Escrito por Friedrich Engels en Bremen y publicado, con la firma «Friedrich Oswald», el seudónimo que usaba entonces junto con «F. O.», en el Telegraph für Deutschland (Hamburgo), núm. 125, de agosto de 1840, pp. 498-500. Traducido de Marx/Engels, Gesamtausgabe (MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), pp. 83-87, por la Escuela de marxismo, 2026, en versión libre verso a verso. Las cursivas del apartado 7 son títulos de comedias de Calderón, que Engels identifica en notas propias. Salvo las que se indican, las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Por Friedrich Oswald
To morrow comes!
Shelley.1
1.
Estoy sentado en el jardín; acaba de hundirse
en las olas el sol del día viejo,
y, las que dominadas por él descansaban escondidas,
chispean ahora alegres las chispas del arrebol.
Las flores se miran unas a otras, tan tristes
porque se les ha ido el sereno resplandor del sol;
pero los pájaros, en las inalcanzables
copas de los árboles, cantan alegres su canción de amor.
Los barcos descansan sobre el lomo del río,
los que otras veces cruzan el ancho océano,
y de lejos retumba la madera de los puentes,
por los que vuelven a casa las cansadas multitudes.
La bebida fresca espumea en el vaso claro,
y ante mí están las comedias de Calderón;
y así me embriago, como un verdadero bebedor,
del vino y de las poderosas tragedias.
2.
El arrebol palidece ya al oeste;
paciencia: viene una mañana, una mañana de libertad,
el sol sube, y arde eternamente su trono,
lejos queda la noche con sus turbias preocupaciones.
Entonces brotan de nuevo las flores, no en arriates,
no solo allí donde sembramos la semilla:
la tierra entera se hace un jardín luminoso.
Y todas las plantas cambian de tierra,
la palma de la paz adorna los bordes del norte,
la rosa del amor corona a los que estaban helados.
El roble firme emigra al sur,
y allí su rama, como maza, golpea a los déspotas,
y quien devolvió la paz a su país
ve su cabeza ceñida por sus hojas.
El áloe brota por todo el mundo;
se parece al espíritu austero del pueblo,
tan lleno de espinas, tan tosco y tan sin gracia,
hasta que de pronto, con gran estallido, brota
a través de todo obstáculo una flor luminosa,
la llama de la libertad que ardía escondida,
exhalando un perfume que llegará a Dios
antes que el incienso que le llevan los hipócritas.
Y solitarios y olvidados en el bosquecillo
quedan, ya sin sentido, solo los cipreses.
3.
Los pájaros que entonces, en las ramas verdes,
anuncian con canto sonoro la aurora,
que ya reconocen, cuando las nubes inclinan
su cabeza húmeda hacia los hondos valles,
que pronto el sol subirá al trono,
son los hombres del coro de los poetas;
su palabra la llevan los vientos,
que, libres, se alían con gusto con la palabra libre.
Los cantores no están en las atalayas de los castillos
—los castillos de la nobleza se hundieron hace mucho, destrozados—;
desde robles orgullosos, que no crujieron en la tormenta,
miran al sol, audaces y despreocupados,
aunque los deslumbre el rayo de la luz tanto tiempo esperada
cuando resplandece puro en torno al mundo.
Y yo también soy uno de los cantores libres;
es el roble Börne aquel a cuyas ramas
trepé cuando en el valle los opresores
apretaban más sus cadenas en torno a Alemania.2
Sí, soy uno de los pájaros audaces
que navegan en el mar de éter de la libertad;
y aunque solo fuera gorrión en sus bandadas…
prefiero ser gorrión entre ellos
a ser ruiseñor si hubiera de yacer en la jaula
y servir con mi canto a un príncipe.
4.
Entonces el barco que espumea entre las olas
ya no lleva mercancías para enriquecer a unos pocos,
ya no sirve al comerciante codicioso para llenar sus almacenes;
trae la semilla de la que germina la felicidad humana;
es un corcel que se encabrita con gozo juvenil,
su jinete trae la muerte a los hipócritas y a los que se arrastran;
es uno de los valientes que espantan la pena,
es un pensamiento que sueña con la libertad.
La bandera ya no lleva las armas del rey,
ante las que la tripulación se inclina con miedo y temblor;
lleva la nube en torno a la cual, después de las tormentas,
cuando el rayo la ha desgarrado con sus golpes,
quiere tenderse, en expiación, el arco de la paz.
5.
Entonces el amor tiende puentes, invisibles,
de corazón a corazón; aunque por su arco
se precipite rugiendo el raudo torrente de los años,
el torrente de las pasiones, envuelto en espuma,
el puente no vacila, duro como el diamante,
y por encima ondea el estandarte luminoso de la libertad,
y por encima pasa el hombre; adondequiera que dirija
la mirada, adondequiera que su pie lo lleve,
ve alzarse hacia el cielo un techo hospitalario,
siempre se le ofrece con gusto refrigerio;
donde se acuesta, con los ojos cegados por el sueño,
se siente en casa y sin temor.
Pero hacia el éter tiende nuevos puentes
una fe más pura, por la que los hombres, más osados,
van al cielo a mirar, humildes y orgullosos,
a los ojos del modelo eterno de todos los espíritus.
De su seno salieron,
a su seno vuelven,
sintiéndose eslabones de la cadena de los espíritus
que abraza eternamente la materia.
6.
Un vino nuevo llenará entonces los vasos,
el vino de la libertad, para una embriaguez exuberante;
no envolverá los sentidos en niebla,
da un sentido nuevo en feliz trueque,
para que puedas captar
con el oído atento la melodía de las esferas,
para que la sangre se transfigure en tus venas,
se haga éter que recorre las infinitudes,
para que tus miradas marchen como guerreros audaces
por el espacio sublime y antiquísimo
y se conquisten estrellas en lo alto;
entre ellas, como fuegos fatuos, pasan deslizándose
las imágenes del dolor pasado.
7.
Y entonces surge un Calderón, uno nuevo,
un pescador de perlas en el mar de la poesía;
su canto llamea de imágenes, como las hogueras del sacrificio
de fragantes troncos de cedro en alta pila;
su canto resuena, resuena la lira de oro
con la sangrienta aniquilación del tirano:
la humanidad escucha el orgulloso canto de victoria,
y la suave paz alienta por todo el mundo.
También canta aquel cómo un día conquistó
la humanidad la victoria sobre los ejércitos de los tiranos
en el puente de Mantible,3 donde entró
por medio de todas las lanzas en la sublime
tierra prometida de la libertad con pasos audaces;
cómo se hizo entonces el médico de su honra,4
ella, que tanto tiempo, como el príncipe constante,5
tuvo que suspirar en cadenas por la redención.
Hija del aire,6 descendió entonces la libertad
alegre a la tierra desde el espacio del éter,
cantó sus maravillosos cantos mágicos,
y la vida7 fue en torno un dulce sueño.
Entonces volvió a brillar claro el vaso de la alegría
sin que lo enturbiara la espuma de la fermentación salvaje;
el sol ahuyenta las nubes como las preocupaciones
y trae, siempre alegre, mañanas de abril y mayo.8
8.
Pero ¿cuándo surgirá aquel sol nuevo,
cuándo se derrumbará con estruendo el tiempo viejo?
Hemos visto ponerse el viejo sol,
¿cuánto tiempo nos envolverá la noche oscura?
A través de velos de nubes asoma la luna turbia,
la niebla se tiende sobre el fondo de los valles;
en la niebla descansa lo que habita en la tierra,
nosotros, los que velamos, andamos a tientas como ciegos.
¡Paciencia! Las nubes que rodean la luna
las espanta ya ante sí el sol que sube;
las nieblas que se enroscan por los valles
son corros de espíritus despertados por el aliento de la mañana.
Al este sube danzando el lucero del alba,
rayos rojos como la sangre atraviesan las nieblas…
¿No veis ya flores abrir el cáliz,
no estalla ya el alegre coro de los pajarillos?
La mitad del cielo resplandece en clara luz,
las cumbres nevadas se vuelven piedras preciosas de rosa;
las nubes de oro que allí se alzan
son las cabezas de nobles corceles del sol;
¡mirad allí, donde fluyen más espesos los rayos,
para saludar con júbilo al sol joven!
«¡Llega el mañana!» El epígrafe procede, según Engels, de Percy Bysshe Shelley (1792-1822). ↩
Ludwig Börne (1786-1837), el gran publicista demócrata, desterrado en París, al que el joven Engels admiraba. ↩
(Nota de Engels.) La puente de Mantible. ↩
(Nota de Engels.) El médico de su honra. ↩
(Nota de Engels.) El príncipe constante. ↩
(Nota de Engels.) La hija del aire. ↩
(Nota de Engels.) La vida es sueño. ↩
(Nota de Engels.) Mañanas de abril y mayo. ↩