y de las mesas por nacionalidad. Pero antes de separarnos expreso la esperanza de que nuestros camaradas franceses puedan haber terminado antes de las dos.» (Risas y aplausos.)
Furnemont. —«El duodécimo punto del orden del día (huelga general) se añadió a los once puntos fijados por la comisión de Bruselas a petición del P.O.S.R. francés. Para evitar impugnaciones sobre la regularidad de este añadido, pido al congreso que decida que el punto 12.º forma parte de nuestro orden del día.» — La propuesta, sometida a votación, se aprueba casi por unanimidad.
En el momento en que se va a levantar la sesión surge un incidente. La sala grande donde el congreso debe reunirse por la tarde no está libre. Los ciudadanos Dubreuilh y Boutié, tesorero del Comité General, explican que la culpa es del propietario de la sala. Lo hacen en términos hostiles a una fracción de la delegación francesa, lo que provoca un violento tumulto. Singer da por cerrado el incidente y se levanta la sesión.
Segunda reunión de la sección francesa, lunes 24 de septiembre
Presidencia del ciudadano Allemane.
Se presentan en la tribuna varias mociones; su objeto es regular el modo de votación de los delegados a la mesa permanente del congreso y a las doce comisiones, de suerte que ninguna de las dos fracciones en que parece dividida la sección francesa sea ni se crea sacrificada a la otra.
Delory:40 «En nombre de mis amigos, vengo a proponeros que dejemos para más tarde nuestras querellas de familia. Nos explicaremos, si os parece, en el congreso nacional. Con este espíritu os propongo que nos pongamos de acuerdo para el nombramiento de los dos miembros de la mesa permanente y de los dos miembros de cada comisión. Hay un modo de estar de acuerdo: que los independientes41 nombren a uno de esos dos delegados, y nosotros nombraremos al otro.»
Jaurès se adhiere a la propuesta Delory.
Guesde, en nombre del P.O.F., del P.S.R. y de varias federaciones, presenta esta moción:
«Decididos a cumplir hasta el final nuestro deber internacional, proponemos a la delegación francesa que suspenda todo conflicto mientras dure el congreso internacional y, puesto que existen dos maneras de concebir la acción de la política socialista, que se atribuya a cada una de estas fracciones, sin averiguar dónde está la mayoría o la minoría, un presidente en la mesa general y un delegado en cada una de las doce comisiones.» (Aplausos unánimes).
Gérault-Richard42 aporta una corrección a esta moción: «Cada fracción elegirá su delegado en la mesa y en cada una de las comisiones; pero la lista así formada recibirá la ratificación de toda la sección francesa. Así el procedimiento adoptado no parecerá consagrar una ruptura entre los grupos de socialistas franceses.»
Delory se adhiere a esta propuesta adicional. Camélinat43 pide la votación a mano alzada sobre los nombres propuestos: aprobado por unanimidad.
Vaillant y Renou son nombrados por unanimidad miembros de la mesa definitiva por la sección francesa. Se vota una suspensión de la sesión para permitir la elección de los delegados en las comisiones.
La sesión se reanuda a mediodía. La asamblea general de la sección francesa ratifica por unanimidad la lista siguiente:
1.ª comisión (Ejecución de las decisiones del congreso. Búsqueda y aplicación de los medios prácticos para el entendimiento, la organización y la acción internacional de los trabajadores y de los socialistas): Sembat44 y Hubert Lagardelle.45
2.ª comisión (Legislación internacional del trabajo para la limitación de la jornada de trabajo. Discusión sobre la posibilidad de un salario mínimo en los distintos países): Groussier y Moreau.
3.ª comisión (De las condiciones necesarias de la emancipación del trabajo: a) constitución y acción del proletariado organizado en partido de clase; b) expropiación política y económica de la burguesía; c) socialización de los medios de producción): Lafargue y Ponard.
4.ª comisión (Paz internacional, militarismo, supresión de los ejércitos permanentes): Vaillant y Allemane.
5.ª comisión (La política colonial): Roldes y Lagrosillière.
6.ª comisión (Organización de los trabajadores marítimos): Lavigne y Brunellière.
7.ª comisión (La lucha por el sufragio universal y la legislación directa por el pueblo): Lepage y Dalle.
8.ª comisión (Socialismo municipal): Delory y Flaissières.
9.ª comisión (La conquista de los poderes públicos y las alianzas con los partidos burgueses): Guesde y Jaurès.
10.ª comisión (El Primero de Mayo): Journoud y Cadenat.
11.ª comisión (Los trusts): Argyriadès y Wilm.
12.ª comisión (La huelga general): Briand y Zévaès.46
Se levanta la sesión con el canto de La Internacional.
Tercera sesión, lunes 24 de septiembre por la tarde
A las dos y media Singer abre la sesión. «La mesa —dice— propone por unanimidad al congreso que la presidencia de cada sesión se confíe a dos delegados de distinta nacionalidad. La sesión de hoy la presidirán Vaillant y Singer; la de mañana, Andrea Costa (Italia) y Hyndman (Inglaterra). —El congreso se celebrará en la sala grande; la otra queda reservada a las comisiones.»
Vaillant, en medio de una ovación, ocupa la presidencia y pronuncia esta alocución: «En nombre de los socialistas franceses que nos han elegido, a Renou y a mí, os damos las gracias por permitirnos afirmar los sentimientos de solidaridad socialista que nos unen a nuestros camaradas extranjeros en un pacto nuevo, por el triunfo del socialismo. Nos alegra especialmente volver a encontrar aquí a muchos de los que en 1889 ayudaron a reconstituir, tras la larga interrupción que provocaron los esfuerzos de la reacción, estos congresos internacionales que tendrán tan gran importancia para la fraternidad de las distintas naciones.
»Permitidme ahora, como en el congreso de Maguncia, volver la vista atrás para saludar a quien será siempre para nosotros un modelo y un ejemplo: Wilhelm Liebknecht. (Viva aprobación.)
»Cualesquiera que sean nuestras divisiones, todos estamos de acuerdo en el objetivo que tenemos por delante, y cada país quiere que sus fuerzas sean un batallón del ejército socialista internacional. La unión se impone ante la obra que hay que realizar. Nos reunimos hoy en circunstancias características: nunca la burguesía había caído tan bajo, y nunca las circunstancias habían mostrado mejor su impotencia política y económica, su decadencia, mientras que, por el contrario, nunca el Partido Socialista Internacional había sido tan poderoso ni había estado tan lleno de valor como en este momento. Podemos, pues, estar seguros, al aclamar el socialismo internacional, de que en las luchas que se entablan el socialismo triunfará». (Aplausos prolongados. — Gritos repetidos: ¡Viva la Comuna! ¡Viva la Unidad!)
El orden del día prevé la verificación de los mandatos. Según las reglas adoptadas por el congreso de Londres, cada nacionalidad ha sido encargada de verificar sus mandatos; solo los mandatos impugnados serán examinados por la mesa del congreso.
Delory toma la palabra en nombre de una parte del socialismo francés:
«Pido a los camaradas franceses que no busquen ninguna segunda intención en lo que tengo que decir.
»He aquí el resultado de nuestra verificación de los mandatos: P.S.R., 223 mandatos; P.O.F., 965; Alianza Comunista, 12; Federación Autónoma de Saona y Loira, 22; Federación de los Sindicatos Obreros de Saona y Loira, 30; Federaciones del Doubs, 17; Yonne, 14. En total, 1.083 mandatos representados por 473 delegados.
»No hemos discutido los 107 mandatos reservados. (Aplausos.) Podríamos ahora hacer nombrar dos delegados por organización para verificar los mandatos que hasta ahora no se han examinado; pero, para ir más deprisa, aceptamos presentarnos aquí con los mandatos aceptados por la primera comisión.» (Aplausos.)
Briand responde en nombre de las demás organizaciones francesas:
«En nombre del P.O.S.R., de la Federación de los Trabajadores Socialistas,47 de cierto número de federaciones autónomas, de sindicatos y de cooperativas, declaro que esta mañana habíamos entendido que el acuerdo era completo y sin reservas. El Comité General había decidido que cada organización verificaría sus mandatos de forma global. Nos habíamos comprometido a elegir un delegado en común, sin reserva alguna, y por eso nos extraña que nuestro camarada Delory las formule en esta tribuna; todos nuestros mandatos se presentan al congreso, que los ha aceptado de antemano.» (Aplausos.)
La mesa pide que para Francia se validen en bloque todos los mandatos. Aprobado.
Cada nacionalidad viene a dar cuenta del trabajo de validación que ha realizado.
Alemania. — Singer: 45 delegados, entre ellos 2 mujeres, más 2 delegados por las mujeres socialistas; 2 delegados por la fracción parlamentaria; 8 delegados por los sindicatos obreros. En total, 57 delegados.
Italia. — Enrico Ferri:48 «En Italia nos vemos en la necesidad de reorganizarnos en todas partes tras dos años de reacción, sangrienta primero y jesuítica después.49 (Aplausos.) Por eso solo hemos podido enviar 10 delegados de los grupos políticos, porque en nuestro país los grupos económicos no pueden adherirse a la organización socialista, aunque sean su alma. Tenemos en las delegaciones cinco diputados al Parlamento, más un delegado por la asociación de los italianos en Suiza; los demás, por los otros grupos socialistas italianos de París, Ivry y Nogent. En total, catorce delegados por Italia.»
Inglaterra. — Lee: 95 delegados, por las trade-unions y los comités socialistas.
Pete Curran hace notar que la delegación inglesa habría sido más numerosa si el gobierno de la reina no hubiera disuelto la Cámara de los Comunes.50 El congreso le dedica una entusiasta ovación cuando declara: «Muchos de nuestros camaradas están retenidos por las elecciones. Apoyan a los candidatos que hacen la guerra a la guerra».
Austria. — Skaret:51 10 delegados, de ellos 5 de los grupos políticos, 2 de los sindicatos y 3 de los grupos obreros de las distintas industrias. — La disolución del Reichsrat52 ha impedido a los socialistas austriacos enviar una delegación más numerosa.
Bélgica. — Furnemont: 37 delegados, entre ellos 5 diputados, por las agrupaciones políticas y económicas.
Rusia. — Danewitch: Pese a las grandes dificultades que cierran el paso al movimiento obrero ruso, los rusos han podido enviar 23 delegados y 29 mandatos: 9 por el partido demócrata socialista revolucionario, 12 por la unión de los israelitas,53 5 por los revolucionarios y 3 por los socialistas revolucionarios. Todos validados.
Polonia. — Daszynski: Hay en total 20 delegados con 23 mandatos; la sección ha validado 17 delegados y 18 mandatos; 5 mandatos, confiados a 3 delegados, están impugnados. De esos 5 mandatos, 2 están en manos de una delegada que representa al mismo tiempo a Alemania. La mayoría ha invalidado uno de esos mandatos y ha remitido el otro a la sección alemana, por no ser ninguno puramente polaco; la minoría somete al congreso todos los mandatos impugnados.
Rosa Luxembourg,54 aludida por las palabras de Daszynski, presenta, como ya hizo en Zúrich en 1893 y en Londres en 1896, la protesta de una fracción de los socialistas polacos contra la fracción dominante.55 Acusa a ciertos socialistas polacos de perseguir ante todo la reconstitución de la antigua Polonia.
«Recordaréis —dice— las querellas sobre la regularización de los mandatos en los congresos de Zúrich en 1893 y de Londres en 1896; esas discordias no pueden sino degradar a la Polonia socialista.
»No se trata de irregularidad o de validez de mandatos, sino de dos corrientes políticas bien distintas: por una parte, los socialistas demócratas polacos, que tienden la mano a los socialistas internacionales, y por otra, los socialistas nacionalistas (Protestas en varios escaños), que persiguen el sueño fantasioso de la reconstitución de Polonia.
»Es la primera corriente la que tenemos el honor de representar mis amigos y yo, porque queremos reaccionar contra esas utopías nocivas; luchamos contra esas tendencias más o menos nacionalistas, porque el proletariado no está en condiciones de cambiar la geografía política de los Estados capitalistas y burgueses, sino que está obligado a organizarse sobre las bases geográficas y políticas creadas por la historia para realizar la conquista del poder, la República social.» (Vivos aplausos.)
Concluye pidiendo al congreso que valide los cinco mandatos impugnados de la socialdemocracia polaca.
Adler, delegado de la sección austriaca, toma a continuación la palabra. Declara que no quiere examinar la cuestión de mandatos que divide a las dos fracciones polacas. Dice que la mesa podrá zanjar esta cuestión y lo hará sin duda con el más amplio espíritu de conciliación. Pero protesta contra toda insinuación calumniosa respecto de Daszynski, a cuyo ideal internacionalista rinde homenaje. Lamenta sobre todo que se le haya lanzado la acusación de ser nacionalista, porque, sobre todo ante una asamblea francesa, no la hay más infamante. (Aplausos repetidos.)
Daszynski hace observar entonces que la mayoría de la delegación polaca ha impugnado ciertos mandatos; no ha injuriado a la fracción adversa del partido socialista polaco.
Hyndman se levanta para protestar contra esta discusión de mandatos. Vandervelde recuerda que el congreso de Londres había decidido que las impugnaciones de este tipo las juzgaría la mesa. Propone que el congreso de París haga lo mismo. Al declarar Rosa Luxembourg que acepta que la mesa sea el juez, se cierra el incidente.
Bohemia. — 2 delegados.
Suiza. — 10 delegados por 11 mandatos.
Dinamarca. — Knudsen: 19 delegados, de ellos 3 de los grupos políticos, 3 del comité central, 13 de los sindicatos y cooperativas y 2 de los obreros auxiliares.
Holanda. — Van Kol:56 9 delegados y 9 mandatos.
España. — Pablo Iglesias: 4 delegados, 3 por el Partido Obrero y 1 por la Unión General de Trabajadores, que comprende 121 sindicatos.
Suecia. — Menander: 3 delegados, 3 mandatos.
Estados Unidos. — Sanial: 6 delegados: un delegado general, 4 delegados de distintos Estados y 1 delegado por la Trade and Labour Alliance.57
«Queremos —dice el ponente— reconstruir de arriba abajo el movimiento obrero de los Estados Unidos sobre una base socialista.
»Otra organización quiere, al parecer, hacerse representar aquí por hombres que han sido expulsados del partido socialista.58 Somos disciplinados, y entre nosotros la disciplina parte de abajo y debe imponerse a todos. A quienes se sublevan los expulsamos mediante un referéndum que se extiende del Atlántico al Pacífico. Así pues, nadie tiene pretexto para formar un partido fuera de nuestro partido.» La delegación inglesa interrumpe y hace notar que las discusiones sobre los mandatos deben llevarse exclusivamente ante la mesa del congreso.
República Argentina, representada por primera vez en un congreso internacional: 1 delegado.
Bulgaria: actualmente 70 comités socialistas, 3 delegados.
Irlanda: 3 delegados. Los progresos de la idea socialista son allí considerables, sobre todo si se tiene en cuenta la extrema miseria del país.
Noruega: 1 delegado.
Portugal: 3 mandatos, confiados a 1 delegado, Jaurès.
Singer invita a cada nacionalidad a depositar mañana por la mañana en la mesa la lista de sus delegados.
Furnemont lee telegramas de solidaridad y de adhesión de los socialistas rumanos, de los socialistas de Escocia y de los trabajadores sindicados españoles.
Singer pide que las comisiones nombradas se reúnan inmediatamente en la sala y empiecen sus trabajos. La sesión del congreso se levanta a las seis y las comisiones se ponen a trabajar. A la salida, a propuesta de la mesa, se hace una colecta para los huelguistas de Giromagny.
Cuarta sesión, martes 25 de septiembre por la mañana
Presidencia de Andrea Costa y Hyndman
La mesa acaba de recibir dos telegramas de los socialistas españoles y holandeses, que saludan al congreso. (Aplausos.)
Furnemont anuncia que la mesa, tras oír a las dos fracciones de la sección americana, ha decidido admitir todos los mandatos americanos. (Aplausos.) Se admiten igualmente todos los mandatos polacos. (Aplausos.)
Las sesiones del día siguiente las presidirán Vandervelde (Bélgica) y Adler (Austria).
Van Kol (Holanda), ponente de la 1.ª comisión sobre la cuestión: Ejecución de las decisiones del congreso. Búsqueda y aplicación de los medios prácticos para el entendimiento, la organización y la acción internacionales de los trabajadores y de los socialistas.
«Hubo casi unanimidad entre los miembros de nuestra comisión para admitir la necesidad de establecer un órgano internacional de los partidos socialistas. Nos pusimos de acuerdo enseguida. Se ha querido, primero, asegurar una mejor organización de los congresos; después, garantizar la ejecución de las resoluciones que estos tomen; por último, crear de inmediato un comité permanente internacional. Habrá en él un delegado por cada país adherido. El comité dispondrá de los créditos necesarios. Hace falta un secretario general asalariado, encargado de distribuir los informes y de publicar un resumen de ellos; publicará además, de cuando en cuando, manifiestos que traten cuestiones políticas y económicas de orden general. En el seno de la comisión hubo numerosas discusiones sobre la solución de las cuestiones prácticas, pero nos pronunciamos por unanimidad sobre las cuestiones teóricas.
»No se trata de reconstituir la antigua Internacional —gloria de quienes la fundaron—, que fue sobre todo un hermoso sueño, una forma demasiado amplia para el niño enclenque que había de vivir en ella. Hoy el socialismo ya no es el niño enclenque. Es una mujer fecunda, de pechos poderosos, que necesita un corpiño amplio y flexible. (Aplausos.) El secretariado internacional será el roble de vastas ramas bajo el cual se encontrarán los militantes de todos los países.» (Aplausos.)
El orador vuelve a su sitio; el presidente le hace notar que ha omitido dar las indicaciones de orden financiero.
Van Kol. —«Buen socialista y mal financiero, había olvidado la cuestión principal, la cuestión presupuestaria. (Vivos aplausos.)
»Hicimos en la comisión los cálculos globales. Bastaría una suma anual de 10.000 francos. Los diez países principales aportarían 8.000 francos, y los otros diez solo 2.000.
»Para completar lo que he dicho antes, debo añadir que el comité permanente deberá contar, además de los titulares, con miembros suplentes.
»Antes de separarnos, cada nación deberá haber nombrado a sus delegados y suplentes en el secretariado internacional, para que hayamos creado en esta hermosa ciudad de París la organización más revolucionaria que haya existido jamás.» (Vivos aplausos; ovaciones.)
El presidente lee el texto de la resolución propuesta por la primera comisión:
Sigue el texto de la resolución, idéntico a la resolución I aprobada salvo la frase final sobre la sede del comité, que se votó después: véase la página del congreso.
Se abre la discusión. Smith (Inglaterra) considera que 10.000 francos no bastan. Hay que pedir a todas las organizaciones socialistas (grupos políticos, cooperativas, etc.) que impongan a sus miembros una cotización individual y anual de 10 céntimos. Van Kol declara que eso es pedir demasiado. Anseele59 pide que se separen las cuestiones y que se vote primero el principio; después se discutirá la cifra de 10.000 francos y la sede de la comisión.
Puesta a votación, la cuestión de principio se aprueba por unanimidad. (Entusiasmo prolongado.)
Sobre la cuestión del presupuesto del Comité Internacional, la ciudadana Bonnevial60 (Francia) defiende la cotización personal de 10 céntimos. Enrico Ferri responde que no procede dirigirse personalmente a cada militante: son las cajas nacionales las que deberán proveer al presupuesto común. Wurm61 (Alemania) vuelve a la cifra de 10.000 francos. Esta cifra se aprueba casi por unanimidad.
En cuanto a la sede del secretariado internacional, Hyndman pide que se fije en Bélgica. Ese país neutral es el indicado, por ser el más accesible. En la Casa del Pueblo de Bruselas62 se encontrarán locales gratuitos. Además, hay allí una imprenta. (Vivos aplausos.) Por aclamación, el congreso decide que el Comité Internacional tenga su sede en Bruselas.
Vandervelde da las gracias al congreso en nombre del Partido Obrero Belga.
«Desde hace mucho tiempo, la Internacional estaba en nuestros corazones. Ahora entra en el camino de las realizaciones prácticas.
Los lazos de simpatía que existían así se han convertido ahora en lazos de organización. (Aplausos.) Feliz y orgulloso del gran honor que se nos hace, afirmo que desde el próximo congreso aportaremos resultados considerables, dignos de la grandeza de nuestra causa. Lo ha dicho hace un momento Van Kol: la decisión que acabáis de tomar al constituir un secretariado internacional tiene un inmenso alcance revolucionario. Os pido que lo subrayéis gritando todos y de todo corazón: ¡Viva la Internacional!»
Un inmenso grito de «¡Viva la Internacional!» responde al de Vandervelde. Los aplausos se prolongan en ovación. Cuando el traductor ha terminado, la delegación inglesa aclama largamente al Partido Obrero Belga y el congreso le dedica una salva de aplausos.
Furnemont propone que, para dar más autoridad moral al Comité Internacional, el nombramiento de los delegados no se haga en el acto con carácter definitivo, sino que quede sometido a la ratificación del proletariado de cada país. La propuesta se aprueba por unanimidad.
Van Kol presenta un segundo proyecto de resolución en nombre de la primera comisión:
Sigue el texto de la resolución sobre la comisión interparlamentaria (resolución II de la 1.ª cuestión): véase la página del congreso.
La defiende en estos términos: «Tenemos otro deber que cumplir: el de realizar el entendimiento interparlamentario. En el Reichstag, cuando se piden millones a los diputados para organizar la defensa del país y los diputados socialistas niegan esos créditos, se los trata de apátridas. Se les dice: "Francia los daría. No le niega nada a su gobierno". Pues bien, es preciso que en todos los países haya un entendimiento interparlamentario, para que siempre y en todas partes la conducta de los diputados socialistas sea la misma y respondan: "¡Ni un céntimo! ¡Ni un soldado!". En otro orden de cosas, el comité interparlamentario permitirá también a los representantes del proletariado formular con mayor fuerza exigencias idénticas cuando se debatan las leyes obreras. Con él, por medio de él, ya no será posible ahogar las reivindicaciones del proletariado. Sus gritos se oirán en el mundo entero.»
El proyecto de un comité interparlamentario se aprueba sin discusión.
Vandervelde, de acuerdo con Enrico Ferri, Costa, Singer y Hyndman, presenta una nueva resolución, ya aprobada por el congreso de los estudiantes socialistas.
Sigue el texto de la resolución sobre los archivos internacionales del socialismo (resolución III de la 1.ª cuestión): véase la página del congreso.
Aprobada por unanimidad.
Se levanta la sesión a las 12.20.
Quinta sesión, martes 25 de septiembre por la tarde
Presidencia de Andrea Costa y Hyndman
Se abre la sesión a las 2 y cuarto.
Se reúnen las comisiones 3.ª, 4.ª, 5.ª y 10.ª; la 3.ª se reúne a las 3.
Tessart (Hungría). —«Estamos representados aquí por un solo delegado, no por falta de solidaridad, sino porque Hungría es el país más pobre, el más oprimido. En el informe impreso que hemos preparado veréis que cientos de militantes han sido fusilados o encarcelados, y nuestro partido ha tenido que pagar fuertes multas. Hemos venido aquí a traer nuestras quejas y a dar a conocer nuestra verdadera situación; en ninguna parte es más aplastante la pobreza que en nuestro país, y en ninguna parte encuentra el movimiento socialista más dificultades para desarrollarse.
Aprobamos la resolución votada esta mañana para la creación de un comité internacional, pero no podremos participar en los gastos. Para luchar contra la terrible reacción, hacemos un llamamiento a nuestros vecinos los austriacos, que conocen bien nuestra situación particular: ¡que nos ayuden a luchar codo con codo con los proletarios de los demás países!» (Viva aprobación.)
Costa anuncia que la delegación americana ha nombrado dos delegados en la mesa: Sanial por el Partido Obrero Socialista y Jacob Rombro por la Socialdemocracia.63
Furnemont da lectura a una carta dirigida a Gérault-Richard por los socialistas de Australia (club de Sídney) para que la entregara al congreso:
«El club internacionalista de Sídney, en la colonia de Nueva Gales del Sur, envía sus votos al congreso internacional reunido en París. Esperamos que este congreso sirva a la unidad y a los intereses del proletariado de todos los países.
»Somos demasiado pocos para estar representados en este congreso, pero esperamos poder estarlo en el próximo, aunque no hubiera más que un solo delegado para toda Australia.
»No es posible describir los métodos que practica la explotación capitalista en nuestro país en la agricultura y la minería. Debemos, sin embargo, mencionar como rasgo particular de la opresión de los propietarios el control que ejercen los bancos y las compañías hipotecarias sobre las industrias y especialmente sobre la ganadería, salvo sobre los sindicatos capitalistas. La mayor parte de las tierras de pasto, el ganado vacuno y las ovejas de la colonia están hoy en posesión de los bancos y de las compañías hipotecarias, que retribuyen con salarios irrisorios a los arrendatarios y a los labradores.
»Todos los poderes pertenecen a los capitalistas ingleses; los directores y los accionistas residen en Inglaterra. Los atropellos y los lock-outs son frecuentes en todas las industrias, y no sin violencias por parte de los funcionarios, que, como en otras partes, son criaturas de las clases propietarias.
»La cuestión de los sin trabajo es, relativamente, tan aguda en nuestra sociedad como en la de los demás países, y ha obligado al gobierno a establecer talleres de asistencia en los que emplea temporalmente a 3.000 o 4.000 trabajadores de todas las categorías.
»Los tradeunionistas, aunque tienen una buena representación parlamentaria en la colonia —en efecto, son actualmente 22 de los 125 miembros de la Cámara y tienen así en sus manos el equilibrio del poder entre los dos partidos burgueses, los librecambistas y los proteccionistas—, los tradeunionistas no profesan doctrinas socialistas y no trabajan concienzudamente por establecer una sociedad socialdemócrata atacando las causas económicas de los atropellos a los que está sometido el proletariado. Se contentan con buscar simples paliativos a las iniquidades del sistema capitalista. Sin embargo, los tradeunionistas están aquí, como en todos los demás países ingleses, ligeramente penetrados por la idea socialista.
»Confirmamos nuestra adhesión a los principios de Karl Marx y al socialismo internacional, y enviamos al congreso nuestros saludos fraternales.» (Aplausos.)
Un nuevo delegado italiano, de Reggio, acaba de ser validado y entra en el congreso.
Furnemont propone que el congreso vaya a depositar en el Père-Lachaise, ante el muro de los federados,64 una corona de siemprevivas rojas en memoria de los mártires de la Comuna. «Porque no debemos —dice— abandonar el ideal revolucionario, que es nuestro objetivo final.»
La propuesta se vota por aclamación. La fecha se fijará en la próxima sesión.
Se suspende la sesión. Se reanuda a las tres y media.
Wurm, ponente de la segunda comisión, sobre la cuestión: Legislación internacional del trabajo mediante la limitación de la jornada de trabajo. —«La comisión presenta la resolución siguiente:
Sigue el texto de la resolución sobre la jornada de ocho horas (resolución I de la 2.ª cuestión): véase la página del congreso.
»Esto no quiere decir que los representantes del proletariado en los parlamentos solo deban legislar sobre la jornada de ocho horas; deben buscar y aceptar cualquier reducción de la jornada de trabajo. Además, la jornada de ocho horas no ha de ser obra ni de la acción política aislada ni de la acción económica aislada; hay que llegar a ella mediante las luchas políticas y sindicales a la vez.»
La ciudadana Sitz (Alemania): «Hablo en nombre de las ciudadanas alemanas, y nos declaramos a favor del principio de la limitación legal de la jornada de trabajo. Se ha hablado del trabajo libre; eso no existe. Esta limitación de la jornada de trabajo es la base de todo progreso social, y el día en que esa jornada quede realmente fijada en ocho horas, todas las libertades seguirán a la conquista de esta libertad. Hace falta, pues, la igualdad absoluta entre el hombre y la mujer, e incluso, a causa de esa igualdad, hace falta más protección aún para la mujer que para el hombre, porque la mujer está en una situación inferior a la del hombre frente al capitalista, que explota su debilidad todavía más de lo que explota el trabajo del hombre.
»Pero hay que recordar que la mujer da a luz al hombre; en ella está el ser humano, las generaciones del porvenir, y si el proletariado ha de cumplir la misión histórica de liberar al trabajador del yugo vergonzoso del capitalismo, es preciso que ese proletariado, gracias a la protección dada a la mujer, nazca sano de espíritu y hermoso de carácter.» (Vivos aplausos.)
Champy (Francia) insiste en la necesidad de la acción sindical para conseguir la jornada de ocho horas.
El congreso decide que los oradores no podrán hablar más de diez minutos cada uno.
La resolución de la 2.ª comisión se aprueba por unanimidad.
Sobre la segunda parte de la cuestión, Discusión sobre la posibilidad de un salario mínimo en los distintos países, la 2.ª comisión presenta la resolución siguiente:
Sigue el texto de la resolución sobre el salario mínimo (resolución II de la 2.ª cuestión): véase la página del congreso.
Gheude (Alemania), ponente: «Hemos abordado la cuestión del salario mínimo y de nuestra discusión, bastante animada, resulta que se han manifestado dos corrientes sobre el modo de conseguir ese mínimo.
»Los ingleses querrían que la ley fijara el salario mínimo, mientras que los alemanes se oponen, porque no sería conforme al espíritu socialista y porque habría dificultades insuperables.
»Sin embargo, nos encontramos de acuerdo en pensar que lo esencial, ante todo, es la existencia de sindicatos poderosos en los distintos países. (Aplausos.) Después determinamos lo que entendemos por salario mínimo, que a nuestro juicio debe fijarse según las necesidades de la existencia entendidas del modo más amplio. En cuanto a los medios que hay que emplear para obtenerlo, cada nación determinará los más apropiados según su situación. Pero en todas las naciones el Estado, los municipios y las ciudades lo impondrán formalmente en sus pliegos de condiciones.» (Aplausos.)
Molkenbuhr65 (Alemania, diputado de Hamburgo): «Si me he opuesto a la fijación del mínimo, no es porque no desee a los obreros un salario más alto, sino porque no es mediante una ley como podremos llegar a fijar un salario mínimo. Recordad que hace un siglo, en París, se quiso fijar un mínimo66 para el precio de los artículos alimenticios; aquel intento fracasó, como fracasaría hoy, porque no podemos ejercer presión sobre el precio de los objetos de primera necesidad. Pero lo que sí podemos desear es el desarrollo de la acción sindical, que nos permitiría llegar al mismo resultado.
»El camarada Van Kol indicó en la comisión que un salario que se considere enorme en Rusia será irrisorio en Francia, y reconoció también la necesidad de desarrollar la acción sindical, que obligará a fijar un salario mínimo en aquellas regiones donde se ejerza útilmente.
»Además, nosotros, los socialistas, decimos que hay que asegurar los medios de existencia no solo a quienes trabajan, sino también a quienes no pueden trabajar. Hay que pedir al Estado que asegure un mínimo de existencia a todos los hombres.
»Concluimos, pues, que no podemos resolver esta cuestión internacionalmente, pero que, en ciertos casos, podemos imponer por la acción sindical condiciones de trabajo a los Estados y a los particulares. (Aplausos.)
»Si en la comisión los delegados alemanes no votaron la resolución presentada, es porque no se les dio una traducción exacta de ella. Ahora que conocen el texto, se adhieren a él.»
La resolución se somete a votación y se aprueba por unanimidad.
Costa anuncia que la sección rusa acaba de validar un nuevo mandato, confiado al ciudadano Rubanovitch.67 Da lectura a un telegrama de la Socialdemocracia de Hungría y a otro de las asociaciones obreras de Gueugnon y de Le Creusot (Saona y Loira):
«El comité de acción llama la atención del congreso socialista internacional de París sobre los camaradas de Gueugnon y de Le Creusot, que luchan desde hace catorce meses por sacudirse el yugo capitalista.68 Para conquistar su independencia necesitan el apoyo y el concurso de los socialistas del mundo entero. El comité de acción espera que los miembros del congreso acudan con su óbolo en ayuda de sus reivindicaciones; pide que se haga una colecta en cada sesión y envía su saludo socialista a todos los camaradas.
Firmado: Chazel.»
Unos ciudadanos se situarán a la puerta del congreso para recoger el óbolo de los congresistas.
Bœmelburg69 (Alemania), ponente de la 10.ª comisión sobre la cuestión del Primero de Mayo: «La comisión no ha querido hacer obligatorio el paro del Primero de Mayo, porque para el éxito del Primero de Mayo son necesarias ante todo dos condiciones: 1.º, organizaciones sindicales fuertes; 2.º, circunstancias económicas favorables. Mediante una propaganda activa debemos lograr que todos los obreros comprendan la eficacia de esta manifestación. (Aplausos.) La comisión entera se ha atenido a la resolución siguiente:
Sigue el texto de la resolución sobre el Primero de Mayo: véase la página del congreso.
Journoud (Francia), partidario de la obligatoriedad, pide que al menos la propaganda a favor de la jornada del Primero de Mayo sea muy activa. La propuesta de la comisión se aprueba por unanimidad.
Ellenbogen70 (Austria), diputado al Reichsrat, ponente de la tercera comisión, sobre la tercera cuestión: De las condiciones necesarias de la emancipación del trabajo: a) constitución y acción del proletariado organizado en partido de clase; b) expropiación política y económica de la burguesía; c) socialización de los medios de producción:
«Se ha convenido en la comisión que hay que hacer al proletariado consciente de sus deberes de clase: es un trabajo lento y paciente, que conseguirá acabar con las querellas dentro de la clase proletaria y pondrá fin a las divisiones entre socialistas. (Aplausos.) La comisión ha votado los dos textos siguientes, el primero por unanimidad, el segundo por mayoría de votos.»
Primera resolución
El proletariado es el producto necesario del régimen capitalista de producción, que exige la expropiación política y económica del trabajo por el capital. Su elevación y su emancipación solo pueden realizarse entrando en antagonismo con los defensores interesados del capitalismo, el cual, por su misma constitución, debe desembocar inevitablemente en la socialización de los medios de producción.
Frente a la clase capitalista, el proletariado debe, por consiguiente, alzarse como clase de combate.
El socialismo, que se ha dado la tarea de constituir al proletariado en ejército de esta lucha de clases, tiene el deber, ante todo, de iniciarlo, mediante un trabajo metódico, reflexivo y necesario, en la conciencia de sus intereses y de su fuerza, y de usar con ese fin todas las armas que la situación política y social pone en sus manos y que su concepción superior de la justicia le sugiere.
Entre esos medios, el congreso señala la acción política del sufragio universal y la organización de la clase obrera en grupos políticos, sindicatos y cooperativas, cajas de socorro, círculos de arte y de educación.
Insta a los militantes socialistas a propagar71 lo más posible estos medios de lucha y de educación, que aumentan la fuerza de la clase obrera y la hacen capaz de expropiar política y económicamente a la burguesía y de socializar los medios de producción.
Segunda resolución
Los socialistas de todos los países se comprometen a intervenir para que los extranjeros gocen en sus respectivos países del mismo derecho de coalición que los nacionales de esos países, y a servirse con ese fin de todos los medios a su alcance.
Harriman72 (Estados Unidos) declara que la cuestión sindical es una cuestión vital para los socialistas americanos. Sobre ella se han dividido su partido (Partido Socialdemócrata) y el que dirigen Sanial y Daniel de Léon73 (Partido Obrero Socialista). Estos, alegando que ciertos jefes de las trade-unions americanas están al servicio de los capitalistas, no quieren asociarse al movimiento sindical. El Partido Socialdemócrata cree, por el contrario, que hay que apoyar el movimiento sindical, depurarlo si está corrompido, hacer prevalecer en él las doctrinas socialistas y no olvidar que la organización sindical está en la base del movimiento socialista.
En esto surge un incidente que interrumpe la discusión.
Jean Bertrand (Francia, P.O.F.) se extraña de que en un congreso socialista se hable de círculos de estudios y de universidades populares. Añade que, con la prisa de la discusión, algunos delegados pueden verse sorprendidos y arrastrados a votar ideas que reprueban. Pide, pues, que todos los proyectos de resolución se impriman y se distribuyan antes de la votación.
Furnemont. —«Entonces, que la comisión organizadora entregue al congreso la caja del congreso.»
Delory pide que se aplace la continuación de la discusión al día siguiente. (Protestas.)
Son las seis. La sala queda a oscuras: las lámparas eléctricas no funcionan.
Andrea Costa, presidente, lamenta que el Comité General socialista francés74 no haga acto de presencia. (Aplausos.) Le transmitirá la propuesta del ciudadano Bertrand.
Como Delory ha hablado de entregar las propuestas a la prensa, Costa responde: «El congreso socialista debe tener los medios para hacer esa publicación.» (Aplausos.)
Vandervelde: «La única objeción que cabe oponer a la resolución propuesta por el ciudadano Jean Bertrand es la cuestión del dinero. Uno de nuestros camaradas franceses, cuya abnegación todos conocen, me dice que se pone a disposición del congreso para hacer esa impresión de aquí a mañana.
»Creo expresar el sentir de toda la mesa al constatar que, mientras en otros países los partidos nacionales habían previsto todos los detalles de organización, en Francia nos encontramos ante un Comité General al que preocupaciones ajenas han impedido tomar las mismas medidas.» (Aplausos repetidos.)
Delory, en nombre de las cooperativas del Norte, ofrece entregar a la mesa las sumas necesarias para imprimir las resoluciones del congreso. (Numerosos gritos: ¡No, no!)
Ebers (Francia, P.S.R.): «No tengo mandato del Comité General del Partido Socialista Francés, pero, como pertenezco a él, en calidad de tal digo al camarada Vandervelde que sus críticas son demasiado severas (Protestas; gritos: ¡No lo bastante! ¡No lo bastante!) con los camaradas del Comité General que pertenecen a todas las organizaciones francesas. El Comité General ha hecho todos los esfuerzos posibles por llevar a cabo, en la medida de lo posible, la organización del congreso internacional.» (Numerosos gritos: ¡No, no!)
Andrea Costa ruega a Ebers que baje de la tribuna y declara que la mesa se pondrá de acuerdo con un camarada francés que se ofrece a imprimir los informes.
Se levanta la sesión a las siete menos cuarto.
Sexta sesión, miércoles 26 de septiembre por la mañana
Presidencia de Émile Vandervelde y Adler.
Vandervelde anuncia que la mesa, reunida por la mañana antes de la sesión del congreso, ha decidido conceder dos votos a cada nacionalidad; si por desgracia una nacionalidad está dividida en dos fracciones, cada fracción tendrá un voto.
«El Comité General ha tomado medidas para corregir la instalación, hasta hoy muy defectuosa, de los trabajos del congreso. La insuficiencia de los preparativos materiales se debe a que el Comité General tenía que preparar, además del congreso internacional, el congreso nacional francés. Si ha habido un malentendido entre el Comité General francés y el congreso internacional, ese malentendido se ha disipado». (Aplausos.)
La mesa del congreso se dirigirá el viernes 28 de septiembre, a las 8 y media de la mañana, al cementerio del Père-Lachaise para depositar una corona en el Muro de los Federados. La mesa cuenta con que todos los congresistas la acompañarán.
Furnemont pide la ayuda fraternal de los delegados del congreso para los vidrieros belgas en huelga. — Da lectura a un telegrama de los socialistas armenios residentes en Ginebra y a un telegrama de las agrupaciones socialistas y de los sindicatos de Saint-Quentin.
Vandervelde. —«El orden del día llama al final de la discusión sobre la tercera cuestión; tiene la palabra el ciudadano Ellenbogen, ponente de la tercera comisión».
Ellenbogen. — «La resolución que he presentado en nombre de la comisión ha suscitado críticas: esas críticas han nacido de un malentendido, de una inexactitud de traducción. En lugar de las palabras: “El congreso invita a los militantes socialistas a propagar lo más posible…, etc.”, hay que leer: “El congreso invita a los militantes socialistas a combinar lo más posible los medios de lucha y de educación…, etc.”. Esta redacción permite tener en cuenta todas las tendencias; por lo demás, la resolución se aprobó por unanimidad; el propio ciudadano Lafargue se adhirió a ella. Así pues, solo queda proceder a la votación».
Lafargue (Francia, P.O.F.) dice que, en efecto, la comisión, queriendo obtener un voto unánime, apartó todas las cuestiones que podían dividirla. Apartó las cuestiones de doctrina planteadas en Alemania por Bernstein.75 «A propósito de la cooperación, un delegado dijo a la comisión que era un medio de expropiar a la clase capitalista. Ahora bien, un delegado de Bélgica, donde la cooperación se practica desde hace tanto tiempo y con tanto éxito, declaró que el Partido Obrero Belga nunca había considerado la cooperación capaz de emancipar a los trabajadores. La cooperación no es más que un medio de reclutamiento, un recurso para nuestros presupuestos».
Lafargue alude a ciertos proyectos según los cuales, con seiscientos mil francos, se pretendía crear en Le Creusot un taller cooperativo y tener en jaque a los millones de Schneider.76
Jaurès protesta desde su sitio. El presidente invita a Lafargue a no echar al debate cuestiones que lo irritan.
Lafargue pide al congreso que apruebe la resolución votada por unanimidad en la 3.ª comisión.
Kritschewski no comparte las reservas formuladas por Lafargue. Se ha hablado del «peligro» de las cooperativas: la comisión descartó esa palabra. No había, pues, más que una oposición personal del ciudadano Lafargue contra la cooperación, oposición que la comisión no compartió. (Aplausos de los independientes de la sección francesa.)
Fribourg: «El ciudadano Lafargue, para desacreditar la cooperativa de Gueugnon, ha dicho que quería fundir cañones. Nada más falso. Semejante argumentación es tanto menos admisible cuanto que, si la cooperativa de Gueugnon fuese, como ha dicho Lafargue, un “engaño”, ese engaño correría a cargo del Partido Obrero Francés tanto como de los independientes, ya que ese partido envió delegados al comité de organización». (Aplausos.)
Se declara cerrado el debate y se somete a votación la resolución de la 3.ª comisión. Aprobada por unanimidad.
El congreso pasa a examinar la 9.ª cuestión: la conquista de los poderes públicos y las alianzas con los partidos burgueses.
En la 9.ª comisión, la mayoría y la minoría tienen cada una su ponente: Vandervelde por la mayoría; Enrico Ferri (Italia) por la minoría.
Adler ocupa la presidencia en lugar de Vandervelde, ponente: «La minoría había pedido una reunión suplementaria de la comisión. Pero, para no interrumpir la sesión, se va a proceder a la lectura de los informes. Se levantará entonces la sesión y tendrá lugar la reunión suplementaria de la comisión».
Vandervelde: «Deseo dar al congreso, lo más objetivamente posible, un resumen de los debates de la comisión.
»En cuanto a la 1.ª subdivisión (alianza con los partidos burgueses), el debate fue sumamente breve. Todos los miembros de la comisión, cualquiera que fuese su nacionalidad y su orientación socialista, ven las cosas de la misma manera en este aspecto. Prueba de ello es que el texto aprobado por nuestros camaradas del Partido Obrero Francés en su congreso de Ivry77 se convirtió en nuestro texto definitivo, propuesto por unanimidad de la comisión. Helo aquí:78
Sigue la resolución sobre las alianzas con los partidos burgueses: véase la página del congreso.
»De alianzas con los partidos burgueses, en efecto, está demostrado que no se pueden hacer de manera duradera, porque esa forma de proceder iría en contra del principio de la lucha de clases. A lo sumo pueden hacerse de manera accidental.
»Ferri decía en la comisión: “Supongan que, en un país donde los caminos son peligrosos, tres hombres de convicciones políticas y filosóficas claramente opuestas se encuentran y son atacados a la vez. Entonces olvidarían sus divergencias para defenderse contra el enemigo común”.
»Lo mismo debe ocurrir con los socialistas. Una coalición es legítima en el caso de que la libertad esté amenazada, como en Italia; es legítima también cuando se trata de defender los derechos de la persona humana, como hace poco en Francia. (Largos aplausos en una parte de la asamblea.) Es legítima, por último, cuando se trata de conquistar el sufragio universal, como en Bélgica. (Aplausos.)
»En suma, pensamos que las coaliciones son un mal, porque tienden a debilitar la conciencia de clase del proletariado. Pero son a veces un mal necesario, cuando entre dos males hay que saber elegir el menor. Es un medio de lucha que hay que usar con extrema prudencia. En una palabra, las coaliciones solo pueden admitirse en circunstancias excepcionales y de forma temporal.
»Sobre la segunda subdivisión de la cuestión (la participación en un gobierno burgués), que yo, por mi parte, considero de interés local y secundario, la comisión se dividió. Hay dos resoluciones en liza: la primera, propuesta por Karl Kautsky79 y aprobada por 24 votos; la segunda, presentada por Enrico Ferri y Jules Guesde, que solo reunió 4 votos. La resolución Ferri-Guesde concluía con la prohibición formal y absoluta de participar en los gobiernos burgueses.
»En cuanto a la resolución Kautsky —lo que me permitiré llamar la docta consulta teórica de uno de los hombres que la socialdemocracia más se honra en contar en sus filas (Aplausos)—, dice así:
Sigue el proyecto de resolución Kautsky, aprobado por el congreso: véase la página del congreso.
»Tal es el texto de la resolución aprobada por 24 votos contra 4.
»Sin tener la pretensión ni la temeridad de reflejar la opinión de todos los miembros de la comisión, quisiera darles mi parecer personal. En lo que se refiere a las alianzas y coaliciones con los partidos burgueses, puedo ser sumamente breve: solo hay que usarlas con la mayor circunspección, porque pueden debilitar la conciencia de clase del proletariado. Pero no lo olvidemos: las coaliciones son a veces un mal necesario.
»Llego ahora a la resolución que apasiona sobre todo a una nacionalidad. Quiero decirlo: la resolución que hemos aprobado no debe considerarse ni como una condena ni como una aprobación tácita de la conducta de los socialistas franceses. Para mostrar hasta qué punto la mayoría, que sin embargo votó a favor de la participación, ha querido dar prueba de tolerancia y de conciliación, debo declararles que la mayor parte de nosotros, si tuviéramos que pronunciarnos sobre el caso concreto que preocupa a nuestros camaradas de Francia, diríamos: sea cual sea el valor intelectual y moral del ministro socialista, consideramos que los inconvenientes son infinitamente mayores que las ventajas. Diríamos que Millerand80 y sus amigos cometieron una falta (Aplausos del P.O.F.) al aceptar semejante misión bajo su responsabilidad personal y exclusiva, y que cometen una falta aún mayor al permanecer en ella contra la voluntad de una fracción importante del socialismo francés. (Aplausos y gritos de triunfo en un lado de la sala.) Pido a los miembros del Partido Obrero Francés que no me aplaudan tanto, porque dentro de un momento habrá entre ellos quien nos critique y diga que la resolución adoptada es demasiado vaga y demasiado general.
»Por lo demás, el congreso internacional no es un tribunal destinado a estigmatizar y a dictar decretos de excomunión. Nuestro papel es, al contrario, un papel de tolerancia y de conciliación.
»Tenemos que pronunciarnos formalmente sobre las cuestiones de principio, pero debemos dejar completa libertad a las nacionalidades en lo que toca a las cuestiones de táctica. (Aplausos de los independientes.)
»Lo que nos distingue del Partido Obrero Francés es que nosotros consideramos que la cuestión ministerial es una cuestión de táctica y no de principios. (Aplausos de los independientes. Protestas del P.O.F.) Ya ven que tenía razón al pedirles que no me aplaudieran tanto: ya lo lamentan.
»Conocen ustedes la tesis de algunos de nuestros amigos franceses: los socialistas pueden aceptar funciones electivas, pero no pueden asumir funciones de nombramiento. Según esa tesis, un socialista puede llegar a ser alcalde de Lille, pero debe cerrarse el acceso al gobierno.
»No pueden asimilarse por completo las dos situaciones; pero, en un país de régimen representativo y democrático, los ministros son tan delegados del partido al que representan como los alcaldes elegidos por los partidos. (Aplausos.) Para que esa tesis sea verdadera, es preciso que el ministro no sea una personalidad sin mandato, sino el representante de un partido organizado que lo someta a su control y le imponga su jurisdicción. (Aplausos.)
»Van Kol decía en la comisión: en un país como el nuestro, o en Alemania, quien fuera lo bastante “estúpido” para entrar en un ministerio burgués sin el asentimiento de su partido sería expulsado inmediatamente.
»Esa participación no es, pues, en resumen, más que un expediente, y aun así ha de cumplir la condición de no ser una causa de discordia en lugar de una prenda de unión. Un socialista no debe tolerar promiscuidades indignantes, aceptar solidaridades inaceptables, exponerse a embrollos que siembren el desconcierto en las conciencias y la confusión en las filas del proletariado. De lo contrario, el partido tiene derecho a decirle: “Ha salido usted de nuestras filas; vuelva a ellas”.
»Termino: tanto como consideramos fundamental la cuestión de las coaliciones, nos vemos obligados a decir que la cuestión ministerial no es, como declaraba ayer Jaurès, más que un accidente, un episodio en la evolución social del proletariado. (Aplausos.)
»Pensamos que, sea cual sea el valor del socialista nombrado ministro, su cartera nunca pesará mucho en la balanza entre el capital y el trabajo. (Aplausos.)
»En todo caso, cuando cese el conflicto entre los socialistas franceses, será un alivio para todo el proletariado internacional. El combate socialista es algo distinto de una lucha de pasillos y de carteras. En el duro combate por nuestro objetivo final, por la Justicia entera, nuestra tarea es más grande. En ese penoso camino, habrá quienes caigan de cansancio o alcanzados por las balas del enemigo.
»Proseguiremos la obra lenta y paciente de la organización obrera y alzaremos contra el viejo mundo una generación fuerte física, intelectual y moralmente. Formaremos, por la unidad compacta, un bloque compacto. Así como los bárbaros, cuando marchaban a la batalla, se ataban unos a otros con cadenas que ellos mismos habían forjado, nosotros nos uniremos por un amor inmenso, una fe común, una acción común. (Aclamaciones.)
»Cuando el proletariado esté preparado física, moral e intelectualmente para su gran tarea, estará maduro para el gobierno del mundo. Se alzará ante la clase capitalista y le dirá: “Salid de la casa. Es nuestra. Somos dignos de entrar en ella”». (Ovaciones prolongadas.)
Se levanta la sesión a las 12 y media.
Séptima sesión, miércoles 26 de septiembre por la tarde
Presidencia de los ciudadanos Vandervelde y Adler.
Se traduce el discurso pronunciado por el ciudadano Vandervelde al final de la sesión anterior.
Enrico Ferri, ponente de la 9.ª comisión en nombre de la minoría: «Oficialmente, soy ponente de la minoría. Anoche volví a casa con la convicción de ser ponente de la minoría. Y esta mañana, como el condenado a muerte, me he preguntado qué era yo, y me he convencido de que era ponente de la mayoría. El discurso de Vandervelde me ha confirmado en esa idea.
»La cuestión examinada por la 9.ª comisión es doble: participación de un socialista en el poder; alianza del Partido Socialista con fracciones de la burguesía.
»Se empezó por discutir la primera cuestión; 22 votos contra 4 aceptaron la moción Kautsky, que defiende enérgicamente la participación en el principio y la permite con la misma resolución en la práctica. En cuanto a las alianzas, la comisión las reprobó por unanimidad. Por mi parte, he sostenido la opinión que ya ha sido derrotada en otros congresos y que lo será también hoy. (Protestas.)
»Dejemos sentado ante todo que, sea cual sea la votación, no habrá vencedores ni vencidos.
»Es evidente que estas diferencias de concepción táctica no son efecto de ambiciones o de habilidades personales, sino el resultado de un estado de ánimo socialista en el mundo entero. Atravesamos una fase decisiva en la evolución del Partido Socialista internacional. Francia puede darle más brillo, pero cada país tiene el mismo estado de ánimo. En Francia es el caso Millerand; en Italia, la “táctica autónoma”; en Alemania, la resolución Bebel81 para participar en las elecciones al Landtag.
»Sería inútil que los delegados extranjeros hubieran recorrido miles de kilómetros para venir aquí a tomar una resolución a la manera de Poncio Pilato.
»Cuando se dice que el caso Millerand no interesa al proletariado universal, es exacto si se habla solo de Millerand, es falso si se habla del caso en general. No tenemos derecho a estigmatizar, pero tenemos derecho a juzgar. Somos el árbol del socialismo internacional, cuyas raíces son la masa de los socialistas, proletarios industriales y agrícolas. Tenemos el deber de tomar una decisión, pero no debemos olvidar que la savia del árbol se toma de la raíz, es decir, de la masa proletaria. El proletariado pide una regla, una brújula.
»Apartemos de nuestras discusiones las cuestiones personales. En Italia, Turati82 y yo somos como Jaurès y Guesde en Francia, con la diferencia, sin embargo, de que en Italia hemos superado la fase personalista del socialismo. (Aplausos.)
»El Partido Obrero Francés ha perseguido durante veinte años la aplicación de las ideas marxistas precisas, cristalinas, de acero. (Aplausos. Tumulto.) Creo que en estos últimos tiempos sus representantes más autorizados se han quedado un poco inmóviles en ciertas fórmulas esquemáticas, que no eran, por otra parte, más que interpretaciones dogmáticas de los discípulos de Marx.
»Hay, por otra parte, en Francia otra corriente, tan socialista como la primera, que quiere ocuparse de la organización progresiva del proletariado. Esta parte del socialismo francés se vio comprometida a fondo en el caso Dreyfus.83 Hemos seguido la actitud de ese partido en esa crisis, la hemos visto con la mirada de esa “posteridad contemporánea” que es la opinión extranjera.
»Si los méritos históricos del Partido Obrero Francés son innegables, la corriente socialista de la que hablo ha llevado gloriosamente la lucha por la Francia moderna contra el militarismo y el clericalismo, que no pertenecen solo a la burguesía, sino que son, al contrario, de todos los tiempos; contra el militarismo y el clericalismo, que tenían a su favor el dinero, es decir, muchos periódicos y mucho poder de sugestión sobre la zona intermedia de la opinión pública. Jaurès se lanzó a la refriega. Se hizo en aquel momento una consulta internacional. La mayoría de los socialistas de Europa aprobó, admiró y elogió la actitud de Jaurès en el caso Dreyfus. (Aplausos.) ¡Pero es por la unión por lo que hablo! Hay méritos y faltas en ambos lados; todos somos hombres falibles.
»¿Es que no es posible el entendimiento entre esos dos grupos? ¡Sí! (Aplausos.) En Roma me derrotó mi amigo Turati;84 fui derrotado y, a pesar de todo, al día siguiente fuimos hermanos como la víspera. Actualmente puede decirse de los socialistas franceses: “¡Mirad qué unidos están!”. Sí, durante el congreso, como el ministerio y el nacionalismo durante la Exposición.85 (Aplausos.) Pero esta pacificación no debe ser como el aceite sobre el mar, que evita la tempestad durante unas horas y la hace más violenta. (Aplausos.) Camaradas franceses, hay que acabar con las cuestiones personales. (Vivos aplausos.) Es preciso que el Partido Socialista francés se funda, se una, en lugar de partirse en dos. (Aplausos prolongados.) Ese es el espíritu de la comisión: en lugar de partir en dos el partido francés, juntemos los dos pedazos.
»Cuando el socialismo, de niño, crece y se hace un joven, la burguesía cambia de táctica; se dice: nada de persecución; hay que hipnotizarlo. Hay que hacer como hacen las madres a la caza de marido. La hija no tiene más que sonrisas para el joven que pasa, y el joven cree que esas sonrisas de la hija y de la probable suegra son para él, y se convierte en un marido domesticado. (Aplausos y risas.)
»En Alemania, cuna del marxismo rígido, absoluto, se discutió el año pasado sobre este asunto. Bernstein dijo: “Todo está en el movimiento; nada en el objetivo final”. Rosa Luxemburg dijo: “Todo está en el objetivo final, nada en el movimiento”. Vino Liebknecht y dijo: “Lo esencial es el objetivo final, pero hace falta el movimiento para acercarse al objetivo”. Ahora bien, en el congreso de Maguncia, y Vollmar86 lo sabe, Bebel propuso una moción que hacía obligatoria la elección al Landtag. Eso no es imputable ni a Bebel ni a Jaurès: es el resultado de la evolución ordinaria.
»Se dice que la cuestión que ahora se discute no nos concierne, que hay que distinguir entre la táctica y la teoría. Yo digo que no se puede hacer esa vieja distinción escolástica, porque la práctica no es más que la teoría en acción y la teoría no es más que la práctica generalizada. (Aplausos.) Decimos que no se puede abrir la ventana después de haber cerrado la puerta. Lo que se os propone son andadores de caucho. Viajo mucho por Italia, y a cada momento veo camaradas que declaran estar en condiciones excepcionales y que hay que abandonar los principios. La moción Kautsky proclama, sí, todos los principios, pero dice que el congreso no puede ocuparse de los detalles de táctica. Se equivoca; no se puede separar la táctica de los principios. ¿Vais a colgar los principios en la espalda del ministro socialista, dejándole libres los movimientos por delante?
»La comisión votó la moción Kautsky, pero, como si fuera un veneno, votó enseguida la moción Guesde como contraveneno. Sin embargo, considero que en un ayuntamiento un socialista puede llegar a la dirección municipal, pero sin alianza alguna. Por eso había hecho la propuesta de prohibir de manera absoluta la participación de un socialista en el poder mientras el partido no tenga la mayoría. Se responde entonces que eso es ingenuo, porque, teniendo la mayoría, el partido echará a la burguesía a la calle; es un error, ¡no echaremos a nadie a la calle! (Aplausos.)
»Creemos, pues, que la moción Kautsky encierra más peligros de lo que cree su autor. Es un plano inclinado en el que se sabe dónde se empieza y no dónde se acaba. En Italia ha habido socialistas que han ido a los funerales oficiales de Umberto.87 Hemos condenado al regicida, que cometió un acto antihumano, pero no podíamos aprobar la participación en unos funerales ortodoxos. En Francia se votaron los fondos para China,88 y ni un diputado socialista protestó.
Sembat (Francia, diputado). —¡Es un error!
Ferri. —«Así lo creía. Pero, si es inexacto, mantengo lo que he dicho contra esa empresa de pillaje internacional.
»Paso a la 2.ª resolución. Encuentro que la resolución Guesde no es tan precisa como yo habría querido. Se dice: nada de alianza, sino coalición con un mínimo de alianza. Pero hay un dique, el consentimiento del partido organizado, que habría podido autorizar o no la entrada de Millerand. Por eso pedimos a nuestros camaradas franceses que hagan la unidad». (Vivos aplausos.)
Proyecto de resolución Enrico Ferri
El congreso internacional, constatando que, a pesar de los cambios de táctica parlamentaria, gubernamental y legislativa, en los países donde el Partido Socialista crece de un modo inquietante para los gobiernos burgueses, los principios de la sociedad contemporánea no han cambiado en lo que respecta a la división fundamental entre la clase capitalista y la clase de los proletarios industriales y agrícolas;
Y recordando que la composición y los progresos del Partido Socialista solo se han logrado por la conciencia de clase, clara y completamente despierta en los trabajadores;
Declara que el Partido Socialista no debe cambiar ni el programa ni los métodos de propaganda y de lucha política y económica para la conquista de los poderes públicos y para imponer a la clase dominante reformas parciales que son útiles conquistas graduales en la marcha del proletariado y para su elevación física y moral.
Solo en los países donde la organización del proletariado en partido consciente de clase esté bastante desarrollada y sea segura, y bajo el control de la dirección del Partido Socialista de cada país, podrán hacerse alianzas transitorias y excepcionales con fracciones de la burguesía para la defensa extrema de las libertades públicas o de los principios elementales de la civilización contemporánea.
En cuanto a la participación de los socialistas en el poder político o administrativo, solo se admitirá cuando sea efecto de la mayoría obtenida por el Partido Socialista en las asambleas políticas y municipales.
Ferri concluye así: «Solo hay dos casos en que puede hacerse esa coalición extrema: defensa de las libertades públicas y amenazas de golpe de Estado, supresión de la prensa, de la libertad de reunión, de los sindicatos.
»No olvidéis que muchos hermanos extranjeros aquí presentes no tienen la república en su país, la república, que es la atmósfera que permite respirar. (Aplausos.) En nuestro país no se planteará la cuestión de la participación en el ministerio, porque el rey de Italia nunca pensará en formar un ministerio socialista. (Aplausos.)
»Concluyo. Somos los representantes de la mayoría a favor de la prohibición de las alianzas, salvo extrema urgencia. En cuanto a la participación en el poder, que pone los principios en el desván y la práctica en el primer piso, haremos experiencias en todos los países, y creo que la suma de los desengaños será enorme y que en el próximo congreso volveremos a los principios vitales inquebrantables. Sea cual sea la votación de esta asamblea y su resultado práctico, será la necesidad de la unidad socialista la que os hará marchar juntos, socialistas franceses, y la que os guiará en la conquista del porvenir con esa alegre altivez del socialismo. (Aplausos.) Con esa esperanza, el Partido Socialista italiano, dolorido y ensangrentado, grita: ¡Viva la unidad del socialismo nacional e internacional!». (Vivos aplausos.)
El congreso, a propuesta de Hyndman, decide que los discursos no excedan de 10 minutos para los oradores y de 20 minutos para los ponentes.
Jaurès: «Diez minutos me bastarán para definir mi posición. Las observaciones que voy a presentar solo me comprometen a mí, es decir, a los grupos que represento aquí.
»Sobre la cuestión de las alianzas con los partidos burgueses, es inútil insistir. En el fondo, sean cuales sean las ingeniosas fórmulas propuestas, todo el mundo está de acuerdo. El hecho dominante es que, para defender la libertad o conquistar el sufragio universal, todos los partidos socialistas practican alianzas. Casi todos los partidos socialistas internacionales han declarado que, en el caso Dreyfus, los socialistas franceses habrían faltado a su deber si hubieran dejado a la burguesía liberal el esfuerzo de la batalla contra la mentira organizada.
»Del mismo modo, con la ley Heinze,89 en Alemania, los socialistas defendieron la libertad de pensamiento junto con los intelectuales del otro lado del Rin. Es un honor para ellos, porque, gracias a ellos, Alemania no se ha convertido en la patria de Atila: ha seguido siendo la patria de Goethe. (Aplausos.)
»En el congreso socialista de Maguncia, la democracia alemana adoptó la participación directa y obligatoria en las elecciones al Landtag. Ferri recordaba hace un momento la alianza de los socialistas italianos con los republicanos. En Bélgica ha habido coaliciones de resistencia con la burguesía liberal. Por consiguiente, las discusiones son vanas para disimular la práctica universal de las alianzas del socialismo internacional.
»Y, por mi parte, lo digo claramente: una de las causas que contribuyen, en el mundo entero, a la aparente turbación de la hora actual es que el socialismo no confiesa abiertamente su táctica.
»Que se llame a eso alianza o coalición, esa sutileza de lenguaje no me escandaliza demasiado. Cuando los hombres ya no pueden cambiar las cosas, cambian las palabras. (Vivos aplausos.) La humanidad tiene tan pocas alegrías inocentes que tendría escrúpulo en quitarle esa.
»Sobre la otra cuestión, más controvertida, de la participación en el gobierno burgués, me adhiero a la moción Kautsky, porque expresa un equilibrio, una opinión algo inestable, pero la única aceptable hoy.
»Vandervelde ha dicho que la cuestión Millerand es puramente francesa. En efecto, solo puede plantearse en Francia. Pero permitidme lamentar que no pueda plantearse en otra parte. Sí, es francesa, en el sentido de que el suplemento de libertad que aporta la república ha hecho madurar la cuestión entre nosotros antes de que haya nacido entre los demás. Y pido a nuestros camaradas de fuera que, cuando se les diga, en el caso de Francia, que los socialistas deben rechazar las funciones ofrecidas por el jefe del Estado burgués, no olviden que los socialistas concurren a la elección de ese jefe del Estado. (Aplausos en varios escaños. Protestas en otros.)
Una voz. — Los socialistas se abstienen o votan en contra.
Jaurès. —Oigo protestas como si estuviéramos en el congreso nacional. (Aplausos y risas.)
Chauvin90 (P.O.F.). —¡Es una provocación!
Jaurès. —«Los camaradas extranjeros se asombrarán, cuando lean el acta de mi discurso, de que, cuando digo esto, haya socialistas que me griten: “¡Es una provocación!”».
Vandervelde. —«Pido a los miembros del congreso que respeten al gran orador que lo honra en esta tribuna. (Vivas aclamaciones. Una gran parte de la asamblea, en pie, aplaude las palabras del presidente.) Las cuestiones son demasiado elevadas para que no se expongan todas las opiniones. Ruego al congreso que asegure la palabra a Jaurès».
Jaurès. —«He dicho por qué esta cuestión de la participación de un socialista en el gobierno burgués era en la hora actual una cuestión francesa, pero no es cierto que no pueda extenderse a todos los países donde hay un régimen parlamentario efectivo. La cuestión podrá plantearse en Bélgica, en Suiza y en Inglaterra el día en que la quiebra del viejo partido liberal, caído en el imperialismo, traiga el nacimiento de un nuevo partido liberal, como suponía ayer el delegado de la Social Democratic Federation.91
»Digo, pues, que esta cuestión no se plantea solo aquí, en Francia: habría podido plantearse en Bélgica en las últimas elecciones, si los socialistas belgas y los liberales hubieran derrotado a la mayoría clerical. Pero allí no habrá cuestión Vandervelde, porque el Partido Socialista organizado no dejará a individualidades el cuidado de asumir responsabilidades; la cuestión se planteará en forma impersonal.
»Si me adhiero a la moción Kautsky es porque deja al Partido Socialista como juez para zanjar la cuestión en una situación determinada; es también porque afirma que es una cuestión de práctica y no de teoría, de principio.
»Con demasiada frecuencia el Partido Socialista ha cometido la falta de transformar cuestiones de táctica en cuestiones de principio. Ocurre entonces que, en nombre de la lucha de clases, después de haber prohibido, por ejemplo, la participación en las elecciones al Landtag, uno se ve obligado a permitirla y luego a hacerla obligatoria. Y así se da la apariencia de combatir por la lucha de clases, porque se la hace intervenir sin razón en el debate.
»La lucha de clases nos obliga a afirmar que, puesto que se trata de sustituir la propiedad capitalista por la propiedad comunista, la clase que tiene interés en esa sustitución puede trabajar para realizarla.
»La lucha de clases nos obliga a decir que el proletariado ya no esperará su salvación de los poderosos de hoy, como cuando Robert Owen pedía al congreso reunido en Viena que salvara a la clase obrera.92
»La lucha de clases nos obliga a decir que el proletariado es mayor de edad para dirigir sus asuntos, y precisamente por eso no hay que atarle las manos.
»Hay otra razón por la que me adhiero a la moción Kautsky: es que prevé que solo el partido organizado dará la señal de la entrada y de la salida. Esa es nuestra política, y añado que en eso está la verdadera garantía contra la práctica constante y peligrosa de esa participación.
»La burguesía ha podido llamar a un socialista al poder; vacilará más cuando sea el delegado del partido entero, porque será un comienzo de expropiación política de la burguesía. Solo se resignará a ello cuando haya una crisis tan grave que reconozca su impotencia para salvarse sola, o cuando la abstención del proletariado cree un vacío en el que la burguesía se hundiría como en un abismo.
»Por eso me adhiero a la moción Kautsky». (Vivos aplausos.)
Marcel Sembat rectifica una afirmación de Enrico Ferri. Fue delegado por la unanimidad del grupo socialista de la Cámara para protestar contra toda expedición colonial, y contra la expedición de China en particular.
En lo que se refiere a la 9.ª cuestión, el orador y sus amigos se someterán a la decisión del congreso internacional. Pide que esa decisión sea clara. «Dictad sentencias claras y las ejecutaremos».
Joindy (Francia) es recibido por los delegados del P.O.F. con gritos de «¡Viva Liebknecht!». Afirma sus sentimientos socialistas y defiende a los socialistas que han apoyado al ministerio del que forma parte el ciudadano Millerand.
«Hay que imaginarse Francia en el momento en que Millerand entró en el ministerio. El Partido Socialista no estaba organizado, y hay que decir que, cuando Millerand entró en el ministerio, ¡acudía verdaderamente a un puesto de combate! (Aplausos.)
»Es seguro que en aquel momento el pueblo sentía que esa conducta era la buena, puesto que, el día en que ese ministerio estaba amenazado, ¡bajaba a la calle para defenderlo! (Aplausos por una parte; vivas protestas por otra. Silbidos.) Cada vez que la libertad y la dignidad humanas son atacadas, como en el caso Dreyfus, en que todo un pueblo se arroja sobre un individuo por una cuestión de raza, el proletariado se pone inmediatamente en pie». El orador se adhiere a la moción Kautsky.
Se levanta la sesión a las 6.
Octava sesión, jueves 27 de septiembre por la mañana
Presidencia de los ciudadanos Van Kol, Fürholz y Plekhanoff.
Van Kol propone al congreso que decida dónde y cuándo se celebrará el próximo congreso internacional. Los alemanes proponen 1905; los ingleses, 1902. Se adopta la fecha de 1903 (21 votos contra 19). Los holandeses proponen que se celebre en Ámsterdam; los austriacos proponen Viena. Kritschewski93 teme que los rusos no puedan acudir a un congreso en Viena, por las relaciones muy estrechas entre la policía austriaca y la rusa. Se adopta por amplia mayoría la ciudad de Ámsterdam.94
Tiene la palabra Jules Guesde. (Numerosos aplausos; gritos de «¡Viva la República!».)
Jules Guesde (Francia, P.O.F.). —«Apruebo tanto más la resolución sobre las alianzas salida de nuestro congreso de Ivry cuanto que prohíbe, en nombre de la lucha de clases, toda alianza del proletariado con la clase capitalista, y que, si tolera no alianzas sino coaliciones, pretende reducirlas al mínimo estricto hasta su eliminación completa, y las subordina a la aprobación de los grupos regionales y nacionales. Por ese lado estamos plenamente satisfechos.
»Paso a la resolución Kautsky. Estoy con Kautsky cuando recuerda que la entrada de un socialista en un ministerio no puede considerarse un comienzo de conquista del poder político. Así queda separado lo que debe estarlo: la toma del poder por la clase obrera y la mendicidad ministerial. (Aplausos del P.O.F.)
»Estoy también con Kautsky cuando recuerda que, para realizar nuestro programa, necesitamos la totalidad del poder central. En efecto, fuera de eso no puede haber más que reformas impotentes, y no la sustitución del régimen capitalista por el régimen colectivista. Nada dice siquiera que para alcanzar ese fin último no haya que llegar hasta la dictadura de clase, ante la cual no retrocedieron los burgueses de 1793. (Protestas de los independientes95 de la sección francesa. Aplausos.)
»Tiene razón también Kautsky cuando denuncia la confusión y la desorganización introducidas en las filas del proletariado organizado por la colaboración de un socialista en el gobierno, y cuando añade que esa colaboración, lejos de acercarnos al fin, nos aleja de él, y que en lugar de ser una causa de fuerza es una causa de debilitamiento para nuestro partido.
»Esta puntualización era tanto más importante cuanto que los desfallecimientos no son solo nacionales. Ferri ha señalado que se producían un poco en todas partes. La espina dorsal del Partido Obrero internacional se doblega. Nuestra acción ha ganado en extensión, pero ha perdido en profundidad.
»He estado a punto de votar la moción Kautsky, porque contiene ya una primera rectificación indispensable. Pero en lo que las organizaciones que represento ya no pueden estar de acuerdo con Kautsky es en que, después de haber condenado teóricamente el «hecho nuevo», se lo admita luego para el futuro en calidad de accidente.
»Ahora bien, la lucha de clases no puede desembocar, ni siquiera accidentalmente, en la colaboración de clases; de lo contrario, el accidente podría ser mortal.
Un socialista que entra en un ministerio burgués, decía Liebknecht, puede creerse todavía socialista, pero ha dejado sin embargo de serlo. Porque si no se puede servir a dos amos a la vez, menos aún se puede servir a dos clases.
»En una palabra, no se puede ser agente de conservación social y de revolución social. Hay ahí una antinomia, una incompatibilidad que nada puede borrar, que nada puede hacer desaparecer, ni siquiera la autorización eventual dada por el Partido, que, lejos de remediar el mal, no haría más que agravarlo.
Sería, en efecto, la responsabilidad de la política y de los crímenes de la clase burguesa asumida por el Partido Socialista, es decir, la quiebra, la bancarrota a corto plazo. (Aplausos del P.O.F.) Con los ojos abiertos entonces por los fogonazos de los fusiles y de los sables, el proletariado se detendría asqueado y se apartaría de nosotros con repugnancia.
»Pero hay otro aspecto de la cuestión aún más decisivo: ¿Os imagináis a ese ministro socialista obligado a presentar y defender peticiones de créditos para las guerras, cuando el deber de nuestros elegidos es responder: «¡Ni un céntimo, ni un soldado!»? Con un Millerand italiano, con un Millerand alemán, un Millerand inglés, no habría ya Internacional posible. (Largos aplausos del Partido Obrero Francés. Protestas en un gran número de escaños.)
»Si la moción Kautsky no se devolviera a la comisión para que la modificara en ese sentido, nos sería imposible votarla, y nos parece imposible que la vote el congreso.
»Ciudadanos, no os refugiéis tras la excusa de las excepciones, porque, como decía ayer Enrico Ferri, las excepciones pueden ser tan numerosas que acaben por comerse la regla misma.»
Guesde da lectura entonces al proyecto de resolución que ha presentado en nombre del Partido Obrero y para el que, de acuerdo con Ferri, pide la prioridad.
Proyecto de resolución Guesde-Ferri
El quinto congreso internacional, reunido en París, recuerda que por conquista de los poderes públicos hay que entender la expropiación política de la clase capitalista, ya se produzca esa expropiación pacífica o violentamente.
Por consiguiente, en régimen burgués no deja lugar más que a la ocupación de los puestos electivos de que el Partido pueda apoderarse por sus propias fuerzas, es decir, las de los trabajadores organizados en partido de clase, y prohíbe necesariamente toda participación socialista en los gobiernos burgueses, frente a los cuales los socialistas deben permanecer en estado de oposición irreductible.
Guesde prosigue: «Vandervelde ha querido establecer una paridad entre la función de alcalde y la de ministro. Se ha equivocado. El alcalde es el delegado de su Partido. Si no obedece, será destituido. El ministro, al contrario, nombrado por el enemigo, cuanto más traicione a su Partido más tiempo seguirá en el poder. Es una prima a la traición lo que habríais instituido si adoptarais el proyecto de la comisión. (Largos aplausos del P.O.F. Protestas de los independientes.)
»Otra consecuencia será introducir en el Partido el peor «espíritu nuevo». Con la posibilidad de llegar a ministro, el deseo de serlo se infiltrará en los cerebros, se apoderará de los que llaman el estado mayor. Trabajarán para llevarse el gordo diciendo: «Es el Partido quien lo quiere». Antes uno era fiel a su Partido hasta el paredón; ahora le será fiel hasta la cartera. (Largos aplausos del P.O.F.)
»La resolución que os proponemos, en fin, nos parece de todo punto practicable. Solo prohíbe lo que debe prohibirse, es decir, lo que Vandervelde llamaba las funciones de nombramiento, las que dependen de la clase adversaria. Todas las funciones electivas quedan permitidas de pleno derecho; conquistarlas es incluso un deber para el Partido. En todo caso, nuestra convicción absoluta es que no se puede ir más allá de las funciones electivas. Que esta táctica sea «cosa del pasado», es posible; con esa táctica del pasado, haciendo el trabajo, hemos separado las clases. (Aplausos.) Ahora se querría volver a coser lo que hemos descosido. (Vivas protestas de los independientes. Ruido.)
»Al final de esa política que quiere acercar lo que nosotros hemos separado, digo que no hay lugar más que para el engaño de los obreros y para la conservación social.»
El Partido Obrero Francés ovaciona al orador.
Una voz. — Guesde no será el dictador del Partido Socialista francés. (Aplausos y protestas.)
Anseele no lamenta haber sido uno de los primeros en aprobar la entrada de Millerand en el ministerio.
Lo hizo porque creyó sinceramente que su clase encontraría así un nuevo medio de acción.
El orador acumula citas y hechos en apoyo de su opinión: es preciso que la acción socialista sea incesante, tanto en las Cámaras y en el ministerio como en los sindicatos y las cooperativas. El congreso ha hecho bien en atreverse a decir al pueblo que su emancipación es una obra lenta, larga y penosa. Si hay una crisis en el socialismo, no es un desfallecimiento, es una crisis de crecimiento. Y si la moción Kautsky parece falta de sencillez, es que las circunstancias no admiten los medios simplistas.
«Si el grado de evolución de la industria hiciera posible la socialización de Le Creusot y de Anzin,96 ¿se negaría a un socialista la autorización para entrar en el ministerio a fin de llevar a cabo esa tarea? (Aplausos en algunos escaños.)
»La búsqueda de reformas acerca al fin último y no aleja la Revolución.» (Vivos aplausos.)
Vaillant sube a la tribuna. (Gritos: «¡Viva la Comuna!».) «Después del discurso de Guesde, poco me quedará por decir.
»Quiero afirmar simplemente que el Partido Socialista debe seguir siendo un partido de oposición y de revolución. Todo pacto, toda alianza, toda introducción de un socialista en el poder son condenables. Si, por ejemplo, el señor Schneider se viera obligado, por la fuerza del sindicato de Le Creusot, a escoger a uno de sus directores en ese sindicato, no podría resolverse a tomar en él más que a un agente de la patronal. Porque si el nuevo director no hiciera obra capitalista, sería despedido sin más. Del mismo modo, un ministro socialista no puede realizar más que una obra de conservación burguesa.
»Por otra parte, si un socialista nos representara oficialmente en el gobierno, sería el Partido Socialista entero el que habría fusilado en Chalon y en la Martinica.97 (Aplausos y protestas.)
»Preguntamos a Kautsky por qué él, que ha luchado tan victoriosamente en Alemania contra Bernstein, por qué ahora capitula. (Protestas.)
»Es preciso que nuestra decisión sea clara, y la moción Kautsky no lo es. El congreso no puede tomar una decisión formal y precisa más que de un modo: votando primero sobre el texto de la resolución propuesta por la minoría de la comisión. Eso no podéis negárnoslo.» (Aplausos en un lado de la sala.)
Auer98 (Alemania, diputado en el Reichstag). —«También le está permitido a un representante de la socialdemocracia alemana hablar sobre esta cuestión; no lo dudo, porque tengo una opinión demasiado alta de la cortesía y la hospitalidad francesas para haber creído nunca que se nos negaría la palabra.
»Nada de lo que se ha dicho en este debate es nuevo para nosotros, los alemanes. Todo lo que conmueve, apasiona y divide al proletariado francés, todo lo que es objeto de las largas discusiones que acabamos de seguir, lo discutimos ya en Alemania hace años, aunque quizá con menos pasión. Hace ya veinte años que nos ocupaba la cuestión de las alianzas con los partidos burgueses y de la entrada de los socialistas en los concejos municipales; y es la experiencia la que nos ha llevado a hacer lo que los franceses se ven finalmente obligados a hacer, si no quieren atropellar los intereses más vitales de la clase obrera.
»Sin duda, todavía no se ha presentado entre nosotros un caso Millerand. No estamos todavía tan adelantados. ¡Pero espero, deseo, que lleguemos pronto a ello! (Aplausos.) Para nosotros esta cuestión es una cuestión de pura teoría. ¡Y por el momento los jefes de nuestro partido, aquellos para quienes podría plantearse semejante cuestión, están mucho más cerca de una celda de cárcel que de un puesto de ministro! (Risas.)
»Mientras discutíais, me parecía estar en el lugar del pobre jornalero de la historia de Reuter:99 discutían delante de él si había que preferir tal o cual plato, y el pobre y sencillo obrero de la Baja Alemania opinaba: «¡Las ciruelas cocidas y la carne asada son platos famosos, pero nunca los vemos!». (Risas generales.) Pues bien, nosotros estamos en la misma situación. Pero la cuestión se presenta además bajo otro aspecto. ¿Cuáles son, pues, las circunstancias que en Francia han permitido a un socialista llegar a ministro?
»Se trataba de saber si en Francia la República sería destruida y la reacción victoriosa; se trataba de saber si se vería aplazado durante años y años ese gran movimiento de emancipación por el que vosotros especialmente, vosotros, franceses, habéis derramado ríos de sangre. Yo no hago más que seguir las tradiciones de nuestro Partido cuando os hago la declaración siguiente: en momentos semejantes, cuando se trataba de rechazar a la reacción que asaltaba la Libertad, cuando se trataba de impedir el retroceso económico y político, no hemos vacilado un instante en cumplir con nuestro deber. Y si ante nosotros surgiera la misma cuestión, hablaríamos así a los partidos obligados a volverse hacia nosotros: «Estad tranquilos: nuestra tradición y nuestra existencia misma exigen que combatamos con vosotros por la Libertad, el Derecho y el Progreso». Quizá, pensando en el amor que tenemos a nuestros jefes, habríamos añadido: «No queremos carteras de ministro; por lo demás, podéis contar con nosotros». Pero supongo que alguien hubiera venido entonces a decirnos: «Todo eso solo interesa a los burgueses, y a vosotros en absoluto; la cuestión es solo saber si habrá una República conservadora o una República democrática»; le habríamos respondido: «¡No! ¡No es verdad!», y habríamos dado como consigna: «¡Loubet,100 y nunca, a ningún precio, un César!». (Aplausos prolongados.)
»He aquí lo que dije en nuestro nombre en la comisión: tal como somos en Alemania, un socialista que entrara en el ministerio sin el consentimiento del Partido es una pura imposibilidad. Pero lo que es evidente, dada nuestra organización, me guardo muy bien de aplicarlo a una situación diferente. Y ante el caso Millerand me decía: ante la diversidad de opiniones, y la confusión, y la verdadera torre de Babel que es en este momento la organización de nuestros camaradas de Francia —sí, ¿a quién debía consultar Millerand? (Viva aprobación.) ¿Queréis impedir los casos Millerand? Reconciliad vuestras enemistades, convertíos en un partido fuerte, un partido unido, un gran Partido, y solo entonces, si la historia trae de nuevo un momento como aquel en que os encontráis, comprobaréis cuáles deben ser la fuerza, el poder, la influencia decisiva de la socialdemocracia francesa. Ese momento, ¡ay!, no ha llegado todavía para nosotros. Para vosotros ha llegado. Y todo lo que deseamos es que ese momento, ese gran día, dondequiera que amanezca, no encuentre en ninguna parte hombres pequeños. (Vivos aplausos.)
»He votado la resolución Kautsky. No es que suscriba todos sus términos. Pero entra en la tendencia general que apruebo. Se le ha reprochado que es fluctuante, que es vaga; se dice: no contiene prescripciones para todos los casos. Pero si fuera tan completa, no la votaría. No queremos atarnos las manos para todo lo que pueda venir. Queremos, aun permaneciendo estrechamente fieles a nuestras teorías y a nuestro programa, tomar la resolución que convenga a cada situación dada. No renunciamos a nuestro derecho. No somos fanáticos, profetas, fundadores de iglesias, gente que lleva en el bolsillo la verdad última. (Vivos aplausos.) La verdad la buscamos, y para esa búsqueda de la verdad debemos mantener los caminos libres y abiertos. (Aplausos.) Por eso votamos la resolución Kautsky.
»Deseamos que los franceses saquen de estos debates esta moraleja: que deberían dirimir estas cuestiones entre ellos y en su casa. ¡Pensad un poco si nosotros quisiéramos tratar aquí de la participación en las elecciones al Landtag! Los congresos internacionales tienen por objeto marcar los puntos de vista más generales; esa es su función. Son una gran manifestación del proletariado organizado, de esa fuerza inmensa a la que pertenece el futuro. ¡Ojalá los franceses salgan de esta sala no divididos en vencedores y vencidos, sino de la mano, hermanos combatientes por la causa del proletariado internacional!» (Aplausos prolongados, salvo en los escaños del P.O.F.)
Se levanta la sesión a la una.
Novena sesión, jueves 27 de septiembre por la tarde
Andrea Costa declara que acepta la moción Kautsky: es la que más se aproxima a la moción adoptada en el último congreso de Roma por 106 votos contra 60, que dice así: el congreso, sobre la táctica electoral, aun confirmando su fe en los principios primordiales —lucha de clases, socialización de los medios de producción y de cambio—, declara la plena autonomía de las organizaciones desde el punto de vista de la táctica.
«Después de la votación del congreso de Roma, el ciudadano Ferri, con quien discrepo pero a quien quiero como a un hermano, dijo que aceptaba la resolución como un soldado fiel. Pero quería declarar que Ferri no hablaba en nombre de los socialistas italianos que, por 119 delegados contra 73, votaron la autonomía, sino en nombre de la minoría de la 9.ª comisión. Y la conducta de los diputados socialistas que asistieron a los funerales del rey Humberto es imputable no a la autonomía, sino a la escasa cultura socialista de esos ciudadanos.»
Se cierra la discusión. Se votará por nacionalidades. Se votará primero sobre la resolución Kautsky. Se votará pronunciándose por la mayoría o por la minoría de la comisión. Vandervelde, en nombre de la comisión, se adhiere a este modo de votación, propuesto por Van Kol.
La proposición Kautsky se adopta por 29 votos; la proposición Guesde-Ferri reúne 9 votos.101 (Aplausos. — El P.O.F. grita: «¡A Chalon!». — Largo tumulto.)
He aquí el reparto de los votos:
| Proposición Kautsky | Proposición Ferri-Guesde | |
|---|---|---|
| Alemania | 2 | — |
| Inglaterra | 2 | — |
| Austria | 2 | — |
| Bélgica | 2 | — |
| Bohemia | 2 | — |
| Bulgaria | — | 2 |
| Dinamarca | 2 | — |
| España | 2 | — |
| Estados Unidos | 1 | 1 |
| Francia | 1 | 1 |
| Holanda | 2 | — |
| Hungría | — | — |
| Irlanda | — | 2 |
| Italia | 1 | 1 |
| Noruega | — | — |
| Polonia | 1 | 1 |
| Portugal | 2 | — |
| República Argentina | 2 | — |
| Rusia | 1 | 1 |
| Suecia | 2 | — |
| Suiza | 2 | — |
Se vota a continuación a mano alzada sobre la cuestión de las alianzas. La resolución Guesde se adopta por unanimidad.102
Furnemont dice que los sindicatos belgas piden que cada nación presente al próximo congreso un informe detallado sobre su situación política y económica.
El congreso ha recibido:
Una carta de la Vanguardia Socialista Democrática de Australia, que delega en Hyndmann para que la represente;
Un telegrama de simpatía del sindicato de empleados de comercio de Toulouse;
Un telegrama del Partido Obrero del Canadá.
Un telegrama de la Asociación de Curtidores y Zurradores y del Comité de la Socialdemocracia de Hungría;
Un telegrama de los mecánicos de Lyon.
Hyndman dice que acaba de recibir una carta que le encarga representar a los socialistas de Queensland.
El congreso envía sus mejores deseos a los partidos socialistas inglés y austriaco con ocasión de la lucha electoral.103
Van Kol toma la palabra como ponente de la 5.ª comisión sobre la cuestión: La política colonial. Se felicita de ver este asunto inscrito por primera vez en el orden del día de un congreso socialista internacional. Muestra las fechorías de la expansión colonial, a la que se ve abocado el capitalismo. Enumera los pueblos que sufren los crímenes de las naciones europeas.
«¿Hace falta recordar a los belgas los negros asesinados a centenares en el Congo; a los franceses, las matanzas de Dahomey y de Madagascar? Europa se parece a una araña gigantesca que echa sus patas sobre el mundo entero, y cuando haya agotado a todos los pueblos inferiores, la guerra se impondrá. (Aplausos.)
»En China se va a despertar a las necesidades de la competencia a 400 millones de trabajadores sobrios, que harán pasar hambre al proletariado europeo. Eso es lo que nos reserva el capitalismo.»
El orador traza un cuadro terrible de la suerte que los civilizadores blancos imponen a las razas que pretenden elevar hasta su gran familia; Bélgica, Holanda, Francia, cada nación colonial tiene un libro negro en el que se inscriben sus fechorías coloniales.
«¿No oís el largo grito de sufrimiento que se eleva desde todos los continentes exóticos contra las fechorías, contra los crímenes del militarismo, del imperialismo y del capitalismo? A ese grito de dolor nuestra conciencia socialista debe responder y sabrá responder. Los socialistas no conocen razas: todos los hombres tienen un corazón y un cerebro. Con la ayuda de todos y para todos haremos una humanidad feliz.» (Aclamaciones.)
El orador presenta en nombre de la 5.ª comisión una resolución que condena y estigmatiza la política colonial burguesa.
Hyndman (Inglaterra). —«Nosotros, los socialistas ingleses, no hemos tomado parte en esa guerra de África, que odiamos, y queremos expresar aquí nuestra vergüenza por lo que ha ocurrido allí. Inglaterra es la mayor potencia colonial del mundo. Hay aproximadamente 350 millones de seres humanos oprimidos por nuestro gobierno. (Aplausos.)
»La política colonial seguida en la India pone bajo nuestra bandera a 350 millones de hombres, y los dominamos por la espada. (Aplausos.) Es el régimen de la fuerza y del capitalismo. Puedo dar cifras. La India es el país más pobre del mundo. Una familia entera tiene para todo el año menos de 50 francos para cinco personas. De esta población miserable el capitalismo inglés saca cada año 30 millones de libras esterlinas, 150 millones de francos.104
»En este momento hay 95 millones de hombres que padecen hambre porque nos llevamos sus riquezas. Esa es la política colonial: desangrar la colonia. (Vivos aplausos.)
»Odio esa política. Durante veinte años he hecho todo lo posible por aplastarla. Y peor que la muerte es la degeneración de esos seres que, entre cinco, no pueden hacer el trabajo de un hombre normal.
»Haremos lo mismo con China junto con los franceses y los rusos. Espero, pues, que votéis una resolución que condene al gobierno inglés por haber arruinado una civilización que quizá era mejor que la nuestra.» (Vivos aplausos.)
Quelch105 (Inglaterra), en nombre de los sindicatos. — «La última guerra se ha hecho a pesar de los obreros ingleses. La clase obrera del mundo entero no tiene querella con los obreros ingleses. (Aplausos.) Y es en Inglaterra donde todos los refugiados políticos encuentran la mejor acogida. Los obreros ingleses saben que los obreros del mundo son sus hermanos, incluso los que están sindicados sin ser socialistas. Hay que crear, pues, una prensa poderosa para instruir al pueblo, que ha sido cegado por la prensa capitalista.»
Pete Curran (Inglaterra). —«Puesto que no han sido muchos los delegados ingleses que han hablado en este congreso sobre esta cuestión, debemos hacer oír nuestra protesta ante Europa. Soy el representante de cincuenta mil obreros sindicados, no todos socialistas, pero todos opuestos a la guerra imperialista. Cuando protestaban contra la guerra se les dijo: «Pero tendréis más negocio». Ellos responden: tenemos amigos sin trabajo; ¡que les hagan trabajar para nosotros mismos! (Aplausos.)
»Ese espíritu de ambición lo visteis en Francia con Napoleón, que creía conquistar el mundo; en Inglaterra pasamos por la misma fase. (Aplausos.) Los patrioteros repiten en Inglaterra, en las reuniones electorales, esta frase célebre: «El sol no se pone en las posesiones de Gran Bretaña». Pues bien, yo digo: ¡hay lugares en Inglaterra donde el sol no brilla nunca!» (Vivos aplausos.)
Louis Maurice, consejero general socialista de Guadalupe, dice al congreso que la idea socialista empieza a desarrollarse en las colonias, entre otras en las Antillas. Expresa el deseo de que el Partido Socialista tenga un programa colonial. (Aplausos.)
La resolución de la quinta comisión se vota por aclamación.106
Furnemont da lectura a dos telegramas que acaban de llegar a la mesa. En el primero, el ciudadano Popovitch, delegado de Serbia en el congreso, se excusa por no poder asistir. El segundo procede de los obreros de los puertos de Burdeos, actualmente en huelga, que piden el apoyo material y moral de los miembros del congreso internacional.
Da lectura a la protesta siguiente:
«Los delegados de la Unión Socialista Revolucionaria rusa en el congreso internacional de 1900 declaran que, después de que la delegación rusa se negara a conceder un delegado a los socialistas revolucionarios y al representante del grupo «La Voluntad del Pueblo» (Narod Naja Volia),107 reunidos ad hoc, los delegados de la Unión Socialista Revolucionaria no han tomado parte en la votación de esa delegación, y piden al congreso que tome nota de ello.
Declaramos al mismo tiempo que, de las organizaciones existentes en Rusia y representadas en el congreso, solo los socialdemócratas estarán representados en el secretariado internacional.
Firman: Dr. Ch. Schitlowski,108 Ch. Rappoport,109 Mandelstann.»
La 4.ª comisión tiene como ponente a la ciudadana Rosa Luxembourg, sobre la 4.ª cuestión: Paz internacional; militarismo; supresión de los ejércitos permanentes. La ciudadana Luxembourg pronuncia una requisitoria contra el militarismo y el imperialismo. Lee una resolución que declara que hay que redoblar las energías en la lucha contra el militarismo. Adoptada por aclamación. (Véase la resolución.)
En ese momento la ciudadana Bonnevial, acompañada de varias ciudadanas, entrega a Clara Zetkin un ramo de flores, homenaje de las mujeres socialistas francesas. «Comprobamos con alegría —dice— que en todos los congresos socialistas aumenta el número de mujeres socialistas, lo que es un honor para ellas y para los hombres que las delegan. Es una prenda de esperanza socialista para la propaganda entre las mujeres.» (Vivos aplausos.)
Clara Zetkin da lectura a continuación a una resolución que estigmatiza las atrocidades del militarismo. (Véase la resolución.)
Volkaert, delegado de las Jóvenes Guardias belgas,110 recomienda a los socialistas la propaganda en los regimientos. Gracias a esa propaganda organizada, en Bélgica los coroneles se ven obligados a declarar al gobierno que no pueden responder de sus hombres. Para combatir el militarismo hay que formar grupos de jóvenes.
La resolución leída por la ciudadana Clara Zetkin se vota por aclamación.
En nombre de la 6.ª comisión, Störmer (Alemania), ponente, da lectura al informe sobre la cuestión: Organización de los trabajadores marítimos. (Véase la resolución.)
Octors (Bélgica) explica que esos trabajadores marítimos son los marineros, los obreros de los muelles y los carreteros. Aportarán al socialismo una fuerza enorme.
El informe se adopta por unanimidad.
Se decide que los ponentes se limiten en adelante a leer las resoluciones de sus comisiones.
La 7.ª comisión (Pernefstouffer,111 ponente) hace adoptar por unanimidad sus resoluciones sobre la cuestión: La lucha por el sufragio universal y la legislación directa por el pueblo. (Véase la resolución.)
La 8.ª comisión (8.ª cuestión: Socialismo municipal) tiene como ponente al ciudadano Vinck112 (Bélgica). Su resolución se adopta por unanimidad. (Véase la resolución.)
A propuesta de Terwagne (Bélgica), se deja en suspenso un párrafo (constitución de oficinas nacionales e internacionales encargadas de centralizar la información). El Comité Internacional quedará encargado de reunir los documentos relativos a la vida municipal.
11.ª comisión (11.ª cuestión: Los trusts); ponente: Wibaut113 (Holanda). El informe-resolución se adopta por unanimidad. (Véase la resolución.)
Son las 7 cuando el orden del día llama la 12.ª cuestión: La huelga general. La 12.ª comisión se ha dividido: la mayoría tiene como ponente a Legien114 (Alemania) y comprende a los austriacos y a los alemanes. La minoría, formada por franceses e italianos, tiene como ponente a Aristide Briand.
Legien, en nombre de la mayoría, dice que la cuestión de la huelga general no es actualmente discutible. Para ir a la batalla hay que empezar por formar grandes batallones; hacen falta sindicatos numerosos y poderosos. La mayoría ha recogido la resolución votada por el congreso de Londres, resolución que no excluye la posibilidad de la huelga general. (Véase la resolución.)
Briand defiende la opinión de la minoría.
«Camaradas —dice—, reconozco de buen grado con el ponente que en el seno de la comisión yo no representaba más que a una minoría ínfima. Mis colegas, sin embargo, tuvieron a bien hacerme una concesión, puramente honorífica por lo demás: me confiaron la presidencia de sus debates, que no por eso dejaron de volverse contra mí, porque en la votación de la resolución me quedé prácticamente solo con mi opinión. Ni siquiera tuve para apoyar mi moción a toda la sección francesa, pues Zévaès hizo, en nombre de la fracción que representaba, las más serias reservas.
»Es verdaderamente lamentable que no se haya creído oportuno conceder a esta cuestión de la huelga general, que está en primer lugar entre las preocupaciones del proletariado, un lugar más amplio en las discusiones de este congreso. Merecía algo mejor que los pocos minutos que se le dedican.
»Lo que reprocho a la moción de la comisión es su carácter impreciso. No es admisible que el congreso internacional no asuma la responsabilidad de un consejo más claro, más formal. Es preciso que digáis francamente si estáis a favor o en contra. (Aplausos.)
»El ponente de la mayoría os ha dicho que los trabajadores sindicados eran en su mayor parte contrarios a la idea de la huelga general. Sin embargo, yo creía representar moralmente en esta cuestión al proletariado sindicado (Aplausos en varios escaños. — Protestas del lado del P.O.F.), porque en todos sus congresos nacionales e internacionales celebrados en estos últimos tiempos en el mismo París la huelga general se ha votado casi por unanimidad. Y vosotros, miembros del Partido Obrero Francés que me interrumpís, sois tanto menos excusables por ignorar las simpatías de los trabajadores de este país por la huelga general cuanto que en 1892 la mayoría de vuestros delegados la votaron en un congreso sindical.115 Es verdad que desde entonces han modificado políticamente su opinión de sindicados. (Aplausos.)
»Por lo demás, me pregunto cómo se podría rechazar toda idea de huelga general sin poner en duda, con esa negación misma, la eficacia de toda la organización sindical. ¡Cómo! Admitís que un sindicato se prepare para entablar la lucha contra uno o varios patronos, incluso lo alentáis, ¿y os negaríais a considerar la organización del proletariado con vistas a una batalla general contra el conjunto de los patronos? La huelga general es el estímulo más activo de la organización sindical... (Aplausos.)
»Pero no quiero encerrarme en el terreno un poco estrecho de las solas preocupaciones económicas, y declaro bien alto, con toda franqueza, que veo sobre todo en la huelga general el modo de revolución más eficaz. Sí, para mí la huelga general sería la revolución, pero una revolución distinta de las del pasado, que daría a los trabajadores más garantías porque no dejaría a unos pocos hombres el cuidado de sacar partido de la victoria. (Aplausos.) Vencedor mediante esta táctica, el proletariado se apoderaría él mismo de los instrumentos de producción y los conservaría con tanta mayor facilidad cuanto que, antes de tomarlos, se habría organizado para hacerlos funcionar. (Aplausos.) Ya no sería una revolución en torno a fórmulas más o menos decepcionantes: sería una revolución en las cosas.
»Estoy de acuerdo con Guesde y Vaillant en pensar que la organización de la victoria se hará mediante la dictadura del proletariado. Pero es preciso que esa dictadura siga siendo impersonal. (Aplausos repetidos.)
»Hoy, dados el estado y el espíritu de las organizaciones francesas, la dictadura no sería en nuestro país tan impersonal como se ha querido decir. (Aplausos.) Si nuestro Comité General hubiera ejercido desde hace un año una acción dictatorial, quizá no sería en las filas de la clase enemiga donde habría escogido a sus primeras víctimas... (Aplausos entusiastas. Protestas.)
»Me detengo aquí, manifestando una vez más mi pesar por que no se haya concedido más tiempo a la discusión de una cuestión tan grave.
»Termino dando lectura a la resolución de la minoría, firmada por Allemane, Jaurès, Heppenheimer, Brunellière,116 etc.
Resolución
Considerando que la huelga general aparece como el modo de acción revolucionaria mejor adaptado a las condiciones de lucha impuestas por la sociedad capitalista,
El congreso,
Al tiempo que conjura al proletariado a no desertar de ningún terreno de acción y a no descuidar el uso de ninguno de los medios de emancipación que están a su alcance,
Invita a los trabajadores del mundo entero a organizarse para la huelga general, ya deba esa organización ser en sus manos un simple medio de presión, una palanca destinada a ejercer sobre la sociedad capitalista las presiones indispensables para obtener mejoras sucesivas de orden político o económico, ya deba, si las circunstancias se vuelven propicias, ponerse al servicio de la Revolución social.» (Aplausos en muchos escaños; gritos de «¡Viva la huelga general!».)
Briand pide la votación, que se hace por nacionalidades. La moción de la mayoría se adopta por 27 votos contra 3. La minoría se compone así: Francia, 1 voto; Italia, 1; Portugal, 2; Rusia, 1; República Argentina, 2.117
El orden del día del congreso está agotado.
Van Kol, presidente, pronuncia en alemán, en inglés y en francés una última alocución.
«Ciudadanos, el V Congreso de la Socialdemocracia ha terminado. Hemos pasado juntos muchas horas; hemos discutido largamente; hemos luchado a cara descubierta, porque sabemos que hay que expresar las propias convicciones clara y abiertamente. (Aplausos.) Cuanto más avance la evolución económica, más cínica será la burguesía y más marcharemos nosotros de la mano.
»Dentro de tres años nos reuniremos de nuevo en Ámsterdam. Durante esos tres años vosotros difundiréis la idea socialista por las llanuras soleadas de Francia; nosotros, en la triste, negra y brumosa Holanda, llevaremos de Francia la buena nueva, más decididos que nunca a sostener el combate, que no cesará más que con la victoria del socialismo.
»Dentro de tres años seremos todavía más fuertes y estaremos más cerca del fin que perseguimos: la victoria socialista. ¡Viva la Internacional!» (Aplausos entusiastas.)
El congreso se separa cantando La Internacional.
Delegaciones en el congreso
- Alemania: 57 delegados. Organizaciones políticas (45, de ellos 2 mujeres); Mujeres socialistas (2); Fracción parlamentaria (2); Sindicatos obreros (8).
- Inglaterra: 95 delegados. Trade-unions y comités socialistas.
- Austria: 10 delegados. Grupos políticos (5); Sindicatos (2); Grupos obreros de distintas industrias (3).
- Bélgica: 37 delegados. Agrupaciones políticas y económicas.
- Bohemia: 2 delegados.
- Bulgaria: 3 delegados.
- Dinamarca: 19 delegados. Grupos políticos (3); Comité central (3); Cooperativas y sindicatos (13).
- España: 4 delegados. Partido Obrero (3); Unión General de Trabajadores (1).
- Estados Unidos: 6 delegados.
- Francia a: 600 delegados, 1.600 mandatos: F.T.S.; P.O.S.R.; F.S.R.; federaciones autónomas.118
- Francia b: 473 delegados, 1.083 mandatos: P.O.F. (765); P.S.R. (223); A.C. (12); Fed. de Saona y Loira (22); Sind. de ídem (30); Fed. de Doubs-Alto Rin (17); Fed. del Yonne (14).
- Holanda: 9 delegados.
- Hungría: 1 delegado.
- Irlanda: 3 delegados.
- Italia: 15 delegados. Grupos políticos (11); Italianos de Suiza (1); Italianos de Francia (3).
- Noruega: 1 delegado.
- Polonia: 20 delegados, 24 mandatos.
- Portugal: 1 delegado, 3 mandatos.
- República Argentina: 1 delegado.
- Rusia: 24 delegados, 29 mandatos: Partido Demócrata Socialista Revolucionario (9); Unión de los Israelitas (12); Revolucionarios (5); Socialistas revolucionarios (3).
- Suecia: 3 delegados.
- Suiza: 10 delegados, 11 mandatos.
El «Congreso socialista universal» de Gante (septiembre de 1877), donde se enfrentaron socialdemócratas y anarquistas tras la escisión de la Internacional. ↩
En julio de 1889 se reunieron en París dos congresos rivales: el de los «posibilistas» de la Federación de los Trabajadores Socialistas, y el congreso marxista de la sala Pétrelle (14-21 de julio), que se tiene por fundador de la II Internacional. ↩
Wilhelm Liebknecht (1826-1900), fundador con Bebel de la socialdemocracia alemana y director del Vorwärts. ↩
Comité de coordinación de las organizaciones socialistas francesas, formado a raíz del caso Dreyfus, que preparó el primer congreso general de diciembre de 1899. ↩
El primer congreso general de las organizaciones socialistas francesas (París, sala Japy, 3-8 de diciembre de 1899) creó un Comité General común para preparar la unidad del partido. ↩
Partido fundado en 1890 por Jean Allemane, de base obrera y sindical y partidario de la huelga general. ↩
El segundo congreso general de las organizaciones socialistas francesas se celebró en la misma sala Wagram del 28 al 30 de septiembre de 1900, inmediatamente después del congreso internacional. ↩
Louis Dubreuilh (1862-1924), secretario del Comité General; más tarde secretario general del Partido Socialista unificado (SFIO). ↩
(Nota del acta.) Cuatro sesiones precedieron al comienzo de los trabajos efectivos del congreso: I. Primera reunión de la sección francesa, II. Primera sesión del congreso (domingo 23 de septiembre); III. Segunda sesión del congreso, IV. Segunda reunión de la sección francesa (lunes 24 de septiembre). ↩
Jean Allemane (1843-1935), obrero tipógrafo, combatiente de la Comuna, fundador del Partido Obrero Socialista Revolucionario. ↩
Jean Jaurès (1859-1914), diputado y principal figura de los socialistas independientes; defendía la entrada de Millerand en el gobierno Waldeck-Rousseau (1899). ↩
El Partido Obrero Francés, de Jules Guesde y Paul Lafargue, y el Partido Socialista Revolucionario, de tradición blanquista, dirigido por Édouard Vaillant, se oponían a la participación ministerial. ↩
Édouard Vaillant (1840-1915), miembro de la Comuna de París y dirigente del Partido Socialista Revolucionario. ↩
Aristide Briand (1862-1932), entonces socialista y propagandista de la huelga general; desde 1906, ministro y varias veces presidente del Consejo. ↩
Clara Zetkin (1857-1933), socialdemócrata alemana, directora de Die Gleichheit y dirigente del movimiento socialista de mujeres. ↩
Paul Singer (1844-1911), copresidente de la socialdemocracia alemana y diputado del Reichstag. ↩
El congreso del Partido Socialdemócrata de Alemania celebrado en Maguncia del 17 al 21 de septiembre de 1900. ↩
Alusión a la división entre el partido de Eisenach y la Asociación General de Trabajadores Alemanes lassalleana, que se unificaron en el congreso de Gotha de 1875. ↩
Pete Curran (1860-1910), sindicalista escocés, del Partido Laborista Independiente. ↩
Alusión a la guerra contra las repúblicas bóeres de Sudáfrica (1899-1902). ↩
Henry Mayers Hyndman (1842-1921), fundador de la Federación Socialdemócrata británica. ↩
En realidad, Liebknecht murió en Berlín el 7 de agosto de 1900. ↩
Andrea Costa (1851-1910), procedente del anarquismo, primer diputado socialista italiano (1882). ↩
Victor Adler (1852-1918), fundador y dirigente de la socialdemocracia austriaca. ↩
Émile Vandervelde (1866-1938), dirigente del Partido Obrero Belga; elegido después presidente del Buró Socialista Internacional. ↩
Sen Katayama (1859-1933), pionero del socialismo y del sindicalismo japoneses; más tarde miembro de la dirección de la Internacional Comunista. ↩
Pieter Jelles Troelstra (1860-1930), fundador y dirigente del Partido Obrero Socialdemócrata holandés. ↩
Gueorgui Plejánov (1856-1918), fundador del grupo Emancipación del Trabajo, primer grupo marxista ruso. ↩
Borís Krichevski (1866-1919), de la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero y de su revista Rabócheie Dielo, órgano de los llamados «economistas». ↩
Peter Knudsen (1848-1910), presidente de la socialdemocracia danesa. ↩
Ignacy Daszyński (1866-1936), dirigente del partido socialdemócrata polaco de Galitzia y diputado en el Parlamento de Viena. ↩
Antonín Němec (1858-1926), dirigente de la socialdemocracia checa. ↩
Pablo Iglesias (1850-1925), fundador del Partido Socialista Obrero Español y de la Unión General de Trabajadores. ↩
Lucien Sanial (1835-1927), francés emigrado, dirigente del Socialist Labor Party de los Estados Unidos. ↩
Paul Lafargue (1842-1911), yerno de Marx y dirigente, con Guesde, del Partido Obrero Francés. ↩
Pequeña organización de origen blanquista, escindida del partido de Vaillant. ↩
Jules Guesde (1845-1922), fundador y dirigente del Partido Obrero Francés, la principal organización marxista de Francia. ↩
Léon Furnemont (1861-1927), diputado del Partido Obrero Belga. ↩
Carmaux (Tarn), cuenca minera y vidriera de las grandes huelgas de 1892 y 1895, que eligió diputado a Jaurès. ↩
Gustave Delory (1857-1925), del Partido Obrero Francés, alcalde de Lille desde 1896. ↩
Los socialistas independientes, sin partido, agrupados en torno a Jaurès, Millerand y Viviani. ↩
Alfred-Léon Gérault-Richard (1860-1911), periodista y diputado socialista independiente. ↩
Zéphirin Camélinat (1840-1932), miembro de la Asociación Internacional de los Trabajadores y director de la Moneda durante la Comuna de París. ↩
Marcel Sembat (1862-1922), diputado socialista por París. ↩
Hubert Lagardelle (1874-1958), director de la revista Le Mouvement socialiste, luego teórico del sindicalismo revolucionario. ↩
Alexandre Zévaès (1873-1953), diputado del Partido Obrero Francés. ↩
Federación de los Trabajadores Socialistas de Francia, la corriente «posibilista» de Paul Brousse. ↩
Enrico Ferri (1856-1929), criminólogo, diputado del Partido Socialista Italiano. ↩
Alusión a la represión de los motines de Milán de mayo de 1898 y a las leyes de excepción del gobierno Pelloux (1898-1900). ↩
El Parlamento se disolvió en septiembre de 1900; las elecciones generales, celebradas en plena guerra de los bóers, se conocen como «elecciones caqui». ↩
Ferdinand Skaret (1862-1941), socialdemócrata austriaco. ↩
El Parlamento de la parte austriaca del Imperio, disuelto en septiembre de 1900. ↩
Probablemente la Unión General de los Obreros Judíos de Lituania, Polonia y Rusia (el Bund), fundada en 1897. ↩
Rosa Luxemburg (1871-1919), dirigente de la Socialdemocracia del Reino de Polonia y Lituania y militante de la socialdemocracia alemana. ↩
La fracción dominante era el Partido Socialista Polaco (PPS), partidario de la independencia de Polonia; la socialdemocracia polaca de Luxemburg la rechazaba. ↩
Henri van Kol (1852-1925), dirigente del Partido Obrero Socialdemócrata de Holanda. ↩
La Socialist Trade and Labor Alliance, central sindical fundada en 1895 por el Socialist Labor Party de Daniel De Leon. ↩
Alusión a la fracción que rompió con De Leon en 1899 y se unió después al Partido Socialdemócrata de Debs. ↩
Edward Anseele (1856-1938), dirigente socialista de Gante, fundador de la cooperativa Vooruit. ↩
Marie Bonnevial (1841-1918), maestra, antigua communarde y militante feminista francesa. ↩
Emanuel Wurm (1857-1920), periodista y diputado socialdemócrata en el Reichstag. ↩
Sede del Partido Obrero Belga, inaugurada en 1899 en un edificio de Victor Horta. ↩
El Partido Obrero Socialista es el Socialist Labor Party, dirigido por Daniel De Leon; la «Socialdemocracia», el Social Democratic Party de Eugene Debs, fundado en 1898. ↩
Muro del cementerio del Père-Lachaise, en París, ante el cual fueron fusilados los últimos combatientes de la Comuna en mayo de 1871. ↩
Hermann Molkenbuhr (1851-1927), diputado socialdemócrata en el Reichstag. ↩
Alude a las leyes del máximo de la Convención (1793), que fijaron precios máximos para los granos y los artículos de primera necesidad; el orador habla de «mínimo». ↩
Ilya Rubanovitch (1859-1922), representante en París de los socialistas revolucionarios rusos. ↩
Huelgas de 1899-1900 en las fábricas metalúrgicas de Schneider en Le Creusot y en las forjas de Gueugnon. ↩
Theodor Bömelburg (1862-1912), presidente del sindicato alemán de albañiles. ↩
Wilhelm Ellenbogen (1863-1951), médico y diputado socialdemócrata austriaco. ↩
(Nota del acta.) Sobre esta palabra, véase más adelante, 6.ª sesión, p. 55. ↩
Job Harriman (1861-1925), abogado socialista estadounidense, del Social Democratic Party; candidato a la vicepresidencia junto a Eugene Debs en 1900. ↩
Daniel De Leon (1852-1914), dirigente del Socialist Labor Party estadounidense. ↩
Comité General del Partido Socialista Francés, órgano de enlace de las organizaciones socialistas francesas salido del congreso de la sala Japy (diciembre de 1899). ↩
Eduard Bernstein (1850-1932), socialdemócrata alemán cuyo libro Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia (1899) abrió la polémica revisionista. ↩
Schneider et Cie, propietaria de las forjas y talleres de Le Creusot (Saona y Loira), escenario de grandes huelgas en 1899 y 1900. ↩
El XVIII congreso del Partido Obrero Francés, reunido en Ivry-sur-Seine en septiembre de 1900, en vísperas del congreso internacional. ↩
(Nota del acta.) La resolución aprobada por la comisión, y leída por Vandervelde, solo contiene los dos últimos párrafos de la resolución votada por el congreso de Ivry del Partido Obrero Francés, cuyo texto completo es el siguiente: Conquista de los poderes públicos. El decimoctavo congreso del Partido Obrero Francés recuerda que por conquista de los poderes públicos hay que entender la expropiación política de la clase capitalista, ya se haga esa expropiación pacífica o violentamente. Por consiguiente, en régimen burgués solo deja lugar a la ocupación de los puestos electivos de que el partido pueda apoderarse con sus propias fuerzas, es decir, con las de los trabajadores organizados en partido de clase, y prohíbe necesariamente toda participación socialista en los gobiernos burgueses, frente a los cuales los socialistas deben permanecer en estado de oposición irreductible. El congreso recuerda igualmente que, por las mismas razones, la lucha de clases prohíbe toda clase de alianza con cualquier fracción de la clase enemiga. Aun admitiendo que circunstancias excepcionales hagan necesarias aquí o allá coaliciones (sin confusión de programa ni de táctica, por supuesto), esas coaliciones, que el partido debe esforzarse por reducir al mínimo hasta su completa eliminación, solo podrían tolerarse en la medida en que su necesidad haya sido reconocida por la organización regional o nacional de la que dependan los grupos implicados. ↩
Karl Kautsky (1854-1938), director de Die Neue Zeit y principal teórico de la socialdemocracia alemana. ↩
Alexandre Millerand (1859-1943), diputado socialista independiente, ministro de Comercio desde junio de 1899 en el gobierno de Waldeck-Rousseau, en el que también entró el general Galliffet, uno de los verdugos de la Comuna. ↩
August Bebel (1840-1913), presidente de la socialdemocracia alemana. El partido se había abstenido en las elecciones a la Dieta (Landtag) de Prusia, elegida por el sufragio censitario de tres clases; el congreso de Maguncia (septiembre de 1900) aprobó una resolución de Bebel a favor de participar en ellas. ↩
Filippo Turati (1857-1932), fundador del Partido Socialista Italiano y dirigente de su ala reformista. ↩
El capitán Alfred Dreyfus, condenado en 1894 por espionaje con pruebas falsas; la campaña por la revisión de su proceso dividió Francia. Jaurès se comprometió en ella; Guesde la consideraba un asunto interno de la burguesía. ↩
En el VI congreso del Partido Socialista Italiano, celebrado en Roma en septiembre de 1900, se impuso la línea de Turati frente a la de Ferri. ↩
La Exposición Universal de París, abierta de abril a noviembre de 1900. ↩
Georg von Vollmar (1850-1922), dirigente reformista de la socialdemocracia bávara. ↩
Umberto I, rey de Italia, asesinado en Monza el 29 de julio de 1900 por el anarquista Gaetano Bresci. ↩
Los créditos para la expedición militar de las potencias contra la insurrección de los bóxers (1900). ↩
La lex Heinze, ley alemana de 1900 contra la «inmoralidad» en el arte y la literatura, combatida por socialdemócratas, liberales y artistas, que consiguieron recortarla. ↩
René Chauvin (1860-1936), obrero peluquero, diputado del Partido Obrero Francés de 1893 a 1898. ↩
Social Democratic Federation, organización socialista británica fundada por Hyndman en 1881 (con ese nombre desde 1884). ↩
Robert Owen (1771-1858) dirigió en 1818 sus memoriales en favor de la clase obrera a los soberanos reunidos en el congreso de Aquisgrán, no de Viena. ↩
Borís Krichevski (1866-1919), de la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero, redactor de Rabócheie Dielo. ↩
El congreso de Ámsterdam se celebró finalmente en agosto de 1904. ↩
Los socialistas independientes, sin partido, agrupados en torno a Jaurès y Millerand, defensores de la participación ministerial. ↩
Anzin: la gran compañía minera del Norte de Francia. ↩
En junio de 1900 la tropa disparó contra los huelguistas de Chalon-sur-Saône, y en febrero de 1900 contra los de Le François, en la Martinica, con varios muertos, siendo Millerand ministro. ↩
Ignaz Auer (1846-1907), secretario del Partido Socialdemócrata de Alemania y diputado en el Reichstag. ↩
Fritz Reuter (1810-1874), escritor en bajo alemán. ↩
Émile Loubet (1838-1929), presidente de la República francesa desde febrero de 1899, elegido frente a la agitación nacionalista y antidreyfusista. ↩
Cada nacionalidad disponía de dos votos; las delegaciones divididas los repartieron. ↩
Es la segunda resolución sobre la 9.ª cuestión: véase la página del congreso. ↩
Las elecciones generales británicas de septiembre y octubre de 1900, en plena guerra de los bóeres, y las elecciones austriacas al Reichsrat del invierno de 1900-1901. ↩
Así en el acta; al cambio de la época (una libra, unos 25 francos), 30 millones de libras equivalían a unos 750 millones de francos. ↩
Harry Quelch (1858-1913), de la Social Democratic Federation, director de Justice. ↩
Véase la resolución sobre la política colonial en la página del congreso. ↩
Naródnaia Volia, la organización revolucionaria populista rusa que dio muerte al zar Alejandro II en 1881. ↩
Jaim Zhitlovski (1865-1943), socialista revolucionario ruso y teórico del nacionalismo judío de lengua ídish. ↩
Charles Rappoport (1865-1941), socialista de origen ruso afincado en Francia. ↩
Las Jeunes Gardes socialistes, organización juvenil antimilitarista del Partido Obrero Belga. ↩
Así en el acta: se trata de Engelbert Pernerstorfer (1850-1918), diputado socialdemócrata austriaco. ↩
Émile Vinck (1870-1950), socialista belga especializado en las cuestiones municipales. ↩
Florentinus Marinus Wibaut (1859-1936), del Partido Obrero Socialdemócrata holandés. ↩
Carl Legien (1861-1920), presidente de la Comisión General de los sindicatos alemanes. El acta imprime aquí «Legieh». ↩
El congreso de la Federación Nacional de Sindicatos, celebrado en Marsella en septiembre de 1892, que adoptó el principio de la huelga general. ↩
Charles Brunellière (1847-1917), socialista de Nantes. ↩
Así en el acta: la composición de la minoría que da suma 7 votos, no 3. ↩
La sección francesa verificó sus mandatos en dos mitades (véase la tercera sesión): a, la de las organizaciones de la mayoría del Comité General; b, la del P.O.F., el P.S.R., la Alianza Comunista (A.C.) y las federaciones que se les unieron. La cifra de 765 mandatos del P.O.F. es la que cuadra con el total de 1.083. ↩