Escrito por Friedrich Engels probablemente a comienzos de 1837, en Barmen o Elberfeld. Sin título; lo titulamos por su primer verso. Publicado por primera vez en Karl Marx/Friedrich Engels, Historisch-kritische Gesamtausgabe, sección I, tomo 2 (Berlín, 1930, p. 465), de donde se traduce, por la Escuela de marxismo, 2026. La versión es literal, verso a verso, sin rima. Texto original en alemán.
1. Señor Jesucristo, Hijo de Dios,
oh, desciende de tu trono
¡y salva mi alma!
Oh, ven con tu bienaventuranza,
tú, resplandor de la gloria del Padre,
¡haz que solo te elija a ti!
Dulce, gloriosa, sin pena es la alegría cuando allá arriba
¡te alabemos a ti, nuestro Salvador!
2. Haz que algún día, a su hora,
cuando me alcance el dolor de la muerte,
me aferre firme a ti;
que cuando se me apaguen los ojos
y se pare el latido del corazón,
¡me enfríe feliz en ti!
Desde entonces mi espíritu te alabará allá arriba sin fin,
pues está en tus manos.
3. ¡Oh, si llegara ya el tiempo de la dicha
en que en tu pecho amoroso
he de entrar en calor después de la muerte!
Entonces veré, Dios, te lo agradezco,
a todos los que me fueron queridos,
¡podré abrazarlos eternamente!
Eternamente, eternamente, viviendo eternamente, de pie ante ti, para verte,
mi vida volverá a florecer.
Viniste a redimir a la humanidad,
a librarla de la muerte y del mal,
a traerle tu dicha y tu salvación.
Si ahora bajas a la tierra,
por ti todo será distinto,
entonces darás a cada uno su parte.