Crónica de las sesiones de la II Conferencia Internacional de Mujeres Comunistas (Moscú, 9-15 de junio de 1921), publicada en los números 15 a 23 (11-23 de junio de 1921) del diario «Moscow», órgano del III Congreso de la Internacional Comunista, en su edición inglesa (Press Bureau of the Communist International, Moscú, 1921; escaneos en marxists.org). No es un acta taquigráfica, sino la crónica del diario, a menudo resumida; no hay acta oficial de la conferencia con copia libre. Las sesiones se desarrollaron sobre todo en ruso y en alemán; la única edición libre es la inglesa de época, que traducimos. Damos también la protesta de Clara Zetkin y la declaración de la delegación alemana sobre la Acción de Marzo (n.º 18). Lagunas: el n.º 14 (9 de junio) solo se conserva incompleto en el escaneo, y en lo conservado no hay nada de la conferencia; el diario no da cuenta de la sesión de la tarde del 14 de junio ni de la mañana del 15, si las hubo, y en el n.º 21 falta el comienzo del discurso de Lílina. Los nombres de personas conocidas se dan en su forma usual en español; los demás, como los imprime el diario. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés

Los documentos aprobados están en II Conferencia Internacional de Mujeres Comunistas (1921).

Sesión de apertura, jueves 9 de junio de 1921

«Moscow», n.º 15, 11 de junio de 1921, p. 3: «International Congress of Women Communists. The Opening of the Second International Congress».

El segundo Congreso Internacional de Mujeres Comunistas se abrió en Moscú el 9 de junio a las seis de la tarde. Fueron elegidos para la presidencia: Tahlheimer1 y Bujarin2, en representación del Ejecutivo de la Comintern, Clara Zetkin3, Liza Gerten (Alemania), Smythe (Inglaterra), Lessiak (Francia) y Bloch (Suiza)4. Fueron elegidas secretarias Lílina, Stahl y Kollontái5; además, fueron elegidas también representantes de Ucrania, Noruega, Suecia y otros países. Fueron elegidos presidentes de honor Lenin, Zinóviev6, Trotski7, Krúpskaya8, Sylvia Pankhurst9 y Kote Dahlstram. Al abrir el congreso, Kollontái declaró que la II Conferencia Internacional de las mujeres comunistas llenará de alegría al proletariado revolucionario del mundo entero y sembrará el miedo en el corazón de todos nuestros enemigos. Esta conferencia demuestra una vez más a nuestros enemigos que el movimiento comunista crece y se fortalece. En este congreso no solo están presentes representantes de todo Occidente, sino también de los países de Oriente. Empezamos el trabajo de la conferencia con la firme convicción de que las trabajadoras del mundo entero llevarán con valor la bandera del comunismo hasta la victoria final.

La camarada Kollontái propuso entonces que la conferencia, puesta en pie, honrara la memoria de los combatientes caídos por el comunismo, en particular de las camaradas Samóilova10, Inessa Armand11 y Ossen, de Noruega.

Kalinin.

Saludó luego en nombre de todo el Comité Ejecutivo Central de Rusia el camarada Kalinin12, recibido con una tempestad de aplausos. Kalinin dijo: «El honor de dar la bienvenida a las mujeres comunistas de todos los países corresponde a todo el proletariado ruso. La obrera rusa, que siempre marchó codo con codo con el obrero, ocupa un lugar de honor en las luchas del proletariado ruso. Hemos forjado nuestros métodos en la larga y difícil lucha contra el capitalismo. Nuestra táctica la dicta una larga experiencia revolucionaria basada en el método marxista». Como ejemplo de cómo una táctica basada en la experiencia viva y en las condiciones reales puede cambiar sin apartarse de los principios ni desviarse del objetivo final, Kalinin se refirió a la actitud del Partido Comunista Ruso ante la cuestión del monopolio del grano y del impuesto agrícola13. Creía que la experiencia rusa será útil a los camaradas extranjeros y les deseó éxito en su gran lucha. En nombre del Partido Comunista de Alemania transmitió su saludo el camarada Tahlheimer. Declaró que el comunismo ha tenido en el último año un éxito extraordinario, no solo entre los obreros, sino también entre las obreras de todos los países, y que este crecimiento incesante demuestra el inevitable hundimiento del capitalismo. Concluyó su discurso con la esperanza de que la conferencia soldará con más fuerza las filas de las mujeres comunistas y acelerará nuestra victoria proletaria.

Lozovski.

El camarada Lozovski14 saludó a la conferencia en nombre del Consejo Internacional de los Sindicatos. Dijo: «Hay una sola idea que recorre todas las próximas conferencias y congresos de Moscú: la posibilidad de un desarrollo más intenso de la lucha del proletariado revolucionario. Serán la bandera en torno a la cual se agruparán las masas organizadas del proletariado y ese gran sector de la clase obrera al que todavía no ha tocado la revolución. Las masas de mujeres trabajadoras representan un campo inmenso para la propaganda comunista. La tarea de la presente conferencia y de los próximos congresos de la Comintern y de los Sindicatos Rojos es elaborar una política ofensiva para la lucha final contra el mundo capitalista». El camarada Gúsev15 saludó a la conferencia en nombre del Ejército Rojo y dijo: «Solo gracias a la victoria del Ejército Rojo ha sido posible que se reúna hoy una conferencia internacional como esta. Es una prenda de que muy pronto tendremos un solo Ejército Rojo Internacional».

Clara Zetkin.

Clara Zetkin se levantó entonces para responder a los saludos y fue recibida con una gran ovación. Dijo: «Acepto vuestros saludos no por lo poco que hasta ahora han hecho las mujeres comunistas de Europa occidental, sino por lo que aún tenemos que hacer. Las trabajadoras del mundo entero han sabido con entusiasmo que nos hemos reunido otra vez bajo la bandera de la III Internacional en Moscú. ¿Qué significa Moscú para nosotras? Es el símbolo de la Revolución rusa, el símbolo de las luchas futuras por la emancipación. Nosotras, las trabajadoras, pertenecíamos a la II Internacional, pero nos engañó, como engañó a todo el proletariado. Tampoco mejorará la situación la Internacional Dos y Media16, que vacila y es totalmente incapaz de romper con el compromiso. Nosotros, los comunistas de Europa occidental, éramos hasta hace poco un grupito en cada país. Ahora somos muchos y nuestro número crece cada día. ¿Qué es la III Internacional? No es una organización de palabras, sino una organización de lucha revolucionaria, y precisamente para eso nos hemos reunido aquí. Hemos sufrido grandes pérdidas durante el último año. Hemos perdido a Inessa Armand, que fue la primera en llamar a las trabajadoras a protestar activamente contra las guerras imperialistas. Hemos perdido a la camarada Samóilova. Sentimos con vosotras la pérdida de estas camaradas y las lloramos igual que vosotras lloráis con nosotras nuestras pérdidas, porque la pérdida de combatientes comunistas no es solo una pérdida para el proletariado de un país, sino para el del mundo entero. En las personas de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht17 cayeron no solo combatientes del proletariado alemán, sino del proletariado mundial. Honramos la memoria de nuestros guerreros caídos no con lágrimas, sino con la lucha que nos legaron.

»El capitalismo vive en todos los países sus últimos días; el crecimiento colosal del paro muestra que estamos en vísperas del hundimiento completo del mundo capitalista. No tenemos tiempo que perder; debemos unirnos todas, debemos decir a todas las trabajadoras que ha llegado la hora de la lucha decisiva y que solo entrando en el Partido Comunista pueden contribuir a la lucha; porque el destino de la mujer es el destino del trabajo, y la emancipación del trabajo significa la emancipación de la mujer. Pero el camino de la emancipación no es fácil: es un camino de batallas duras y tenaces. Puede haber victorias, pero puede haber también derrotas. Tenemos que luchar sin descanso y sin cansancio hasta que el poder esté en manos de los trabajadores. Tenemos aquí no solo a mujeres de Europa, no solo a las trabajadoras de Europa occidental18, sino también a mujeres de Oriente. La mujer de Oriente ha despertado y mira con esperanza a la III Internacional de Moscú, que la llama a la emancipación completa. La presencia entre nosotras de mujeres de Oriente es la mejor prueba de que, por grande que sea la obra que nos espera, cerraremos aún más nuestras filas en la lucha por la emancipación completa de las trabajadoras, por la plena realización del comunismo. ¡Viva la III Internacional! ¡Vivan los obreros y las obreras de Rusia! ¡Viva el Gobierno soviético!».

Bujarin.

El camarada Bujarin saludó entonces a la conferencia en nombre del Comité Ejecutivo de la Comintern y del Comité Central del Partido Comunista Ruso. Dijo: «Vuestra conferencia de ahora es mucho mayor que la del año pasado; si comparamos nuestras tentativas en el extranjero, en Zimmerwald, Kienthal y Estocolmo19, con esta enorme conferencia, veremos qué pasos colosales ha dado el movimiento comunista. Este desarrollo avanza en paralelo con el hundimiento del mundo capitalista. A medida que la vieja Europa se hunde, las filas de los trabajadores crecen y se fortalecen. Al reunirnos aquí en Moscú no vamos a organizar desfiles con insignias y banderas, sino a trabajar. Nos espera mucho trabajo, quizá derrotas, pero la victoria inevitable la tenemos asegurada. Cuando encontramos a los camaradas extranjeros, tenemos para ellos dos saludos: uno se refiere a nosotros mismos; decimos: “Estamos agotados, tenemos que resistir a toda costa. Sabemos que es posible que nuestra revolución tome todavía otros caminos tortuosos”. El otro saludo se dirige a nuestros camaradas extranjeros; les decimos: “Vuestro deber es apoyarnos y hacer todos los esfuerzos para que el capitalismo no pueda existir”. No solo podemos soñar lo que han soñado las mentes humanas mejores y más brillantes, sino realizar esos sueños. Para construir el mundo nuevo y no ser sorprendidos por la catástrofe del hundimiento del mundo capitalista, necesitamos no solo temperamento revolucionario, entusiasmo y aplausos, sino cabezas que calculen. En este momento afrontamos una crisis de crecimiento de la Internacional Comunista. Moscú se ha convertido en un centro de atracción. El hundimiento de los partidos socialistas ha traído a nuestras filas aportaciones considerables que la Internacional Comunista todavía no ha conseguido digerir. Se intenta formar un ala derecha de la Comintern en Alemania, en Checoslovaquia y, sobre todo, en Italia. Debemos resistir con decisión toda inclinación oportunista. Esto es lo que exigimos al Congreso de las Mujeres. Nunca permitiremos que nuestra Internacional se convierta en una Internacional Dos y Tres Cuartos, ni siquiera en una Internacional Dos y Nueve Décimos. Debe ser y seguir siendo una III Internacional, y estoy firmemente convencido de que, junto con esa vieja luchadora revolucionaria, la camarada Clara Zetkin, quebrantaremos a todos los elementos oportunistas».

Saludos internacionales.

Tras el discurso del camarada Bujarin, el camarada Tchakai saludó al congreso en nombre de Georgia. Dijo que Georgia ha sido hasta ahora un centro político muy importante, donde las potencias imperialistas, primero Alemania y luego Inglaterra, intentaron establecer su base y donde los jefes conciliadores de la Internacional Dos y Media intentaron tender sus redes. Pero el proletariado de Georgia rompió la red que se le había tendido y mantuvo su alianza con el proletariado revolucionario de Rusia. Expresó la convicción de que esta conferencia, igual que las demás conferencias próximas, cerrará las filas de los obreros y las obreras del mundo entero y unirá el Occidente revolucionario con el Oriente revolucionario, del que Georgia es una vanguardia pequeña pero invencible. Lucie Colliard20, hablando en nombre de los comunistas franceses, dijo:

«Proletarias y camaradas, en nombre de Francia os transmito admiración y respeto. La delegación francesa pisó el suelo de Rusia con honda emoción, pero esta emoción va acompañada de vergüenza y remordimiento. Nos avergonzábamos ante el proletariado ruso de nuestra vida tranquila y cómoda. Creíamos haber cumplido la tarea de la revolución cuando nos alzamos a defender Francia frente a la Alemania imperialista y cuando conseguimos el sufragio universal; pero ahora vemos que nuestra revolución aún no se ha hecho. Os juramos solemnemente, sin embargo, que al volver a casa levantaremos a nuestros trabajadores para la lucha final. Al partido francés le esperan todavía tareas pesadas, la tarea de ganar a los sindicatos, en los que los rojos son todavía minoría; muchos obstáculos se alzan aún en el camino del proletariado francés, pero la victoria del proletariado ruso es prenda de nuestra victoria». Siguió la camarada Pachufárova, que dijo: «En nombre de Moscú y del Gobierno de Moscú os saludo, queridas huéspedes. Al estrechar la mano de nuestra querida dirigente Clara Zetkin con mi mano endurecida por el trabajo, me parece que estrecho la mano de decenas de miles de trabajadoras. Ellas ven la victoria del proletariado en Rusia, que todavía no han alcanzado. Deberían salir de Rusia contagiadas de nuestro entusiasmo y nuestra determinación combativos. Cuando nos referimos a nuestros mártires, recordé a nuestras difuntas camaradas Inessa y Samóilova, y digo que no están muertas, que nos están mirando». La camarada Bloor21, hablando en nombre de los camaradas norteamericanos, se refirió al creciente interés de los trabajadores de América por los trabajadores de la Rusia soviética. Los trabajadores de América sienten que la Revolución de Octubre ha mostrado los verdaderos métodos de lucha contra el capitalismo. América, que antes de la guerra era uno de los países más libres, es ahora una tierra de reacción. Al terminar su discurso, la camarada Bloor dijo: aunque he trabajado veinticinco años entre los trabajadores de América, no he venido aquí a enseñaros, sino a aprender de vuestra experiencia y, a mi regreso a América, a llamar al proletariado de América a seguir vuestros pasos.

La camarada Mussabékova habló después en nombre de Armenia y Azerbaiyán. Al saludar a la conferencia, habló de la difícil situación en que todavía se encontraban las trabajadoras de Oriente y expresó la esperanza de que el gran ejemplo del proletariado ruso contribuirá a la emancipación de las mujeres de Oriente.

Un representante de los partidos comunistas coreano y chino dijo que las delegadas de China y Corea no podían estar presentes porque se lo impedía una doble barrera de soldados coreanos y japoneses, pero que los obreros y las obreras del Extremo Oriente se esfuerzan por unirse en torno al estado mayor del proletariado revolucionario, la Comintern, para reunirse con el proletariado revolucionario de Occidente y llevar hasta el final victorioso la tarea ya comenzada.

En nombre de las obreras y las campesinas de Ucrania, la camarada Chernýsheva saludó a la conferencia y aseguró que harán todos los esfuerzos para facilitar la victoria del comunismo en el mundo entero.

Kollontái.

En nombre del Departamento Central Femenino del Partido Comunista Ruso22, la camarada Kollontái saludó a las trabajadoras de Occidente y de Oriente. Dijo que no había un rincón de la Rusia soviética, ni una provincia, ni un distrito, ni siquiera un cantón23, donde no hubiera un departamento femenino y donde las mujeres no participaran en el trabajo de construir un orden mejor. «Nuestra conferencia tiene que cumplir dos tareas especiales. La primera, crear en cada partido un aparato especial, como en el Partido Comunista Ruso, para atraer a las mujeres a la lucha por el comunismo. La segunda, establecer el principio de que las comunistas forman en cada partido un fuerte centro revolucionario de izquierda, capaz de ser un baluarte contra toda vacilación, porque a las obreras les interesa más que a los hombres la victoria del comunismo».

Tras el discurso de la camarada Kollontái, se aprobó una resolución de saludo a los mártires del terror blanco, que decía:

El texto del saludo está en II Conferencia Internacional de Mujeres Comunistas (1921).

Impresiones de la apertura de la conferencia

«Moscow», n.º 15, 11 de junio de 1921, p. 4: «Impressions of the Opening of the Women's Conference».

El Teatro Zimín24 y las calles que lo rodeaban ofrecían no solo un cuadro majestuoso, sino un reflejo claro y sencillo de las esperanzas y la desesperación de las proletarias rusas. En filas cerradas, cantando canciones de lucha, las mujeres entraban en columnas por las anchas puertas del teatro. Parte de las mujeres que se agolpaban en las entradas, con vestidos blancos de fiesta y pañuelos sencillos pero impecables, adornados a menudo con insignias rojas, saludaban a la Conferencia Internacional con armoniosos cantos revolucionarios.

En estos viejos aires revolucionarios, cantados miles y miles de veces, parece correr una nota nueva, fresca, audaz, puramente femenina. Uno se figura sin querer que estos sones cuentan que la mujer, la trabajadora, despierta lenta pero segura: despierta a la vida, a la lucha, a una grande e incansable obra de construcción.

* * *

El teatro estaba lleno a rebosar. El patio de butacas, los palcos, el anfiteatro y el gallinero eran una masa de color y de movimiento.

Parte de las delegadas extranjeras estaban sentadas en el escenario. Se veía allí una mezcla de naciones, razas y lenguas, y se oían retazos de conversación en todos los idiomas, occidentales y orientales. Eran las trabajadoras revolucionarias de Alemania, Francia, Inglaterra y América, mujeres con un glorioso pasado de lucha revolucionaria, y entre ellas estaba sentada Clara Zetkin, como un viejo general de la revolución, con su rostro fino, canosa y activa, de ojos vivos que no envejecen, llenos de fuego revolucionario y de gran amor. Todo el teatro parecía atraído, como hacia un faro, por ese rostro móvil y pensativo, como si todos vieran en él su símbolo. La belleza de la mujer, la luchadora, y de las mujeres.

* * *

La camarada Kollontái declaró abierta la conferencia. Vinieron luego los saludos, pero estos saludos fueron una revista revolucionaria de las fuerzas combatientes de la mitad femenina del proletariado.

La camarada Lucie Colliard, tipo sorprendente de la revolucionaria francesa, de temperamento vivo y voluntad fuerte, parecía salida de la Comuna. Los periodos de su discurso eran brillantes y rápidos; su lenguaje, elocuente y flexible. Habló de la emoción que sintió al cruzar las fronteras de la Rusia proletaria. Aquí vio un cuadro de gran heroísmo y de grandes privaciones.

«En nuestra emoción», dijo la camarada Lucie Colliard, «sentimos sin querer vergüenza y remordimiento. La difícil tarea que tenemos ahora por delante, ganar a los sindicatos, en los que los rojos son todavía minoría, es una tarea que desde ahora nos inspirará cada vez más».

Una delegada norteamericana de mediana edad, de enérgico rostro americano, habló de sus veinticinco años de trabajo entre los obreros americanos. No había venido aquí, dijo, a enseñar, sino a aprender de la experiencia rusa, porque el proletariado americano se ha convencido, por los acontecimientos de los últimos años y por su propia experiencia, de que los métodos adecuados de lucha contra el capitalismo solo los forjó la Revolución rusa de Octubre.

* * *

Las mujeres de Oriente estuvieron representadas en la conferencia por la camarada Mussabékova, cuyo discurso en tártaro sonó en el teatro tan melodioso como un canto oriental.

«La mujer de Oriente, esta esclava de siglos», dijo la camarada Mussabékova, «está despertando. Ya decenas de miles de nuestras hermanas han arrojado el turbante y el velo. Ahora actúan por sí mismas, empiezan a comprender sus derechos de mujer y de ser humano, y la vida y la lucha siempre creciente de la clase obrera las empujan al gran camino proletario».

* * *

El más claro, el más sonoro y el más majestuoso de todos los discursos fue el de Clara Zetkin. Su hermoso pelo gris enmarca su rostro inspirado, que, mientras habla, parece volverse radiante. Cada expresión, cada frase viva parece salir de lo más hondo de su alma. Y eso es lo que produce aquel silencio reverente y aquella atención concentrada.

«Hasta hace poco, nosotras, las comunistas de Europa occidental», dijo la camarada Zetkin, «éramos un puñado. Ahora somos muchas y nuestro número crece cada día».

Esta firme convicción de la luchadora europea sonó como un toque de clarín.

«El destino de la mujer es el destino del trabajo, y la emancipación del trabajo significa la emancipación de la mujer»: tal fue la conclusión sorprendente del excelente discurso de la camarada Clara Zetkin. Y este es el programa claro y breve del movimiento comunista femenino.

* * *

La obrera moscovita Pachufárova, recién salida del telar, era un ejemplo sorprendente de la consciencia creciente de la proletaria rusa.

«Vosotras», dijo la camarada Pachufárova dirigiéndose a las delegadas, «tenéis que volver a vuestros países contagiadas de nuestro entusiasmo y nuestra determinación combativos. No debéis contentaros con las migajas de vuestra burguesía, sino entrar en la lucha final como lo hicimos nosotros, los obreros y las obreras rusos». No había sombra de orgullo en estas palabras: era la voz de la fábrica rusa, de los campos rusos. Eran la expresión de los pensamientos angustiados del proletariado ruso.

«¿Cuándo vendrá en nuestra ayuda la grande y orgullosa vanguardia del proletariado de Occidente?».

No es de extrañar que este grito de la obrera Pachufárova, salido de lo más hondo de su alma, quedara ahogado por un trueno de aplausos incesantes.

* * *

Era conmovedor observar después cómo Clara Zetkin y Pachufárova conversaban en un rincón del escenario por señas mudas y con ayuda de una intérprete. La camarada Zetkin estrechaba la mano de Pachufárova y, con voz contenida y llena de emoción, le decía cuánto sentía los sufrimientos de los obreros y las obreras rusos que esperan ayuda de Occidente, y expresaba la convicción de que esa ayuda llegará pronto.

* * *

La camarada Kollontái terminó su discurso de clausura y las delegadas se levantaron y cantaron la Internacional. Los sones subían y crecían por todo el teatro.

Sí, la apertura solemne de la conferencia femenina ofreció un cuadro majestuoso, pero al mismo tiempo un reflejo claro y sencillo de las esperanzas y la desesperación de las proletarias rusas.

A. L.

Primera sesión de trabajo

«Moscow», n.º 16, 12 de junio de 1921, p. 3: «Women's Congress. Report of First Session».

La camarada Zetkin abrió la conferencia en nombre del Secretariado Internacional Femenino de la Internacional Comunista. Saludó a la conferencia en nombre del proletariado comunista de todos los países y expresó la convicción de que, aunque nuestros camaradas no han prestado hasta ahora suficiente atención al movimiento femenino, lo harán en el futuro. Saludó después a las trabajadoras de Moscú y Petrogrado y, a través de ellas, a las obreras y campesinas de toda Rusia, y expresó su admiración por su heroísmo. Expresó la convicción de que, después de esta conferencia, el proletariado femenino del mundo entero se agrupará en torno a la III Internacional. Esta conferencia debe dar voz a la vieja consigna socialista: «Siempre adelante, ni un paso atrás».

La conferencia pasó luego a elegir la presidencia, y fueron elegidas Clara Zetkin, Lílina y Kollontái. Se eligió una presidencia de honor compuesta por Roland Holst25 (Holanda), Colliard (Francia), Gerten (Alemania), Nikoláyeva26 (Rusia), Bloch (Suiza), Mussabékova (Azerbaiyán) y Smythe (Inglaterra).

El Secretariado elegido lo componen Bertha Schwartz (Alemania), Linderoot (Suecia), Knitlova (Checoslovaquia), Czirki (Chequia), Gólubova-Vinográdskaya (Rusia) y Moírova (Ucrania).

Comisión de mandatos: Stahl y Kaspárova (Rusia), Bodoulevsko (Rumanía), Kuiskinin (Finlandia), Ulsem (Noruega) y Faber (Alemania).

Comisión de revisión: Kudelli27 (Rusia), Lousiak (Francia), Hefke (Alemania), Bloor (América) y May Mikova (Bulgaria)28.

Se aprobó a continuación el siguiente orden del día:

  1. Informe preliminar de la comisión de mandatos;
  2. Informe semestral del Secretariado;
  3. Métodos y formas del trabajo del Partido Comunista entre las mujeres;
  4. Participación de las obreras en la realización de la dictadura del proletariado (ponentes: Lílina, Gerten, Kollontái y Zetkin).

Se leyó luego el saludo de la Conferencia de Mujeres Comunistas de Alemania, celebrada el 7 de mayo, que dice así:

«Esta conferencia de las mujeres comunistas del Partido Comunista Unificado de Alemania29, celebrada en Berlín, envía un cordial saludo a la Conferencia Internacional de las Mujeres Comunistas de Moscú.

»Las comunistas de Alemania están profundamente convencidas de que la fraternidad, la unidad y la solidaridad unirán aún más a las obreras de todos los países. Expresan la convicción de que la II Conferencia de Mujeres Comunistas mostrará el camino justo a las proletarias de todos los países y nos unirá mucho más estrechamente en torno a la Internacional Comunista y a la bandera roja del proletariado. Pondrán todas sus fuerzas en la lucha revolucionaria, apoyarán la difícil y heroica lucha del proletariado ruso y facilitarán la victoria del Partido Comunista de Alemania sobre el capitalismo, y contribuirán así a acelerar la revolución social y a llevarla a un final victorioso.

»Las comunistas de Alemania están plenamente convencidas de que la emancipación de la mujer solo es posible cuando el proletariado derribe a la burguesía y tome el poder en sus manos, y cuando la dictadura del proletariado triunfe en el mundo entero».

El punto siguiente fue el informe preliminar de la comisión de mandatos, que mostró que las delegadas presentes en la conferencia representaban a Rusia, Ucrania, Rusia Blanca, Letonia, Azerbaiyán, Armenia, Estonia, Checoslovaquia, Rumanía y Bulgaria, Alemania, Francia, Suiza, Holanda, Hungría, Noruega, América, Inglaterra, España, Finlandia y Suecia.

La camarada Kollontái presentó luego el informe sobre el trabajo del Secretariado Internacional desde el 20 de noviembre de 1920. La creación del Secretariado la confirmó el Comité Ejecutivo de la Comintern el 8 de agosto del año pasado, conforme al acuerdo alcanzado en la I Conferencia. El Secretariado lo formaban ocho camaradas, seis de Rusia y dos de otros países; una parte del Secretariado trabajaba en Rusia y la otra en el extranjero. Los fines y tareas del Secretariado eran: 1) extender la influencia de la Comintern entre las amplias masas de obreras; 2) colaborar con la Comintern en la formación de las masas trabajadoras en el espíritu del comunismo; 3) difundir métodos de trabajo para despertar a las mujeres a la actividad y a la acción por sí mismas; 4) las cuestiones de la emancipación de la mujer como madre.

El Secretariado no ha sido ni es un órgano separado e independiente de la Comintern, sino que está estrechamente ligado a ella, y un miembro del Secretariado es miembro del Comité Ejecutivo de la Comintern. Hay que señalar, sin embargo, que durante el periodo que se examina el Secretariado no ha desplegado una actividad especialmente grande. En primer lugar, se lo impidieron dificultades de carácter puramente técnico. Nuestra secretaria general vivía en el extranjero, y por eso era muy difícil mantener las relaciones internacionales. En segundo lugar, nos pusieron obstáculos los guardias blancos, que impedían el contacto permanente y continuo con el Secretariado y la dirección de la organización de las mujeres.

El movimiento está más desarrollado en Alemania y Bulgaria. En América el movimiento pasa dificultades porque el partido es allí ilegal y trabaja en la clandestinidad. Sin embargo, hay allí 70.000 mujeres organizadas en los sindicatos, y los comunistas tienen que aprender a penetrar en esos sindicatos. Aproximadamente la misma situación se da en el movimiento femenino inglés. Allí, en cuanto se organiza un comité, lo detienen. En Francia se ha hecho algún trabajo durante el último año y se publican dos periódicos. En Suiza hay que vencer la psicología pequeñoburguesa de las trabajadoras. En Noruega el Día Internacional de la Mujer se celebró con mucho éxito. La presente conferencia, en la que se reúnen representantes de todas las partes del mundo, crea la convicción de que el movimiento de las mujeres comunistas, pese a todas las circunstancias mencionadas, seguirá desarrollándose con rapidez, y los acontecimientos de varios países demuestran que los métodos y formas de trabajo practicados por el Secretariado son los más adecuados.

Tras un breve descanso, la camarada Zetkin abrió la discusión. Refiriéndose a las relaciones internacionales, la camarada Zetkin señaló la flojedad de las relaciones internacionales del Secretariado. Las causas están ante todo en la desorganización de los ferrocarriles, característica no solo de Rusia, sino de todo Occidente, y también en la dificultad de mantener relaciones personales. Los mensajeros nunca volvían: los mataban en la frontera. La camarada Zetkin expuso luego un plan de relaciones para el Secretariado Internacional, que debería mantener a cada una informada de las demás, pero todo ello a través de corresponsales designadas especialmente, cuyas relaciones deberían pasar por el Secretariado Central, que debería ser uno de los órganos activos del Comité Ejecutivo de la Comintern. El Secretariado debe tener cierta libertad de acción, cierta iniciativa para acercarse a las masas femeninas y para formarlas revolucionariamente para la lucha por la dictadura del proletariado.

La camarada Zetkin propuso cambiar la estructura del Secretariado en vista del próximo cambio de estructura del Comité Ejecutivo. Se pueden organizar en Europa occidental órganos técnicos auxiliares del Secretariado, que en ningún caso deben desempeñar un papel dirigente, sino solo hacer trabajo preparatorio y ejecutivo. Este órgano se organizará en uno de los países de Europa occidental. En todos los demás países habrá esas corresponsales.

Sesión del 11 de junio

«Moscow», n.º 17, 14 de junio de 1921, pp. 3-4: «International Congress of Women Communists. Report of Session of July 11th» (el diario pone «julio» por error).

En la sesión del 11 de junio se discutió la cuestión de la organización de un Secretariado Internacional.

La conferencia se abrió a las 8 de la tarde, presidida por la camarada Zetkin.

La camarada Schwarz (Alemania). «Tuvimos una conferencia el pasado mayo en la que se discutió la situación del Secretariado Internacional. Sabemos que el trabajo del Secretariado chocó con grandes obstáculos, debidos a las dificultades de la situación del movimiento comunista en el mundo entero. Sabemos que era difícil trabajar desde Moscú. Moscú ha hecho mucho frente a estas circunstancias, pero poco de lo hecho llegó a otros países, y tenemos que confesar que el Secretariado no aprovechó todos los medios a su alcance para desarrollar el movimiento comunista femenino. Si consideramos además la ausencia completa de legislación laboral para las mujeres en muchos países, tenemos que confesar que el Secretariado debería haber señalado a los partidos comunistas respectivos de Suiza, Francia y otros países la necesidad de desarrollar un movimiento femenino y de idear consignas adecuadas. Las consignas que se dieron para el Día Internacional de la Mujer eran, casi sin excepción, aplicables solo a las condiciones rusas y servían de poco para la situación política de otros países. La camarada Kollontái ha hablado aquí de dos periódicos franceses del movimiento comunista femenino, pero uno de ellos, dirigido por Boudin, está completamente fuera del control del partido comunista y es en realidad un periódico feminista; lo mismo puede decirse del otro. Es absolutamente imprescindible que se publique en Francia un único órgano del partido. Además, en Holanda las comunistas participan en la Unión Revolucionaria de Mujeres, que admite elementos anarquistas y socialistas cristianos. En Inglaterra, donde el movimiento feminista es fuerte, se hizo mucho en la lucha por el sufragio femenino, pero poco para extender el movimiento comunista femenino. Hemos escuchado con alegría la declaración de la camarada Kollontái de que el Secretariado publicará la literatura necesaria, adaptada a las condiciones particulares de cada país. Parece necesario que el Secretariado, de acuerdo con el Ejecutivo de la Comintern, envíe camaradas de confianza a los países donde el movimiento femenino es débil para fortalecerlo y organizar el aparato de partido necesario para atraer a gran número de obreras al movimiento comunista. Consideramos necesaria la creación de un órgano auxiliar del Secretariado Internacional Femenino en Europa occidental, que ayude a este en el trabajo de extender el movimiento comunista entre las mujeres de Europa occidental. Las camaradas alemanas están dispuestas a encargarse del trabajo de crear ese órgano».

Rosa Bloch, de Suiza, dijo que venía de un país pequeño, pero situado en el centro de Europa, y que estaba más o menos al tanto del curso de los acontecimientos en los Estados europeos. «Nuestra organización», dijo, «estuvo todo el tiempo en contacto con la secretaria general. Las camaradas rusas hicieron todo lo que pudieron para mantener el contacto con las organizaciones extranjeras. Hay que observar que esto era más difícil para nosotras, las mujeres, que para los hombres comunistas.

»Algo se ha hecho ya para unificar nuestro trabajo. A este respecto hay que mencionar la celebración del Día Internacional de la Mujer. Es verdad que el Día Internacional de la Mujer se estableció ya en 1910, pero en varias naciones se celebró por primera vez en 1921. No hace mucho, la camarada Zetkin empezó a publicar “La Internacional Comunista de las Mujeres”30. Hasta ahora han salido tres números, solo en alemán. Hay que publicarla en el plazo más breve en francés y en inglés, y las camaradas rusas deben reproducir artículos de esta revista en su prensa rusa».

La camarada Nikoláyeva. «El primer impulso al escuchar el informe del Secretariado fue someterlo a una crítica severa. Esperábamos saber por este informe cosas sobre el movimiento internacional, sobre las etapas de su desarrollo, sobre sus experiencias. Pero el informe no dijo nada de esto. Desde luego, los grandes obstáculos y la falta de relaciones explican el carácter complejo y difícil del trabajo del Secretariado. El Secretariado debe obtener de quienes han venido a esta conferencia los hechos y las cifras más detallados sobre el movimiento, que hasta ahora no hemos conseguido. El año pasado aprobamos las tesis en nuestro congreso, pero nosotras, las rusas, necesitamos saber qué métodos de trabajo se fijaron, cómo se aplicaron estas tesis fuera de Rusia: ¿han creado los partidos del extranjero departamentos femeninos? El año pasado se nos dijo también que en Occidente había organizaciones femeninas separadas. Nos importa saber si esas organizaciones existen o si han sido destruidas». Al criticar el trabajo del Secretariado, la camarada Nikoláyeva señaló todavía otro error serio. El Secretariado Internacional formuló el año pasado esas tesis básicas sobre la prostitución, el aborto y un Día Internacional de la Mujer. Estas tesis son del todo insuficientes. En lugar de las tesis sobre la prostitución y el aborto, había que mostrar31 cómo plantear una tesis fundamental sobre la dictadura del proletariado, porque solo cuando alcancemos la dictadura del proletariado resolveremos los problemas de la prostitución y del aborto.

La camarada Lílina dijo: el informe de la camarada Kollontái me ha producido la misma impresión que a la camarada Nikoláyeva. El Comité Ejecutivo de la Comintern, ateniéndose al punto de vista formal de la unidad del movimiento, no se interesó por el trabajo de la Internacional de las Mujeres. En eso está el mal principal de nuestro trabajo. Si me preguntáis cuál es mi actitud ante la cuestión de crear un órgano técnico, respondo: estoy a favor y también en contra.

Deberíamos tener un movimiento comunista unitario, que incorpore el movimiento entre las mujeres como parte de un todo. Pero en las circunstancias actuales no avanzaremos en nuestro trabajo sin un órgano técnico. Lo más importante es apoyar al Ejecutivo de la Comintern. Probablemente no es culpa de este que el movimiento femenino sea tan débil: el movimiento comunista ha cobrado dimensiones demasiado grandes para que pueda concentrar su atención en el movimiento femenino. En todo caso, nuestra única exigencia debe ser que la Comintern dedique atención suficiente a los puntos débiles del movimiento comunista entre las proletarias. Esa es la quintaesencia de toda la cuestión.

Lucie Colliard (Francia) observó que no había motivo para quejarse de la falta de contacto con el Secretariado Internacional, porque conoce bien todas las dificultades con que hay que bregar en Rusia, cuando el país está rodeado de enemigos y ni siquiera la correspondencia de las francesas llega a su destino. La oradora subrayó además el descuido del trabajo entre las mujeres que se observa en general en el partido, y señaló la diferencia entre la actividad de las comunistas y la de las feministas, que no sienten simpatía alguna por el proletariado. Los tres órganos de prensa de que habló Kollontái no pertenecen todavía del todo al partido. Queremos hacer de ellos órganos de propaganda dedicados especialmente a las masas atrasadas. Lamentó que Francia no tenga dirigentes a la altura de Zetkin y Kollontái, pero expresó, no obstante, plena confianza en el éxito del trabajo futuro de las mujeres y la esperanza de que los métodos de trabajo que sacará de la presente conferencia hayan dado los frutos más fecundos cuando se celebre la próxima conferencia.

Habló luego la camarada Roland Holst (Holanda), que dijo:

«Se ha señalado aquí que trabajamos junto con los anarquistas, los sindicalistas y hasta los socialistas cristianos. Quiero explicar brevemente la situación. Holanda no tiene organización femenina propia.

»Hay solo una pequeña unión a la que pertenecen comunistas, anarquistas y socialistas cristianos. Esta unión se formó durante la guerra para combatir la miseria de las masas trabajadoras. Después del II Congreso de la Comintern se organizó un grupo comunista en nuestra unión. Contra este grupo se levantó una viva oposición, y muchos miembros dejaron la unión. Pero la mejor parte quedó en el grupo comunista; gracias a su carácter organizado, pudimos hacer una considerable labor educativa. Los órganos de prensa de la unión y el aparato de agitación pasaron a manos de los comunistas. En adelante, después de la presente conferencia, tendremos que cambiar la forma de organización. Tendremos que organizar a las comunistas en una organización separada que sea un aparato adscrito al Partido Comunista. Si el Secretariado Internacional no quiere que las mujeres permanezcan pasivas durante una huelga general o una guerra civil, sino que marchen codo con codo con los hombres, como hicieron en Petrogrado en las jornadas de febrero, no debe limitarse a enviarnos consignas y octavillas. Lo que hace falta ante todo es un trabajo de organización entre las mujeres, un trabajo que choca con dificultades enormes. Por eso el Secretariado debe enviarnos colaboradoras de agitación y de organización que nos enseñen cómo llevar el trabajo».

La oradora siguiente fue la camarada Moírova (Ucrania), que dijo: «Estoy convencida de que el movimiento de las mujeres comunistas no se desarrollará si la Internacional Comunista no toma en sus manos el trabajo; por eso tenemos que construir nuestro aparato de modo que esté ligado inseparablemente a la Comintern. No importa dónde esté la Comintern; lo importante es que esté directamente bajo la Comintern. En cuanto al buró técnico, es necesario establecer el contacto a través del partido y del departamento femenino».

La camarada Arachian (Armenia) se refirió a la necesidad de dedicar más atención al trabajo entre las mujeres de Oriente.

Una representante de Checoslovaquia declaró que el movimiento en Checoslovaquia era todavía joven. Empezó en 1918; como la inmensa mayoría de las obreras trabajan en pequeños talleres, a estas masas todavía no las ha alcanzado el comunismo, pero al menos puede decirse de ellas una cosa: que son revolucionarias. Esperamos que, como resultado de un trabajo enérgico en este terreno, las mujeres sean atraídas al círculo de las ideas comunistas. Esperamos instrucciones de la III Internacional Comunista y prometemos cumplirlas sin condiciones. «Para nosotras una cosa está clara», dijo: «si Rusia vence, venceremos nosotras».

Discurso de conclusión de la camarada Kollontái.

Respondiendo a la discusión, la camarada Kollontái subrayó en su discurso de conclusión que su informe era exclusivamente un informe práctico del trabajo hecho, y que los métodos de ese trabajo se discutirán en otro punto del orden del día. Hay que señalar una vez más el terrible aislamiento del Secretariado respecto de nuestros camaradas de Occidente, que, a consecuencia de la guerra civil mundial, ha impedido que nos llegara casi ningún material. Por eso es imposible dar un informe completo del trabajo del Secretariado en Occidente, y la dirección del trabajo solo responde a las necesidades en un grado mínimo. Además, hay que subrayar de nuevo que la falta de un aparato adecuado, en forma de departamentos femeninos en los partidos comunistas, no permite aplicar estos métodos en las distintas regiones. Hay, sin embargo, un gran consuelo: la vida misma obliga a nuestros camaradas a evitar algunos de los errores que nosotros cometimos. Así, en Suecia había hasta hace poco organizaciones separadas, que ahora se están abandonando. Respondiendo a la observación de la camarada Nikoláyeva de que el Secretariado Internacional había difundido las tesis sobre el aborto y la lucha contra la prostitución, la camarada Kollontái recordó que en su informe había dicho que el Día Internacional de la Obrera, las tesis del camarada Semashko32 sobre el aborto y las de la Comisión Interdepartamental de Lucha contra la Prostitución se citaron al enumerar la literatura enviada al extranjero en respuesta a las peticiones de nuestros camaradas de Occidente, interesados en estas cuestiones. En respuesta a la pregunta de los camaradas Smidóvich33 y Arachian (Armenia) de si es posible dar en la resolución a los distintos países el derecho de comunicarse entre sí, la camarada Kollontái declaró que, como ya había señalado la camarada Zetkin, todas las cuestiones de principio deben llevarse a través del centro, pero que esto no debe impedir en modo alguno la posibilidad de comunicación entre los distintos países, siempre que se mantenga el control del centro.

Sobre la propuesta de la camarada Roland Holst de enviar ayuda de organización y de agitación a las distintas regiones, la camarada Kollontái declaró que el Secretariado ya ha elaborado un plan a este respecto. Lo habíamos previsto, pero no sometimos a discusión de la conferencia la estructura del Secretariado porque solo somos una sección de la Comintern, y nosotras, como órgano auxiliar de la Comintern, no podíamos discutir nuestra organización antes de que el Congreso de la Comintern discutiera su propia reorganización. La camarada Kollontái habló con especial calor de la importancia del trabajo entre las mujeres de Oriente para su lucha contra el capitalismo. «Ni un solo gran país capitalista», dijo, «podría sostenerse si sus colonias se sublevaran contra él. Hay que llevar el trabajo entre las mujeres de Oriente para quebrantar el poder de nuestros enemigos mundiales; atraer hacia nosotros a las mujeres de Oriente es ganar un aliado futuro». Para terminar, la camarada Kollontái, hablando a título personal, opinó que el título del nuevo órgano del trabajo internacional que se publica en Alemania, «La Comintern de las Mujeres», debería cambiarse por «Boletín del Trabajo Internacional entre las Mujeres», si la lengua permite ese cambio.

Se puso luego a votación y se aprobó la siguiente resolución sobre las formas y métodos del trabajo comunista entre las mujeres.

Sigue la «Resolución sobre las formas y métodos del trabajo comunista entre las mujeres». Su texto, en la edición alemana de la Internacional, está en la página del III Congreso: Resolución sobre las formas y métodos del trabajo comunista entre las mujeres; véase también II Conferencia Internacional de Mujeres Comunistas (1921).

La Acción de Marzo del proletariado alemán: protesta de Clara Zetkin y declaración de la delegación alemana

«Moscow», n.º 18, 15 de junio de 1921, p. 3: «The March Action of the German Proletariat».

Hemos recibido de la camarada Clara Zetkin la siguiente protesta contra la opinión sobre las consecuencias de la sublevación de marzo34 contenida en el llamamiento de la Conferencia Internacional de las Mujeres.

Adjuntamos también una declaración de la delegación femenina alemana sobre el mismo asunto.

La Redacción.

Una protesta.

En la sesión de apertura de la Conferencia Internacional de las Mujeres Comunistas se aprobó una moción de simpatía con las víctimas de la contrarrevolución que contenía la frase siguiente: «¿No veis que el proletariado alemán ha salido de los duros combates de marzo más fuerte que nunca?»35.

Mi convicción me obliga a protestar contra esta frase. Según mi valoración de la situación alemana, este juicio es erróneo en cuanto a los hechos. Mi opinión se basa en cifras y hechos.

Por desgracia, no conocí esta moción a tiempo, de modo que no pude expresar mi desacuerdo con ella. No me propongo tratar aquí esta cuestión, que es demasiado importante y controvertida, y que el congreso internacional general tratará de resolver. Es allí donde me propongo dar las razones de mis convicciones.

Lamento que se haya emitido un juicio sobre esta cuestión controvertida, que el congreso internacional general tratará de resolver. Es allí donde me propongo dar las razones de mis convicciones36.

Desde luego, suscribo plenamente la expresión de simpatía a nuestros héroes y mártires, así como la idea de que debemos estar agradecidos al desarrollo histórico.

Estoy plenamente convencida de que el proletariado alemán, pese a la derrota de marzo, aleccionado por su experiencia, se presentará más preparado y entusiasta que nunca en el campo de la lucha revolucionaria y reparará lo que, en mi opinión, había dejado de hacer.

Clara Zetkin.

Declaración.

Ante la protesta de la camarada Clara Zetkin, que se incorporará a las actas de la Conferencia Internacional de las Mujeres, la delegación alemana tiene que hacer la siguiente declaración:

  1. Los supuestos datos y cifras destinados a probar que el Partido Comunista Unificado de Alemania sufrió mucho durante las jornadas de marzo los ha examinado el Comité Central de dicho partido, que por unanimidad los ha encontrado o completamente falsos o fantásticamente exagerados.

  2. Estos datos, supuestamente basados en hechos, los han reunido los secuaces de Paul Levi37, que sabotearon activa y pasivamente la sublevación de marzo y prestaron ayuda a los enemigos del partido y al fiscal del Estado.

La delegación alemana de la Conferencia de las Mujeres se ve obligada, por tanto, a oponerse enérgicamente a la declaración de protesta de la camarada Clara Zetkin, aunque la decisión última sobre la sublevación de marzo se reserva al Congreso Mundial.

  1. La delegación alemana se opone igualmente a la opinión expresada por la camarada Zetkin de que la Conferencia de las Mujeres no debe pasar por alto los problemas tácticos de la Internacional Comunista y está facultada para discutirlos.

Al hacer esta declaración, la delegación alemana, y solo ella, habla en nombre del partido.

Bertha Braunthal. Berta Sturm. Berta Geffke. G. Faber. J. Mildner.

Sesión del 12 de junio

«Moscow», n.º 18, 15 de junio de 1921, p. 4: «Women's Congress. Report of Session of June 12th».

La sesión del 12 de junio se abrió a las 11 de la mañana, presidida por la camarada Zetkin.

El delegado del Partido Comunista de Polonia al III Congreso de la Comintern transmitió su saludo a la conferencia y dijo que, aunque en la conferencia no había representantes femeninas de Polonia, eso no quería decir que las mujeres de Polonia no participen en el movimiento comunista. «No tenemos una organización femenina separada. Nos acercamos a la obrera del mismo modo que al obrero. Además, las condiciones de ilegalidad de nuestro partido no permiten organizar una sección femenina especial. Quizá, cuando cambien las condiciones, tengamos que construir un aparato técnico especial. Mi deseo ardiente es ver a las mujeres atraídas a la lucha por la dictadura del proletariado, porque sin su participación activa no puede alcanzarse ese gran objetivo».

La camarada Kollontái informó luego sobre las formas y métodos del trabajo entre las mujeres. Dijo: «El momento que viven actualmente la Rusia soviética y los países de Europa occidental se caracteriza por sus condiciones objetivas inmediatas. Allí, como aquí, el problema apremiante es la reconstrucción económica y el desarrollo de las fuerzas industriales. La diferencia está solo en que Rusia puede pasar directamente a cambiar sus formas económicas, mientras que en los países capitalistas el proletariado tiene aún que liquidar la dictadura de la burguesía. Antes, el problema de los partidos socialistas era agrupar a las masas en torno a reivindicaciones concretas que eran posibles en el marco de una sociedad burguesa. Pero ahora el problema es muy distinto: es la educación de las masas en el espíritu de su despertar activo y de la expresión de los impulsos de su voluntad. El principal enemigo de la mujer es su pasividad, que tiene que vencer. Pero para eso tenemos que encontrar los métodos necesarios. Tenemos que construir nuestro aparato de modo que sirva a los fines fundamentales de nuestro partido38. Nuestra cuestión inmediata es tomar una decisión que obligue a todos los partidos comunistas a prestar la más seria atención a este trabajo. Luego tenemos que reforzar las formas correspondientes de este aparato».

Al exponer la experiencia de los comunistas rusos, la camarada Kollontái redujo el conjunto de esa experiencia a tres tareas fundamentales de la sección femenina: atraer a las amplias masas al Partido Comunista, despertar la iniciativa de las proletarias y semiproletarias, y las cuestiones de la emancipación de la mujer en las relaciones familiares, domésticas y otras. Las distintas formas del trabajo de organización, tal como surgieron en Rusia, son: 1) la base organizativa inicial, los núcleos en las fábricas, etc.; 2) las reuniones de delegadas, y 3) las amplias conferencias sin partido. Junto a esto, tienen enorme importancia para atraer a las amplias masas de obreras las campañas políticas y económicas (los subbótniki39, las «semanas» especiales, los «días» especiales, etc.).

La ponente llamó también la atención sobre la gran utilidad del trabajo de los colegios literarios de las secciones femeninas, de la celebración de discusiones y debates en forma de juicios simulados y del trabajo en las escuelas del partido.

Hablando de la aplicación en el extranjero de todos los métodos enumerados, la ponente señaló que no se pueden aplicar por igual métodos uniformes a los países burgueses muy desarrollados y a los países de Oriente. En un gran país capitalista, la tarea de las secciones femeninas sería despertar y desarrollar la actividad propia de la masa de las obreras con el fin de ganarlas políticamente. Las obreras deberían aprovechar su participación en el parlamento y en los municipios, en la medida en que sea posible, para agudizar las contradicciones de clase a partir de las necesidades reales del proletariado, y también para denunciar con dureza la incapacidad de los socialpatriotas para llevar una lucha decidida. En Oriente, en cambio, donde las mujeres viven en condiciones específicas, bajo el yugo secular de la tradición, es imprescindible mostrar la máxima flexibilidad y aplicar sin vacilar las medidas que quizá parezcan más insignificantes para despertar a las mujeres de Oriente y atraerlas al círculo de las ideas comunistas. Lo primero que hay que hacer es organizar económicamente a las mujeres. Al mismo tiempo, hay que desarrollar en el más alto grado el trabajo cultural y educativo.

Al resumir su informe, la camarada Kollontái observó que el centro del trabajo deben ser los sindicatos, cuya conquista constituye el problema fundamental del Partido Comunista.

La discusión del informe de Kollontái se aplazó a la sesión siguiente, que se celebrará el día 13.

Sesión de la mañana del 13 de junio

«Moscow», n.º 19, 16 de junio de 1921, p. 3: «Women's Congress. Report of Morning Session of July 13th» (el diario pone «julio» por error).

La conferencia se abrió a las 11.30 de la mañana, presidida por la camarada Clara Zetkin.

Transmitieron su saludo el delegado del Partido Comunista de Persia y un delegado de la Juventud Comunista de Rusia.

Transmitió su saludo una delegada de Finlandia en nombre de las comunistas finlandesas, que describió vivamente los horrores del terror blanco en Finlandia.

Siguió luego la discusión del informe de la camarada Kollontái, leído el 12 de junio, sobre las formas y métodos del trabajo entre las mujeres.

La camarada Smidóvich ilustró el trabajo entre las mujeres en Rusia refiriéndose a la organización de las reuniones de delegadas y de los grupos comunistas en las fábricas. Las delegadas, como ha demostrado la experiencia, son un medio poderoso para atraer a las amplias masas de obreras al Partido Comunista y al trabajo soviético. El hecho de que las reuniones de delegadas se convoquen periódicamente —en Moscú, cada 3 o 4 meses— inculca a cada delegada la idea de la responsabilidad de su trabajo. En las reuniones de delegadas se llama a todas las obreras prácticas a los distintos departamentos del soviet, lo que a su vez inspira a la masa de las electoras confianza en las instituciones soviéticas, que de este modo quedan bajo su control. Las reuniones de delegadas deben convertirse en verdaderas escuelas de comunismo: durante los 3 o 4 meses, la delegada recorre sin darse cuenta todo el curso del programa del Partido Comunista. En cuanto al trabajo directo en las localidades, en las empresas y en las fábricas, ese trabajo ha empezado solo recientemente, y con este fin las tareas principales recaen en las organizadoras de los grupos comunistas, junto con las delegadas, para penetrar en el corazón mismo de las obreras.

La delegada del Partido Comunista de Holanda habló a continuación. Dijo que la cuestión de dónde y cómo influir en las mujeres y ganarlas para el comunismo es una de las cuestiones más importantes que tenemos que decidir. El Partido Comunista de Holanda ha empezado ya su propaganda comunista entre las mujeres.

Se ha formado ahora en Ámsterdam una comisión para la propaganda comunista entre las mujeres. Un gran número de amas de casa y obreras de fábrica se sienten atraídas muy conscientemente a nuestro partido. La oradora subrayó que el centro de gravedad de todo el trabajo debe trasladarse a los grupos comunistas de las fábricas y talleres. En todas las demás empresas debemos utilizar las fuerzas de las comunistas para el trabajo entre las mujeres.

La camarada Clara Zetkin habló a continuación: «Tenemos que agradecer a la camarada Kollontái», dijo, «la idea fundamental de su informe. Se entiende que nuestro trabajo más importante es el trabajo educativo entre las mujeres. La debilidad del proletariado femenino no se debe a la falta de organización, sino a la debilidad de la voluntad revolucionaria, a la falta de confianza en sus propias fuerzas. Sin embargo, no estoy de acuerdo con la camarada Kollontái en otro punto. Ha trazado el plan de nuestro trabajo de manera demasiado mecánica. Desde luego, nadie puede negar que nuestra tarea principal es el trabajo entre el proletariado industrial femenino. Hasta tendremos que presionar al Congreso de los Sindicatos Rojos para que presente una resolución especial sobre la organización de las obreras. No debemos olvidar, por ejemplo, que en Alemania solo una quinta parte de todas las mujeres se ocupa en un trabajo productivo independiente. La gran mayoría de las mujeres, incluso de las proletarias, son amas de casa. Esto vale no solo para Alemania, sino también para Francia, Italia, Suiza y todos los países de Europa occidental. Por eso es absolutamente necesario que atraigamos a la lucha a estas proletarias que se ocupan de la casa. No debemos considerarlo de importancia secundaria. Son dos aspectos de la misma tarea. ¿Cómo están las cosas con las campesinas? Nuestra agitación en el campo debe dirigirse a hombres y mujeres. Gran parte de las campesinas están ya proletarizadas y ofrecen un terreno favorable a la agitación comunista. La marcha de la explotación campesina depende en gran medida de la campesina. Si enferma o muere, todo se viene abajo. La campesina vive bajo un yugo del capitalismo tan grande como el de la proletaria; solo el comunismo puede darle la libertad». La camarada Zetkin consideró también muy necesario prestar gran atención al trabajo entre las mujeres instruidas que trabajan en las oficinas del Estado. Están ligadas al aparato político del Estado. Sirven a ese aparato que aplasta y oprime al proletariado. Al mismo tiempo, su situación es muy difícil. En tiempos de crisis o de quiebra, las mujeres son las primeras a las que se arroja a la calle. El trabajo de ganar a esta capa no puede dejarse para cuando el aparato del Estado burgués haya sido destruido. Se entiende que todo este trabajo debe hacerse sin la menor concesión a la opinión burguesa. Aparte de eso, está muy claro que este trabajo no debe quitar ni un átomo de nuestras fuerzas al trabajo entre las mujeres del proletariado industrial».

La representante de Alemania siguió a la camarada Zetkin. Informó de cómo está organizado el trabajo entre las mujeres en Alemania. Lo lleva un comité de agitación de cinco personas. Cada miembro del comité tiene una tarea especial: una se encarga de la literatura de agitación; otra, de la agitación entre las mujeres que trabajan en casa; la tercera, del trabajo en las distintas empresas, etc. Los grupos sueltos están adscritos a grupos de distrito, y los distritos, a comarcas. Cada grupo de distrito tiene una secretaria. Lo esencial de esta organización es que la encabeza un miembro del comité del partido, y todo el trabajo se lleva bajo la dirección inmediata de ese camarada. El trabajo entre las mujeres que trabajan en casa es extremadamente difícil: lo hacen por lo general camaradas a las que se asignan calles especialmente. Para terminar, la camarada señaló la necesidad de llevar el trabajo de agitación a todas las empresas y sindicatos, en el sentido de denunciar la política de compromiso de los socialpatriotas, que han echado raíces allí.

La camarada Bloor (América) habló a continuación. Expresó su satisfacción por que la III Internacional vaya a definir las formas y métodos del trabajo entre la masa de las obreras. Nuestro Partido Comunista, continuó, trabaja en la clandestinidad, por lo que es extremadamente difícil cristalizar formas especiales del movimiento femenino. Nuestro trabajo principal se hace en los sindicatos. La camarada Bloor, que está aquí como representante de un sindicato, informó con detalle de los métodos con que los comunistas penetran en el corazón mismo de las obreras americanas.

Para terminar, la camarada Bloor subrayó de nuevo la necesidad de trabajar especialmente en el movimiento sindical.

La camarada Nikoláyeva (Petrogrado), analizando todos los métodos de trabajo entre las mujeres practicados en Rusia, sobre todo el trabajo de las «secciones» y de las reuniones de delegadas, expresó la convicción de que las reuniones de delegadas desempeñan un papel enorme para infundir el espíritu comunista en las grandes masas de obreras que atraen. Por medio de estas reuniones de delegadas creamos grupos de agitadoras que llegan hasta el corazón de las masas, y de entre ellas pasan de vez en cuando a las instituciones soviéticas muchas trabajadoras dotadas y prácticas. Ilustró con cifras el crecimiento del movimiento comunista femenino, que, gracias a la actividad del Departamento Femenino de Petrogrado, atrajo rápidamente a las mujeres al trabajo soviético. Así, antes había 45 mujeres en el Sóviet de Petrogrado, luego 200, luego 340 y ahora más de 500.

La camarada Nikoláyeva señaló además el papel que desempeñan las mujeres en los departamentos de instrucción pública y de abastecimiento. Al tratar del trabajo entre las campesinas, la camarada Nikoláyeva describió el hondo interés que muestran las campesinas por las grandes conferencias sin partido. Estas conferencias forman ahora parte del esquema de trabajo entre las mujeres, y hay que dedicarles considerable atención, porque el cambio de las condiciones internas —el paso a la reconstrucción económica pacífica— pone ante los departamentos femeninos cuestiones nuevas y más importantes: la atracción de las obreras y campesinas extranjeras, y el hecho de que las condiciones en el extranjero son casi las mismas que había aquí bajo Kerenski en 191740. Habló de la necesidad de hacer agitación para que tomen parte activa en la lucha del proletariado por la conquista del poder político. Como en el extranjero todavía no se pueden celebrar conferencias de delegadas, es necesario construir organizaciones especiales adaptadas a las condiciones particulares de cada país.

La camarada Krúpskaya opinó que no parecía haber diferencia entre los puntos de vista de las camaradas Zetkin y Kollontái. Señaló que las tesis hablaban de condiciones específicamente rusas y subrayó la estrecha relación entre las obreras y las campesinas.

La delegada suiza dijo luego unas palabras y observó que el informe de la camarada Kollontái había dado a las delegadas una idea clara de los medios y formas de trabajar en las condiciones rusas, mientras que ellas necesitaban un plan de acción adecuado a las condiciones de los países donde todavía existe el capitalismo. Los países de Europa occidental pueden dividirse en dos categorías por lo que toca al trabajo entre las mujeres. En el primer grupo están los países donde apenas se ha hecho agitación entre las mujeres. En el segundo, países como Alemania y algunos otros Estados donde ya se ha intentado fundar una organización que acepte las resoluciones de la I Conferencia Internacional de las Mujeres. El informe de la camarada que trató del trabajo en Alemania parece ejemplar. La organización de un secretariado central y de secretarias de distrito nos parece casi ideal. Creo que estas tesis deben aprobarse. Pero ante todo debemos dedicar todas nuestras energías a poner en práctica las tesis y resoluciones aprobadas en la conferencia anterior. Además, debemos esforzarnos por que el Congreso de la Comintern examine seriamente la cuestión de empezar el trabajo entre el proletariado femenino.

La oradora siguiente fue la delegada austriaca. Subrayó la necesidad de adoptar tácticas distintas para Rusia y para los países capitalistas. Los trabajadores de Rusia han pasado ya las etapas en que todavía se encuentra el proletariado de Occidente. Los hombres y mujeres rusos dan ahora sus consignas de construcción; nosotras tenemos todavía que dar nuestras consignas de destrucción. Si diéramos nuestras consignas de construcción, habríamos caído en el oportunismo y habríamos desertado de nuestro puesto de trabajo en común con el proletariado ruso. La oradora propuso dividir el trabajo entre las mujeres en los tres grupos siguientes: 1) amas de casa; 2) obreras que son a la vez amas de casa y obreras de fábrica, y 3) obreras de fábrica. Es natural que el primer grupo sea el más atrasado. Hay que acercarse a ellas de un modo especial. Hay que hablarles de sus hijos, de su vida económica diaria, de sus dificultades domésticas, etc. La obrera de fábrica se siente una parte real del proletariado y, como clase, es consciente y revolucionaria. Se le puede hablar directamente de la revolución. Pero con la trabajadora intelectual hace falta un acercamiento cuidadoso. Quizá no hagamos de ella una comunista activa, pero sin duda podemos despertar su simpatía hacia nosotros. El trabajador ruso no debe olvidar las circunstancias especiales en que vive el trabajador de Occidente, ni la lucha contra el espíritu pequeñoburgués y la rutina, que estorba su trabajo revolucionario.

Lucie Colliard, de Francia, se dirigió luego a la conferencia. Señaló que los sindicatos ofrecían un amplio campo de trabajo entre las mujeres. Subrayó la necesidad de que el partido obtenga el control completo de los sindicatos y cree que en los sindicatos más reaccionarios se están haciendo fuertes intentos de trabajo comunista. Subrayó la necesidad de prudencia en la propaganda entre las mujeres y mostró la necesidad de poner las energías del partido en el trabajo entre las mujeres. Hasta ahora el partido no ha dedicado mucha energía a este trabajo, pero ponemos grandes esperanzas en las maestras, a las que el Gobierno, por fortuna, está empujando a él. Estas modestas trabajadoras, que viven codo con codo con las masas campesinas, serán los elementos más activos para infundir consciencia revolucionaria a las masas de campesinas y ayudarán a ganarlas para el comunismo. La carestía de la vida y la lucha contra la especulación, extremadamente extendidas en Francia y en otros países, mostrarán el modo de acercarse a esta parte de la población.

La representante de Alemania dijo que, en el terreno del trabajo entre las amas de casa, hay que prestar especial atención a las cooperativas de consumo y a los clubes de madres y amas de casa, en los que debemos penetrar con nuestra propaganda comunista. Hay que prestar especial atención a los sindicatos. En Alemania tenemos 9.000.000 de sindicados, de los que unos 2.000.000 son mujeres. Es esencial que el partido de cada país haga que cada uno de sus miembros se afilie a un sindicato. Nuestro trabajo es de tal naturaleza que tenemos nuestros grupos en cada organismo, en cuyas conferencias debemos despertar simpatías y que deben discutir todas las cuestiones antes de que las toquen las conferencias sindicales; por ejemplo, el Ejecutivo del Sindicato del Metal, donde tenemos mayoría comunista. Hemos tenido dos conferencias especiales de organización de los trabajadores de la confección. Propuso que el Congreso Internacional de los Sindicatos tenga un informe especial sobre la cuestión del trabajo entre las mujeres.

La conferencia levantó entonces la sesión hasta las 7 de la tarde.

Sesión de la tarde del 13 de junio

«Moscow», n.º 20, 17 de junio de 1921, p. 3: «Women's Congress. Report of Evening Session of June 13th».

La delegada de Bulgaria continuó la discusión. Dijo que la cuestión de los métodos y formas del movimiento femenino no es nueva para nosotras. Las tesis elaboradas por la conferencia del año pasado las aceptamos y las pusimos en práctica. Nuestro pequeño país, con su pequeña población agraria de 4 millones, puede presentar a esta conferencia resultados reales de nuestro trabajo. El capitalismo empezó a desarrollarse en nuestro país hace 10 o 15 años, y desde el principio las mujeres fueron arrastradas a la industria. De 300.000 obreros, el 40 % son mujeres. Por eso las grandes masas de mujeres se sumaron al creciente movimiento revolucionario. Este alcanzó, sin embargo, una etapa especial de desarrollo en 1914. En ese año se formaron dentro de los partidos aparatos auxiliares para el trabajo de agitación entre las mujeres. El Comité Central formó una Comisión Central Femenina especial, y los comités locales, comités femeninos, que suman 162 en todo el país. Se hace un gran trabajo en la formación de círculos entre el campesinado. Cada 6 meses tenemos una Semana Roja de la Mujer. Durante la huelga ferroviaria de 1919, las mujeres participaron muy activamente en el movimiento y sirvieron de enlace vivo entre los camaradas que estaban en la cárcel y el Comité Central, que dirigía esta gran huelga.

La oradora terminó su discurso deseando que el movimiento femenino haya crecido el año próximo hasta tal punto que exija elaborar unas tesis para la construcción soviética en el mundo entero.

La representante de Checoslovaquia dijo: «Todo nuestro trabajo se lleva conforme al principio establecido por el III Congreso Internacional41. En esta conferencia tenemos que corregir los errores del año pasado. Las mujeres deben conseguir el derecho de voto, y no por razones feministas, sino por el gran valor educativo de ese derecho. Solo cuando la mujer participe en el trabajo político haremos de ella una luchadora revolucionaria».

«Nos alegraremos», concluyó la oradora, «si el año que viene no necesitamos un congreso especial de mujeres, sino que tenemos un congreso comunista general de todos los partidos».

La representante armenia dijo: «La tarea de la Internacional Comunista es movilizar a las masas proletarias para la lucha por la dictadura del proletariado. Pero junto al proletariado hay otras grandes masas de gente que sufren bajo el yugo del capitalismo no menos que el proletariado. Son los pueblos de Oriente. También ellos están maduros para la revolución. Se alzan ya para asaltar la fortaleza capitalista. Toda la nación participa en esta lucha. Es una guerra de liberación de las naciones. El trabajo de las mujeres de Oriente debe tener por objeto atraer a esta guerra a grandes masas de mujeres. Naturalmente, un trabajo de este carácter exige métodos especiales. Debemos recordar que, sin un trabajo con éxito en Oriente, no podremos instaurar la revolución social en Occidente. Las mujeres de Oriente deben ir de la mano con las mujeres de Occidente». La oradora propuso a todas las representantes de los países orientales presentes en la conferencia reunirse en una conferencia especial para discutir los métodos y formas del trabajo entre las mujeres de Oriente.

La delegada de Hungría dijo: «Antes de discutir las tesis y los métodos entre las mujeres, permitidme describir el movimiento femenino en Hungría. Hungría no tiene actualmente ningún movimiento femenino en el sentido propio de la palabra. El reinado del terror blanco durante los dos últimos años ha hecho imposible crear un movimiento así. Se nota, sin embargo, cierto interés por el movimiento. Dentro de los partidos comunistas, que son ilegales, hay aparatos especiales para el trabajo entre las mujeres. Estas organizaciones son también ilegales. Es necesario elaborar en esta conferencia una forma de organización para ellas. Desde luego, es imposible construir una forma internacional única de organización para estos aparatos ilegales». La oradora pidió por eso que las delegadas de los países que tienen organizaciones femeninas clandestinas se reunieran para elaborar métodos para su trabajo.

«Antes de la guerra», continuó, «el movimiento era insignificante. Durante la revolución comunista en Hungría42 no se dio a las mujeres trabajo político de responsabilidad. Ahora las cosas han cambiado, porque la reacción sangrienta golpea igual a las obreras que a los obreros. Ahora la mujer de Hungría está madura para la revolución».

La camarada Kudelli se detuvo en los métodos para despertar la actividad de las obreras. Hay un camino seguro para ello, a saber: observar de cerca a las masas femeninas y saber sacar a la luz sus capacidades. Con este fin hay que organizar círculos especiales, literarios, de agitación y otros, donde las más capaces puedan mostrar sus capacidades. Este método de trabajo tiene un gran valor educativo. La oradora respondió a la camarada Colliard, que había dicho que en Francia el trabajo entre las mujeres lo hacen las maestras. Las obreras deben confiar en sí mismas y no en los intelectuales. Los intelectuales son revolucionarios solo mientras están oprimidos, pero abandonarán al proletariado el día en que el proletariado tome el poder. Es necesario crear unos intelectuales puramente proletarios. La camarada Kudelli habla de la formación de cursos especiales de organización para preparar instructoras de agitación en el campo y en las provincias. La oradora termina su discurso con una exclamación: «¡Vivan los intelectuales comunistas salidos de las filas del proletariado!».

La camarada Smythe habló luego y dijo: «No se puede abordar al obrero británico con una mera teoría árida. El obrero inglés tiene más consciencia de clase y está mejor preparado para comprender su situación y sus problemas de lo que creemos. Aunque le faltan conocimientos, teoría y fundamentos del comunismo, aprende por la práctica. Todo lo que ocurre en Rusia lo entiende la mente sana del obrero inglés. Nada se acerca tan rápidamente a la revolución social en Inglaterra como el movimiento obrero en este momento. Los obreros ingleses llevan una política firme en el espíritu de la III Internacional.

»En el terreno del trabajo femenino se ha hecho muy poco. El Secretariado Internacional tiene en parte la culpa. Todavía no hemos recibido las instrucciones que se elaboraron el año pasado en la I Conferencia de las Mujeres.

»En Inglaterra no tenemos ningún aparato especial para el trabajo femenino, pero la delegación inglesa considera necesario tener ese aparato.

»En Inglaterra las obreras están maduras para el comunismo. El trabajo entre ellas, sin embargo, no debe hacerse sobre la base de la teoría, sino formándolas en una actividad concreta. Debemos infundirles los principios de la actividad propia. En Inglaterra el partido es débil si se juzga por el número de sus miembros. Pero si se juzga por su influencia sobre las masas, hay que considerarlo muy fuerte. Gracias al Partido Comunista, los obreros se negaron a cargar armas para el ejército de la Polonia blanca durante la guerra con la Rusia soviética43. Gran parte del mérito corresponde a las comunistas, que hicieron con ese fin una viva agitación en los muelles. La hora de la revolución social en Inglaterra se acerca sin duda, y precisamente por eso hay que hacer todos los esfuerzos para que las mujeres no se conviertan en un estorbo para esa revolución. Hay que atender a la generación que crece. Hay que procurar que las madres trabajadoras eduquen a sus hijos en consonancia con las instituciones comunistas necesarias y los vinculen a ellas. En Inglaterra es importante atender a las amas de casa, que son más receptivas a la propaganda comunista que las mujeres de los sindicatos». La oradora se opuso además a las tesis sobre el parlamentarismo, porque consideraba que el germen del parlamentarismo solo minaría el sentimiento revolucionario de las masas y les impediría emprender métodos de lucha directos. La oradora terminó señalando la importancia de intensificar el trabajo en las cooperativas.

La delegada de Corea dijo: «En las tesis de Kollontái y en su discusión no he oído nada sobre los métodos de trabajo entre las mujeres del Extremo Oriente. Se ha hecho de Europa occidental, y en cierta medida del Oriente Próximo, el centro de la actividad, en particular del movimiento femenino. No hace falta repetir que la base de todo movimiento social, también del femenino, son las condiciones económicas. Las condiciones económicas han obligado a las mujeres del Extremo Oriente a dejar los harenes e ir a trabajar a la fábrica o a la plantación. Tengo estadísticas japonesas de Corea. En 1920, con una población de 20 millones, había 3.235.000 obreras trabajando en las plantaciones, 128.000 trabajando en las fábricas y 66.000 en el transporte; hay en total cuatro millones y medio de mujeres asalariadas. Estas cifras dicen de modo convincente lo que ha conseguido el imperialismo japonés. Lo mismo, aunque en forma más suave, se da en China. Además, las mujeres apenas acaban de romper con el harén y ya se han revolucionado no menos que los hombres. Al principio el movimiento femenino tenía un carácter feminista, como el movimiento de América, de donde se tomó. Pero las condiciones económicas han hecho su trabajo. El hambre de 1919 privó a gran parte de los pequeños propietarios de sus parcelas y, con ello, aumentó todavía más el ejército de las proletarias. En el Japón, además, hay actualmente una aguda superproducción, a consecuencia de la cual el paro entre las mujeres ha crecido enormemente. La trata de mujeres se ha desarrollado en una medida increíble. Hasta se han formado sociedades para dedicarse a esa trata. Como resultado de todo esto, las mujeres de Corea se han convertido en revolucionarias activas; la parte más avanzada de ellas incluso se armó y entró en las filas de las fuerzas insurrectas. En Corea hay bastantes organizaciones femeninas revolucionarias (la Sociedad de Mujeres Patriotas, la Sociedad de la Cruz Roja, la Liga de la Muerte Roja y otras), de carácter terrorista, cuyas dirigentes llevan ya dos o tres años en la cárcel; 597 miembros de estos destacamentos están ahora encarcelados en las prisiones de Corea. Todas estas organizaciones tienen el carácter de un movimiento de liberación nacional dirigido contra el imperialismo japonés, y esto es lo que tenemos que tener en cuenta al trazar los métodos de trabajo entre las mujeres del Extremo Oriente. Movida precisamente por estas consideraciones, la delegación del Extremo Oriente propone dos adiciones a las tesis:

»1) En relación con el movimiento de liberación nacional, y

»2) en relación con los intelectuales revolucionarios».

Kollontái habló entonces y dijo: «La delegada austriaca tenía toda la razón cuando señaló que hemos reunido bajo un mismo principio condiciones de trabajo diversas, como las que existen en la Rusia soviética y en los países capitalistas. Esta diversidad de métodos la impone la diversidad de las condiciones políticas. Mientras que aquí, en la Rusia soviética, nuestra preocupación principal es la construcción, en los países capitalistas es la destrucción, lo cual altera en consecuencia los métodos de trabajo. Los países capitalistas no atraviesan ahora un periodo preparatorio de la dictadura del proletariado en general, sino que están en el umbral de la revolución social. Esto hay que tomarlo como factor rector al valorar cada reivindicación práctica. La camarada Zetkin, y también muchas otras, han hablado aquí del trabajo entre las mujeres intelectuales. En general no tengo nada contra este trabajo, sobre todo si se considera el papel que ocupan las intelectuales en la máquina económica burguesa, que las hace sumamente valiosas para el proletariado en el momento del paso del poder a sus manos. Es necesario, sin embargo, dejar del todo claro quién debe servir de núcleo fundamental, de base de toda nuestra actividad. No lo son ni la campesina, ni la intelectual, ni el ama de casa. La base de todo nuestro trabajo debe ser, y solo puede ser, la obrera, la asalariada. Es necesario tener un núcleo comunista bien cristalizado, orgánicamente fuerte y soldado por una disciplina de partido de hierro, que concentre en sí la voluntad del proletariado revolucionario. Solo si tenemos ese núcleo podremos, en el momento necesario y decisivo, contar con el apoyo de las amplias masas; solo con esa condición estaremos a salvo de vacilaciones e indecisiones fatales en el momento crítico.

»Nuestras camaradas orientales han llamado la atención sobre el hecho de que el valor intrínseco de nuestra conferencia no está en absoluto en que haya propuesto o establecido métodos de trabajo nuevos —estos siguen siendo los de antes—, sino precisamente en que esta conferencia ha sido la primera en la historia que ha planteado en toda su magnitud la cuestión de las trabajadoras de Oriente. Nuestras camaradas orientales querrían ver en nuestras resoluciones instrucciones exhaustivas para el trabajo entre las mujeres de Oriente, mientras que por ahora solo podemos trazar aquí el camino principal y dejar que las propias camaradas orientales propongan los detalles de nuestros métodos. Nuestros métodos, establecidos el año pasado, han resultado acertados. Lo atestiguan nuestra conferencia y nuestros debates, que han revelado que muchos países, sin conocer las resoluciones aprobadas, han llegado a ellas por su cuenta y las han aplicado en todo su trabajo. Nuestra conferencia no ha hecho más que ampliarlas, darles vida y completarlas, como demuestra el número de enmiendas presentadas por camaradas de distintos países. Esto dice del modo más sorprendente que, por modesto que haya sido el trabajo de nuestra conferencia, significa un paso adelante en el camino de establecer el poder soviético en todos los países del mundo».

Fin de la sesión de la tarde.

Sesión de la mañana del 14 de junio

«Moscow», n.º 21, 19 de junio de 1921, pp. 3-4: «International Congress of Women Communists. Report of Congress Morning Session of June 14th». El comienzo del discurso de la camarada Lílina no consta en «Moscow».

La camarada Lílina continuó su discurso sobre la dictadura del proletariado. «La III Internacional Comunista se ha propuesto el objetivo claro y definido de derribar el sistema capitalista e instaurar la dictadura del proletariado.

»La extensión de la revolución mundial y los acontecimientos recientes han planteado la cuestión: o dictadura de la burguesía, o dictadura del proletariado.

»El curso mundial de los acontecimientos después de la guerra se expresa del modo siguiente: las mujeres, al ocupar el lugar de los hombres durante la guerra, debilitaron la fuerza del proletariado organizado, y esto provocó en cierta medida unos precios extraordinariamente altos y la superproducción. En estas circunstancias, inmediatamente después de la guerra, hubo una serie de potentes movimientos de masas en muchos países. Así, en Alemania, durante 1918 y 1919, el Gobierno cayó en manos de los socialdemócratas y de los sindicatos; se instauró una república soviética en Baviera, y en Italia se desarrolló un fuerte movimiento de ocupación de fábricas y de implantación del control obrero. En toda Europa hubo un amplio movimiento huelguístico. Pero los socialpatriotas y los burócratas sindicales redujeron a nada el entusiasmo revolucionario del proletariado, y de este modo los primeros intentos del proletariado de acabar con el dominio burgués quedaron sin resultado. Este año hemos presenciado un nuevo ascenso del movimiento. El capitalismo mundial no solo ha fracasado en sus intentos de fortalecerse, sino que muestra su incompetencia al no poder resolver sus problemas económicos. El paro hace estragos en una medida enorme en todos los países capitalistas. En Inglaterra, por ejemplo, hay hoy más de 5 millones de parados; solo en la industria textil está parado el 90 % de los obreros. Preguntamos: ¿van a ser las luchas de quienes combaten al capitalismo tan estériles como lo fueron en el reciente periodo de posguerra? El capitalismo ha pasado a la ofensiva en toda la línea. Obliga al proletariado sufriente a trabajar por salarios reducidos y jornadas más largas. Ataca las organizaciones sindicales de los trabajadores. Su único objetivo es destruir el espíritu combativo del proletariado y reducirlo a su antiguo estado de esclavitud. Pero la clase obrera se levanta en todas partes. En Noruega hemos tenido una huelga general en la que participaron 120.000 hombres; en Italia, la huelga unánime de los funcionarios; en Inglaterra, la huelga irreconciliable de los mineros, y ahora la de los obreros textiles. En Baviera el movimiento huelguístico se fortalece cada vez más.

»Para no permitir que las luchas actuales del proletariado sean tan estériles como las pasadas, es necesario seguir la táctica de la III Internacional Comunista: mantener el ánimo de las masas, exhortarlas continuamente a tomar el poder y desenmascarar a todos los reformistas que intentan arrastrar hacia abajo al proletariado.

»El papel de las comunistas en este movimiento es extremadamente grande. Podemos subrayar como un hecho que en todos los países donde hubo una escisión en el movimiento socialista las mujeres se pasan inevitablemente a los comunistas. Y no es de extrañar. Durante la guerra y después de ella, la obrera sufrió más que nadie». La camarada Lílina ilustró el régimen capitalista con citas de un libro publicado en Londres por sabios rusos guardias blancos. En este libro se exponen los horrores de la explotación del trabajo infantil en Inglaterra. De modo que, mientras en la Rusia soviética no se permite trabajar a ningún niño menor de 16 años, en Inglaterra se emplea a niños de 10 y 11 años en todas las ramas de la industria. Por ejemplo, niños de 11, 12 y 15 años trabajan en la industria textil de 6 de la mañana a 9 de la noche, es decir, 15 horas seguidas.

«Las tareas de las comunistas en los países burgueses deben ser la agitación y la propaganda entre las masas, sin perder de vista su objetivo principal, la conquista del poder político. Hay que utilizar del modo más amplio posible los concejos municipales, la prensa y los mítines para difundir esta idea. Hay que aprovechar el descontento del proletariado, no para crear un proletariado satisfecho en medio de un sistema capitalista, sino para demostrar la inutilidad de la reforma como medio para resolver cualquier problema económico o doméstico; para desenmascarar a los socialconciliadores y no llamar a restablecer el sistema capitalista que se desmorona, sino a destruirlo por completo e instaurar la dictadura de los trabajadores. Con este objetivo, todos los partidos adheridos a la III Internacional deben depurarse de todo elemento dudoso y dedicar todas sus energías no a aumentar el número de afiliados, sino a perfeccionar la calidad de las unidades de vanguardia».

La camarada Lílina dio a conocer a las delegadas extranjeras la colosal obra revolucionaria y creadora llevada a cabo por las obreras rusas desde las jornadas de julio de 191744, así como la labor legislativa del Gobierno soviético en el terreno de la protección del trabajo de las mujeres y de los niños.

Al terminar su discurso dijo: «La lucha que se libra ahora en Occidente y en Oriente no debe ser en vano, y creo que no lo será. En nombre de esta conferencia y bajo la bandera de la III Internacional Comunista, ¡marchemos hacia la dictadura del proletariado!».

La camarada Gerten dijo: «Antes de entrar en mi informe quiero hacer unas observaciones preliminares. Para describir las condiciones de la lucha por la dictadura del proletariado en Europa occidental y en América tendría que reunir una cantidad considerable de material. Por eso me basaré en las condiciones de Alemania, donde el movimiento comunista femenino está más desarrollado. Según todos los indicios, Alemania está más cerca que nunca de la instauración de la dictadura proletaria. Para las mujeres, la dictadura del proletariado es una necesidad vital aún mayor que para los hombres, porque las liberará de un doble yugo: el capitalismo y la familia. Aunque las condiciones reales empujan a la mujer a la lucha revolucionaria, subjetivamente pertenece todavía a una capa atrasada. Esto se debe a que incluso la obrera de fábrica está metida en un triple círculo de obligaciones contradictorias: como asalariada, como ama de casa y como madre. En lugar de 8 horas, su jornada es de 15. No tiene ni tiempo ni fuerzas para dedicarse al trabajo político o social. Por otra parte, el Estado hace todo lo posible por mantenerla en la ignorancia. La Iglesia, incluso en Rusia, tiene todavía un efecto embrutecedor sobre las mujeres, sobre todo sobre la campesina. ¿Qué diremos entonces de los países capitalistas, donde la Iglesia es un órgano del Estado?

»Los partidos reaccionarios tratan con todas sus fuerzas de convencer a la mujer de que todos sus sufrimientos, la carestía, el paro, etc., se deben a los obreros, que son revoltosos, hacen huelgas y presentan reivindicaciones imposibles. Los socialdemócratas y otros partidos tácitamente reaccionarios tratan de convencerla de que el voto es la panacea de todos sus males. Los sindicatos alemanes han hecho bastante por las mujeres, sindicatos que tendrían a una mujer en un puesto de responsabilidad. A veces, incluso en círculos comunistas, hay cierto prejuicio contra el derecho de voto de la mujer. Este punto de vista es sin duda erróneo. Es necesario que las mujeres consigan la plena igualdad de derechos para que se convenzan por la experiencia de que el partido comunista es su único redentor, de que en todas partes la mujer es todavía arrastrada a la lucha revolucionaria. Por eso estamos tan entusiasmadas con la Rusia soviética, donde las mujeres a menudo han avanzado incluso por delante del hombre. Debemos vencer a toda costa la pasividad de la mujer. La propaganda y la agitación deben convertirse en acción directa, para mostrar a la obrera que su suerte la comparten miles de millones de proletarios en el mundo entero, y que la carestía de la vida, el paro, la mortalidad infantil, etc., se dan en todos los países capitalistas.

»Así podremos vencer el atraso de las mujeres e infundirles la voluntad de lucha. Las propias mujeres deben salir activamente en defensa de sus reivindicaciones vitales. Por su propia experiencia deben convencerse de que no conseguirán sus reivindicaciones bajo el régimen capitalista. La situación de la mujer empeora aún más por la competencia dentro de su propia clase. En Alemania, en tiempos de crisis, no son las mujeres, sino los hombres, los primeros a los que se arroja a la calle, porque a los fabricantes les resulta más rentable conservar a las mujeres. En algunos sindicatos se planteó la cuestión de impedir que trabajaran en las fábricas las mujeres que tenían un marido que las mantuviera. Tuvimos una lucha tremenda para demostrar que era necesario que las mujeres fueran asalariadas. Ahora nos proponemos luchar por la igualdad de salario entre hombres y mujeres, por la protección del trabajo de la mujer y por la protección de la maternidad como función social de la mujer, que recientemente se ha intentado anular con grandes esfuerzos. Todo ello conduce a una sola cosa, a la emancipación de la mujer, que es imposible sin el derrocamiento del capitalismo y la instauración de la dictadura del proletariado. La mujer se va dando cuenta de ello poco a poco. Por ejemplo, después de la revolución alemana se suprimió la asistencia gratuita a las parturientas solo porque al Gobierno socialdemócrata le faltaba dinero. Hechos como estos muestran claramente a las obreras que no tienen nada que esperar de la burguesía ni de los llamados partidos socialistas. La fuerza de la mujer crece con su lucha. En marzo de este año, en muchos lugares, muchas mujeres salieron junto con los hombres. Es necesario preparar a las mujeres para la lucha decisiva entre el trabajo y el capital. El movimiento femenino no debe limitarse a las cuestiones específicamente femeninas.

»A la comunista hay que asegurarle su derecho de iniciativa.

»La mujer está despertando ahora. La huelga de los mineros en Inglaterra marcha con éxito solo porque las obreras y las mujeres de los obreros mostraron activamente sus simpatías a los mineros en huelga. En Alemania, en marzo, las mujeres de muchas empresas fueron a la huelga junto con los hombres, y junto con los hombres fueron puestas en la calle. Los partidos comunistas deberían hacer todos los esfuerzos para servirse de las mujeres durante la lucha revolucionaria. Pueden servir de mensajeras, de exploradoras, etc. Hay que prestar atención a las criadas. En conjunto, han estado hasta ahora en servidumbre espiritual respecto de sus señoras, cuando las criadas podrían ser muy útiles al partido. En caso de combates revolucionarios, es necesario crear cuadros de enfermeras rojas, para que no se repita lo que ocurrió en Baviera durante el derrocamiento del Gobierno soviético, cuando médicos y enfermeras se negaron por principio a atender a nuestros heridos. Es hora, además, de olvidar el prejuicio pacifista de que las mujeres no son capaces de empuñar las armas. Pueden y deben tomar parte activa en los combates revolucionarios. Así ocurrió en Berlín en enero, donde las comunistas manejaban las ametralladoras; así ocurrió en Múnich, donde tomaron parte en la defensa de la ciudad, y en otros lugares45. En caso de un nuevo estallido revolucionario en Alemania, una parte de las obreras estará con nosotros, otra permanecerá neutral y otra será abiertamente hostil. Nuestro deber, el deber de las comunistas, es hacer la primera mayor que la segunda y que la tercera. Es necesario mantener el contacto más estrecho entre el movimiento comunista femenino y el movimiento comunista general. Es absolutamente imprescindible que las mujeres tomen parte en la vida política. Las comunistas deberían tomar parte en la solución de todas las cuestiones políticas, tanto de carácter nacional como internacional. La Conferencia de las Mujeres Comunistas debería dar su opinión sobre las cuestiones de principio del movimiento comunista.

La camarada Gerten dio luego una explicación detallada de los acontecimientos de marzo en Alemania y trazó un paralelo entre ellos y el golpe de Kapp46, expresando la convicción de que la derrota del proletariado en una lucha activa significa siempre, al final, el fortalecimiento de sus fuerzas. No tenía ninguna duda de que cada una de estas pruebas redundará en beneficio del Partido Comunista de Alemania, de que este saldrá victorioso de la situación actual y de que sus mismos errores, reconocidos y corregidos, redundarán en beneficio del movimiento internacional».

Tras el descanso se dio la palabra a la camarada Wertheimer (Austria).

La camarada Wertheimer trató solo de la primera parte del informe de Gerten, sobre el papel de las mujeres en la revolución alemana. Dijo: es necesario distinguir entre dos conceptos: la situación económica del país, que da lugar al sentimiento revolucionario, y la madurez del proletariado para la revolución. La situación económica de Europa central está ya madura para una revolución comunista, pero el proletariado no está suficientemente preparado para una acción decidida. Una de las causas de su inmadurez es el atraso de las mujeres. Nuestra tarea es elevar la consciencia de clase de las obreras y atraerlas a la lucha. Aquí se han propuesto diversos métodos, pero no deberían tratar solo del aspecto organizativo de la cuestión; deberían indicar la forma misma de la acción.

La camarada Wertheimer discrepó de la camarada Gerten, que había señalado dos métodos distintos: el método de la agitación y el método de la actividad. La camarada Wertheimer declaró que no hay que trazar una línea entre estos dos métodos. Propaganda y acción son un todo inseparable y se complementan mutuamente. En la lucha revolucionaria, las obreras no deben plantearse fines específicos propios: deben ocupar sencillamente su puesto como luchadoras revolucionarias por la dictadura del proletariado. Nuestro deber es elevar la consciencia revolucionaria de las obreras y prepararlas para la toma del poder por el proletariado. Hasta ahora el proletariado no ha logrado mostrar una determinación de lucha lo bastante fuerte. Hay que vencer su inercia, y esa es ante todo la tarea de las mujeres; ese es su papel principal en la revolución proletaria.

La camarada Wolnaya subraya lo acertado de la afirmación de Kollontái sobre la necesidad de aplicar métodos distintos según los distintos grupos sociales de las trabajadoras. Hace falta un método especial para acercarse al ama de casa, a la obrera de fábrica y a la campesina. Hasta ahora no se ha prestado atención a otro punto: a la diferencia de edad entre las obreras. Hay un grupo de obreras que no solo económica, sino también psicológicamente es más receptivo a la propaganda revolucionaria y más apto para la lucha: las obreras jóvenes.

La camarada Wolnaya señaló la enorme importancia de la Liga de la Juventud Comunista en Bélgica. Las organizaciones de la juventud comunista son a veces incluso más fuertes que los partidos comunistas. Por eso el trabajo entre las jóvenes debería hacerse a través de las organizaciones de la juventud comunista, que tienen una notable capacidad para contagiar su entusiasmo a las obreras.

La camarada Wolnaya expresó la esperanza de que la conferencia acoja con simpatía y lleve a la práctica la resolución sobre el contacto entre las secciones femeninas y la Liga de la Juventud Comunista que presentará el Ejecutivo de la Internacional Juvenil.

La camarada Shtremer (Austria). Volviendo a la cuestión tratada en la sesión de ayer, la camarada Shtremer respondió a las acusaciones lanzadas contra el partido austriaco por las reivindicaciones prácticas que plantea como método de agitación para atraer a las obreras a la lucha del partido. Se les llama oportunistas. La camarada Shtremer rechazó con energía la acusación de oportunismo. Dijo que las reivindicaciones de carácter práctico interesan no solo a las mujeres, sino a toda la clase obrera. Al tratar las reivindicaciones concretas del proletariado, podemos acercarnos a él con más facilidad y ganar así su confianza. Además, la camarada Shtremer observó que, si se estudia el movimiento austriaco, hay que tener en cuenta la situación peculiar de Austria. La acusación de que falta ardor revolucionario es injusta. No es voluntad lo que le falta al proletariado de Austria. Aparte de las condiciones extremadamente difíciles en que se debate, Austria está en una situación internacional muy peculiar. Ningún movimiento del proletariado austriaco puede tener éxito si no lo apoya el proletariado alemán. En teoría no nos retiramos de la actividad. El Partido Comunista de Austria tiene que ganarse primero la confianza del proletariado. Debemos tener en cuenta el grado de preparación de las masas; al plantear reivindicaciones prácticas no debemos ver oportunismo, sino un modo práctico de acercarnos a las masas. Las estamos educando para la revolución y debemos esperar que, cuando llegue el momento, nuestro proletariado esté en su puesto en las filas de los combatientes por esta dictadura.

La camarada Helfke (Alemania). Alemania atraviesa en este momento una guerra civil muy aguda; por eso es absolutamente esencial, precisamente ahora, atraer a las mujeres a la lucha revolucionaria común. En eso ya hemos tenido éxito. En primer lugar, debemos educar a las comunistas de modo que puedan llevar el trabajo permanente del partido según sus fuerzas y capacidades. Las mujeres que ya se han unido a nuestro partido comprenden perfectamente que solo a través de la guerra civil pueden alcanzar la dictadura del proletariado. No se hacen ilusiones sobre los sacrificios que supondrá. En los días del golpe de Kapp, nuestras camaradas, sobre todo en las provincias del Rin y en Westfalia, cumplieron tareas de diversa clase. Estuvieron en el frente como combatientes de filas, como enfermeras, organizaron centros de alimentos para los fugitivos e hicieron una propaganda de agitación muy activa. La revolución alemana dura ya más de dos años, y durante todo este periodo hemos sufrido varias derrotas duras, y aun así nuestras comunistas no han perdido el valor. Su formación teórica es muy débil, pero sienten y actúan como verdaderas revolucionarias: comprenden que no hay otro camino.

La camarada Gerten, al cerrar el debate, dijo que la brevedad misma de la discusión prueba la unanimidad de la conferencia en las cuestiones de principio fundamentales. Refiriéndose a algunas oradoras, apoyó a la camarada de la Liga de la Juventud Comunista y expresó su pleno acuerdo con su opinión de que debemos prestar toda la ayuda posible a la Liga de la Juventud Comunista. Apoyó además a la camarada Shtremer en la opinión de que las reivindicaciones de las mujeres deben ser apoyadas especialmente, no solo de palabra, sino con hechos, por todo el aparato del Partido Comunista.

Aparte de eso, insistió en que las organizaciones femeninas examinen todas las cuestiones generales de principio, y en detalle [ilegible] las que se discutirán en el Congreso de la Comintern.

Para terminar, expresó la esperanza de que las resoluciones aprobadas en esta conferencia no se queden en meras resoluciones sobre el papel.

Sesión de clausura, miércoles 15 de junio de 1921

«Moscow», n.º 23, 23 de junio de 1921, p. 3: «International Women's Congress. Final Session».

La sesión de clausura de la II Conferencia Internacional se celebró la tarde del 15 de junio en un ambiente de la mayor solemnidad. Toda la sesión, desde los saludos a la camarada Zetkin llegados de Daguestán hasta la aparición de las mujeres de Oriente, fue un acto de unificación bajo la bandera de la Internacional de las trabajadoras.

El camarada Trotski pronunció en su saludo la palabra significativa y simbólica: «Oriente». Trazó la situación internacional y las perspectivas de una revolución proletaria en Occidente. Tras un breve análisis de las causas de las victorias y las derrotas del proletariado internacional, el camarada Trotski señaló que el problema principal que el proletariado revolucionario debe plantearse es el trabajo de fortalecer y profundizar el movimiento en Oriente. Las raíces del imperialismo británico y americano están en Oriente; sin socavarlas, el proletariado no cumplirá ni la mitad de sus tareas.

Como en respuesta, desde el fondo de la sala aparecieron en la tribuna varias mujeres orientales. Fue un momento hondo y solemne. Todos los presentes se pusieron en pie como un solo hombre, y la sala retumbó con un aplauso largo, atronador, interminable. La orquesta respondió a los aplausos con los poderosos acordes de la Internacional.

Cubiertas con sus velos y vestidas con sus trajes nacionales, con el polvo del viaje todavía encima, estaban allí de pie, llegadas de los rincones más remotos de Asia.

Las mujeres orientales llegaron como un símbolo de la gloria y del poder invisible de los grandes ideales comunistas. En Moscú, la patria roja de la revolución mundial, están presentes representantes de las mujeres más atrasadas, más oprimidas, más sufridas de la tierra. Los camaradas extranjeros que asistían al congreso por primera vez quedaron impresionados por la inmensidad de esta escena sin igual, que parecía una noticia llegada de un país lejano y fabuloso.

Lo expresó una de las oradoras: «Vuestra tierra nos es extraña como un cuento de hadas, pero estamos cerca unas de otras por nuestros sufrimientos comunes y nuestros grandes ideales». Los saludos de las mujeres orientales respiraban un hondo sentimiento de unidad:

«Estamos muy felices de estar en Moscú, entre los revolucionarios del mundo. Nunca hasta ahora habíamos participado en conferencias internacionales ni en ninguna otra conferencia, pero ahora, con los camaradas rusos y europeos, nos ponemos a construir el mundo nuevo». El entusiasmo general se expresó en las palabras finales de la camarada Kollontái:

«Acabamos de vivir un momento solemne. Este momento quedará expresado en la historia de la Internacional Comunista». ¿Qué fue la aparición de las mujeres de Oriente sino el símbolo de la Internacional Comunista?

Aplausos fuertes e incesantes respondieron a esta pregunta. La II Conferencia Internacional de Mujeres Comunistas terminó sus sesiones con una poderosa expresión de solidaridad internacional, como prenda de la victoria del proletariado del mundo entero.

Sesión de la tarde del 15 de junio.

Se da la palabra al camarada Trotski para saludar.

«Nos reunimos ahora», dijo el camarada Trotski, «tanto vuestra conferencia como el Congreso de la Comintern, del que formáis parte, en una situación que no destaca tanto por su precisión y claridad como, a primera vista, el periodo inmediatamente posterior a la guerra. Nuestros enemigos afirman incluso que hemos fracasado por completo en nuestros cálculos. Los comunistas, dicen, esperaban que la revolución mundial estallara durante la guerra o inmediatamente después. En ese tiempo ha habido muchos movimientos revolucionarios, pero solo en la Rusia política y culturalmente atrasada triunfó este movimiento y se ha mantenido hasta ahora. En todos los demás países solo dio lugar a la sustitución del régimen de los Habsburgo y los Hohenzollern por el régimen de la dictadura burguesa, o tomó la forma de huelgas ininterrumpidas. De ahí concluyen nuestros enemigos que, como el capitalismo no cayó en dos o tres años, el proletariado ha mostrado su impotencia o, por el contrario, el capitalismo ha manifestado su vitalidad. Ahora la III Internacional se enfrenta a la cuestión de si el periodo del futuro inmediato será el de un asentamiento más firme del capitalismo o una época de mayor embestida del proletariado. No puedo tratar a fondo esta cuestión ahora, en tan poco tiempo; procuraré hacerlo en el congreso en nombre del Comité Ejecutivo de la Comintern. Pero quisiera señalar aquí mismo una cosa. Para nosotros, comunistas, marxistas, es evidente que los movimientos revolucionarios los provocan y los hacen necesarios las condiciones económicas, pero no tiene poca importancia también el momento subjetivo, la preparación para la revolución de las propias masas, de las masas que hacen la historia. La guerra destruyó millones de vidas y miles de millones en bienes e industria. El capitalismo quiere ahora restablecer el equilibrio quebrantado y consolidar su dominio. No se puede calcular lápiz en mano si lo conseguirá en un futuro próximo o no. Solo se puede decir que, si el proletariado no tomara nota de las lecciones de la guerra, de las lecciones de la revolución rusa y de la semirrevolución de Alemania y Austria, de las lecciones de los últimos siete años, si el proletariado se sometiera otra vez al yugo, la burguesía restablecería por completo su dominio y trasladaría el centro de su actividad a América, Asia y África.

»Los diplomáticos y los políticos de la burguesía se ocupan ahora de este problema. En este sentido, la tarea de todo el Congreso de la Internacional y de vuestra conferencia es infundir al proletariado la determinación y la firmeza revolucionarias necesarias en la lucha contra el capitalismo mundial. Esta tarea no es tan sencilla, a escala mundial, como les parecía a algunos de nosotros hace dos o tres años. El proletariado se compone de varias clases47, diferentes según su pasado económico y su desarrollo político. Las clases más oprimidas y más atrasadas del proletariado, ante un cambio grandioso provocado por la guerra, muestran más impaciencia, un espíritu revolucionario mayor que las clases que llevan más tiempo en el movimiento político y están más desarrolladas: estas muestran una gran cautela, son más contenidas y casi conservadoras.

»El movimiento de las mujeres —y no lo digo porque me dirija a una conferencia de mujeres— tiene ahora una gran importancia para el desarrollo de la lucha revolucionaria. Aquí se da a primera vista la misma analogía con una clase más atrasada y oprimida de la clase obrera. El empleo de mujeres como asalariadas creció enormemente durante el periodo de la guerra y de la revolución, sobre todo en el Extremo Oriente. Si hemos de creer a las fuentes japonesas, el trabajo femenino supera numéricamente con mucho al masculino, lo que indica cuán grande debería ser la participación de las obreras en el movimiento revolucionario general. La historia se ha detenido durante tres años. Estos tres años han sido una ganancia para el mundo burgués, y debemos esforzarnos por desarrollar y profundizar nuestro trabajo a escala internacional, para abarcar no solo Occidente y Oriente, sino también los países coloniales atrasados, de los que depende el imperialismo internacional en la lucha por restablecer su poder. La tarea del III Congreso no es solo confirmar, sino formular con claridad que el despertar de los trabajadores de Oriente es una parte integrante de nuestro problema tanto como el levantamiento del proletariado de Occidente.

»En general, pese a que los acontecimientos no se desarrollan con la rapidez que desearíamos, este año hemos ganado en fuerza. Hemos perdido algunas ilusiones sobre la cuestión de la velocidad de la revolución mundial; nuestras organizaciones han crecido y se han fortalecido; hemos abarcado nuevos países y nuevas clases del proletariado; tampoco nuestros enemigos han dormido, y eso prueba que la lucha será tenaz y que exigirá una tensión colosal de las fuerzas y una administración exacta y sabia de todas las partes integrantes del movimiento proletario. Y este movimiento debe ser no la niñera, en el sentido político de la palabra, no solo un simpatizante, sino un participante directo en el frente revolucionario general. Por eso os saludo de todo corazón. ¡Viva el proletariado mundial! ¡Viva el movimiento internacional de las trabajadoras!».

La camarada Clara Zetkin respondió al saludo del camarada Trotski.

«Estoy convencida de que hablo en vuestro nombre y desde lo hondo de vuestro corazón cuando respondo con un saludo ferviente al camarada Trotski, jefe y creador del Ejército Rojo, de ese Ejército Rojo en el que, codo con codo con los obreros, las obreras han luchado y muerto como trabajadoras políticas y como hermanas rojas. Que este Ejército Rojo de la Rusia soviética sirva de ejemplo a los futuros ejércitos rojos de Oriente y de Occidente».

Tras el discurso de la camarada Zetkin, se aprobó por unanimidad la resolución que aprueba los informes de las camaradas Lílina, Gerten y Zetkin. Se aceptó el saludo del Congreso de las Aldeas de las mujeres de Daguestán. Se aprobó luego la resolución enviada por el Comité Ejecutivo de la Internacional de la Juventud Comunista. Hubo después una resolución de la delegación búlgara para que el Día Internacional de la Mujer se celebrara el mismo día en todos los países de Oriente y de Occidente. La camarada Kollontái propuso no fijar ahora el día, sino dejarlo al Secretariado Internacional. La camarada Nikoláyeva propuso que no se cambiara el día, porque en esa fecha histórica las mujeres de Petrogrado se alzaron por primera vez contra el zarismo48. La propuesta de la camarada Nikoláyeva se aprobó por unanimidad, y el 8 de marzo queda aprobado como Día Internacional de las Obreras.

La camarada Stahl leyó luego el informe de la comisión de credenciales.

Están presentes en la conferencia 82 delegadas, 61 con voto deliberativo y 21 con voto consultivo. Por su composición social se reparten así: de los votos deliberativos, 29 obreras y 32 intelectuales; de los consultivos, 14 obreras y 7 intelectuales. Están representados en total 28 países. La camarada Stahl señaló el gran progreso hecho en comparación con el año pasado. Entonces había solo 20 delegadas con voto deliberativo y 5 con voto consultivo, que representaban en total a 19 países, y la mayoría de las delegadas no habían sido enviadas a la conferencia de las mujeres, sino al Congreso de la Comintern: solo representaban indirectamente a las obreras organizadas.

La camarada Kollontái propuso nombrar una comisión, con una delegada de cada país, para terminar la redacción del manifiesto.

La camarada Roland Holst propuso que se encargara al Comité Ejecutivo terminar el manifiesto y que su aprobación se sometiera a una comisión más amplia. Se aprobó la propuesta de la camarada Roland Holst. La camarada Zetkin propuso enviar un saludo a dos camaradas que no habían podido asistir a la conferencia, por exceso de trabajo y por enfermedad respectivamente: uno de ellos, el dirigente de la Internacional Comunista, el camarada Zinóviev; el otro, el corazón, el alma y el cerebro de la revolución rusa, el camarada Lenin. La propuesta de la camarada Zetkin fue acogida con aplausos.

Durante la lectura de las resoluciones llegó un gran grupo de mujeres de Oriente, procedentes de la conferencia de las mujeres orientales, que se había suspendido. Todas iban con su traje nacional. Muchas iban envueltas en velos. Las recibió un estallido de aplausos, mientras la orquesta tocaba la Internacional.

La camarada Zetkin dio la bienvenida a las delegadas en nombre de la conferencia. Dijo que, aunque se diferenciaban mucho en su aspecto exterior, eran de la misma carne y sangre. Tenían una sola nacionalidad común: el comunismo revolucionario. «Os saludamos, hermanas», concluyó. Varias mujeres orientales la siguieron y transmitieron sus saludos a la conferencia en sus lenguas maternas. Después la camarada Kollontái leyó la propuesta de las delegadas orientales de convocar en un futuro próximo una conferencia especial para discutir los medios y modos de llevar el trabajo entre las mujeres de Oriente. Las delegadas de las mujeres orientales participarían en esa conferencia.

La camarada Kollontái cerró la sesión con estas palabras: «Acabamos de vivir un momento maravilloso».

Se recordará siempre en la historia de la Internacional Comunista. Fue un momento en que las mujeres de Oriente nos tendieron las manos. ¿Qué fue esto sino un símbolo del poder de la III Internacional Comunista?…

La camarada Kollontái declaró entonces clausurada la II Conferencia Internacional. Todos los presentes se pusieron en pie y cantaron la Internacional. Se aprobó por unanimidad la propuesta de la presidencia de que todos los presentes asistieran a la ceremonia de depositar coronas en las tumbas de las camaradas Inessa Armand y Ossen en la Plaza Roja.

La ofrenda de coronas.

Conmovedora e impresionante fue la ceremonia de depositar las coronas en las tumbas de las camaradas Inessa Armand y Gusti Ossen, delegada de Noruega, muertas el año pasado durante la I Conferencia Internacional de Delegadas49. Todas las participantes en la conferencia de este año, encabezadas por las camaradas Zetkin, Krúpskaya y Kollontái, fueron a sus tumbas al pie de los muros rojos. Las camaradas Kollontái y Krúpskaya depositaron las coronas de flores en la tumba de Inessa, mientras las delegadas de Escandinavia depositaban una corona semejante en la tumba de Ossen. La emoción impidió hablar a la camarada Kollontái, que murmuró apenas: «Camaradas, aquí no hacen falta palabras». Pero tras unos momentos de hondo silencio, la voz de la camarada Pachufárova llegó a lo más hondo del alma de los presentes. La camarada Pachufárova habló en nombre de las obreras de Moscú: «Hace ahora un año que enterramos a nuestras queridas dirigentes. Os estamos agradecidas, queridas camaradas, por la influencia que habéis infundido en nuestro trabajo. Descansad en paz: juramos terminar la tarea que os propusisteis cumplir». La camarada Issen, de Noruega, habló de la difunta camarada Ossen. Agradeció a los camaradas rusos el gran amor y el sacrificio con que se entregan a la obra de la revolución mundial. El sueño de Ossen se había cumplido. Dormía en un país libre, en la Rusia libre. Yacía entre los heroicos combatientes de una gran causa, de quienes los trabajadores de Noruega, oprimidos por su burguesía, tomaban las armas50.

La camarada Ossen fue una de las primeras en Noruega en entrar en el Partido Comunista. El trabajo que había empezado no sería estéril.

Tras el discurso, todos los presentes cantaron «Caísteis por nosotros»51 y la orquesta tocó la marcha fúnebre.

  1. August Thalheimer (1884-1948), dirigente del Partido Comunista de Alemania; el diario escribe «Tahlheimer». ↩

  2. Nikolái Bujarin (1888-1938), dirigente bolchevique, miembro del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. ↩

  3. Clara Zetkin (1857-1933), dirigente del Partido Comunista de Alemania y del movimiento socialista femenino, secretaria del Secretariado Internacional Femenino de la Internacional Comunista. ↩

  4. Los nombres de las delegadas poco conocidas los damos tal como los imprime el diario, a menudo deformados al pasar por el ruso. «Bloch» es la comunista suiza Rosa Bloch (1880-1922). ↩

  5. Zlata Lílina (1882-1929), bolchevique, dirigente de Petrogrado; Aleksandra Kollontái (1872-1952), dirigente bolchevique, al frente del Departamento Femenino del Comité Central del Partido Comunista Ruso desde finales de 1920. ↩

  6. Grigori Zinóviev (1883-1936), presidente del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. ↩

  7. León Trotski (1879-1940), comisario del pueblo de Guerra, organizador del Ejército Rojo; el diario escribe también «Trotzky». ↩

  8. Nadezhda Krúpskaya (1869-1939), bolchevique, compañera de Lenin, dirigente de la instrucción pública soviética. ↩

  9. Sylvia Pankhurst (1882-1960), comunista británica, condenada en octubre de 1920 a seis meses de cárcel por artículos de su periódico «Workers' Dreadnought». ↩

  10. Konkordia Samóilova (1876-1921), bolchevique, organizadora del trabajo entre las obreras; murió de cólera a comienzos de junio de 1921. ↩

  11. Inessa Armand (1874-1920), bolchevique, primera directora del Departamento Femenino del Comité Central del Partido Comunista Ruso; murió de cólera en septiembre de 1920. ↩

  12. Mijaíl Kalinin (1875-1946), presidente del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia. ↩

  13. La sustitución de la requisa de grano por el impuesto en especie, acordada en el X Congreso del Partido Comunista Ruso (marzo de 1921), comienzo de la Nueva Política Económica. ↩

  14. Solomón Lozovski (1878-1952), dirigente del Consejo Internacional Provisional de los Sindicatos Rojos y luego secretario general de la Internacional Sindical Roja. ↩

  15. Serguéi Gúsev (1874-1933), bolchevique, dirigente político del Ejército Rojo; el diario escribe «Guseff». ↩

  16. La Unión de Partidos Socialistas para la Acción Internacional, fundada en Viena en febrero de 1921 por partidos salidos de la II Internacional que no entraron en la III. ↩

  17. Rosa Luxemburg (1871-1919) y Karl Liebknecht (1871-1919), fundadores del Partido Comunista de Alemania, asesinados en Berlín el 15 de enero de 1919. ↩

  18. El diario imprime aquí «Europe, 150 not only the Western European…», con un «150» sin sentido, que omitimos. ↩

  19. Las conferencias socialistas internacionalistas de Zimmerwald (septiembre de 1915) y Kienthal (abril de 1916), y la tercera conferencia zimmerwaldiana, en Estocolmo (septiembre de 1917). ↩

  20. Lucie Colliard (1877-1961), maestra y comunista francesa; el diario escribe «Colliar» y «Colliard». ↩

  21. Ella Reeve Bloor (1862-1951), militante socialista y luego comunista estadounidense; el diario escribe «Bluer» y «Bloor». ↩

  22. El Zhenotdel, creado en 1919. ↩

  23. En el diario, «government» (provincia, gubérniya), «ouezd» (distrito, uezd) y «volost» (cantón, vólost): divisiones administrativas de Rusia. ↩

  24. El teatro de la antigua ópera privada de S. I. Zimín, en Moscú. ↩

  25. Henriette Roland Holst (1869-1952), poeta y dirigente comunista neerlandesa. ↩

  26. Klavdia Nikoláyeva (1893-1944), dirigente del trabajo entre las mujeres en Petrogrado. ↩

  27. Praskovia Kudelli (1859-1944), bolchevique de Petrogrado, cofundadora en 1914 de la revista Rabótnitsa; el diario escribe «Kudell», «Kudeli» y «Koudelli». ↩

  28. Damos todos estos nombres como los imprime el diario. ↩

  29. VKPD, nombre del partido desde la fusión del KPD con la izquierda del Partido Socialdemócrata Independiente en diciembre de 1920. ↩

  30. «Die Kommunistische Fraueninternationale», revista dirigida por Clara Zetkin, publicada desde 1921. ↩

  31. El diario dice «we showed» («mostramos»); el sentido pide «debíamos mostrar». ↩

  32. Nikolái Semashko (1874-1949), comisario del pueblo de Sanidad de la Rusia soviética. ↩

  33. Sofía Smidóvich (1872-1934), bolchevique, directora del departamento femenino del Comité de Moscú del partido (1919-1922); el diario escribe «Smedovitch». ↩

  34. La Acción de Marzo de 1921: levantamiento dirigido por el VKPD en Alemania central, aplastado a finales de marzo. ↩

  35. La frase no figura en el texto del saludo que reproduce la crónica de la sesión de apertura (véase allí); quizá se refiere a una versión completa de la moción. ↩

  36. El diario repite casi a la letra el final del párrafo anterior. ↩

  37. Paul Levi (1883-1930), presidente del VKPD hasta febrero de 1921, expulsado en abril por su folleto contra la Acción de Marzo. ↩

  38. El diario dice «sever» («cortar»), errata evidente por «serve» («servir»). ↩

  39. Jornadas de trabajo voluntario y gratuito en sábado (de subbota, sábado). ↩

  40. Aleksandr Kerenski (1881-1970), jefe del Gobierno Provisional ruso de julio a octubre de 1917. ↩

  41. Así en el diario; el III Congreso de la Internacional Comunista no empezó hasta el 22 de junio, y se trata seguramente del II Congreso (1920). ↩

  42. La República Húngara de los Consejos, de marzo a agosto de 1919. ↩

  43. En mayo de 1920 los estibadores de Londres se negaron a cargar en el vapor Jolly George armas destinadas a Polonia. ↩

  44. Las manifestaciones armadas de obreros y soldados de Petrogrado del 3 y 4 (16 y 17) de julio de 1917. ↩

  45. Los combates de enero de 1919 en Berlín y la defensa de la República de los Consejos de Baviera en Múnich, en abril y mayo de 1919. ↩

  46. Intento de golpe militar de Wolfgang Kapp y el general Von Lüttwitz en marzo de 1920, derrotado por la huelga general; en el Ruhr se formó entonces un Ejército Rojo obrero. ↩

  47. Así en el diario («a number of classes»); se entiende «capas». ↩

  48. El 23 de febrero de 1917 del calendario juliano (8 de marzo del gregoriano), las manifestaciones de las obreras de Petrogrado iniciaron la Revolución de Febrero. ↩

  49. Inessa Armand no murió durante la I Conferencia (Moscú, julio-agosto de 1920), sino en septiembre de ese año. ↩

  50. Frase oscura en el diario: «from whom the workers of Norway, oppressed by their bourgeoisie were arming». ↩

  51. El canto fúnebre revolucionario ruso «Vy zhertvoyu pali» («Caísteis víctimas»). ↩